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Reto: 5 líneas – Mayo 2018

By on 1 May 2018 in reto 5 líneas | 20 comments

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#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

Medallero

 

MEDALLA DE BRONCE; Elia Wheat, Jesús Garabato Rodríguez, Luna Paniagua.

¡Enhorabuena a todos!

 

Mayo:

Calles, padre y puerta.

 

—No te calles ahora. ¿Has visto los seres que nos rodean? Allí, detrás de ese árbol. Lo que hay pegado a esa roca no es musgo. Se llaman bilios, son demonios que se alimentan del silencio. Así que habla, de tu padre y tus sueños rotos, solo convirtiendo en palabras tus secretos lograrás vencerlos. Cuando lo hagas, aparecerá la puerta. Te dije que te llevaría hasta la mejor versión de ti misma, pero no dije que fuera a ser fácil.
Por Adella Brac.

 

Salí por la puerta, con temor. No conocía la ciudad y me sentía pequeño en aquellas amplias avenidas. He buscado calles más estrechas, pero no las he hallado. Recuerdo lo que decías siempre, querido padre: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar». Tuvieron que transcurrir años hasta que me diese cuenta de que esas hermosas palabras no eran tuyas. Pero… ¿acaso importa?
Por María José Viz Blanco.

 

Recuerdo aquellas calles estrechas y aquella pequeña tienda, apenas la esquina en el bajo de un recóndito edificio, de no más de treinta metros cuadrados; pero atravesar su puerta implicaba entrar en otros mundos. En ella mi padre vendía toda clase de libros de ficción y a mí me encantaba escucharle cómo contaba historias increíbles a los clientes: viajes interestelares a exóticos planetas donde, tiempo atrás, había luchado contra monstruos de otras dimensiones y cosas así. Los clientes alababan su imaginación; lo que no sabían es que todo era cierto, que mi familia tuvo que llegar a la Tierra escapando de su remoto hogar, que no éramos humanos.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

—¡Ha del castillo! Abran la puerta.
—¿Quién va?
—Soy el rey.
—Pero alteza, ¿de dónde viene en plena noche? Las calles están oscuras y son peligrosas.
—Lo sé, pero he llevado a mi hija a ver luciérnagas.
—Es usted un buen padre, pero yo le hubiera podido cazar algunas.
—Hay cosas que solo se ven estando en libertad; como el brillo de las luciérnagas.
Por Lídia Castro Navàs, de El blog de Lídia.

 

La puerta se cerró con un golpe sonoro que daba al mundo la prueba de su malestar. Su hogar había dejado de serlo en el momento en el que sus recuerdos dejaron de ser alegres para convertirse en pensamientos amargos que iban acompañados de los sonoros reproches de su padre. La vida le había enseñado que a veces los lazos de sangre no hacían a las familias. Para el su familia eran las calles frías de Londres que le habían enseñado más valores de los que su progenitor le había enseñado nunca.
Por Martasky, del blog Rincones de mi mente.

 

Las frías calles de piedra atesoraban el encanto de caducos días de gloria. Hubo un tiempo en que aquellas gentes que habitaron la aldea, aún parloteando en un dialecto casi ininteligible para ciertos vecinos, se entendían a la perfección. Leían el corazón a través de sus ojos, el alma a través de su expresividad. A Manuel no le hizo falta pedir auxilio porque padre estaba enfermo. Al abrir la puerta, apareció D. Diego, el médico.
Por María José Sánchez.

 

Por las calles a la luz de la luna, vagando y revolviendo el viento que llega hasta ti, ves nacer del padre tiempo los momentos que tristemente no vivirás; y rebuscas en la tristeza del pasado las lágrimas que me hiciste llorar; te vistes con ellas y me ves caminar descalza llena de tranquilidad, te caes y derribas pensamientos, te levantas y buscas la verdad, y detrás de una vieja puerta nos reconciliamos en la soledad.
Por Q.Ki. Guerrero, Hadas descalzas.

 

Yo quiero que el final del camino sea ése que algunos dicen que es. Que una luz nunca vista me envuelva y me proteja. Que la paz inunde toda mi alma y no deje ninguna cuenta pendiente con nada ni con nadie. Que vuelva a ver y a tocar a quienes me dejaron huérfano de su cariño. Que de las calles terrenales pase a través de la puerta celestial a la felicidad eterna. Y allí, cómo había soñado siempre, esté cómo no, mi añorado padre.
Por Lorenzo.

 

El trajín en las calles era el habitual pese al persistente zumbido, que como un pequeño insecto resonaba en el aire.
—Buenos días Padre —dijo Elena al Padre Juan, que las recibió en la puerta del colegio—. Este extraño ruido está molestando mucho a Alba… no consigue quitárselo de la cabeza.
—Todos los niños están igual… hoy nos dedicaremos a escuchar y a hacer música. —Elena sonrió y besó a su hija en la frente; era una buena idea.
Por Aitor Olano Collazos, del blog Guías Nexos.

 

Hacía rato que sus pies estaban en remojo dentro de una palangana con agua caliente y sal, cuando escuchó unos toques en la puerta, lo que le obligó a abrir el cuarto. Entonces creyó ver la imagen de su padre ya fallecido flotando en una neblina y con el semblante apesadumbrado avisándole de correr peligro. No acababa de creérselo, cuando de pronto una tromba de agua y granizo derribó el tejado y arrancó los árboles de las calles.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

TyK vaga por las calles llamando a cada puerta, pero nadie le abre. No sabe qué hacer, ellos la perseguen, la amenazan, la atacan y la gente no hace nada. Se siente ninguneada por una sociedad y unas leyes que nada tienen que ver lo los tiempos que corren. Finalmente encontró consuelo en los brazos de su padre. Él siempre está cuando tiene estas terribles pesadillas.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Cogimos aire, lo retuvimos unos segundos y lo soltamos con un largo suspiro. Por fin estábamos ante la puerta que nos llevaría definitivamente a otro mundo. Mi padre y yo habíamos intentado decenas de veces comprar el billete a una vida mejor. Durante meses, recorrimos las calles llenas de delincuentes hasta dar con aquél que vendía a precio de oro esperanzas y sueños. Estábamos preparados. Nos cogimos fuerte de la mano y cruzamos al otro lado.
Por Aurora Rapun Mombiela.

 

Tras la puerta escuché un susurro, como si de un sueño se tratara, mantuve la respiración, no quería dejar de oír su voz advirtiéndome, era él, mi padre. ¡Las calles son peligrosas para las chicas! Nunca quise hacerle caso, no entendía ¿porque no podíamos ser como ellos, libres sin peligro?
Hoy después de mucho tiempo que te fuiste lo entendí.
Por Nieves, del blog Ave Fénix.

 

¡Qué te calles! No tienes vergüenza. No piensas ni un minuto en todo lo que ha costado alcanzar cuanto nos rodea. Solo piensas en salir a bailar, en beber y en pegarte la vida padre. Si ella viviera, ¿qué crees que diría? ¡Jo, papá! Córtate un pelín y cuando traigas una nueva amiguita a casa, cierra al menos la puerta de la habitación. ¡Y sube el volumen de la tele!
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Recorrió las calles perturbado hasta llegar a su casa, su trabajo lo había llenado de muerte. Ahora miraba desde la terraza todas sus cosas tiradas sobre el pavimento. Estaba cansado de vivir. Se deshacía de su vida como un marinero en medio de una tormenta: tirando todo por la borda. Ni padre, ni madre, ni nadie con quien compartirla. Cerró la puerta con llave y prematuramente se despidió del mundo.
Por Kathie G., del blog Sulla Strada.

 

—¡Abre! Los golpes resonaron contra la puerta.
Por poco no lo cogían fuera. Recuperó el aliento.
—Te vimos entrar, abre a la Guardia.
Se quitó botas y capa, y las escondió.
—No te resistas o será peor para ti y tu familia, no puedes escapar.
«Todos dicen que somos dos gotas de agua —pensó—, tienen razón». Con una sonrisa, abrió la puerta satisfecho por el tiempo que había ganado para su padre; ya debería de estar a muchas calles de allí.
Por Alberto Juan Pessenda García.

 

El cuerpo del padre Crowley ardía en un fuego verde. Los demás mirábamos el remolino de oscuridad que tomaba las calles engulléndolas dentro de sí. Era hipnótico y prometía muerte y dolor. Las leyendas de la localidad hablaban de brujas, demonios, ritos de fertilidad ancestrales que regaban la tierra con sangre de niños. Debimos imaginar que vivíamos sobre una puerta del infierno. Alguien lo hizo. Y la abrió.
Por Atalanta, del blog Un libro junto al fuego.

 

El último recuerdo que guardo de mi padre es el golpe seco que escuché al cerrar la puerta. Por más que lloré y supliqué desde el descansillo, no me sirvió de nada. A partir de ese momento, hice de las calles mi hogar y de los sin techo mi familia. Ahora, mi vida ha cambiado mucho. He conseguido dormir tranquilo. Ha desaparecido mi miedo a las tormentas y disfruto como un loco cuando me paso las noches aullando bajo la luna.
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

El pequeño Ernesto abre la puerta sigilosamente. Desde que llegó al centro de acogida, todas las noches sale de su habitación a la misma hora. El recuerdo de su padre despidiéndose de él, lo lleva a querer escapar y recorrer las calles en su busca. Le prometió que se curaría, que pronto volvería a por él y lo llevaría a pescar. Hoy, es un día especial, es su cumpleaños y quiere celebrarlo con papá. Al despuntar el alba las olas del río, mecen a un niño que duerme feliz.
Por Elia Wheat, del blog Donde están las luces.

 

—¡Que te calles! —gritó furioso el padre. ¡Vives en mi casa y aquí mando yo! Si no te gusta… En su habitación, tumbado sobre la cama, remiró esos dibujos de la madera que tan bien conocía desde niño. De súbito se incorporó y en un par de bolsos guardó sus ropas. Ya era hora. Traspasaría la puerta para no volver. “La decisión de independizarme y trabajar será la mejor manera de festejar los cuarenta y ocho años que mañana cumpliré”, pensó.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

—Perdóneme, padre, porque he pecado —dijo Ana, y se santiguó.
—¿Qué ha ocurrido, hija?
—Mi niño me contó que dos hombres abusaron de él. Ayer encontré a uno de ellos y le corté el miembro con las tijeras de podar. No me arrepiento y también se lo haré al otro.
—…
—¿Padre?
—…
Ana salió del confesionario. La puerta de la iglesia estaba abierta y entraba el sonido de unos pasos a la carrera, amplificado por el silencio de las calles oscuras.
Por Luna Paniagua, del blog Luna Paniagua.

 

La última vez que pise las calles del pueblo, fue el día que, mientras huía, oía a madre gritarme desde la puerta de casa: ¿Qué has hecho? ¡Desgraciada! Pero, no miré atrás. Estaba harta de su complicidad. Lo que hice, lo hice por mis hermanas. Por eso, cuando de nuevo, padre me encerró en su dormitorio y me obligó a arrodillarme frente a él, en el instante que bajó sus pantalones y cerró los ojos; saqué de debajo de la cama las tijeras de podar y…
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Adella Night se abrío paso por las calles atestadas de soldados que esperaban su escueta ración hasta la Puerta del Nido, cuyas defensas apuntaladas esperaban el furioso envite del enemigo. Las miradas de sus oficiales no escondían la desconfianza que sentían ante ella, sacerdotisa regente de la ciudad, sitiada por sus antaño aliados de Marik. No, ella no era su padre, pero hubo que actuar contra ese viejo loco y sus convicciones.
Por Rul T, del blog Mis vidas de papel.

 

Desde la terraza veo las calles de la ciudad abarrotadas. Luces, música y risas alegres llegan a mis oídos, sin embargo para mí no hay diversión alguna en este día festivo. No siento nada, el vacío que hay en mi interior es tan grande que no me importa nada ni nadie. Mi padre abre la puerta, supongo que mi madre no tiene el valor para subir aquí. Me suplica que no lo haga, pero yo ya he tomado mi decisión.
Por Sandra Adrian.

 

Llevaba varias horas recorriendo las calles de aquella ciudad extraña. ¿A quién se le ocurría viajar sin mapa? Solo a él, desde luego. Su poco dominio del idioma tampoco le ayudaba a llegar a su destino. Comenzó a sentirse solo, perdido. De pronto, cuando ya iba a desistir de su búsqueda, llegó a la puerta de color rojo que le había indicado su padre. Sin pensarlo más, tocó el timbre que abriría su nueva vida.
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

Zenaida recorre las calles, de puerta en puerta y de hombre en hombre. A todos pregunta lo mismo mientras muestra la foto del soldado de ojos tristes. «¿Eres tú mi padre?» Algunos la miran con disgusto y uno que otro con compasión mas ninguno tiene el corazón de explicarle, de decirle; otros le sonríen y le desean suerte en su búsqueda. Ella continua en su afán sin saber que el hombre que muestra, es el modelo que venía en el marco original de la foto.
Por José Torres, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Abrí la puerta tal y como me dijo que hiciera. Tras ella se encontraba un universo alternativo. Sus calles estaban totalmente invertidas. En el suelo estaba el cielo y en su lugar habitual estaban los edificios. Mis ruidosos andares se contrarrestaban con las de aquellos diminutos seres que, sin querer, se habían convertido en mis compañeros de aventura. Ellos me ayudarían a encontrar a mi padre en un ejercicio de poder revertir su muerte también.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Quién me iba a decir que las calles que me vieron correr aquella noche, serían las mismas que me acogerían cuando mi padre me cerrara la puerta en las narices, sumiéndome en el vacío y en la oscuridad. Mi nueva familia, una puerta a un mundo nuevo.
Por Nerea Almagro.

 

Mi padre siempre contaba que la mayoría de la gente había olvidado porqué estaban allí colgadas de las ventanas. El transcurso inexorable del tiempo, junto al otro tiempo (el meteorológico), consiguió paradójicamente que el sol derritiera las estrellas y la lluvia difuminara los colores. Cansados de esos harapos blancos, los tomaron, cerraron la puerta al rencor y pacíficamente, salieron a las calles a festejar que se habían rendido al olvido.
Por Elrecreo, del blog El recreo de Rafa.

 

Con el grito: «¡Asesino!», un grupo de vecinos invadió la iglesia cuando el padre había comenzado la misa de los domingos. Por la puerta abierta de par en par se veía a la muchedumbre enfurecida que se había concentrado a las afueras, llenando por completo las calles. Esa vez, el culpable de la muerte de tantos huérfanos, a los que tuvo acceso gracias a su apariencia de hombre santo, no escaparía del linchamiento público.
Por Jessamine Seeley, del blog Jessamine escribe.

 

Antes de cerrar la puerta le sobrevino la imagen de su pequeña riendo desatada. Y emprendió su periplo, aciago y lento, cruzando calles. Y llegó a una destartalada plaza al otro lado de la ciudad. Allí jugaban un padre y su hijo. Entonces sacó de su bolsillo un revolver y disparó sin pestañear en la cabeza del niño. No podía sentirse en paz, ni liberado aún consumando su venganza. Antes de volarse la tapa de los sesos, pensó que al menos ahora su contrición será compartida.
Por Daniel Rodríguez, del blog El solitario.

 

—Padre Damian, ha llegado la hora.
El viejo cura del pueblo entró en la habitación. Saludó en silencio a todos los presentes. Apenas había cruzado un par de calles hasta llegar a la casa donde el moribundo daba sus últimos suspiros. Se inclinó y ungió con aceite su frente murmurando unas cortas frases en latín. Yo miraba tras la puerta, de reojo, mientras se alejaba de mi vida quien tanto me hizo padecer.
Por Txema Álvarez.

 

El sol daba le daba los buenos días mientras las calles se llenaban poco a poco de vida con el sonido de sus semejantes. A lo lejos veía a Padre, resquicio de una antigua sociedad estúpida y prepotente que reinó ya hace muchos millones de año y que recordaba a la suya que nunca deberían ir encontrar de la madre naturaleza sino querían convertirse en otro marco de una puerta dentro de la historia de su querido planeta Tierra.
—Gracias por otro maravilloso día…
Por Arekkusu.

 

Sabía perfectamente que las cosas no le iban bien, que no era demasiado constante, que le gustaba la buena vida… En un solo año había dejado cinco trabajos por razones de lo más variopintas. “Carpe diem” era su filosofía preferida y le encantaba aplicarla. Pasaba el rato deambulando por las calles, a menudo sin rumbo, pero había una certeza en su vida. Solo una: que podía contar con su familia para lo que fuera. Como cada noche volvía a casa, su padre le abría la puerta y lo recibía con un abrazo.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Caminando por las calles de su pueblo en aquella tarde de septiembre vio cómo el viento mecía las hojas mientras un padre y su hijo jugaban a adivinar las formas de las nubes. Todo aquello le parecía tan lejano en el tiempo… Su pasado se había quedado guardado en aquél lugar todos esos años y finalmente encontró el estímulo que precisaba para volver a abrir esa puerta que tan feliz le hacía y tan vulnerable le había vuelto.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Persigo a aquel al que muchos llaman “padre” por las calles de Madrid esperando mi oportunidad. Sé que esto no está bien, sé que seré yo la que pague por mis acciones y no él, pero no lo aguanto más, no puedo soportar que siga saliéndose con la suya a pesar del sufrimiento que causa, ha causado y causará. Por eso, cuando llega a la puerta trasera de la iglesia no dudo y le clavo el cuchillo hasta el fondo por la espalda.
Por Nysna, del blog La luna en vela.

 

Eran las mismas calles que recorría con mi padre de la mano. Flotaban en el ambiente sus recuerdos, así como benditos fueron sus consejos.A pesar de caminar por las mismas aceras, la vida mutó hacia modernidades impuestas. El legado de mi progenitor, fue una puerta abierta al futuro que me impidió caer en la trampa de la vida actual. Hoy continuó persiguiendo sueños y desechando dictámenes marcados.
Por Rafael Blasco López.

 

Recuerdo a mi abuelo sentado siempre en su silla y jurando en arameo. El último día que lo vi, yo había estado danzando por las calles del pueblo. Cuando subí a su casa, me lo encontré frente a la cruz cristiana clavada en el dintel de la puerta del salón. Al girarse, pude ver que retorcía el fular favorito de mi abuela (en paz descanse) y, mirándome fijamente, sentenció: «Padre, perdona nuestros pecados que son muchos y acertados».
Por Marina López Fernández, del blog Por el hueco de la escalera.

 

Corría por las calles de la ciudad como si el mismísimo demonio me persiguiera, mi respiración estaba tan agitada que apenas me llegaba aire al cerebro, pero tal y como rezaba el mensaje que me enviaron la puerta de casa estaba abierta. La crucé sin dudar, aunque el miedo fuera intenso, y ahí estaba, en el suelo, con los ojos abiertos y sin vida, mi padre. El mundo a mi alrededor se desplomó en un segundo mientras yo, simplemente, caía con él.
Por Karen García, del blog Able to do all.

 

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20 Comments

  1. mortizd

    2 mayo, 2018

    Post a Reply

    Hola, ¡me ha encantado el relato! Me imagine toda una historia con tan pocas líneas.
    Espero si poder participar este mes.
    ¡Saludos!

  2. María José Sánchez

    2 mayo, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola, Adella! Después de mi metedura de pata con lo del correo electrónico, aquí veo mi relato. El tuyo, maravilloso como siempre, con esa fantasía tan bien plasmada. Me ha encantado.
    ¡Muchos besitos, guapa!

  3. Muy buenas,

    Este mes soy tempranera, ya te he mandado el mío, aunque saldrá publicado en mi blog la próxima semana.

    Enhorabuena a los ganadores de la medalla.

    Un besazo 🙂

  4. avefenixncm

    7 mayo, 2018

    Post a Reply

    Buenos días, soy novata en compartir mis escritos . Estoy empezando con mi blog con mucha ilusión. Este proyecto me parece geníal, espero poder participar. Muchas gracias.

    • Adella Brac

      11 mayo, 2018

      Post a Reply

      ¡Gracias a ti por tus palabras! 🙂
      Me alegra que al final te animaras a participar 🙂 Has escrito un micro muy interesante y desgraciadamente muy conectado con la actualidad. ¡Buen trabajo!
      Mucha suerte y ánimo con el blog 🙂
      ¡Un saludo!

  5. Adella, buenas noches. Muy buen relato.
    Algo le pasa a la web. No sale el cuestionario para poder mandar el relato. Te dejo mi relato por aquí. Espero que te guste.

    El último recuerdo que guardo de mi padre es el golpe seco que escuché al cerrar la puerta. Por más que lloré y supliqué desde el descansillo, no me sirvió de nada. A partir de ese momento, hice de las calles mi hogar y de los sin techo mi familia.

    Ahora, mi vida ha cambiado mucho. He conseguido dormir tranquilo. Ha desaparecido mi miedo a las tormentas y disfruto como un loco cuando me paso las noches aullando bajo la luna.

    Besos apretados. Pilar.

    • Adella Brac

      11 mayo, 2018

      Post a Reply

      Disculpas, tuve problemas con la web ese día. Ya vi que lo enviaste al día siguiente, pero ya lo había copiado de aquí, ¡gracias!
      Me ha gustado tu micro. Me ha recordado a algo que leí hace poco, algo como… tu experiencia no son las cosas que te pasan sino lo que haces con ellas 🙂
      ¡Un abrazo!

  6. saricarmen

    10 mayo, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola Adella! Ya he enviado mi participación de este mes y quiero decirte que he quedado prendada de la coqueta Elisa. Tus manos y dedos al fin han encontrado calma y deben sentirse muy realizados con esas bellas obras de amigurumis.¡Felicitaciones!
    ¡Un gran abrazo!

    • Adella Brac

      11 mayo, 2018

      Post a Reply

      ¡Gracias! Me alegra que te gustara Elisa 🙂
      Y sí, cuando me da demasiadas vueltas la cabeza, busco la calma contando puntos 😉
      Abrazo grande.

  7. Oyidiya Oji

    14 mayo, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola! Me ha parecido interesante tu relato, como siempre, leerte es una buena forma de empezar el mes 🙂 Por aquí te dejo mi pequeña aportación. ¡Saludos!

    • Adella Brac

      16 mayo, 2018

      Post a Reply

      ¡Gracias por tus palabras! 🙂
      Me ha gustado mucho tu micro, le abre la puerta a la imaginación del lector 🙂
      ¡Gracias por participar en el reto! 😉
      Un saludo.

  8. Nahnnuk

    25 mayo, 2018

    Post a Reply

    Acabando el mes y dejo mi aportación, como siempre. Grandes relatos todos. ¡Un gran saludo!

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