#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

 

Febrero:

Recuerdo, cuando y sorprendente.

 

 

Recuerdo cuando me querías. Tus ojos brillaban al mirarme y solo había risas. Todo lo que hacía te parecía bien, tenía un sitio en tu salón y era feliz. El viaje en coche no me hizo sospechar, lo sorprendente fue que abrieses la puerta todavía en marcha y me empujases a la carretera. Me dolió. Corrí, pero agoté mis fuerzas y las patas me fallaron. Hace frío y no sé dónde estoy. No entiendo qué hice mal. Solo quiero volver a casa.
Por Adella Brac.

 

«¡Sorprendente!» escuchó; no era común que el mejor cazador se sorprendiera. El maestro Robleraíz llevaba tiempo observando las estrellas y murmurando. Azulcolibrí era una despierta, lo heredó de su madre, junto a su nariz. La curiosidad de los Tierraseca y la testarudez de los Tormentanocturna, peligrosa combinación, decían. Cuando Robleraíz apareció en casa, se escondió y supo que su vida cambiaría: «Es hora de buscar a Recuerdo».
Por Alberto Juan Pessenda García.

 

Cuando todos duermen él se levanta a leer. Su padre le prohibió leer aquellos comics pero le resultaba cuanto más llamativo sorprendente. Cada noche, desde la prohibición, abría el cajón y se deleitaba con todos sus superhéroes. Esta vez, bajo los cómics, encontró otra cosa, una novela con una nota: «Prohibido». El recuerdo de las palabras de su padre resonó. Esa noche, dormido ante la novela iniciada, su padre lo tapó y sonrió.
Por Keren, del blog El rincón de Keren.

 

Recuerdo cuando llegaba la noche y me asomaba a la ventana y miraba al cielo y me preguntaba si habría vida en aquel lejano planeta. Un día construí una nave y me marché allí. Desconcertado, paseaba por sus calles y veía a esos seres protegiéndose de la lluvia o corriendo de sitio en sitio para no mojarse. «Sorprendente, ¿por qué huyen de la lluvia? Viniendo de un planeta tan árido como el mío, ¡la Tierra es el paraíso! Los humanos están locos, no saben lo que tienen», se extrañaba el marciano sin comprender.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Cuando tuvo la oportunidad de reencontrarse con él, no dudó ni un segundo en hacerlo. El hecho resultaba sorprendente, teniendo en cuenta que su relación era totalmente tóxica. Cada recuerdo asociado al otro era amargo y dolía tanto que no encontraba medicina legal que lo aliviase. Por esas contradicciones de la vida, deseaba volver a verlo y seguir viviendo en el pozo de lo prohibido, seguir la senda tortuosa de la que era imposible zafarse, en el imposible supuesto de que lo deseara.
Por María José Viz Blanco.

 

Recuerdo cuando mi padre me cogía entre sus brazos y juntos mirábamos, a través de la ventana, coches de vuelta a casa después de un duro día de trabajo y autobuses escolares llenos de niños revoltosos que ignoraban que pronto serían ellos quienes ocuparían esos coches. Yo apoyaba orgulloso mi cabecita sobre su pecho y sentía latir su corazón. Es sorprendente, que ahora, tantos años después, me dé cuenta de lo mucho que me quería.
Por Lorenzo.

 

Te recuerdo siempre alegre. Eras lo que se decía “el alma de la fiesta”. Hasta cuando las cosas iban mal dadas, se podía contar contigo. En el caso de que alguno de nosotros enfermara, eras la primera en acudir para cuidarnos; sin pedir nada a cambio. Por eso me resultó tan sorprendente que te fueras apagando y que ni siquiera solicitaras ayuda, al menos la mía. Aunque ya esté muerta, yo también haría lo imposible por ti, hija.
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Un recuerdo puede ser sorprendente cuando te despiertas en la cama agitada, excitada, cansada… como si hubieses pasado toda la noche haciendo el amor. Pero sabes que ha sido un sueño, que la última copa de vino te jugó una mala pasada. Entonces, te das cuenta que estás desnuda y te embarga una sensación extraña al descubrir, sobre la mesilla, una caja de preservativos encima de un billete de quinientos euros. En ocasiones no recordar sorprende…
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Te recuerdo, querido, que cuando vayas a usar el aseo no debes olvidar bajar la tapa. Habrás comprobado que cuando lo utilizo yo queda impoluto para la próxima persona que quiera entrar. Por favor, cambia esa cara, parece que estuviera diciendo algo sorprendente y como no es el caso, daré por hecho que tu expresión denota quizá una cierta vergüenza propia. Por cierto, cambia la arena al gato. Con cariño: Mamá.
Por Txema Álvarez.

 

No es sorprendente que cuando iba a finalizar la última sesión plenaria, uno de sus miembros reclamase la jubilación forzosa de todo el comité por razones económicas y falta de ética. Todavía recuerdo aquellas miradas ausentes sumidas en la más profunda tristeza de quienes rebuscaban en la basura algo que llevarse a la boca, mientras mi codicia llenaba los maletines que me acompañaban hasta el aeropuerto rumbo a paraísos fiscales.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

El aroma persiste, aunque el calor esté ausente. El recuerdo de tu piel, de tus suspiros y tus pequeñas negativas parecen impregnadas en las sábanas de la cama. A veces me resulta sorprendente pensar que ya no te encuentras a mi lado. Pero es una sensación fugaz que se desvanece cuando te veo pasar cada día por aquella bonita panadería, completamente inconsciente de que yo estoy ahí, observando, en tu vida sin que realmente lo apruebes.
Por CuriousJ, del blog Enredos y lápices.

 

Perderme en tus sueños resulta sorprendente, encontrarme con tu destino, en tu almohada junto a ti; y entre besos y silencios me bebo un recuerdo tuyo; mi dulce compañero, mi fiel tornado de emociones; son tuyos mis momentos, momentos envueltos en locura; son tuyas las noches, noches de luna que me iluminan cuando duermo junto a la ventana; y mío es tu silencio, míos son tus labios, eso labios encendidos que en secreto me llama una y otra vez.
Por Q. Ki. Guerrero, del blog Hadas descalzas.

 

Cuando era pequeña los mayores me parecían muy grandes, el tiempo pasaba lento y me encantaban las tardes de lluvia; recuerdo que olían a chimenea, a libros, a café, a siesta y a besos… A tierra mojada también… Es sorprendente que tanto tiempo después, cuando los de siempre ya no están, pueda seguir sintiendo sus abrazos tan claramente. Quizá la memoria es magia. Quizá nunca se han ido.
Por Carmela Baker, del blog Letra cuadrado.

 

Busco en mi recuerdo algo tan sorprendente como para justificar que mi vida tiene algún tipo de sentido. Por mucho que busco, no encuentro nada. Siento mi alma pelear con mi corazón para encontrar un resquicio de esperanza que me mantenga aferrada a la vida. Es entonces cuando me acuerdo de que, cada mañana, al mirarme en el espejo, me digo a mí misma: «te quiero». ¿Puede haber alguna razón mejor?
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

Cansados de sentirse infravalorados, decidieron ir a la huelga. Su trabajo consistía básicamente en limpiar las calles de los restos de melancolía que pudieran dejar cada recuerdo huérfano de vida. Cuando las autoridades quisieron reaccionar, toda la ciudad estaba hecha un asco. Lo sorprendente no es que solo se pudiera caminar por la calle olvido o la calle de la niñez, lo más sorprendente es que nadie supo prever que las acciones de “Quiérete más a ti mismo S.L.” subieran como el prozac.
Por Rafael Izquierdo, del blog Mi recreo.

 

Guardo un recuerdo muy especial, lo tengo aquí, clavado en mi pecho, es difícil de olvidar. Hubo una vez, cuando aún no llegaba a la adultez, en la que conocí a un hombre que resultaba, sin lugar a dudas, sorprendente. Ese hombre eras tú. Hoy te tengo frente a mi y me cuesta no sonreír. No me hablas, no me conoces, he cambiado, los años han pasado, pero de mi memoria creo que jamás saldrás.
Por Karen, del blog Able to do all.

 

—Son pájaros —respondió mientras sonreía a su hija—. Cuando hace frío, vuelan a sitios de más calor. —La sinuosa sombra no se movía como si fueran pájaros.
—Pájaros… —Alba cerró los ojos, pensando en el recuerdo de unas palomas a las que había dado pan el otro día. Elena la besó en la frente y miró por la ventana. Fuera lo que fuese, era sorprendente y aterrador ver cómo surcaba el cielo, expandiéndose mientras lo cubría todo.
Por Aitor Olano Collazos, de Guías Nexos.

 

Resulta sorprendente despertar del coma y sentirte vacía, sin ningún recuerdo de lo que te ha pasado y desde cuando has permanecido dormida. Tu mente está en blanco, pero te duele el corazón. Intuyes que algo malo te ha ocurrido. Te esfuerzas mucho, aunque no logras recuperar la memoria. Sigues adelante sin mirar atrás. Entonces, descubres tus cicatrices frente al espejo y se te ilumina el pasado con él. Denuncias a pesar del miedo.
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

Es sorprendente cuando dicen que el tiempo mata el amor. Como si fuera una chispa que, cercada poco a poco por el agua, se acaba ahogando en ella. Dicen que se transforma en amistad y la pasión en un recuerdo. Como si fuera una oruga y el tiempo su capullo de seda. Pero nosotros sabemos que es una hoguera y el tiempo el oxígeno que la alimenta. No es una oruga, sino la mariposa. El amor es tiempo. Nuestro tiempo.
Por Atalanta, del blog Un libro junto al fuego.

 

Lo importante no es evocar ese dolor, ni siquiera cuando nos sentimos tan masocas como para revivir tan amargo recuerdo o recrearnos en él. Lo importante es ser conscientes de lo que ha supuesto en nuestras vidas, por sorprendente que parezca: merece la pena tenerlo presente y asimilar que nos hizo crecer y ser quienes somos.
Por Lluvia Beltrán, del blog Lluvia Beltrán.

 

Ya no eres recuerdo. Es evidente: estás. Sólo esperabas la oportunidad de hacerte notar. El cambio es sorprendente. No brillan sus ojos; una mueca reemplaza su sonrisa; su esperanza se volvió oscuridad. Ella ha “tirado la toalla”… Ya no lucha, respira con dificultad…sólo ansía descansar. Ahí te quedarás, maldito intruso, saboreando la finitud de su abrigo terrenal. Cuando su espíritu vuele, no la podrás alcanzar.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

Recuerdo cuando me hablabas al oído. Era sorprendente cómo tu voz me estimulaba sin remedio. Tú, al otro lado, no podías verme y eras ajeno a tal reacción. Cuando te despedías me quedaba inquieta, anhelando nuestro próximo encuentro. Menos mal que tu programa de radio era diario, si llega a ser semanal hubiera desesperado.
Por Lídia Castro Navàs, de El blog de Lídia.

 

Cuando despierto en la mañana, no recuerdo tu nombre. Sé que he soñado contigo, de otro modo no entendería, el desbocado latir de mi corazón. No puedo olerte, no puedo verte ni tocarte, como si de una terrible pesadilla se tratase. Deambulo durante el día, esperando que caiga la noche y con ella vuelva tu olor, tu cuerpo… tu nombre. Sorprendente giro del destino, que de tanto amarnos a plena luz del día, hoy, le falten horas a la noche.
Por Elia Wheat, del blog Donde están las luces.

 

Tenía la satisfacción en la boca, hacia tiempo que no probaba un veneno tan exquisito. El Nilus era letal, cuando se ingería un agudo dolor de cabeza inducia a una rápida muerte; lo sorprendente era como provocaba ese dolor: a través de un recuerdo amargo repetido intensamente, si solo eso, pero os aconsejo no subestimarlo. Sin embargo yo necesitaba recordar y en cuanto a mi inagotable vida, por desgracia, no corría peligro.
Por Ali quintas.

 

Gracias querida amiga, la mejor y más fiel que nunca he tenido, gracias por estos maravillosos años en los que has estado a mi lado y de los cuales no cambiaría nada… Todavía recuerdo el día en el que vi tu mirada triste y perdida cuando deambulabas herida por la carretera, recién abandonada. Te invité a subir a mi coche. No todos los humanos son malos, parecía decir esa mirada sorprendente. Hoy esa mirada es de agradecimiento, pero es mutua… Descansa, te quiero.
Por Arekkusu.

 

Todos lo niegan, pero yo tengo presente su recuerdo, revivo el horror, la crueldad íntegra de la escena. Es sorprendente el realismo, ni la noche puede apagar la nitidez del rostro deformado del inexorable individuo. Vuelve a suceder, ejecuta impasible su acción cuando temblando encogida cierro los ojos, aprieto los puños e invoco a la muerte. “Anomalías de la memoria”, dice el psiquiatra. No puedo soportar más esta recurrente violación: con las venas abiertas me voy.
Por Mari Carmen Caballero Álvarez, del blog La buhardilla del encanto.

 

Cuando sopla el viento y levanta la nieve, es cuando más fuerte se hace el recuerdo. Me cala hasta los huesos poner otro madero en la estufa. Es sorprendente que aún pueda hacerlo. Las piernas me fallan y la espalda me mata, pero mi bella Adelaida no tiene la culpa de esto. Es por ella que me levanto todos los días y voy a cortar leña. Ya vendrá el tiempo del deshielo y la policía me llevará por haberla matado, pero mientras tanto, conservo bello su cadáver para mí.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Aún recuerdo la primera vez que te vi. Fuiste como un halo de luz en medio de la oscuridad, tus ojos me miraban brillantes y ya no pude separarme jamás de ellos. Fue sorprendente cuando nuestras miradas se cruzaron y conectaron a la primera, saltaban chispas y la música se hizo sorda, ya no importaba el tiempo ni el espacio, solo tu y yo. Y de esta manera andamos desde entonces, con una pequeña diferencia: ahora miramos los dos en una misma dirección.
Por María del Pino Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio.

 

Mi recuerdo no consigue acelerar el mecanismo de acción de la caja negra que ocupa mi cerebro. Por eso es sorprendente que no necesite una batería incombustible para acelerar la creación de nuevas y resplandecientes memorias que ocupan el lugar de evocaciones que nunca retengo. Sin embargo, a veces, invocar olores y sabores revelan evocaciones perdidas. Es cuando el corazón tercia, que pierde el olvido.
Por Patricia Babío.

 

Recuerdo cuando aún podíamos celebrar San Valentín. Siempre aparecías con flores, bombones y perfume. Por la noche, cena en un restaurante y velada plena de amor. Poco después, perdimos los trabajos; pero lo sorprendente es que nuestro matrimonio aguantó la enorme presión de una economía maltrecha. Hasta hoy. El secreto: nos sigue uniendo la mutua admiración del primer día. Somos héroes el uno para el otro. No hacen falta regalos.
Por María José Sánchez.

 

Recuerdo el sonido de las olas del mar rompiendo en las rocas y los cantares de las gaviotas entonados al cielo. Recuerdo la sorprendente puesta de sol que coloreaba el horizonte, como acuarelas que se reflejan en dos planos. Recuerdo el momento en que miré a lo lejos y una certeza se instauró en mí. Cuando pensé que no lo conseguiría, una nueva forma de ver las cosas me recondujo de nuevo a mi camino. Me recondujo de nuevo a mí.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Acaricio el recuerdo de la última vez que estuvimos juntos. Muchas veces mi mente vuela, evocando tantos y tantos momentos de la época en que estudiábamos en aquel curso de verano y te sentabas a mi lado en el aula. Poco a poco fuiste metiéndote en mis pensamientos y en mi corazón. Es sorprendente como el amor insiste en abrirse paso aun cuando se sabe que es imposible y solo nos queda decir adiós.
Por Jessamine Seeley, del blog Jessamine escribe.

 

Me miró fijamente a los ojos, se levantó y se dirigió sin mediar palabra al fondo del local donde estaba, junto al final de la barra, situada aquella vieja jukebox que tantos buenos momentos nos había dado. Introdujo unas monedas y seleccionó la canción, nuestra canción… Cuando empezaron a sonar los primeros compases de la música, se giró y de forma sorprendente dando un salto se subió a una de las mesas del bar. Sin dejar de mirarme, empezó a bailar y cantar, lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
Por Seren, del blog Sin título de momento.

 

Reminiscencias de aquel día emergen de lo profundo y vuelven a mi presente. No en vano este mes se cumplen cuatro años de tu nacimiento. Y también de tu marcha, prefiero expresarlo así. Es sorprendente el poder de las palabras; que evocan, duelen o reconfortan en función de cómo sean usadas. Porque te has marchado pero tu recuerdo permanece, aún cuando ni pude verte la cara. Este mes es tuyo, mi estrella. Todos lo son.
Por Nahnnuk.

 

Recuerdo el primer día que nos conocimos, no fue algo sorprendente como una historia romántica, más bien fue algo aburrido y típico: dos compañeros de trabajo y un mismo horario, largas jornadas de trabajo codo con codo, varias risas y bromas y no sé en qué momento me enamoré de ti. Quizás cuando me rozaste, o cuando reíste una de mis bromas o incluso aquel día, aquella noche. No sé cómo ocurrió, pero sé que ya terminó, porque yo ya no estoy y tú no te acuerdas de mi. Así es… así de simple.
Por Cath, del blog Una escritora sin filtro.

 

Recuerdo bien aquella época en la que el tiempo se medía en pedazos de deseos y de sueños. Cuando, para lo bueno y para lo malo, me enseñaste que la felicidad, como el buen vino, hay que escupirla, después de paladearla, para recordar su esencia sin restos de pretéritas memorias. Y ahora que las manecillas del reloj corren más rápido que mi ánimo, todo me sabe a barrica de roble añejo de miradas perdidas, a frutos del bosque madurados en risas lejanas, a vainilla de ausencias. Sorprendente, ¿no?
Por Daniel Rodríguez, del blog El solitario.

 

Recuerdo cuando aún éramos dos niños y corríamos por el jardín de algún castillo encantado matando dragones y ogros malvados. Era sorprendente la rapidez con la que inventabas cada nueva travesura, solo para poder ir a la desaliñada casa del vecino, y nos escondíamos para que el infame brujo que allí vivía no nos lanzara algún hechizo. Recuerdo que ser niño contigo era una gran aventura y que ahora seas mi esposa es todavía mejor.
Por Cynthia.

 

Con el paso del tiempo ya no recuerdo cuando dejé de quererte y me resulta tan sorprendente, porque te quise tanto…Con el devenir de la vida, la intensidad de mi amor se fue difuminando al igual que las fotos antiguas se van amarilleando. Ya sólo me quedan algunos recuerdos más bien borrosos de inciertos momentos felices. Supongo que mi instinto de supervivencia borró tus huellas de mi memoria, pero, perduran en mi corazón.
Por Litxu.

 

Recuerdo aquellas noches estrelladas en las que tú me mirabas. El toque de queda marcaba nuestros encuentros. Cuando eso sucedía era sorprendente la forma en que te escabullías de la policía y me dejabas con ganas de más. La última noche que te vi únicamente pude divisar tu alargada sombra, seguida por dos oficiales y varios disparos ensordecedores que te bañaron en pétalos rojos. ¡Qué pena que un juego de niños se volviera de adultos tan deprisa!
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Recuerdo el verano en el que nos conocimos como si fuera ayer. Cómo me sentí la primera vez que me cogió de la mano: cuando nuestros ojos se encontraron tras aquello supe con certeza que no era una simple amiga. Era sorprendente todo lo que me hacía sentir el simple hecho de verla sonreír. Y ahora, tras veinte años, aquí sigue, a mi lado, y ya no es sólo esa chica del pueblo, sino que es mi esposa y mi compañera de vida.
Por Nysna, del blog La luna en vela.

 

Era un treinta de marzo. Lo recuerdo porque volvía de celebrar el cumpleaños de mi madre. De repente el cielo se oscureció, aunque aún era media tarde. Cuando miré hacia arriba para conocer la causa, una potente luz blanca me cegó y perdí el conocimiento. Desperté en mi cama el tres de abril; desde entonces tengo un sorprendente don: leo el pensamiento de la gente. Hasta ahora pensabas que estoy loca. Ahora intentas dejar de pensarlo.
Por Luna Paniagua, del blog Luna Paniagua.

 

Aquella imagen era sorprendente, aun cuando la había visto en repetidas ocasiones y se sabía todos los detalles de memoria. TyK continuaba guardando un recuerdo exacto de lo sucedido aquella tarde lluviosa, si embargo no sabía decir qué había hecho antes y después del fatídico momento.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

«No lo recuerdo… no lo recuerdo… ¡Mentira! ¡Dame ya la maldita combinación de la caja fuerte!» Exclamaba el atracador mientras amenazaba con su arma. Le resultaba sorprendente que todo estuviera saliendo según lo previsto. Pero cuando escuchó las sirenas, supo que algún rehén se la había jugado. Conseguiría escapar, aunque le entristecía tener que decirle a su hijo que esa noche tampoco podría cenar antes de irse a la cama.
Por M. A. Álvarez, de El blog de M. A. Álvarez.

 

Cuando Elena dio el salto, dejó de ser ella para ser del viento. Para ello reunió todos sus miedos, se armó de coraje y echó su alma a volar. Fue sorprendente, recuerdo que me contó, que mientras iba descendiendo, entendió que su vida era como un rompecabezas, donde las piezas solo las armaba ella, que nadie más tenía derecho a tocar ninguna y fue en ese momento que rompió las cadenas que la ataban, obtuvo su libertad para siempre.
Por Yoli L, del blog Dejando letras.

 

Cuando ella lo conoció, sintió que eso era sólo un reencuentro. Le bastó tomar la mano que él le tendió para sentirse a salvo. Era un hombre sorprendente, sabía estar en cada situación. Siempre un gesto; un detalle; una palabra. Los momentos pasados a su lado eran únicos, eran mágicos. Y en poco tiempo logró cancelar cada feo recuerdo vivido anteriormente; haciendo de ella una mujer diferente, una mujer nueva.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Me siento culpable, una suerte de Marnie o de Raskólnikov. Hace cosa de una semana, me invitó a subir a su casa con la excusa de no recuerdo bien qué. El caso es que subí. Entre tanto cachivache mis ojos se posaron en uno de los objetos, que me atrajo de forma sorprendente. No sé por qué, pero cuando me lo acercó, me vi a mí mismo matándola y corriendo escaleras abajo con mi trofeo. He decidido dejar de leer tanto y pasar a la acción.
Por Marina López Fernández, del blog Por el hueco de la escalera.

 

Recuerdo que, cuando era pequeña, me encantaba perderme entre las briznas de las hierbas. Miraba con afán, como si mis ojos fueran un potente microscopio. Me llamaba poderosamente la atención que en un pequeño trozo de terreno creciesen plantas diferentes, amoldándose y mostrando una gran belleza, acompañadas por una gran diversidad de insectos. Me resultaba sorprendente comprobar cuán diferentes somos los humanos del resto de seres. Descubrí que la única diferencia es el ego.
Por Zoraida Azahara, del blog El nido de Zoraida.

 

¡Cerrado!

 

Consulta aquí las palabras del mes en curso.

 

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