logo-reto-de-escritura-5-lineas
 
(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Jesús Garabato.

MEDALLA DE BRONCE; JFV, Katalina Camus, Maite Moreno y Víctor B. González.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

AGOSTO:

Hombres, sirena y tenía.

 

 

Tenía el pelo de extraño azul oscuro, los labios del color de la sangre seca y toda la soledad del mundo en sus pupilas. Las malas lenguas decían de ella que fue una sirena. Que se había quedado varada por seguir a un antiguo amor que la traicionó. No quise hacer caso a las advertencias de mis hombres y ahora estoy pagando las consecuencias. ¡Qué será de mi navío! ¡Y de mí! Su hechizo ha grabado en mi cerebro un temor absoluto y profundo que no logro aplacar; tengo miedo a la mar.
Por Adella Brac.

 

Era tan estridente que tenía atemorizados a todos, tanto a los pequeños como a las mujeres y a los hombres. Hubiesen preferido que no existiese esa sirena en sus vidas, que su tranquilidad no dependiese de si sonaba o no. Pero, a pesar de tantos años horribles de dura guerra, no eran capaces de acostumbrarse al hecho de despertar en mitad de la noche y tener que echar a correr hacia ningún lugar. Todavía hoy, con la paz alcanzada, sigue hiriendo sus oídos aquella maldita sirena.
Por María José Viz Blanco.

 

Suena la sirena que me avisa de que debo volver a mi puesto. Se acabó el descanso, el de todos. Nos pasan la breve inspección de rutina antes de encerrar a los hombres en el barracón; privados de la luz del sol, la brisa de la tarde, de cualquier tipo de contacto humano. Pero yo traspasaré los muros como cada noche para volver a correr por los campos, a nadar en el río, a gritar contra el viento tu nombre y volver a la vida que tenía. Tan sólo debo cerrar los ojos y soñar.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

Los hombres huyeron. Cuando llegué estaba la sirena con la cola fuera del agua, golpeada, arañada. Tenía las huellas del paso de los piratas. Sus heridas dejaron una crisis existencial. Cada grito encantaba y todos los que se aproximaban caían reventados los tímpanos. Me atreví a verla. Curé sus heridas. Mis lágrimas eran la mejor alegría que su piel pudo tener de mí. Después supe que las lágrimas humanas son perlas en su mundo.
Por Edwin Antonio Gaona Salinas, del blog Edwin Antonio Gaona Salinas.

 

Será cosa de hombres, como Soberano, pero me gustaría conocer una sirena. No las de la policía, no me gustaría pasarme todo el día en un coche de policía como decían los de La Uvi. Me refiero a una de esas rubias medio pez medio mujer. La invitaría a cenar, a mi casa, que para eso tiene piscina. Pero no sabría si cocinarle pescado, quizás se sentiría ofendida. Tenía esa duda, por eso si conozco a alguna, creo que pasaré de invitarla a cenar.
Por Lorenzo.

 

Año 1907. Cada mañana, en un pequeño pueblo costero, los hombres salían a faenar. Mientras, en una isla cercana, un joven marinero trabajaba de farero. Una mañana encontró a una joven desmayada en la playa, toda desnuda. El caso es que se enamoraron y tuvieron una hija. La pequeña tenía unos hermosos ojos azules y, cuando se metía en el mar, sus piernas se convertían en aletas de pez: al igual que su madre, pues también era una sirena. Ah, se me olvidaba contaros que esa niña fue mi abuela.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

El Soberano del Mar tenía en su haber muchos tesoros, la mayoría provenientes de los naufragios de los barcos que se atrevían a acercarse demasiado a su palacio en la Isla Sirena, donde sus hijas vivían en un eterno paraíso. Todos los hombres capturados serán por siempre sus esclavos, era el castigo justo por su atrevimiento. Eso fue así hasta el último hombre que cayó ante su poder, él no era del todo humano, no era una sirena tampoco. Su afinidad con el agua era tan única como él.
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Tenía sed y me levanté. Escuché una sirena acercándose y miré por la ventana. La calle estaba oscura y desierta, pero de pronto aparecieron unas siluetas entre las sombras. Aparentaban ser tres hombres moviéndose con sigilo. Me escondí tras las cortinas, pero sentí que aquellos ojos brillando en la oscuridad me habían descubierto. Escalofrío, sonido de frenos, gritos, carreras, portazos, sirenas que se alejan. Tenía sed y taquicardia.
Por Carmen.

 

No tenía ni siquiera cola, la encontraron varada y quisieron hacerse selfis con ella, pero la policía acordonó la zona buscando pruebas. Una embarcación resultó ser la culpable, sus hombres la habían confundido con un peligroso cetáceo y le lanzaron varios arpones que finalmente acabaron por arrancarle su preciada extremidad. Los niños y curiosos no querían abandonarla, Sin embargo, la tristeza de su rostro y el miedo que permanecía en su mirada los volvía cómplices de un vil asesinato a sangre fría.
Por Estrella Amaranto, del blog Blog Literario Amaranto.

 

TyK fue un mes más al blog de Adella a ver qué palabras proponía para el reto cinco líneas. Al leer hombres, sirena y tenía no pudo evitar que se le viniera a la cabeza La Odisea de Homero, una de sus lecturas favoritas de todos los tiempos y sobre la que tiene que escribir algún día en este blog. Los clásicos no fallan.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

La sirena sonaba periódicamente para ayudarla a salir del trance. Los hombres que la observaban se escondían detrás de las luces, mientras compartían sus cálculos y anotaciones. Durante un breve instante nunca tenía ni idea de por qué estaba allí. Le hacían preguntas y más preguntas, pruebas y más pruebas… Luego volvía a dormir. Un conejo, dos conejos, tres conejos… Entonces recordaba: así era como entraba y salía del País de las Maravillas…
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Tenía el don de la música. Su voz atraía a los hombres en miles de leguas a la redonda. Ofrecía sus melodías todas las noches desde que salía la primera estrella hasta que empezaba a estirar sus somnolientos rayos el sol. Cuentan que todos, uno tras otro, sucumbían a sus tonadas. Nadie comprendía que aquella sirena no cantaba, se lamentaba por el desprecio de su amado Poseidón.
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de Relatos.

 

Bien aventurados los hombres que en su viaje hacia una isla caribeña, quisieron ser supervivientes y acabaron de fiesta bailando con las estrellas, una sirena que en su canto consiguió nublar la mente y hacerles sumisos para que hiciesen lo que sus mentes retorcidas quisieran, uno se salvó de aquel encanto, ya que tenía sus sentidos en lo que de verdad importaba, sobrevivir!…
Por Carlos González.

 

El tenía tantas pesadillas que ya comenzaba a dudar de qué era real. Desde que comenzó a navegar por los mares más lejanos (más de los que podía imaginar que existían), su sueño era conseguir una sirena, y así como todos los hombres, creía que podía tener algún control sobre una criatura, pero cuando la encontró, descubrió su más grande temor, uno que no podía dejar de perseguirlo.
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

Tenía que haberse quedado con sus amigas. Ahora que los hombres —ebrios satisfechos cabrones— la abandonan ya nada importa. Para qué la sirena entonces.
Por ge minúscula, del blog Andante Maestoso.

 

Los hombres de rojo llegaron antes de que ella pudiera escapar. La capturaron cuando estaba a punto de adentrarse en las profundidades del océano. La sirena, orgullosa, se dejó arrastrar hacia afuera. Cuando acabaron de secarla y perdió su cola, todavía tenía en la mano la caracola que había enviado la señal de socorro a los guerreros de Poseidón. Aún no lo sabían, pero los humanos estaban perdidos.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Matecito en mano y siguiendo la ronda, meta charla, en la playa de su islote, el amarronado río, casi planchado, dejaba sobre la orilla, apenas un susurro en sus pequeñas olas. Todo invitaba a gozar de ese momento de paz, casi de ensueño, algún ave se escuchaba entre los sauces. Uno de los hombres tenía su mirada extasiada perdiéndose en el crepúsculo, apenas una sonrisa leve en sus labios. Quizás una sirena lo encantaba con su canto.
Por Diana Rosa Conti, del blog nombre del blog.

 

Desde que él le dijo que tenía que partir, atrapa en su mirada cada destello de sol que amanece mientras lo espera junto a la orilla. Lo vio alejarse cabalgando sobre las olas cuando el rubor del horizonte acariciaba el mar. Teme que un día suene esa sirena que habla de naufragios y de los hombres que nunca regresan. Su corazón se estremece y aletean enloquecidas las mariposas que habitan en su estómago. Entre lágrimas de sal, emite su dulce canto hasta que platea de luna su aleta.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Peinando sus cabellos pasa las noches la sirena. Tendida sobre la roca entona las más bellas melodías. Una foca y un lobo de mar yacen a su lado. Tiene toda su atención, hipnotizados por su canto, pero tiene roto el corazón. Ni un solo barco pasa por su hogar, extraña a los hombres y entre lágrimas maldice el día cuando todo tenía y lo dejo ir “en nombre del amor”. Ahora su amado engorda viendo la tv mientras ella le canta a las estrellas y espera, espera… espera.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Tenía que haberme escondido en el lugar más alejado y recóndito de la isla. Así, nunca habría escuchado los cantos de sirena de aquellos hombres que me sedujeron para emprender el viaje hacia el paraíso. Pero, es demasiado tarde. Ahora, solo oigo, cada vez más ensordecido, más lejano, el rumor de este mar de silencio que arrastra y sepulta en su fondo oscuro los sueños de ingenuos e ilusos como yo.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Un centenar de hombres portando grandes cubos comenzaron a limpiar la playa. Esta tenía esparcidas sobre su arenal miles de “lágrimas de sirena”, tendrían que ser rápidos recogiéndolas pues la marea subiría en seis horas. Los cánticos de las sirenas no lograron tentar a Ulises, pero sus “lágrimas”, siglos después, han logrado introducir la codicia en cierta clase de humanos, a pesar de que significará la destrucción de la vida marina.
Por Maite Moreno.

 

Te lo juro, Catalina, era hipnótica. Su canto, oh, su canto, era como el de una sirena: enloquecedor. Todos los hombres la observaban, puesto que tenía un rostro precioso, ¡era tan bonita! Y pensar que todo acabó con el chillido de un jovencito que fue ahorcado sin escrúpulos de un segundo a otro. No había nadie a su lado. Y la hermosa mujer, desde el escenario, tenía la mirada fija en él. ¡Que Satán nos proteja de ese angelito!
Por P. V. Velazco, del blog Sinfonía de cuentos.

 

El coche tenía la sirena puesta, invadía los carriles contrarios sin importancia y adelantaba los cientos de coches sin mirar atrás. Los dos sabían que estaban haciendo una barbaridad, llamar a más de cien hombres para semejante tontería era algo absurdo, pero aún así… creían que era necesario. Realmente todos creían que lo era, después de todo era un nacimiento importante y se lo debían todo a esa mujer que había comenzado a parir completamente sola… y por su culpa.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Los hombres regresaron con sus redes vacías. Al amanecer Pedro comprobó que se había dormido entre los rocas. Inexplicablemente no tenía frío. Abrió los ojos y quedó paralizado: junto a él yacía una desnuda y bella joven de larga cabellera. Ella sonrió, se paró, y de cara al mar ejecutó una vigorosa danza. Quiso alcanzarla, pero se internó mar adentro. Solo vio que sobresalía una brillante cola de sirena mientras más se alejaba.
Por Saricamen, del blog Desde el cielo.

 

Sonó la sirena y los hombres se prepararon. Me empecé a rascar tras la oreja sin apenas darme cuenta, y después dí vueltas nervioso mientras los miraba. Me tensé, preparándome para la acción. Toda mi vida me había entrenado para eso. Tenía las aptitudes, la actitud y la motivación necesarias. El silbido del capitán me indicó que hoy saldría con los chicos. Oí decir que había gente atrapada. Encontrarlos es mi especialidad; soy un perro de rescate.
Por Nahnnuk.

 

Tenía una noche aburrida, en medio de una semana aburrida, dentro de un mes que daba bostezos. Estaba a punto de volverme a casa, cuando lo vi. Esos hombros, esa manera de caminar, esa mirada al frente, un poco elevada por encima del resto. Allí estaba, mi salvación. Salí del bar y fingí chocarme con él. Puse todo mi encanto de sirena en que me llevara a su casa. Y lo logré, tuve mi cena. Los hombres de este pueblo son deliciosos.
Por Cyn Romero, del blog El fantasma en mi tintero.

 

Un calor abrasivo inundaba la selva. El humo alcanzaba el cielo presagiando el desastre. Una sirena bramaba acercándose. Hombres llenos de optimismo descendían la esperanza del vehículo. Su auxilio era ínfimo, pero necesario, ineludible, obligatorio. La selva chillaba de dolor e impotencia. Las lágrimas surcaban rostros desesperados. Una niña gritaba con rabia: «¡Nos quemamos!». Y tenía razón. No se quemaba la selva, se quemaba nuestro mañana.
Por Jose Ant. Sánchez, del blog Acervo de Letras.

 

Tenía colgando de su brazo a un ser extraño, horrible. Alguien dijo «es una sirena» sus ojos se hinchan de amor y orgulloso silba una canción que ella cantó. Su voz cautivadora hizo que los hombres la contemplaran embobados pero, las mujeres al ver su boca llena de dientes irregulares y al percibir el olor pestilente que salía junto a sus chirridos, corrieron despavoridas.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

El sonido de una sirena inunda las calles, ella corre con el corazón apretujado por el miedo. La mariposa ha volado, tenía que desplegar las alas que de otro modo le habrían cortado. Algunos hombres que conoció parecían buenos, pero las mariposas no deben vivir en recipientes de cristal.
—¡Alto! —Dijo un policía cerrando su paso—. Estás arrestada por asesinato.
Por Kathie Kyg, del blog Sulla Strada.

 

Nunca el sonido chirriante de una sirena había albergado tanta esperanza. Los hombres y mujeres de nuestra tierra que le han visto la cara al fuego de cerca lo saben bien. Las llamas han arrasado nuestra isla en pocos días, y cada hora que el naranja teñía nuestro cielo y nuestros montes, sentía como tenía el corazón encogido y las lágrimas contenidas. Esas que ojalá se convirtieran en lluvia sanadora que hagan florecer de nuevo nuestras raíces.
Por María del Pino Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio.

 

Tenía miedo. Su hogar estaba siendo destruido; su raza, aniquilada. Ella era la última superviviente, la última de los suyos, la última sirena. No sabía dónde ir, dónde esconderse, dónde encontrar la salvación, pues allí donde había viajado, los veía a ellos, a aquellos que lo habían destrozado todo a su paso, aquellos que habían hecho del océano un lugar inhabitable, un lugar sin vida, un lugar muerto… Aquellos que había oído que se hacían llamar hombres. Estaba condenada.
Por Montse, del blog Amor y Palabras.

 

—Cómo sucedieron los hechos?
—A media noche me encontraba yo detrás del mostrador cuando unos hombres entraron destrozándolo todo. Todo fue muy rápido y violento, pero me dio tiempo a pulsar la alarma. Entonces salieron corriendo. Lo único que me llamó la atención es que uno de ellos tenía el tatuaje de una sirena en la mano.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

La tormenta sorprendió a los habitantes de la hacienda; las nubes descargaron torrentes de agua. El viento bramaba en la arboleda. Las nubes dieron una tregua y todos los hombres salieron a los patios para ver los destrozos. El jardín de los señoritos se convirtió en una piscina, en la que flotaba el cuerpo de una chica; la hija del quesero. Parecía una sirena, con su vestido blanco de estar por casa. Tenía la cara amoratada.
Por Gustav.

 

El tugurio la Sirena tenía a todos los hombres del barrio de pescadores alterados y hasta excitados. Nunca habían visto nada igual y en cuanto desembarcaban se gastaban el jornal solamente en aquel local. Con el nuevo propietario aquel viejo café, en el escenario de los músicos colocó un gran acuario donde las chicas, solamente vestidas con una cola de pesado bailaban sin parar. Lo que solo el dueño conocía es que eran sirenas auténticas.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras+.

 

Embelesados como marineros ante el canto de las sirenas de una isla lejana, hombres y mujeres pululaban por las calles como grandes polillas tras una luz de poco más de cinco pulgadas. Cada uno tenía su sirena. El azul blanquecino de un cristal se reflejaba en las caras, cuerpos automatizados con la mente dispersa. Nadie parecía echar de menos el robo del habla ni el calor de las miradas de los demás, escogieron ver el mundo a través de una pantalla.
Por J. C. Ritman.

 

Aun podía oír la sirena a lo lejos y de cuando en cuando las pisadas de los grupos de hombres que habían salido en mi búsqueda, uno de ellos se paró justo a mi lado, no creía que pudiera verme estirado en el suelo tapado por arbustos pero aun así mi instinto aullaba, tenía que hacer algo, casi había empezado a moverme cuando simplemente dio un paso y comenzó a alejarse, algunas veces la suerte si te sonreía incluso en este mundo.
Por Alberto Fernández.

 

Diana era una joven que vivía con su padre y sus 6 hermanos. A veces se sentía como Blancanieves por vivir con 7 hombres. Su madre murió cuando ella era muy pequeña y el único recuerdo que tenía de ella era una hermosa estatua de una sirena. La cual atesoraba con mucho cariño sobre una repisa en su habitación.
Por Julissa E.

 

La inspectora de policía Álvarez miraba la escena del crimen. La zona estaba acordonada por sus hombres para evitar miradas morbosas. Estábamos tratando con un asesino en serie, tenía la firma en forma de mariposa monarca en su mano derecha. El ruido ensordecedor de la sirena le hizo sentir frío. Pensó en que ya nadie estaba a salvo y dudó si alguna vez lo estuvimos.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

Otra vez tenía esa sensación, ese cosquilleo que le invadía el cuerpo, el sexo cuando lo leía. Sentía esa sirena de alarma dentro su cabeza. Él era de esos hombres peligrosos, sabía siempre qué decir. «Me gusta tu presencia e intentaré merecérmela, aunque no gane el derecho de ocupar parte de tu cama». Sin saber que con sólo esa frase, él ya se había metido en ella.
Por Alma, del blog Fragmentos de alma.

 

Los hombres del pueblo lo consideraban loco. Era solitario y tenía un negocio de casitas y comederos para pájaros. Contaba que de niño soñaba con casas en los árboles y no dejaba de dibujarlas. Un día sintió un fuerte llamado, como el canto de una sirena, que lo llevó a seguir a una bandada de aves. De ese modo fue guiado hacia aquel árbol, sobre el que años más tarde construiría su casa y de cuyas ramas colgaban las casitas de sus amigos alados.
Por Valery, del blog Valery escribe.

 

La guerra y el tiempo han hecho mella en sus hombres. Los jóvenes intrépidos que partieron hacia Troya han madurado y envejecido. Ulises tenía el deber de llevarlos de vuelta a su hogar, pero se le antojaba cada vez más difícil. Dirigió la vista hacia el mar y fue entonces cuando la vio, apoyada en la roca. Se ató al barco sin demora, y comprobó con horror que sus amigos ya estaban condenados. Pudieron derrotar a los troyanos, pero no se podía luchar contra una sirena.
Por Aran, del blog Libros, pelis y otros desvaríos.

 

Los hombres la rodearon con sus arpones y su temor.
—Matemos a la sirena. ¡Solo es un monstruo que no merece vivir!
Alzaron sus armas y su estupidez, e ignoraron lo que no entendían. Ella era lo antiguo, tenía el poder y la magia y ningún puño fue capaz de herir lo que no estaba a su alcance.
Por MJ, del blog Libros, pelis y otros desvaríos.

 

A través de la verja del patio, detrás del gallinero, contemplé el espectáculo. Comenzó con un fogonazo en el pinar. Todo el pueblo saltó a la calle. Aulló una sirena, y en seguida fueron muchas más. Algunos hombres agarraban bultos, y los cargaban apresurados en sus coches. Pero la diversión tenía que acabar. Ya hace rato que no oigo sirenas ni coches. Solo hay silencio, calor y humo. Menos mal que, en cualquier momento, aparecerá mi mejor amigo. Soltará mi cuerda y nos iremos a pasear
Por Victor B. Gonzalez.

 

A lo largo de la historia es sabido de nuestro afán por el poder y las riquezas, pero también ha habido grandes hombres que han trabajado por el bien común y la evolución de nuestra raza…
—Perdona pero tenía que interrumpirte, porque a mi parecer lo que estás contando es un cuento de sirena, bien sabemos que en el fondo de cualquier acto, siempre está el interés propio…
Así nos pasábamos los días, teorizando sobre cualquier cosa sin llegar a ningún acuerdo…
Por Arekkusu.

 

¡Cerrado!

 

Consulta aquí las palabras del mes en curso.

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

Pin It on Pinterest