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Reto: 5 líneas – Abril 2018

By on 1 Abr 2018 in reto 5 líneas | 16 comments

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#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

Medallero

MEDALLA DE BRONCE; Aitor Olano Collazos, Alberto Juan Pessenda García, Alma, Ana Centellas, Arekkusu, Atalanta, Carmela Baker, Cath Hartfiel, CuriousJ, Daniel, Estefanía, Estrella Amaranto, Javier Puchades, Jessamine Seeley, José Torma, Karen, Keren Turmo, Lídia Castro Navàs, Lorenzo, Luis J.Goróstegui, M. A. Álvarez, María del Pino Vega Ramos, María José Sánchez, Maria José Viz Blanco, Marina López Fernández, Nahnnuk, Nysna, Oyidiya Oji, Patricia Babío, Pilar Alejos, Q.Ki. Guerrero, Rafael Izquierdo, Sara, Saricarmen, Txema Alvarez, Yoli L. y Zoraida Azahara.

¡Enhorabuena a todos!

 

Abril:

Llamaron, comprendía y seguro.

 

 

Había algo raro en el espejo. Se acercó hasta casi tocar la punta de la nariz en el frío cristal. Ni era cristal ni estaba frío, era algo que no comprendía, una especie de niebla gris. Llamaron a la puerta, venían a buscarla. Cruzó, pensando que sería más seguro que permanecer allí, pero al otro lado no había más que una densa oscuridad. ¡Atravesar el espejo había sido tan mala idea como seguir a aquel maldito conejo parlante!
Por Adella Brac.

 

Las voces que llamaron al destino, gritando entre silencios y ausencias, las palabras que escondían mil lamentos; aquellas cosas que no comprendía, aquellas cosas que tú no dijiste jamás. Las voces que llamaron al destino, caminaron descalzas por un lugar seguro, por una vereda llena de flores y alegrías, conversando suavemente, en secreto y en silencio, con las palabras que de nueva cuenta, te has negado a escuchar.
Por Q. Ki. Guerrero, del blog Hadas descalzas.

 

Asomada al balcón de la torre, dejó que el aire de la noche le meciera el cabello. Él no la comprendía, nadie lo hacía en realidad. Él iba a luchar, a morir, y quería sentirse seguro. Lo entendía. No obstante, ella tenía brazos fuertes, mente clara y un corazón valiente. El deber y la necesidad la llamaron y ella acudiría. No le importaba lo que los demás pensasen. Se dejó caer y, abriendo sus alas, emprendió el vuelo.
Por Alberto Juan Pessenda García.

 

Cuando llamaron, todos los entendieron. Era preciso dejar la fiesta y salir huyendo de aquella casa que habían invadido y hecho suya. Aquello no estaba bien, pero aun con todo siempre hay alguien que no lo comprendía y quería seguir al límite de la situación. Lo seguro era marcharse de allí. Al oír voces de mujer en el patio trasero y comprobar que no había nadie. Todos coincidieron en que, debían marcharse, no contar nada y no mencionarlo nunca más. Así fue.
Por Keren Turmo, del blog El rincón de Keren.

 

—¿Seguro?
—Sí
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Para siempre?
—No.
—¿Noo? ¿Por qué?
—Porque no.
—¿Llamaron ellos?
—Llamé yo.
—Vale, pero…
—No hay peros.
Al día siguiente, Luna volvió a la carga. No comprendía la actitud esquiva de su madre.
—Mami, respecto a lo de anoche…
—Cariño, llamé a la tienda de animales; el perro ha llegado. Lo encargó tu abuela, así que solo lo tendremos hasta que ella regrese.
Por la tarde, en la tienda:
—¿No tendría otro igual?
Por María José Sánchez.

 

Comprendía la dificultad de la empresa, pero estaba seguro de que llegaría a buen puerto. Últimamente, nada se le resistía: desenredaba sin dolor las greñas de sus clientas, abría las latas clavándoles la mirada, sin más… ¿Cómo no aceptar ir con los bomberos, cuando estos le llamaron para apagar un fuego, sin mangueras y sin agua? Nada tuvo que objetar a la singular propuesta.
Por María José Viz Blanco.

 

Llamaron al timbre minutos antes de que se durmiera e intentase mitigar la ansiedad que soportaba ante aquellos episodios inesperados. Su sorpresa fue descomunal cuando al abrir la puerta descubrió que estaba delante del patio del colegio de su infancia y sus amigas le gritaban que no se subiera a la tapia. No comprendía aquel estado de ingravidez que la hizo desaparecer. Su leyenda persiste y es seguro que nadie halle explicación.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

Gonzalo estaba sentado en la cama, el único mueble del dormitorio, con gesto preocupado. Le llamaron por teléfono. Miró la pantalla del «smartphone» y frunció el ceño, no conocía el número. Lo cogió y escuchó cómo una voz masculina le amenazaba antes de colgar. No se sentía seguro en casa, ellos sabían dónde vivía, habían sido amigos. Ahora que no podía saldar su deuda, comprendía que con la mafia no se podía jugar.
Por Sandra Adrián, del blog Sandra Adrián.

 

Me llamaron muy temprano, demasiado. ¿Quién sería a las cuatro de la madrugada? Cogí el teléfono aún dormido. No comprendía lo que me estaba diciendo. Algo de uno de los cuadros, no sé; hablaba atropelladamente. Seguro que sería un gracioso, quise pensar; pero la voz sonaba angustiada y, al fin despierto, logré comprender, alarmado: «¡Qué sí, te digo que falta uno de los herreros de la fragua de Vulcano, de Velázquez; uno de los guardas del museo le ha visto medio borracho, celebrando el triunfo de Baco. Ven, rápido, habrá que hacer algo; así no podemos abrir al público!»
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Cuando me llamaron a aquellas negras horas de la noche, supe seguro que ya no había tiempo de redención. Comprendía bien cual sería mi destino, las cosas son así, aceptas las reglas del juego cuando empieza la partida. Ahora ya sólo me quedaba esperar. Nada de lamentos, nada de reproches. Vi y escuché por última vez el video de Eva Fernández cantando These Foolish Things, mientras bebía mi último whisky, sentado en mi fiel sillón.
Por Lorenzo.

 

Tras retirar el seguro, se dio cuenta de que no comprendía como había podido llegar a ese extremo. Demasiado tarde. Se encontraba apuntando a los pobres empleados de la gasolinera, mientras lo miraban aterrorizados desde el suelo. Buscó a su alrededor y pudo comprobar, por tercera vez, que estaba solo. ¡Maldita la hora en que sus colegas lo llamaron para que bajara a dar una vuelta!
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Caminaba siendo consciente de que ella le perseguía, podía sentir el frenético taconeo. Comprendía el por qué. Seguro que sabía a manos de quien estaba el magnífico cofre y haría todo lo posible por recuperarlo. No podía permitirse el lujo de perderlo. Echó a correr pues temió que viniera acompañada. Le llamaron pero no se giró. Notando los latidos de su corazón en la cabeza, se introdujo en un callejón oscuro. Había escapado.
Por Nerea Almagro.

 

El zumbido era agudo y constante, prácticamente inaudible pero molesto para los oídos de Elena. Comprendía el lloriqueo del perro bajo su ventana, para él, debía ser insoportable, y su anciana dueña probablemente ni lo escuchara. Llamaron a la puerta de su habitación con timidez, seguro que era Alba que se había despertado.
—Pasa pequeña —dijo Elena con voz cariñosa, viendo cómo la puerta se abría lentamente.
—Me molesta el ruido…
Por Aitor Olano Collazos, del blog Guías Nexos.

 

Mi hermoso ángel pensó que estaría seguro a miles de kilómetros, rodeado de gente que le comprendía. ¿Seguro de qué? No lo entiendo, porque yo soy quien más le cuida, quien más piensa en su bienestar. Así que me las arreglé para darle una sorpresa. Llegué a su trabajo, saludé y ellos le llamaron. Sé que fue difícil para él disimular su felicidad, porque no pudo evitar el temblor de su voz cuando se acercó a mí con la mano extendida.
Por CuriousJ, del blog Enredos y lápices.

 

Cuando llamaron al chico que estaba enfrente, seguro estaba de que él era el siguiente. No comprendía de favoritismos ni de clases. Nervioso, se secaba las manos sudadas en su sucio jersey. En la plaza, el payaso “Manolín” sigue haciendo bromas con el crio y al final, le entrega un globo en forma de elefante. «Ojalá a mí me haga un caballo», piensa inocente. Su sonrisa se desborda, a la vez que sus ojos se anegan al ver que lo brincan y eligen al rubito detrás de él.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Aún no lo comprendía… ¿Por qué me vendían después de tantos años a su servicio? Me encontraba en una nave industrial a la espera de que mis viejos dueños acabaran con la transacción. Yo solo quería sentirme seguro y terminar mis días en paz. Entonces me llamaron y me guiaron hasta una sala fría y gris. Allí había un hombre:
—Soy el matarife, ya está todo preparado. Acercadme al caballo.
Por Lídia Castro Navàs, de El blog de Lídia.

 

—¡Enhorabuena señora! ¡Hoy es su día de suerte! Es usted la agraciada con el magnífico premio que sorteamos entre nuestros clientes más fieles. ¡Acaba de ganar un seguro a todo riesgo de coche, para su marido, para la vecina del cuarto o para quien usted quiera! ¡Totalmente gratis! ¡No me diga que no es un regalazo!
—No me interesa. Ya me llamaron hace una hora para decirme lo mismo. Además la señorita al teléfono insistió mucho pero parece ser que no comprendía mi respuesta. ¡No tengo coche… ni marido, ni vecina!
Por Txema Álvarez.

 

Cuando llamaron a Nuria desde el centro de acogida para decirle que ya podía ir a recoger a Maribel, la pequeña que estaría bajo su tutela hasta la mayoría de edad, no tardó ni cinco minutos en llegar. No comprendía cómo aquella preciosa niña no había querido ser adoptada. La encontró dormida sobre la mesa, la despertó con suavidad y la abrazó con el alma. Seguro que desde aquel instante se volvían inseparables.
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

Leía un viejo libro de Robert Graves sentada en mi estudio a las cuatro de la tarde. Estaba sumergida en mi lectura. Llamaron a la puerta un par de veces, quizás más. Caminé por el pasillo y abrí la entrada principal. Ese maldito vehículo blanco y un oficial. Tenía más de dos semanas esperando una carta de mi esposo. Ahora no comprendía, ¿cómo es que está muerto?
—¿Está seguro? No puede ser él. Debió ser otro soldado, no mi Noah —le dije apenas soportando mi peso y a punto de romper a llorar.
Por Kathie G., del blog Sulla Strada.

 

Varios emails llamaron la atención de TyK. Ella no comprendía por qué Adella Brac le había dado la medalla de bronce como premio a su constancia en la participación en el reto. Pensó en que seguro que se trataba de una confusión, sin embargo luego recordó que desde octubre de 2014 no ha fallado nunca.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Aquí seguro que encontrarían nuevas tierras que colonizar. Con los pasos mojados se adentrarían en el interior de la selva espesa y oscura. Desoyeron las voces que a lo lejos les llamaron para volver al bote. Su afán por querer más les convirtió en seres despiadados. Varios kilómetros más adentro les esperaban unos seres bajitos y oscuros a los que más adelante les llamarían negritos. Un enfrentamiento fatídico se precipitó con la llegada de estos visitantes que no comprendía sobre bandos, sino únicamente sobre supervivencia en un terreno inhóspito.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Sentado. El tío estaba sentado y se movía de esa forma inquietante… Ni recogió el sombrero del suelo. Que oyes, aunque de cara indefinida, sin ojos ni boca, cabeza sí tenía, me acuerdo bien. Afincado en el muro derecho se dejó ver de pronto, yo estaba sola. Al caer la tarde se volvió negro, extraño, aterrador. Y le llamaron, perdón, le llamé Chancho. Por su modo de mover la garrota comprendía yo que me iba a atizar, seguro. Muerta de miedo alcancé la puerta cuando corrió detrás de mí.
Por Mari Carmen Caballero Álvarez, del blog La buhardilla del encanto.

 

—¡Fue un accidente! —gritó, comprendía cual sería su destino si no la creían. Debió escapar cuando la llamaron.
—¡Bruja! ¡Bruja! Tú la mataste. ¡A la hoguera!
—¡No! Fue un accidente. Se atragantó con la manzana.
—Una manzana envenenada, seguro.
—¡No! ¡Pero qué decís! Una manzana recién cogida del árbol.
—¡Apedreadla! ¡Quemadla! —repetían los siete hombres de corazón pequeño.
—Por favor. ¡Solo le regalé una manzana del huerto!
Por Atalanta, del blog Un libro junto al fuego.

 

Llamaron a filas al amanecer, aunque los zapadores habían empezado a trabajar desde la caída del ocaso en un área que comprendía la orilla sur del río y la muralla adyacente. Nalah Bark, mando supremo de los ejércitos de la ciudad estado de Marik, dirigía los preparativos desde la tienda de mando, seguro de su victoria. Darkos, su segundo, deslizó el puñal oculto en la manga. Traición, única respuesta posible a la traición.
Por Raúl, del blog Mis Vidas de Papel.

 

Manuel, esperaba sentado en el sillón que había junto a la cama. El sonido de la bomba de oxígeno, recordaba al de una pecera, era el único sonido en la habitación 433 desde hacía más de dos meses. Llamaron a la puerta. Una mujer, elegantemente vestida, tomó asiento frente a él. Carpeta en mano empezó a preguntar, y sin obtener respuestas rellenaba el cuestionario. Seguro que una sola mirada le hubiese bastado, pero Manuel comprendía que ella, tenía que hacer su trabajo.
Por Elia Wheat, del blog Donde están las luces.

 

Llamaron a la puerta con insistencia. Se despertó sobresaltada. Abrió, a pesar de sentirse aturdida. Se encontró frente a dos hombres, que se identificaron como policías. Le hablaban, pero ella no comprendía nada. Le informaron que Sergio, su marido, había sufrido un accidente de coche, que estaba en el hospital, aunque no sabían seguro cuál era su estado. Entonces ¿con quién había pasado ella la noche y aún permanecía dormido?
Por Pilar Alejos, del blog Versos a flor de piel.

 

Se limpió la baba que colgaba de su boca y empapaba la almohada. Intentó enfrentarse a la realidad desechando las imágenes todavía nítidas del profundo sueño del que estaba saliendo. Comprendía que se había despertado por alguna razón. Unos gritos desgarradores la llamaron desde el exterior. La bruma de su cerebro somnoliento y el humo que asomaba por debajo de la puerta, unidos a un calor sorprendente querrían decir algo. Seguro que terminaba por entenderlo.
Por Aurora Rapún.

 

Cuando me llamaron por mi verdadero nombre advertí que me habían descubierto. Comprendía el peligro de mi trabajo. Siempre lo había tenido claro. Pero os aseguro que nunca te acostumbras a que te apunten con una 9 milímetros a la cabeza. Así que allí me encontraba yo, corriendo con el corazón en un puño mientras buscaba un refugio seguro mientras escuchaba tiros a mis espaldas.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Nadie lo comprendía. Que si no era seguro, que si era ilegal. Les dio igual y se quedaron al osezno que hallaron en Pirineos. Lo llamaron Peludito y lo criaron con todo su amor. Aunque no le dejaban salir a la calle, para que los vecinos no se asustaran. Los vecinos. Ahora piensa que tenían razón, mientras ve a su marido desgarrado y con los miembros en ángulos imposibles, y siente a Peludito sobre ella, arrancándole las vísceras.
Por Luna Paniagua, del blog Luna Paniagua.

 

No comprendía la letra pequeña. Le preguntó a su mujer, pero como tampoco la entendía llamaron a la compañía.
—Seguros Santa Rita ¿en qué le puedo ayudar?
—Mire, dentro de dos meses, se cumplirá un año que contraté un seguro de vida con ustedes. Tengo una duda. Hay una cláusula que dice: La póliza no cubrirá la muerte por suicidio si tiene lugar durante el primer año. Mi pregunta es ¿un año de días hábiles o naturales?
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Lo llamaron a voces, desesperados. No comprendía a qué venía tanto alboroto. Había abandonado la reunión, aburrido y asqueado, jalonado por un juego de luz extraño entre los árboles, al otro lado de la verja. Apenas hacía cinco minutos. Envuelto en un haz brillante, extrañamente luminoso y confortable que ocupaba todo el espacio, ajeno a las voces cada vez más lejanas, se sintió seguro por primera vez en su vida. ¿O estaba muerto?
Por Zoraida Azahara, del blog El nido de Zoraida.

 

Josh vivía atormentado desde hacía años. Nadie sabía lo que le pasaba pero se había vuelto huraño y desconfiado. Antes saludaba siempre, ayudaba a los vecinos, sacaba la basura, pero por alguna razón ya no parecía feliz. Daba la impresión de que no se sentía seguro… Comprendía que estaba en un lío y que todo se había torcido al final. —¡Las cosas no tenían que salir así! ¡Mi plan era perfecto! —se decía. De pronto llamaron a la puerta y en segundos todo había terminado. La policía se lo llevó para siempre mientras desenterraban los cuerpos de los niños que estaban en el sótano.
Por Carmela Padilla, del blog Letra cuadrado.

 

Madre, llamaron a la puerta. Usted siempre me dice que no hay que abrir la puerta a desconocidos, pero sentía curiosidad, así que abrí. Era un hombre que quería venderme un seguro, madre. Empezó a hablar. Mencionó daños, riesgos, cláusulas, coberturas. Yo no comprendía nada. Acabé cogiendo las trébedes y partiéndole la cabeza. Sí, madre, no se preocupe: le enterré en el sótano, junto a los otros.
Por Plácido Romero, del blog Placidario.

 

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16 Comments

  1. Txema Alvarez

    4 abril, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola Adella! ¿Como ha ido la entrada a la primavera? Espero que genial. Ya te he enviado el reto del mes. Saludos y abrazos a tutiplen!

    • Adella Brac

      10 abril, 2018

      Post a Reply

      ¡Hola, Txema!
      La entrada en la primavera perfecta, ¡esta es mi época favorita del año! 🙂
      Una cosa, ¿le puedes decir a la señora de tu micro que yo sí acepto el seguro gratuito? Dile que podemos ser vecinas, si quiere 😀
      ¡Gracias por seguir participando en el reto! 😉
      Un abrazo.

  2. Muy buenas,
    ¡Gracias por la medalla! Yujuuuuuu 🙂
    Reto enviado.
    Cada vez hay más gente participando, somos una gran familia contigo como nexo.
    Un besazo y enhrabuena a todos los medallistas.

    • Adella Brac

      10 abril, 2018

      Post a Reply

      Gracias a ti por tu constancia, la medalla te la has ganado 🙂
      ¡Qué bonito lo has dicho! Me encanta la familia cincoliniera 🙂
      Abrazo grande.

  3. Oyidiya Oji

    9 abril, 2018

    Post a Reply

    ¡Hola Adella! Gracias por darme la primera medalla 🙂 En breve espero poder lucirla en mi blog.
    Me ha encantado tu relato, sabes muy bien como dar un buen giro a tus historias 🙂
    ¡Un saludo a todos y felicidades a los medallistas!

    • Adella Brac

      10 abril, 2018

      Post a Reply

      ¡Muchas gracias a ti por participar en el reto! 🙂
      Me gustan el detalle de esos “pasos mojados” en tu relato, ¡buen trabajo!
      Un saludo 🙂

  4. Adella, buenos días. ¡Qué bueno tu relato! Una nueva versión de Alicia. Me encanta.
    Acabo de mandarte el mío, a través del formulario. Espero que te guste.
    Besos apretados.

    • Adella Brac

      16 abril, 2018

      Post a Reply

      ¡Muchas gracias! 🙂
      Me gusta cómo empiezasr el relato con la protagonista arrancada del sueño por el sonido del timbre 🙂
      Una vez más, gracias por participar en el reto 🙂
      Un beso.

  5. Aurora Rapún

    11 abril, 2018

    Post a Reply

    Buenas tardes Adella y resto de microrrelatistas. Acabo de enviar mi primer micro al reto de las cinco líneas. ¡Un abrazo!

    • Adella Brac

      16 abril, 2018

      Post a Reply

      ¡Bienvenida, Aurora! 🙂
      Me gusta tu relato, logras que el lector sea partícipe de la desorientación del protagonista. ¡Buen trabajo! 😉
      Gracias por participar en el reto 🙂
      Un abrazo.

  6. Rul T.

    13 abril, 2018

    Post a Reply

    Buenos viernes.

    Gracias por incluir mis 5 líneas! Me ha parecido una iniciativa muy divertida. Esperemos ya el reto de mayo.

    Saludos!

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