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Reto: 5 líneas – Marzo 2018

By on 1 Mar 2018 in reto 5 líneas | 35 comments

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#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

Marzo:

Señora, leve y árboles.

 

 

Despierto en el hospital. Un leve recuerdo de perder el control del coche, los árboles cayendo sobre mí. Otra vez me veo encerrada en un cuerpo que no es el mío. Un niño me sonríe, una señora me abraza, son familiares a los que no reconozco. Todas las vidas que he vivido se entremezclan en mi memoria. El anciano me advirtió lo que pasaría si robaba el anillo. Es el precio a pagar por seguir viva. ¿Quién me ha tocado ser ahora?
Por Adella Brac.

 

Aquel mareo era leve comparado con lo que había tenido que ver durante aquel verano. Al pasar por aquel sendero, habituales de la juventud y parejas, una señora pasó por detrás de unos arbustos y por el sendero una joven de su edad, la de Manolo. En un deslizar de la joven por aquel camino, los árboles era lo que menos le preocupaba. Estaba anonadado por la joven y al pasar por su lado, casi se desploma. Manolo la sujeta. Se miran. Y la anciana sonríe. ¿Es amor?
Por Keren Turmo, del blog El Rincón de Keren.

 

Janette, con un leve giro de cabeza, no quería admitir que conociese a aquella mujer maniatada y tirada en el suelo, que los gendarmes habían encontrado entre los árboles del Bois de Boulogne. Hacía muchos años que ese lugar había dejado de ser hermoso para convertirse en punto de encuentro de prostitutas, chulos y clientes. Ella era una señora de buena familia. Nunca reconocería que aquel cadáver era el de su propia hermana.
Por María José Viz Blanco.

 

Entré a trabajar como interna hace un año. El tiempo se me había pasado volando, como las hojas de los árboles en otoño, que despegan raudas al notar las rachas de viento. El señor me instruía en lectura y escritura con bendita paciencia. La señora me enseñaba los quehaceres del hogar y secretos de cocina tradicional: antes de amasar, deja que leve dos horas, el resultado será mucho mejor, me decía amablemente. Yo la sonreía y agradecida, hacía un cuidado movimiento de cabeza. Era una simbiosis de roles, haciendo ellos de padres de la hija que nunca pudieron tener y yo encontrando una nueva familia que me quisiera.
Por Txema Álvarez.

 

Un leve suspiro tras un intenso momento, sudor en mi rostro y un gran cansancio invade mi cuerpo, me siento débil y fuerte a la vez, escucho tú llanto y mi felicidad es infinita. Di un gran salto y en un instante pase de niña a Señora, tan pequeñita entre mis brazos, te bese con el alma, te acuné en mi pecho y te di la bienvenida al mundo con amor, con todo mi amor… y dormimos abrazadas, entrelazando nuestras almas como las raíces de los árboles.
Por Q.Ki. Guerrero, del blog Hadas descalzas.

 

─Señora, si no se baja, ayúdeme y leve el ancla. ¿Cómo que no puede? Sujete esta cuerda. Para algo habrá saltado de esa forma a la embarcación, ¿no? Debo comenzar mi jornada, tengo hijos que alimentar. ¿Me oye? ¿Por qué mira hacia los árboles con esa insistencia? ¿Ha olvidado algo? ¡Suélteme, que vamos a volcar! ¿Conoce a ese que se acerca? Señora, deje el bichero, se va a hacer aún más daño. ¿No ve como tiene la cara, ensangrentada y llena de arañazos?
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

—¡Señora! ¡Dios!
—Es inútil. Por mucho que grite, no le dirigirá ni una leve mirada. Todos los días hace lo mismo: cruza sin mirar y se sienta en aquel banco de piedra, bajo los árboles. Pero, milagrosamente, escapa. Así lleva diez años.
—Milagro, desde luego. La zona tiene bastante tránsito.
—Un chico murió atropellado justo en la curva. Al parecer, era su hijo.
—Conozco la historia, aunque sé de buena tinta que la madre se suicidó.
Por María José Sánchez.

 

El Quijote confundía unos molinos con gigantes. Yo, más modestamente, creo ver en los árboles que hay delante de la triste oficina donde trabajo, monstruos de siete cabezas. Es una leve diferencia, cómo lo es también, que a Dulcinea, la veo yo reflejada en la señora de la limpieza que puntualmente pasa por mi vida de lunes a viernes entre las catorce y las dieciséis treinta. Quizás sea hora de que me tome el bálsamo de fierabrás.
Por Lorenzo.

 

Cada tarde, a la misma hora, el bosque enmudecía. Ansiosos los árboles convertían sus hojas en verdes oídos atentos al leve roce de sus pisadas. Luego, al verla, sonreían sintiendo la presión de sus abrazos. Más tarde, ya relajada, la señora abría un libro sobre su regazo y leía. En su voz los versos subían, bajaban, rodaban, danzaban, se adherían a las ramas. En el bosque enmudecido la poesía, el sentimiento y la emoción, reinaban.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

Entre los árboles del parque una leve brisa refresca el calor del verano. Como todos los días, la anciana señora saca a pasear a su querida mascota. La encontró hace años, cuando ella era una joven muchacha de brillante pelo pelirrojo y el animalito estaba extraviado y asomaba su hociquito por una de las bocas de la alcantarilla cercanas al parque. Desde entonces el animal, agradecido, protege a su querida dueña. Gracias a él nadie se atreve a meterse con la anciana, pues nadie se atreve a enfurecer a su cocodrilo de seis metros.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Todos los días realizaba el mismo recorrido; bajaba por las faldas de la montaña donde vivía una misteriosa señora de cabellos grises y tez rosada. Cada día la veía sentada de espalda a la ventana. Las primeras veces me detuve por un leve momento, e intenté ser amable diciendo alegremente «que tenga un buen día», pero me ignoraba. Continuaba mi camino hacia el panteón atravesando los árboles, hasta llegar al pie de esa montaña que resultaba ser mi hogar, allá, en lo alto.
Por Kathie G., del blog Sulla Strada.

 

Tal y como llevaba haciendo los últimos tres meses, entró al parque y se ocultó tras unos árboles próximos al banco donde ella solía sentarse. Tras casi una hora de espera, desilusionado y hambriento, volvió a su casa. Su padre preparaba una cena especial, hoy le presentaría a su nueva novia y él no tenía ni pizca de ganas de conocer a esa señora. Pocos minutos más tarde llaman a la puerta, «seguro que es ella», pensó fastidiado mientras abría. Y allí de pie, con una leve sonrisa… se encontraba ella.
Por Elia Wheat, del blog Donde están las luces…

 

Ante mis ojos se alzaba un frondoso bosque donde nadie se atrevía a entrar por la presencia de una magia ancestral. Soplaba una leve brisa que hacía que el follaje susurrara mensajes enigmáticos que no alcanzaba a comprender. Y, aunque temerosa, me adentré en ese insólito paraje, pues allí residía la Señora de los árboles, la única capaz de curar mi enfermedad: mis raíces se habían convertido en piernas.
Por Lídia Castro Navàs, de El blog de Lídia.

 

No lo entiendo. Estoy abrumada. Yo… vale que alguna leve arruga comienza a aparecerme en la cara, y que hace años que no tengo edad de jugar al escondite entre los árboles del parque, pero… no es para tanto, ¡aún soy joven! Sin embargo, esta mañana… esta mañana… ¡ay, es recordarlo y se me saltan las lágrimas! Se me ha acercado un chaval, con cuatro pelos mal puestos debajo de la nariz, y me ha dicho: «Señora, ¿tiene hora?»
Por Luna Paniagua, del blog Luna Paniagua.

 

“Nada tienes de que preocuparte” le había dicho antes de salir. ¿Por qué no iba a creerla? Aunque su madre le advirtiese de que no se fiara de ella, que la hija de la señora y él jamás serían iguales; él veía la verdad. Él era más listo, demasiado. ¡Estúpido! La cruda y simple realidad. “Será una pena leve” le prometió y ahora, con el frío atormentándole el cuerpo, solo podía preguntarse: ¿cuál de aquellos árboles sería su verdugo?
Por Alberto Juan Pessenda García.

 

Se pasea entre los árboles con movimientos dictaminados por alguna diosa imaginada. Leve, como brisa de agosto, no deja huella en la vereda que va recorriendo, elevándose entre la espesura como un hada menuda y silenciosa. Siente que la observan porque ella es la señora, la dueña y patrona del universo. Al final del camino la gran puerta enrejada la recibe afectuosa. Entra en volandas. El psiquiatra espera.
Por Patricia Babío.

 

Todo lo que le rodeaba eran árboles. Un único rayo se filtraba entre las hojas como si viviera en el interior de una cámara oscura. Su verdad tan solo era un reflejo de la realidad puesto del revés. Nadie se preguntaba sobre el origen de aquella luz, pero ella no quiso esperar a ser una señora para averiguar que habría más allá. Trató de irse en silencio mientras la hojarasca crujía bajo sus pies. Le bastó un leve movimiento para abrirse paso entre la arboleda, y, por primera vez, avistar la ciudad.
Por Chari, del blog Rincón Revuelto.

 

Recorría yo el atajo de las alamedas, camino del supermercado, cuando apareció él de entre los árboles. Un cazador de buena presencia, portaba en ristra varias perdices.
—Señora, ¡señora, por favor! ¿Tiene usted tabaco? —me abordó.
—¿Llevas hora, por casualidad? —recuerdo que le pregunté ofreciéndole un cigarro.
Me dio la hora e hizo un leve gesto con la mano mientras se despedía con una pícara risilla.
En caja, eché de menos la cartera y vi que no llevaba los pendientes de oro.
Por Mari Carmen Caballero Álvarez, del blog La buhardilla del encanto.

 

Las noches de verano solía levantarse una leve brisa que ondulaba la superficie del mar y justo al atardecer, sin falta, la Señora solía acercarse a la playa para disfrutar de un relajante baño en medio de aquellas aguas turquesas, donde el suave oleaje le permitía adentrarse en sus profundidades.
Desde la terraza del restaurante la observaba con mis prismáticos, mientras el frufrú de las hojas de los árboles balbuceaban su nombre.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

Un leve zumbido despertó a Elena por la mañana; los árboles de la calle bajo su ventana estaban inmóviles, y el cielo, despejado, brillaba con los primeros rayos anaranjados del sol. No era el viento. Una señora paseaba con su perro, que trotaba inquieto de un lado a otro de la calle, emitiendo un constante lloriqueo. «¿Qué habría sido de la sombra de anoche?». El cielo tenía un brillo especial aquella mañana, se veía impoluto.
Por Aitor Olano Collazos, del blog Guías Nexos.

 

La vi pasear entre los árboles y tocar el hombro de aquella señora de forma tan leve… Tan compasiva… Siempre me había preguntado cómo sería encontrarme con ella. ¿Me dolería? ¿La sentiría siquiera? Esa mañana iba recorriendo el paseo como una superestrella entre su público, buscando a quién abrazar; a quién llevarse con ella. De pronto pasó delante de mí y me miró a los ojos, pero no me dijo adiós. Solo hasta luego. No sabía que la muerte era tan educada…
Por Carmela Baker, del blog Letra Cuadrado.

 

Cuando la señora dijo que el leve rumor de las hojas de los árboles la había despertado, intuí que su historia era mentira.
—Entonces vio el cadáver —dijo mi amigo.
—Así es. Tumbado junto a mí. Apoyado sobre el tronco de este mismo abedul.
Mi amigo se agachó, observó la hierba y arrancó una margarita, igual a las otras en mi opinión.
—¿Tiene alguna pista del asesino? —le pregunté. Él sonrió—. Ya. Déjeme adivinar. ¿Elemental, querido Watson?
Por Atalanta, del blog Un libro junto al fuego.

 

La veo acostada, tranquila bajo aquellos árboles. Su lucha ya no tiene causa y se prepara para su leve despedida. Como gran señora que es, hace memoria de todas aquellas otras que como ella pelearon contra este u otro tipo de desigualdad, aunque su objetivo no era más que hacerlo desaparecer, como si de magia se tratara. Gracias a ella puedo decir bien alto que no conozco la palabra de la cual era abanderada. Consiguió su objetivo: aquello que llamaban feminismo desapareció para todas nosotras.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Hacía tiempo que no salía de casa ni daba un paseo bajo los árboles. Con la crisis, los Servicios Sociales rescindieron el contrato de la señora que la atendía en su domicilio. Era viuda, sin hijos ni familia que le prestase atención. Sufría una leve demencia senil, pero quiso intentarlo sola. En la calle encontró unos ojos llenos de soledad, como los suyos. Ahora, duermen juntos. Él vela su sueño y la despierta con sus ladridos.
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

—Señora, ya estamos por cerrar —dijo el camarero. Ella levantó la vista de su cuaderno. Tenía los ojos enrojecidos por el cansancio. Y no había podido escribir ni una sola línea en toda la tarde. —Ya me voy, no se preocupe. Se levantó, pagó la cuenta y salió a la calle oscura. Los árboles le contaban historias, en los susurros del viento sobre sus ramas. La luna la miraba con una leve sonrisa. Ella los ignoró, concentrada en su teléfono otra vez.
Por Cyn, del blog El fantasma en mi tintero.

 

La leve brisa que venía del mar hizo que TyK sintiera un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Más tarde, al ver a aquella señora paseando entre los árboles, se dio cuenta de que allí no había mar, no había árboles, no había camino para pasear… ¿Qué le había sucedido? ¿Qué es todo aquello que le estaba pasando?
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Cada vez que la señora de aquella tétrica casona rozaba de manera leve, con sus manos, aquella roja manzana de cera, todos los árboles del bosque, en conjunto, comenzaban a agitarse presas de un viento descontrolado que nadie alcanzaba a imaginar de dónde provenía. Incluso yo misma pensaba que era una bruja, hasta que el destino quiso que aquella manzana llegase a mis manos. Ahora lo puedo confirmar, yo también soy bruja.
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

Una leve brisa mueve las ramas de los árboles y despeina los canosos cabellos de la bella señora. Lleva en sus manos una canasta cubierta por un mantel. Su rostro curtido por el sol muestra las señales de mil batallas. A paso lento, seguro espera a que se abra la reja y avanza el resto del camino. Extiende el mantel sobre el pasto y saca los alimentos. Llena dos vasos con refresco y brinda, como desde hace 15 años, por su esposo muerto quien sonriente, le devuelve el saludo.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Una señora observa, ensimismada, el infinito, allá donde los bosques se pierden sin árboles que los abriguen. A su derecha, una pareja de jóvenes charla frívolamente en un idioma que no entiende, aunque suena a efervescencia de alegría, acallando con sus risas pícaras y miradas risueñas el leve murmullo de las aguas del Nilo. Con la delicadeza de la brisa del río, acaricia la alianza de su mano derecha: la eternidad sigue su cauce, como el limo verde enriquece las arenas del desierto.
Por Daniel, del blog El solitario.

 

Un leve cántico se hacía paso entre los frondosos árboles del bosque. Cualquiera se hubiese sentido atraído por él, como me ocurrió a mí. Curiosa, avancé procurando ser sigilosa hacia el lugar del que provenía ese maravilloso sonido. Resultaba algo familiar. ¿Lo había escuchado antes? Entre la maleza, atónita observé a una señora con su canto celestial. Era ella. Era yo. ¿Cómo podía haberme olvidado de esa parte tan hermosa de mí? ¿Dónde la escondí todo este tiempo?
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

He estado volando entre la bruma enmarañada y la penumbra del anochecer para reconocer aquellas sombras extrañas que aparecen cuando la luz es leve. Los árboles se visten entonces con trajes que los enmascaran, aparentando más volumen, más densidad. Es un juego de luz que me divierte. Si los humanos pudierais veros en el ocaso como yo veo a los árboles, dejaríais de tener miedo de estar a solas y en silencio. Si tú lo hicieras, serías señora de tu existencia.
Por Zoraida Azahara, del blog El nido de Zoraida.

 

Aún no me creo que esté a punto de poner fin a la búsqueda en la que he estado inmersa desde que recibí esa carta que revelaba mi verdadera identidad, mis auténticos apellidos que yo misma desconocía. Ya sólo me queda atravesar ese parque plagado de árboles y llegaré a mi destino. Con paso lento y con mucha inquietud logro finalmente traspasarlo encontrándome con una señora que me mira con una leve sonrisa y dice ser mi madre.
Por Annie Valero, del blog Iceberg de papel.

 

Señora, todos andan ahí abajo sin rumbo, como quienes buscan sus gafas sin percatarse de que las llevan puestas. Sus hijos viven vidas que no planearon. Dejaron sus trabajos y ahora uno es un asesino, y el otro pintor. Siempre el mismo cuadro: leve pincelada tras otra define un camino inagotable que, flanqueado por árboles, se difumina con este cielo. “¿Y el asesino?”, preguntó ella. “Ese solo busca matar el tiempo perdido”, contestó Él.
Por Rafa, del blog Mi recreo.

 

La señora sufrió un desmayo leve, eso es todo lo que pude ver desde los árboles. ¿Que cuanto tiempo llevaba allí? Desde hacía media hora, mi turno empieza a las siete en punto de la mañana. ¿Que si vi algo extraño? Pues no lo recuerdo, agente. ¿A alguien que no fuera del barrio? No lo sé, yo sólo me concentro en las hojas. Y así, básicamente, es como uno ensaya su declaración tras cometer el crimen perfecto.
Por Cris Mandarica, del blog Detrás de la pistola.

 

El tiempo se detuvo un instante mientras venía como ella se sentaba bajo aquellos árboles. El verano ya estaba comenzando, y la sombra que le proporcionaban le dejaría disfrutar de la leve brisa que refrescaba el ambiente en ese instante. Él la observaba, desde el otro lado de la valla de su bonito y amplio patio, su señora, la única mujer que le resultaba inalcanzable a ese fornido muchacho, y la vez, la única a la que estaba seguro de que amaría para siempre.
Por Karen, del blog Able to do all.

 

Se había hecho de noche. Fuera, una leve brisa movía las ramas de los árboles. El silbido a través de los vidrios de la ventana parecía traer voces lejanas. Recuerdos de tiempos pasados. Ella sintió su llegada; sin embargo sonreía, estaba serena. Después de todos esos años, podía decir que había llegado el momento. Ella, siempre una señora, pondría fin a todo con un beso. En cambio, ella sabía que con ese beso, todo comenzaría otra vez.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Pese a la aparatosa caída de la señora Mercedes, todo quedó en una herida leve. Los álamos que hay bajo su ventana evitaron males mayores. La dirección de la residencia se reunió para tratar su problema de sonambulismo. Debido a su delicada salud no la podían medicar. Y por ley, ni atar, ni poner rejas en la ventana. Optaron por una medida drástica, que acabaría con el problema, talar los árboles de debajo de la ventana.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Cuando encendí mi ordenador, me sobresalté al ver una intrusa figura entre los idílicos árboles de mi fondo de escritorio: una macabra señora ataviada con un traje oscuro. Al principio, su imagen era leve. Pero a medida que pasaba el tiempo, cobraba intensidad. Me observaba, cambiar el fondo era inútil. Cuando pude verla con más claridad, una mano se posó sobre mi hombro. Abrumado por el terror, recordé que estaba solo en casa.
Por M.A. Álvarez, de El blog de M. A. Álvarez.

 

Cuando aquel niño me llamó por primera vez “señora” no pude evitar soltar un leve bufido. No me lo podía creer. ¡A mí! ¡Que acababa de cumplir los treinta y uno! Nadie nunca me había insultado tan descaradamente.¡Los treinta son los nuevos veinte! O eso al menos quisiera creer. Después de este tremendo susto no pude más que acostarme debajo de los árboles a contemplar la primavera entrante. Total. Tenía toda la vida por delante.
Por María del Pino Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio.

 

Me incomoda el aspecto de la señora Margaret, mi ayudante secreta, con ese más que leve aire a Igor. Su curvatura dorsal, semejando un tronco propio de los árboles del Paraíso, le dota —por así decirlo— de una mirada estranguladora e inquisitiva. Temo que algún día me traicione si fracasa mi proyecto de dar vida a un conjunto de miembros muertos y no pueda pagarle lo prometido a cambio de su silencio y su ansiada operación de columna.
Por Marina López Fernández, del blog Por el hueco de la escalera.

 

La Señora Morris había salido a pasear, lo necesitaba tras todo lo que había ocurrido. Se detuvo en medio de un gran claro, respiró hondo y simplemente se dejó inundar por el leve murmullo del viento entre las hojas de los árboles de aquel maravilloso parque que tanto adoraba. Tomó aire por segunda vez y en esta ocasión se centró en el olor. Oh… adoraba el olor a césped recién cortado. Y, sin más, supo que todo se solucionaría.
Por Nysna, del blog La luna en vela.

 

Se podría decir que no. Se podría decir que no vino cuando le dijimos. Se podría decir que los árboles tardan mucho en encontrarla (aunque no la busquen). Se podría decir, incluso, que es una pesada carga infinita o un instante de significado más bien leve. No sabemos cómo es, ni si es, pero la imaginamos como una señora. Aun cuando no quisimos, vino y se fue y nos dejó tras de sí, más solos, pero vivos.
Por Álex Mayor, del blog Palimpsesto.

 

—Señora.
Escuché una voz infantil decirlo, no fue hasta que me di cuenta que esa persona se dirigía a mí. Aparté la vista de los árboles con algo de disgusto y miré a la criatura que me miraba con unos enormes ojos azules y una leve preocupación en ellos. Éste tan sólo sonrió y volvió corriendo con sus padres, en ese instante recordé que el tiempo pasaba para todos, incluso para mí…
Por Cath, del blog Una escritora sin filtro.

 

Ella lo sigue por medio de la leve huella que deja su abrigo al recoger el polvo del camino. Él la percibe, cree saber quién es la señora, por lo que se dirige hacia el bosque, y entre los árboles del final del camino, le entregará lo que está buscando. Llegan al punto, se vuelve para recibirla y frente a frente se dan cuenta que no son quienes creían, sin embargo, después de ese primer contacto, ya nada los detuvo.
Por Yoli L., del blog Dejando letras.

 

Se encaminó al lugar de siempre: el bosque que se alzaba en las montañas, a varios kilómetros de la ciudad. Allí la enterraría, entre los árboles. El cuerpo era leve, por eso no le costó trabajo esconderlo en el maletero del coche. Sonrió, alegrándose de lo fácil que había sido esa vez, de lo natural que le parecía. Nadie sospechaba de él y en algunas horas aparecería el anuncio. Otra señora desaparecida. La tercera ese mes.
Por Jessamine Seeley, del blog Jessamine escribe.

 

La larga sombra de la noche le perseguía mientras no podía pensar más que en los asesinatos que estaban sucediendo en aquel pueblo, todo allí era amenazante, las luces, las sombras, los ruidos; de repente de entre los árboles, surge una señora de mediana edad ofreciéndole un bollo y un café de su puesto ambulante… Él solo podía pensar en el leve ataque al corazón que le había provocado. Despertaba el amanecer, ya estaba a salvo, o no.
Por Arekkusu.

 

—¡Señora, señora! —gritó el niño desde el otro lado de la calle—. ¡El balón, señora!
El viento agitó con fuerza las copas de los árboles y ella hizo un leve gesto de contrariedad mientras se apartaba los rizos de la cara.
«Llamarme señora a mí», pensó. «Si solo tengo venticinco años. El balón te lo va a buscar tu señora madre».
Y se alejó sin decir nada ante la atenta e inocente mirada de los chiquillos.
Por Nahnnuk.

 

Bajo sus pies resuena el leve crujir de las hojas de otoño. Hace lo posible por concentrarse en eso, en el crujido bajo sus pies y no en el latir de su corazón. La calle se siente extrañamente vacía, amplia y agobiante por su extensión. Siente ojos sobre ella, pero por más que mira por sobre su hombro, tan solo ve los árboles a los lados del camino. Son silenciosos espectadores de su temor, como si cada uno fuera una señora aburrida que pasa horas asomada a la ventana.
Por CuriousJ, del blog Enredos y lápices.

 

Vengo de un lugar donde los sonidos y los olores los siento demasiado fuertes, donde apenas conozco a mi vecina a la que sólo oigo vocear. Y llego aquí donde poco se oye, si acaso la leve melodía de las ramas secas de los árboles al moverse, donde los aromas de la tierra me arrullan, donde cerca tengo a la señora del moño gris que se la siente feliz y no porque sonría mucho es algo que emana de su interior y que yo envidio. Allí no quiero volver, de aquí no me quiero mover.
Por Mer, del blog Entre libros y amigos.

 

Mi falta es leve, señora mía. La amo, ese es mi delito, si acaso cometí alguno. Yo he podido ver más allá de sus ojos cansados y de su indumentaria un tanto gris para su edad. Aunque trate de ocultarla, veo su alma a través de tantas capas de dolor y aunque intente ocultar la belleza de su corazón, como el bosque a los árboles, mis ojos pudieron verla como nadie quiso hacerlo jamás. Deme permiso para lograr que se descubra como es, como la veo yo, a través de los ojos de un hombre enamorado. Deme permiso para amarla.
Por Aida, del blog Tormentas de tinta.

 

¡Cerrado!

 

Consulta aquí las palabras del mes en curso.

 

35 Comments

  1. María José Viz Blanco

    1 marzo, 2018

    Post a Reply

    Querida Adella, te he enviado un microrrelato y, acto seguido, me percaté de que había eliminado la frase en la que usaba la palabra “leve”. Acabo de enviarte la rectificación. Disculpa. Supongo que es producto de la precipitación…
    Me ha gustado tu propuesta. Hay misterio, fantasía…
    Un abrazo.

    • Adella Brac

      5 marzo, 2018

      Post a Reply

      Y a pesar de la precipitación, se te ha adelantado Keren 😀
      Independientemente de eso, que es lo de menos, me ha gustado mucho tu relato, sobre todo ese “leve giro de cabeza” tan revelador 🙂
      Una vez más, gracias por participar en el reto 😉
      Un abrazo.

  2. txema alvarez

    1 marzo, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola! Ya está enviado mi relato de Marzo y aprovechando que es festivo en Baleares, me he tomado tiempo para ello. Muchos abrazos!

    • Adella Brac

      5 marzo, 2018

      Post a Reply

      ¡Qué bien! Espero que disfrutaras de ese festivo 🙂
      Me encanta tu micro, creo que has hecho un trabajo excelente; con esa manera de encajar “leve”, buscando siempre la vuelta de tuerca, y con el tono que le has dado al texto, que me ha transportado a otro mundo. ¡Enhorabuena! 🙂
      Gracias por seguir participando en el reto 🙂
      Abrazos.

  3. Kathie G.

    2 marzo, 2018

    Post a Reply

    Hola, desde que conocí esta iniciativa para fomentar la creatividad literaria, en pocas palabras, me ha encantado, y por eso me sumo este mes. Ya he enviado mi relato. Saludos y enhorabuena por esta página tan interesante.

    • Adella Brac

      5 marzo, 2018

      Post a Reply

      ¡Bienvenida, Kathie! Muchas gracias por tus palabras 🙂
      Me ha gustado tu micro, pero creo que las 5 líneas se te han quedado cortas. ¿Quién es la misteriosa señora que está sentada dándole la espalda a la ventana? Me ha gustado ese detalle 🙂
      Gracias por participar en el reto 😉
      ¡Un saludo!

    • Adella Brac

      5 marzo, 2018

      Post a Reply

      ¡Hola! A mí me encanta el tuyo y cómo vas preparando el terreno para el final; con ese aparecer entre los árboles, cazador-presas, pícara risilla… ¡Enhorabuena! 🙂
      Gracias una vez más por participar en el reto 😉
      Abrazo grande.

  4. Atalanta

    9 marzo, 2018

    Post a Reply

    Hola, Adella:
    Cómo me ha gustado tu relato. Tienes que sacar una historia de él, porque necesito saber cómo continúa y sobre todo, cómo empieza todo 🙂
    Ya he mandado el mío 🙂
    Un beso.

    • Adella Brac

      19 marzo, 2018

      Post a Reply

      xD
      Pues la verdad es que se podría sacar un buen relato de ahí, me lo apunto 😉
      A mí me ha gustado mucho el tuyo y la manera en la que juegas con la información que aportas y la que dejas fuera de foco. ¡Buen trabajo! 🙂
      Gracias una vez más por formar parte del esta familia 😉
      Beso grande.

  5. Oyidiya Oji

    9 marzo, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola Adella! Acabo de enviarte mi aportación de este mes 🙂 Me encanta porque tratas siempre temas muy diferentes y el de este mes da que pensar sobre qué hay tras esta vida. ¡Te felicito!

    Un abrazo,

    • Adella Brac

      19 marzo, 2018

      Post a Reply

      Muchas gracias por tus palabras 🙂
      A mí me ha gustado mucho el mensaje que se desprende del tuyo, ¿llegaremos a ver ese día en que esa lucha ya no tenga causa?
      Gracias por participar en el reto 🙂
      Un abrazo.

  6. Buenas tardes, Adella. Excelente relato, donde en tan pocas palabras nos cuentas una historia en la que fantasía y realidad se unen para dejarnos una puerta abierta a la reflexión. Me ha gustado mucho.
    A través del formulario te he dejado el mío. Espero que sea de tu agrado.

    ¡Feliz finde casi de primavera!

    Besos apretados.

    • Adella Brac

      19 marzo, 2018

      Post a Reply

      Muchas gracias por tus palabras, Pilar, me alegra que te haya gustado 🙂
      ¡Qué te voy a decir del tuyo! Simplemente precioso. Ya sabes que adoro este tipo de historias 🙂
      Gracias por participar en el reto 😉
      Beso grande.

  7. Cyn

    11 marzo, 2018

    Post a Reply

    Me gustó mucho tu micro, es interesante imaginar una historia en la que un espíritu roba cuerpos con tal de seguir viviendo, por medio de un anillo. Imagino una historia de amor, o algún drama super intenso.
    He vuelto, en febrero no pude escribir nada, pero ya he dejado mis cinco líneas de marzo.
    ¡Besos!

    • Adella Brac

      19 marzo, 2018

      Post a Reply

      Gracias, me alegra que te haya gustado mi relato 🙂
      En febrero tuve que comprobarlo dos veces, porque no me creía que no hubieras participado 🙁
      Me alegra mucho que estes de vuelta 🙂
      Y me ha gustado mucho tu micro, las historias están ahí, aunque no sepamos verlas 🙂
      Abrazo grande.

  8. estefanialfonso

    11 marzo, 2018

    Post a Reply

    Muy buenas,
    Ya te he mandado mi relato, aunque saldrá publicado en mi blog más adelante. Como siempre, gracias 🙂
    Hay relatos muy buenospor aquí, qué bien que cada vez se nos una más gente.
    Un beso guapetona.

    • Adella Brac

      19 marzo, 2018

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      Sí, somos un montón y yo feliz 🙂
      Tu micro de este mes es realmente misterioso 🙂
      Gracias por seguir participando en el reto 😉
      Beso grande.

    • Adella Brac

      19 marzo, 2018

      Post a Reply

      Ni tarde, ni mal, un micro estupendo 😉
      Gracias por seguir sacando tiempo para participar en el reto 😉
      ¡Abrazo grande!

  9. M.A. Álvarez

    23 marzo, 2018

    Post a Reply

    Hola. ¡Relato enviado! Este mes estaban las palabras curiosas de enlazar jejeje.
    Me ha gustado el tuyo, la reencarnación como “maldición”.

    Un abrazo 🙂

    • Adella Brac

      26 marzo, 2018

      Post a Reply

      Me alegra que te haya gustado mi relato. Ya sabes, todo lo bueno tiene una parte mala, todo lo malo tiene una parte buena 🙂
      A mí me ha encantado el tuyo, lo encuentro francamente aterrador. ¡Buen trabajo! 🙂
      Y gracias por participar en el reto 😉
      Un abrazo.

    • Adella Brac

      26 marzo, 2018

      Post a Reply

      Gracias por tus palabras sobre mi relato 🙂
      A mí me ha parecido maravilloso el tuyo, especialmente esa primera frase, ¡buen trabajo!
      Y gracias por participar en el reto una vez más 😉
      Un abrazo.

    • Adella Brac

      27 marzo, 2018

      Post a Reply

      ¡Genial! Este mes sin embargo lo he recibido sin problema, ya está subido 🙂
      Me gusta, pero quizá yo eliminaría la última frase para darle rotundidad y me recrearía más en las imágenes que dibujas a través del bosque; esa huella en el polvo del camino me parece muy vívida 🙂
      ¡Y gracias a ti por participar en el reto! 🙂
      Un abrazo.

  10. Hola, Adella. Envié mi aporte un poco tarde, pero bueno, si la dicha es buena… Me encanta tu relato. Me parece que tiene cierta semejanza con la trama del libro que sacaste recientemente. Felicidades! Abrazos.

    • Adella Brac

      30 abril, 2018

      Post a Reply

      Llegas a tiempo de sobra 🙂
      Me ha gustado mucho tu micro, me ha parecido muy poético.
      ¡Gracias por participar en el reto! 😉
      Un abrazo.

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