¡Hola!

Si estás aquí, supongo que es porque te gustan las historias, así que te voy a contar la mía:

No puedo recordar a qué edad empezó a gustarme leer, creo que siempre ha sido así.

Lo que sí recuerdo es a qué edad empecé a escribir. Tenía once años cuando llegué a la última página de Robinson Crusoe, de Daniel Dafoe, y pensé; ¡yo quiero hacer esto!

Le recomendé ese libro a algunos amigos pero nadie más tuvo la misma revelación. Supongo que es lo que pasa con las revelaciones, que son únicas e irrepetibles, como las personas.

La cuestión es que a partir de ese día comencé a escribir y cuando me preguntaban que quería ser de mayor, lo tenía claro; escritora.

Pero me hice mayor leyendo a grandes como García Márquez o Ana María Matute y entendí que nunca sería tan buena como aquellos a los que admiraba, así que tomé la peor decisión de mi vida; dejé de escribir.

Pero seguí leyendo.

Leía en todas partes, incluso mientras caminaba por la calle. Eso tiene cierto grado de peligro, no lo recomiendo, pero cuando un libro te enamora no quieres separarte de él.

Además de sueños imposibles, tenía una memoria terrible. Leer mucho y tener mala memoria no es una buena combinación, así que empecé a apuntar en un cuaderno los libros que leía. Hacía un pequeño resumen de lo que me habían parecido y les ponía nota:

Insufrible: Peor que pegarle a un padre con un calcetín sucio. Imposible de leer.

Regular: Ni fu ni fa. Hay partes buenas y otras infumables. Es posible leerlo a duras penas.

Bueno: Correcto. Se lee bien pero no enamora.

Excelente: Maravilloso. Se disfruta palabra a palabra, desde la primera línea hasta la última.

Imprescindible: Simplemente genial. Se queda dando vueltas en tu cabeza mucho tiempo después de haberlo leído. Lo relees una y otra vez a lo largo de los años y lo sigues amando.

Veinte años después de la primera, tuve una segunda revelación. Sucedió en la última página de Crepúsculo, de Stephenie Meyer, pensé; ¡yo puedo hacer esto!

Ese día comprendí que no hace falta ser un premio nobel para llegar a la gente. Que hay muchos tipos de lectores y muchos tipos de escritores. Y lo más importante, que no escribir bien no es excusa para dejar de escribir, sino todo lo contrario.

Por suerte, nunca es tarde, así que volví a escribir.

Ya tengo dos novelas publicadas; La leyenda de Bellasombra y La historia de Tilansia, y estoy trabajando en la tercera. Aquí tienes toda la información.

En verano de 2012, un amigo vio mis cuadernos de lecturas y me propuso crear un blog para compartirlo con el mundo.

Así que mi cuaderno se digitalizó y convirtió en el blog Las palabras soñadas.

En él puedes encontrar reseñas de mis lecturas, booktags y retos de lectura y escritura, como mi famoso reto 5 líneas. Además, cuando estoy inspirada, reflexiono sobre la creatividad, la imaginación y otras cuestiones relacionadas con el mundo literario.

Quiero advertirte de que mis reseñas están escritas siempre desde mi visión personalísima. Y aunque soy de las que leo todo lo que se me pone por delante, confieso que siento predilección por las historias centradas en los personajes. En cuanto a géneros, me atraen las temáticas fantásticas con un toque romántico.

¿Te has quedado con ganas de preguntarme algo? Puedes enviarme un correo a:

info(arroba)adellabrac.com

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