#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

Medallero

 

MEDALLA DE BRONCE; Alvaro Abad, Jessica Galera Andreu y Virtudes Torres.

 

¡Enhorabuena!

 

DICIEMBRE:

Cadena, primera y casa.

 

Y como ya es tradición en diciembre, tenemos reto adicional. ¿Te atreves?
Esta vez mi propuesta es que introduzcas en el micro un escenario de un paisaje nevado. Sirve cualquier forma en que se te ocurra.

¡Feliz Navidad!

 

 

El péndulo se pone en movimiento arrastrando a la cadena a su rítmico vaivén. Se me cierran los ojos. Estoy en el bosque. La nieve ha ocultado el camino pero sé que estoy cerca. Avanzo con seguridad. Mi aliento se condensa en el aire. Veo mi casa entre los árboles y quiero gritar pidiendo ayuda pero me despierto. Me siento esperanzado, he llegado más lejos que la primera vez. ¿El resto de ayudantes habrá notado mi ausencia? ¿Me habrá echado ya de menos Santa?
Por Adella Brac.

 

Sus grávidos pasos quedaban sellados en la nieve dejando atrás una discontinua cadena que lo amarraba a su pasado. Entre los inermes árboles que lo rodeaban, observadores inquietantes y silenciosos, apareció aquella casa de madera, un súbito espejismo tan real como el imborrable recuerdo que tantas veces había tratado de relegar a lo más profundo de su mente, como quien deshecha un trasto viejo. De nada había servido, ahí estaba, igual que la primera vez.
Por Clarissa Mary Prince, del blog Clarissa Mary Prince.

 

La primera cadena era la única que podíamos ver en casa, el VHF se veía mal. Ahora, a la primera le llaman la uno y a la segunda, la dos. Yo sigo diciendo la primera y la segunda, y mi mujer se enfada. Dice que no es raro que me guste Cuéntame, que me he quedado atrapado en el siglo XX. Pero a mí me da igual, y en esta fría noche nevada yo me taparé con mis tres pesadas mantas mientras ella lo hará con su ridículo edredón nórdico.
Por Lorenzo.

 

Cuaderno de viaje: Seguimos tras la luz de la primera estrella que apareció en el firmamento. Es tan clara y brilla tanto que la cadena montañosa que se extiende a nuestra derecha resplandece como si estuviera llena de diamantes. Avanzamos entre la nieve en un páramo donde no se vislumbra casa alguna pero no desfallecemos. Tenemos una meta: adorar al Niño Dios y después llenar de regalos los zapatos de los pequeños durmientes.
Por Virtudes Torres.

 

Eufórico, con su precioso reloj de cadena en el bolsillo, regalo enviado por su hija, desde Alemania, salió de la casa para sentir sobre su cuerpo, por primera vez, el tacto de los copos de nieve. Cumplía 65 años y nunca había visto nevar en su pueblo. Como un niño, corrió y saltó, entre carcajadas. Era un día muy feliz, tanto que no se dio cuenta de que se le había terminado la vida, cuando aquella zanja inoportuna se lo tragó.
Por María José Viz Blanco.

 

Aquella no era la primera vez que veía la luz del sol, pero nunca la había sentido con tal claridad, abrazando su piel liberada de autoridad, tiranía y cadena. Se detuvo en la parte superior de la escalera y sonrió contemplando aquella vieja y polvorienta casa con todo aún por desembalar, desierta de muebles pero inundada de ilusiones; carente de lujos, pero rebosante de mañanas de luz como aquella. Y en medio del polvo, por primera vez, se sintió la reina de su futuro.
Por Jessica Galera Andreu, del blog Fantasía Literaria.

 

La nieve cubre el callejón de detrás de tu casa, no te has acordado de que el quitanieves nunca pasa por ahí. Ahora vas andando con dificultad para no manchar esos zapatos que tanto te gustaron y que llevas por primera vez. Con tanto en juego es normal que no te des cuenta de que alguien te está esperando agazapado, cuando te aproximas a él, oyes el ruido de una cadena, la nieve se torna roja, luego, silencio y oscuridad.
Por Señor J.

 

Él limpió demasiado la nieve que rodeaba la casa, dejando sin querer al descubierto la diminuta ventana a ras de suelo. Ella, buscando su pelota, encontró mi triste carita pegada al cristal. Me sonrió y fue mi primera amiga. Vino a verme otras veces, a escondidas, hasta que él la descubrió. Mi cadena se convirtió entonces en nuestra cadena. Por muchos años. Cuando fuimos liberadas decidimos no separarnos nunca. Nadie creería tanto.
Por Alvaro Abad.

 

Como cada atardecer, la primera en despertar era la bruma. Recorría las calles del pueblo inspeccionando los rincones. Besando las puertas de cada casa. Deseando buenas noches hasta que el sol la obligara a disolverse en la tierra. Nada cambiaría ese 25 de diciembre porque la rutina se repetía indefinidamente. Como si una cadena la sujetara inexorablemente a FirstHouseChain, el pueblo donde solo vivían piedras porque la otra vida hacía mucho que se había mudado.
Por Jose Ant. Sánchez.

 

Hermanos, primos y tíos nos unimos por la cintura y formamos una cadena humana. No es la primera conga que haremos hoy ni será la última. Entonando una canción pegadiza, nos ponemos en marcha y trazamos serpenteantes surcos en la nieve embarrada del callejón. Así, juntos, cantando y riendo llegamos hasta la puerta de casa. Ya es Navidad.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

El casado, casa quiere. No fue hasta la primera vez que nos mudamos a vivir juntos cuando lo comprendí. El olor del café compartido por las mañanas los domingos, viendo nevar fuera; las sábanas revueltas después de cualquier noche soñando uno al lado del otro, o uno encima del otro; tus cosas y tu alma adornando mi vida. Dijeron que sería como ponerme una cadena al cuello y atarla a la pared. Hoy todos pueden comprobar que ha sido romper con los barrotes de lo conocido para siempre.
Por María del Pino Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio.

 

Miro afuera a través de la ventana del dormitorio, bien abrigada y con un chocolate caliente. La nieve está cayendo, los árboles están teñidos de blanco y una alfombra helada cubre el suelo. Fui la primera en llegar a casa esta vez. Es nuestra tradición reunirnos para navidad aunque pasemos meses sin vernos cada año: él está rockeando con sus pantalones de cuero negro y yo promocionando mis libros. Dos manos y una cadena dorada descienden frente a mis ojos hasta mi cuello.
—Deberías cerrar con llave, cualquier loco podría entrar —al verlo me arrojo sobre él para darle un gran abrazo.
Por Kathie G., del blog Sulla Strada.

 

El capitán se vistió con las ropas de montar, se colgó al cuello la cadena de oro y escribió una breve nota. Le gustaba madrugar, aún con el frío de la mañana se encaminó a casa de Loanna con el anillo bien guardado: le pediría que fuera su esposa. Se agachó para colar la pequeña nota por debajo de la puerta y fue a esperarla al hipódromo. Recordó la primera vez que la vio, pensó que era una diosa caída del cielo.
Por Sandra Adrián.

 

Tu calidez inunda la casa mientras contemplo el paisaje nevado. Los niños juegan en la nieve y la felicidad brilla en sus rostros como el brillo de tu sonrisa que en flores se convirtió. La cadena que me ataba al dolor tú has liberado convirtiéndote en las manos que siempre quise sostener y cuando la nieve caía eras la primera en sonreír. A veces siento tu presencia y sé que al voltear ya no estarás aquí pero aun así sigo esperando el brillo de tu sonrisa.
Por Cecilia Ramos Ponce, del blog Enredados entre Libros.

 

Amanece silenciosa la ciudad bajo la primera nevada. Mi boca exhala ausencia y nostalgia al estar lejos de casa. Las emociones estallan en el pecho como una explosión en cadena. El tren me acerca a toda velocidad mientras que el paisaje huye con el dolor y los reproches que me oprimen el pecho. Sueño con el calor de ese abrazo que devuelve la calma y desea “Feliz Navidad”. Dicen que con el tiempo todo se olvida, incluso la locura.
Por Pilar Alejos Martinez, del blog Versos a flor de piel.

 

El hambre al despertar le había devuelto los sentidos atenuados tras incontables años con la cadena al cuello. La primera comida le restituyó su fuerza. Aún sentía el gusto dulce de la magia en sus labios. Y otro manjar venía a él.
—Iluso, con tu fuerza seré libre para extender mi dominio.
—Jamás abandonarás esta casa —respondió con seguridad el sacerdote, a la vez que abría los brazos mostrando sendas cruces aferradas en sus manos.
Por Alberto Juan Pessenda García, del blog La Creación.

 

Siempre me dijeron que fue el eslabón débil de la cadena. El día que se fue de casa, todos escondieron una sonrisa de satisfacción. Lo que no sabían era que su propósito era devolvérsela a todos los niños del mundo. La sonrisa que a él le robaron. Desde entonces es eterno y cada Navidad inunda el cielo con su risa. Incluso con más fuerza e ilusión que la primera vez. Ahora es, sin duda, el eslabón más fuerte de la Navidad.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

La cadena rota pesaba. Mordía mi tobillo como una tenaz boa de acero entorpeciendo mi huída. El aire era gélido y la nieve cedía bajo mis pies. Vi la primera casa en horas, corrí hacia ella. Él vendría a por mí. Había sido su regalo de Navidad y se enfurecería al descubrir que su juguete no estaba. Extenuada aporreé la puerta. Se abrió dejando escapar una pregunta curiosa: ¿Cómo te has escapado del saco, regalo travieso?
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Hacía tiempo que sentía que aquel lugar, ya no era su hogar. Por eso, decidió armaste de valor y echar a volar. Lo que no sabía es que llevaba consigo un gran pesar, una gran cadena que no le dejaba avanzar. Un día conoció a una chica, la cual le quiso ayudar. Le ofreció unos brazos donde llorar y un lugar donde estar. Todo pasó tan rápido que no supo cómo reaccionar. Por primera vez en años, en su casa segura podría estar.
Por Nerea Sánchez Calvo.

 

Cubriéndose de la nieve, mira como la cadena aún cierra el portón de la primera casa que habitó. El tiempo y los elementos han hecho mella en ella y ahora luce desvencijada en la parte alta de la calle Roma. Tuvo su momento de grandeza, vio niños crecer y marcharse. Miró impertérrita la vida y la muerte, lágrimas y risas: y llegó al ocaso de su vida igual que él, sola, olvidada, llena de fantasmas. Pone su mano sobre la pared y un trozo de muro cae al suelo. Ya no falta mucho.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

La primera cadena que lo ató al desfiladero fue la que más dolió; tiñendo la nieve. El resto apenas llovían sobre cuerpo mojado. Y todo por soñar con un mundo en el que contar historias al calor del hogar es un derecho universal. Ahora, esta sería su casa, a merced de aquel águila desalmada. No hizo bien los cálculos, no añadió la soberbia del hombre en su fórmula, ni entendió que los dioses se caracterizan por su falta de humanidad.
Por Daniel, del blog El solitario.

 

Recorrí 100 metros por aquel camino nevado, como la pesadilla que me perseguía cada noche de navidad desde que se fue. Cuando llegué no esperaba que la cadena de estalactitas me impidiera entrar en casa. Pasé año tras años escondida, me llenaba de excusas para huir sin aceptar su marcha. Esa noche por primera vez sentí su presencia en cada copo, en cada guirnalda y me atreví a colgarlas como él me enseño. Pude sentir la navidad.
Por Nieves, del blog Ave Fénix.

 

TyK quería ser la primera en romper la cadena que la ataba a esa casa. Por eso decidió salir corriendo descalza, en camiseta y pantalones cortos, el camino estaba totalmente nevado, pero igualmente la llevó hacia los acantilados, esos por los que tantas veces había paseado y pensado. Al llegar al límite frenó en seco, miró hacia atrás y vio cómo sus huellas se iban derritiendo con los rayos del Sol que se abrían paso hacia la inmensidad del mar abierto. Un paisaje inolvidable.
Por Estefanía, del blog El rincón de Thor y Kira.

 

Lleva todo el día nevando. El suelo ya lo cubre un palmo de nieve. Por el andén camina una joven rumbo a casa. Anda con la cabeza gacha, al cuello lleva una cadena con una extraña insignia; no viste como para ir a la nieve, se nota que es la primera vez que se topa con ella; en ocasiones mira atrás. En eso pasa un coche. Hace una seña. El coche se detiene. «¿A dónde vas?» «A la ciudad, ¿me lleva?» Y ella sube y charlan de todo un poco. Llegan a la ciudad, ella de despide. El conductor nunca sabrá que ella no nació en la Tierra.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

—¡Cariño, mira! ¿Ves esa casa? ¿La primera de la colina? Cuando yo tenía tu edad la gente decía que estaba encantada… Imagino que lo decían porque la intriga es muy divertida y como no podían saber lo que pasaba dentro… Desde fuera parecía de película de miedo, con esa cadena en la entrada y las torres de ladrillo, tan altas. Ahora parece otra cosa: la nieve en el tejado, las luces, la chimenea encendida… Pero entonces daba muuucho miedo…
—¡Abuela! ¡Yo creo que están celebrando la Navidad! ¡Como nosotros! ¡Hoy se celebra en tooodo el mundo!
—Sí, cariño, sí. Es que hoy, todas las casas están encantadas…
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Cuando por primera vez pude ver tanta blancura hecha nieve en esas montañas con formas de monjes orantes, estaba yo en ese inesperado viaje muy lejos de casa. Con mis ojos bien abiertos, para no perder detalles de ese paisaje que me agigantaba el corazón, pareciendo que rompería la cadena que sujetaba a mi alma con tanta emoción. Caminitos empinados de montañas. Todo blanco. Todo silencio… Todo grandeza. El resto, en sus butacas dormían.
Por Diana Rosa Conti.

 

La primera esfera de luz se apagó, desatando una reacción en cadena que sofocó todas las demás. El aire a su alrededor se tornó gélido, y miles de copos de nieve plagaron el cielo volviendo el paisaje blanco. Alba se sacudió, miró a Enrique y tomó la mano de su madre para resguardarse en el soportal de la casa que había tras ellos.
—Algo raro pasa —insistió, tiritando, señalando una extraña nave gris que se aproximaba a su ciudad.
Por Aitor Olano Collazos, del blog Guías y Nexos.

 

Ella no era la primera, y no sería la última. Su madre se lo había enseñado; y la madre de su madre antes que ella. Así se lo enseñaría a su hija también, generación tras generación. Tu casa debe fundarse en los pilares de tus ideas, de tu credo, de tus principios. Proteger y respetar todo eso; la tuya y la del otro. Porque allí reside el alma, y no existe cadena ni jaula que pueda contra esa libertad.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Ana no conseguía borrar esa horrible imagen de su mente. Se culpaba de haber sido la primera en abandonar a sus dos mejores amigos en aquella estúpida fiesta, incluso de no haberse emborrachado como ellos. Siempre mantenía el control, pero esta vez desconocía la reacción en cadena que eso supondría. Su repentina vuelta a casa, poniendo como excusa que empezaba a nevar y no llevaba el atuendo apropiado, le había costado una vida.
Por Pedro BeEne.

 

Como una cadena de funcionarios que impedía el paso nos organizaron ante la creciente barbarie de todos los que deseábamos llegar hasta ella. Avancé con decisión, logrando burlar a esos empleados fieles. Había llegado, era la primera. Todos mis sentidos se nublaron al contemplarla de cerca. Al oler esa rica tarta de chocolate en forma de casa que abría todos los apetitos no pude evitar meter el dedo y probarla. El grito aterrador de los presentes no desvaneció mi placer.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Amanece el día de Navidad y una grata sorpresa me espera cuando me asomo a la ventana de mi casa. Un gran manto blanco se extiende ante mí y la arena de la playa, albina por primera vez desde que tengo uso de razón, forma una cadena con las crestas blancas de las olas. A mis ochenta y ocho años, Papá Noel no ha podido elegir un mejor regalo para este día. La nieve, decadente, sigue cayendo hasta fundirse con el mar.
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

En mitad de la noche, me despierto sobresaltada al escuchar golpear a la puerta de casa. Dudo que hacer. Mi primera intención es levantarme. Pero ¿quién puede ser a estas horas? No espero a nadie. Además, está todo cubierto por la nieve. Se vuelve a oír con más insistencia. Decido salir de la cama. El miedo y el frío se apoderan de mí al acercarme. Descorro la cadena y abro, al mirar por la mirilla y verla allí con su guadaña.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Fue la primera vez que vio esa cadena. Era larga, brillaba y le trasmitía un calor que jamás había sentido, o más bien que había olvidado. Era como si volviera a estar en casa. Se sintió en los brazos de su madre, siendo protegida de la crueldad de la guerra, del mismo miedo e incluso de ella misma. Apartó los ojos de esa cuerda larga y cálida, para ver al final a Killian, y supo que en él estaba su nuevo hogar.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Contemplé el exterior desde mi confortable posición en la ventana. Por primera vez, nevaba y hacía frío, aunque era incapaz de sentir el hielo; salir y regodearme en él, vivirlo. Hacía tiempo que había dejado de vivir. Era un recuerdo lejano, anterior a mudarme a aquella casa señorial, acogedora, delicada, sugerente y pesada, rígida y perenne… como una cadena enredada en mi cuello que no me dejaba existir.
Por MJ, del blog Libros, pelis y otras desvaríos.

 

Era la primera Navidad que no pasaba en casa. Éramos solo: mi coche, mi cadena de radio preferida y yo. Nos esperaba un largo viaje hasta ese refugio en la montaña donde hallaría la paz y la calma necesarias para escribir. Jamás imaginé que la inspiración me alcanzase antes de llegar a mi destino; cuando mi coche me dejó tirada en medio de una tormenta de nieve. Ahí fue donde nació mi novela: “Ventisca”.
Por Lídia Castro Navàs, del blog El blog de Lídia.

 

Desperté desconcertado a la primera sacudida. Al salir de casa descubrí que mi deseo de nieve sin fin para Navidad se había cumplido. Los copos revoloteaban en todas direcciones; apenas veía a un palmo de mí. La nieve se posó y vi a mi hermana pequeña con unas proporciones imposibles. Descubrí que estaba dentro de la bola de nieve de tía Enma y las palabras de la bruja me apretaron la garganta como una cadena: Cuidado con lo que deseas.
Por Nahnnuk.

 

En la primera fotografía que encontré, dentro de una vieja caja en el desván, aparecía una antigua casa rodeada por un paisaje nevado. Pensé que sería un adorno perfecto y la coloqué en el salón, junto a la decoración navideña. Sin embargo, fue un error desconocer su historia. Horas después, me hallaba sujetando el crucifijo de mi cadena mientras observaba la sombría figura que se manifestó en la imagen, junto al caserón.
Por M.A. Álvarez, de El blog de M. A. Álvarez.

 

De todas las criadas que hemos vivido y trabajado en esta casa, eres la primera en quejarte. Éramos felices hasta que llegaste. Trabajábamos duro, pero no protestábamos: teníamos comida y techo. Jamás ninguna de nosotras se quejó por dormir con una cadena en su tobillo. Nunca pensamos que éramos esclavas. Ojalá no hubieras venido.
Por Plácido Romero, del blog Placidario.

 

Querido Santa: Cuando pases por mi barrio, por favor, con tu amor y buena voluntad rompe la invisible cadena que une a mi vecina con su maltratador. Dice sentirse amada, que es muy tierno, pero que su trabajo lo tiene estresado. Sin embargo, esos moretones dicen otra cosa. Sus ojos esconden miedo. Esa casa se mimetiza con la nieve, necesita de tu amor y fuerza, Santa, para enfrentar la verdad. Es primera vez que te escribo. ¿Vendrás? ¡Di que sí!
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

“¡¡Se casa, se casa, se casa!!”, repetía entusiasmada tu madre, lista e invitaciones en mano. A través del mirador central tú fumabas ansioso de espalda a la sala principal de la hacienda, observabas la montaña en cuya falda creías leer la consigna. Al orientar la vista por la sierra ampliaste la mirada hacia la cordillera de cumbres nevadas, un escalofrío recorrió tu cuerpo. Aún arrastrabas vestigios en la cadena de tus dudas existenciales. En el transcurso de la cena lo dejaste claro por primera vez: “No me caso”.
Por Mari Carmen Caballero Álvarez, del blog La buhardilla del encanto.

 

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que la vi. Se acercó hasta mí y en sus pasos no se adivinaba ningún tipo de titubeo, sabía perfectamente cuál sería su próxima víctima, los cordones de mis zapatos. Una cadena de sentimientos asaltaron mi corazón, en ese mismo momento nació entre nosotros una unión inquebrantable, no cabía ni un ápice de duda en mi elección, era ella.
—Bienvenida a casa…
Por Arekkusu.

 

Mi pelo enmarañado es una cadena de raíces que sostienen quien soy. Aunque tengo muchas dudas, no pregunto, solo asiento. En una casa que nunca he sentido como mía finjo ser feliz. Me dicen fea, rara, extraña y yo siempre con la sonrisa puesta porque las chicas como yo solo podemos asentir. Aquella que por primera vez osa romper esta regla se encuentra sola, sin apoyos que puedan comprender que la corona que lleva encima sigue ahí a la espera de ser descubierta.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Algo le llamó la atención al ayudante del detective, se sorprendió al ver la cadena de la víctima. Se podía ver fácilmente sobre el felpudo de la entrada trasera a la vivienda del presunto cómplice. Más clara que la primera pista, el arma homicida; hallada dentro de la casa, detrás de una de los retratos de la familia, colocada cuidadosamente.
Por Gustav.

 

—¡Ey, Adny! Es la primera a la derecha. ¡No te pases!
Su voz resonaba llena de risas, el otro corría empujando un carro metálico, como si se tratara de un bólido de carreras. Dio la curva en el lugar indicado, dirigiéndose a la casa de Christian, el carro no soporto la velocidad y volcó hacía un costado, entre risas y quejidos de dolor.
—Me he dado con la maldita cadena — se quejaba Adnan, acercándose al otro chico.
Por Karen Garcia, del blog Able to do all.

 

Después de la mudanza, comenzamos a arreglar las cosas. Nunca antes la vi tan triste, era la continuación de una cadena de derrotas. Cada detalle aumentaba su dolor. La primera pintura que colgó en la sala le traía el recuerdo de la casa de sus padres, ubicada en aquel lugar casi siempre repleto de nieve y habitada hoy por extraños. No obstante, le escuche decir que no se rendiría, aunque seguía llorando por la pérdida del muñeco.
Por Óscar Quijada Reyes, del blog Unas páginas más.

 

Una cadena de incoherencias, atinó a decir cuando se resolvió a mirar. La nieve comenzaba a conquistar el escalón que daba acceso a la casa y amenazaba con desaparecer el bien de esa venida que meses atrás ella misma había trazado en el felpudo. La primera letra la escribió sin pensar y enseguida cayeron las otras nueve. Después, recordó con nostalgia, muchas más. Una incógnita balbuceó. El blanco, despiadado, ya sometía a la hoja.
Por Tati Jurado, del blog Conjugando lo incierto.

 

¡Cerrado!

 

Consulta aquí las palabras del mes en curso.

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

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