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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Alberto Fernández, Carmen y Gustav.

MEDALLA DE BRONCE; Ana-Liliana, Cris Mandarica y No solo leo.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

DICIEMBRE:

Turistas, descanso y caminé.

 

Cada diciembre el reto se viste de fiesta. Este mes, además de incluir las tres palabras, tenéis el desafío adicional (y voluntario) de incorporar el fragmento de un villancico. Unas cuantas palabras serán suficiente.

¡Feliz Navidad! 

 

El pueblo está lleno de turistas. Ayer caminé entre ellos sin prestarles la menor atención, pero hoy me he fijado en un hombre. Su rostro me resulta conocido y no logro recordar de qué. Lo sigo sin descanso por el camino que baja hasta el valle que la nieve cubrió la semana pasada. Entra en el cementerio y sus hombros se convulsionan por el llanto. Desde la distancia lo observo dejar unas flores blancas sobre una lápida. Espero a que se vaya y me acerco. Son orquídeas. Y es mi tumba.
Por Adella Brac.

 

Contraté una semana de vacaciones con excursiones todos los días. Gran error. Horas de autobús, subir y bajar calles, visitar museos, bailes, karaokes, catas de caldos y platos típicos… Ni un momento de descanso. Mientras los turistas del Imserso tenían marcha para seguir con la juega, a mi me salían ampollas hasta en las pestañas. Al tercer día me rendí. Me quité los zapatos y caminé descalza hasta el hotel. Iba a pasarme todo lo que quedaba de vacaciones durmiendo sin parar.
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de Relatos.

 

Turistas, viajeros, si en el fondo son lo mismo. Tanto rollo con homogeneizar, toma ya, a todo y a todos y resulta que diferenciamos a los que viajan en plan guay de los que viajan como buenamente pueden. Por ejemplo, ayer caminé por Palma, mi ciudad, y en un descanso de mi largo paseo por las calles de la ciudad más bonita y más sucia del Mediterráneo, vi a una familia con maletas a cuestas cantar con un mochilero coreano el 25 de desembre, pues eso, fum, fum, fum.
Por Lorenzo.

 

James escuchaba Mira cómo beben los peces en el río mientras sonreía al contemplar los pececitos de colores, colgados de diminutas cañas en el belén. Para esos turistas americanos, España y sus costumbres resultaban chocantes. Al poco tiempo, él tuvo que subir al autocar, pues el descanso tocaba a su fin. Yo caminé deprisa al lado de ese extranjero atónito con el deseo de recibir el aguinaldo. No supo o no quiso entenderme.
Por María José Viz Blanco.

 

Fue un viaje muy largo, pero eran órdenes y tuve que acatarlas, por eso, al llegar a aquel lugar y ver tantos turistas, decidí aprovechar para tomarme un descanso bien merecido antes de continuar. Me camuflé y caminé hacia ellos… me tomaron por uno de ellos. Tienen un aspecto tan… distinto al mío… pero no parecen demasiado peligrosos, no, y son bastante sociables. Así lo indicaré en mi informe previo a la invasión. No, no tendremos dificultades a la hora de asimilar a los humanos.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Te cuento porque confío en vos. Por favor no le digas a nadie Carla. Ayer la calle Corrientes estaba llena de turistas y yo necesitaba un descanso de todo ese alboroto. Caminé unas cuadras hasta mi departamento. Cuando llegué, Juan estaba con un poco de olor a cerveza y, bueno, ya te imaginas lo que pasó. Otra vez me empezó a insultar. Ahora tengo un ojo morado y el labio partido. Me reprocho todos los días el no haber cortado con él cuando me gritó la primera vez.
Por ana-liliana.

 

Viajando van en avión
un grupo de pasajeros,
a Belen quieren llegar
y hacer sus sueños realidad,
besando al niño en la cuna.

Qué descanso y paz nos da,
eso dicen los turistas,
cuando llegan al portal,
viendo a reyes y pastores
celebrar la Navidad.

Que acudan de todas partes
estrellas, luna y luceros
que yo caminé primero,
para tocar las campanas
anunciando el nacimiento.
Por Estrella Amaranto, del Blog Literario Amaranto.

 

Los turistas llegan por avalancha al hotel, cada verano las habitaciones se llenan de todo, hombres de negocios, familias, solteros y solteras de todas las edades, el restaurante apenas logra cumplir con los pedidos. La playa está tan abarrotada de cuerpos y sombrillas que no distingues la arena en el suelo. Yo estoy a la espera, entre descanso y descanso aguardo que regrese solo para poder decirle que es padre. Cada año recuerdo la tarde en que caminé junto él.
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Esta es una historia muy graciosa: Mientras estaba disfrutando mi descanso, caminé un poco por la calle repleta de turistas. Por un momento me había quedado pensando qué más podía hacer en esta ciudad que ya no tenía nada para mi, pero mi atención se fue con el grupo que cantaba ‘noche de paz’, y estaba por grabar un vídeo cuando alguien me tomo por el brazo, al voltear me guiño el ojo, se giró y le dijo a otra persona «ya deja de seguirme, te dije que soy feliz con Amanda»
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

El camión avanza en silencio. El chofer, observando el estado de los turistas, apaga la radio para darles descanso de los ritmos caribeños que seguramente los tienen más que un poco fastidiados. De la bolsa de su guayabera saca una anforita… «Solo un trago más», se promete a sí mismo. Tras el vehículo va una pequeña cargando una canasta con empanadas. No lo sabe, pero esta será la última vez que camine asustada. A la siguiente curva el mueble caerá y ya no estará sola.
Por Jose Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Harta de aporrear las teclas del ordenador, decidí tomarme un descanso. Me puse el abrigo y salí a dar un paseo. El estrés cedió poco a poco y ya con el paso tranquilo, caminé entre los turistas que contemplaban extasiados las luces de Navidad. Disimulé un bostezo de sueño y, con la nieve alrededor, dejé que mi mente me condujera hasta aquellos días de fiesta en los que mis pies acababan en unas borlas coloradas y el chocolate cubría mi amplia sonrisa infantil.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

En diciembre, y en este lugar del mundo, ya se despunta el verano. El río y la playa cobran una mayor importancia. En ellos, descanso. Esa tardecita caminé por su orilla como lo hacen los turistas cuando se admiran de otros paisajes. El oleaje, al salpicar mi caminata con brillo de luna, me arrullaba con un canto: «mientras los astros esparcen su luz, bella, anunciando al niñito Jesús, brilla la estrella de paz». Sigo por la orilla. Esperanzada.
Por Diana Rosa Conti.

 

Seré sincero: odio a los turistas. Soy de la vieja escuela, de los que piensan que de tres a cinco de la tarde el descanso es sagrado. No soporto que a esas horas la ciudad esté invadida, todos montados en unos extraños artefactos. Y es lo que le digo a Purificación, la enfermera, la primera cara que vi después de la fatídica tarde en que atravesando la acera caminé directo a mi desgracia en forma de patinete eléctrico.
Por Pepe Sanchis.

 

Caminé sin descanso entre todos los turistas hasta llegar a la tienda que un día fue de mi abuela para ver el espectáculo. “Narváez, ¿no ve que el chocolatillo se lo están comiendo? Tenemos que clausurar todo ya y comprobar si se trata de una falsa alar…”. La forma en la que esos sucios comedores de alimentos en pocilgas extranjeras empezaban a agarrarse la barriga le confirmó al capitán que, otra vez, habían llegado tarde.
Por Cris Mandarica, del blog Detrás de la pistola.

 

Caminé sin descanso por el paseo. Quería huir de turistas, de tanta felicidad; no podía con tantas risas, conversaciones jocosas, niños corriendo entre la gente… Llegué hasta el final del paseo, más allá. Yo vivía allí todo el año, sin vacaciones. Sobrevivía. Pasarían largas semanas para poder disfrutar de nuevo de la tranquilidad de mi playa. Mi pueblo. (¡Con campanas este día hay que festejar!-pensé).
Por Jose Lezcano, del blog A orillas del Oria.

 

Éramos turistas cansados del largo paseo que se había prolongado hasta entrada la noche, algunos ya estaban somnolientos. Nos agrupamos para el descanso mientras llegaba el autobús, pero al escuchar: «Belén, campanas de Belén… que los ángeles tocan… ¿qué nuevas nos traéis?» caminé siguiendo las voces y me quedé con ellas hasta que terminaron. Cuando regresé, el autobús me había dejado.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Todo duerme en derredor. Son las 2am y la fría noche de diciembre azota las calles de Pozuelo de Alarcón, en Madrid. Yo venía de la parada del autobús, luego de una larga velada de fiesta. Pero en un momento había decidido tomarme un descanso de tantos turistas y, como quien no quiere la cosa, caminé hasta Moncloa y me terminé yendo. Ahora, me deleito con las luces navideñas del pueblo, solo, escuchando el eco de mis pasos y viendo también a mi respiración sumarse al cielo dormido.
Por Matías Mestas Andisco, del blog Matías dice….

 

Era la primera vez que salíamos de vacaciones. Nos habíamos ganado un descanso. Elegimos un hotel en la playa, solitario y apartado. Esto último, lo entendí al llegar, ya que, desde donde nos dejó el taxi caminé una barbaridad cargado con las maletas. Lo de solitario, no tanto, lo descubrí al bajar a desayunar. Una marabunta de turistas arrasaba con el bufé. Entonces, llamé a mi mujer al móvil y le dije: ¡María, María, ven acá corriendo, que el chocolatillo se lo están comiendo!
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Caminé de un lado a otro mientras aquel grupo variopinto desafinaba sin remedio. «Ande, ande, ande La Marimorena, ande, ande que es la Nochebuena…» increíble —pensé, estupefacto. «A esta puerta hemos llegado, cuatrocientos en cuadrilla, si quieres que nos sentemos, echa a todos los turistas». Cerré los ojos, respiré profundo y omití las risitas diabólicas de aquellos enanos. Pedí un descanso, justo y necesario con el firme propósito de no volver a dirigir aquel coro nunca más.
Por Lehna Valduciel, del blog Viviendo entre dos mundos.

 

Caminé y caminé sin descanso alejándome de aquella turba de turistas. Mientras contaba los incesantes adoquines de aquella calle sin retorno en dirección a las afueras, el replicar desde la torre de la iglesia se desvanecía, campana sobre campana, trayendo a cada golpe a mi memoria aquellas sabias palabras de una maestra llamada nostalgia: «viajar es recordar quiénes somos mientras huimos de nosotros mismos…».
Por José Miguel.

 

Como somos los turistas ocasionales, que cuando vamos a algún sitio, pretendemos conocerlo en un día igual sus propios habitantes. Ayer por la mañana llegué a Toledo y caminé sin descanso arriba, abajo, a un lado y al otro lado, durante todo el día hasta bien entrada la noche. Hoy muy creído de mi mismo, a solo cincuenta metros del hotel, he tenido que preguntar por que calle tomar para regresar. Las risas, de aquel buen hombre, justamente me pusieron en mi lugar.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +.

 

Cuando caminé por el centro de la ciudad atestada de turistas, me agobié entre tanta gente. Necesitaba salir de allí con rapidez. Llegué al parque buscando un espacio abierto donde respirar, pero caí desfallecida sobre la hojarasca. No podía gritar. Las piernas tampoco respondían. Imposible ponerme en pie. Tuve que tomarme un descanso para recuperar el aliento. Sin querer, me quedé dormida arropada por la nieve.
Ni el amanecer logró despertarme tras una gélida noche de paz.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Después del descanso en el albergue, me dio la sensación que me estaban observando. Caminé tranquilo, ya que sabía que a unos cien metros un grupo de gente seguía mi mismo recorrido; el camino de Santiago. Quería cambiarme la chaqueta del chubasquero con uno de los turistas que vi en una tienda, tenía una envergadura similar a la mía. Más adelante distinguí una persona mirándome, mi cazador me había encontrado y se dirigía hacia mí.
Por Gustav.

 

El descanso me vino de maravilla. El hotel espacial estaba muy conseguido pero la gravedad artificial te pasa factura. Nunca imaginé que tendría tanta suerte. Ver el amanecer a quinientos kilómetros de distancia no tiene precio. Me levanté. Preparé café. Leí un rato. Aún no había prisa. A las 12:00 sonó la alarma. Hora del ritual. Me puse los tacones, el uniforme de cuero y caminé hacia el club. Había encontrado mi vocación. Azotar turistas podía ser un trabajo muy gratificante.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Caminé por las calles frescas y tropicales, de esta ciudad.
Una sonrisa se coloco en mi boca, parecía una tonta recordando aquel amor de los veranos pasados,
llegue a las escaleras para tomar un breve descanso mientras observaba a los nuevos turistas que han venido a visitar a la playa de Ahoma; con grandes olas perfecta para los sufistas, el sol fuerte, un atardecer perfecto decorado con las gaviotas…esperando que entre la multitud aparezca una vez más.
Por Suni’s Love, del blog Sunai, Sunai love.

 

La marea de compulsivos compradores y eufóricos turistas amenazaba con engullirme. Todos sonreían deseando felicidad y prosperidad mientras devastaban la rutina urbana. Caminé en sentido contrario intentando huir de la corriente, pero esta era tan fuerte que me empujó hacia la orilla de los portales, dónde caí agotado por el esfuerzo. Allí quedé sentado en un momentáneo descanso junto a una desahuciada mirada que me hizo avergonzar por la hipocresía de las Navidades.
Por Jose A. Sánchez, del blog Acervo de Letras.

 

Caminé durante horas por las calles iluminadas antes de tomarme un descanso y conseguir sentarme en la terraza de un café con las mesas repletas; la plaza era un hervidero de vida y de turistas. Disfrutando mi chocolate caliente intentaba observar pequeños fragmentos del portal de Belén entre el pasar de la gente. Y ahí estabas tú, frente a su estrella, sol y luna, la Virgen, San José y el niño en la cuna. Desde ese momento adoro la Navidad, desde el instante en que me sonreíste.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

―La visita ha acabado ―anunció la guía―. Por favor, síganme y cogeremos el primer agujero de gusano hasta Herra-T, planeta aniquilado por una invasión intergaláctica.
Caminé sin descanso, como el resto de turistas, por el valle que la nieve cubrió… hace tiempo, mucho tiempo, antes de que en ese mundo la temperatura se descontrolara y las corrientes marinas colapsaran. Las ruinas de aquella civilización fallida me apenaban. El viaje estaba resultando muy triste.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

En un momento de prisas por entrar, con disimulo caminé entre los turistas que entran en el museo. Me cuelo entre ellos cada vez que hay alguna nueva exposición, y mantengo siempre las mismas normas: mirada siempre puesta sobre los objetos de la exposición, rostro de alucinante asombro y hacerse la sorda ante cualquier intento de socialización. En un descanso descubro que no llevo el mismo uniforme que el grupo, y no sé qué hacer.
Por Maite Moreno.

 

Pero ¿cómo osa tildarnos de puñeteros turistas? ¿Por una simple petición? ¡Menudo recepcionista! Pues entérese bien: yo, como mi mujer, soy un peregrino; y mi única ilusión es honrar la ciudad del apóstol que siempre ha dado luz a mi vida, marcándome el sagrado itinerario que, con fervor, caminé, camino y caminaré. Y usted, agradecido, debería facilitar nuestro descanso bajando esa maldita luminosidad eterna que recubre la habitación. ¡Que aun estando en Vigo, queremos dormir!
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Tras parar el coche, caminé hasta el restaurante con Lúcio a mi lado. Necesitábamos un descanso, tras tantos kilómetros de marcha. A través de los ventanales, vimos un grupo que, por su aspecto, debían ser turistas alemanes con un gran número de jarras de cerveza ya vacías a su alrededor.
—Pero ¡mira! ¿Cómo beben tanto estos teutones? —se exclamó Lúcio. No abrí boca, porque él es un abstemio extremo y no era plan de empezar un debate. Además, mi pobre vejiga hacía rato que rebosaba.
Por deomises, del blog Es desclou la tenebra….

 

Falta pocos días para la apertura del hotel por la temporada de invierno, es un hermoso lugar para venir de descanso por lo que es normal que estemos a rebosar de turistas. Caminé por todo el hotel verificando las habitaciones y solo me faltaba el cuarto 610, al llegar escuche cantar la más hermosa voz: Noche de paz, noche de amor. Todo duerme en rededor… Me quedé escuchando hasta que concluyó la melodía y al entrar a la habitación como siempre no había nadie.
Por Cecy, del blog Enredados entre libros.

 

El salón de actos estaba repleto, incluso de turistas. Me propuse a cantar el villancico para el concurso de cada año en el colegio: —¡Arre, burro, arre! — justo en ese instante me di cuenta que no podía dar palmadas y choqué mis zapatos rojos. Después de un leve descanso, caminé por el sendero de ladrillos amarillos. Aproveché para felicitar la Navidad al hombre de hojalata, al león y al espantapájaros, antes de volver.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

Navidad, navidad, dulce na-na-na-na… Caminé hasta el tocadiscos y levanté la aguja; aquel viejo disco siempre se atascaba en el mismo sitio. Me atusé la barba y miré el reloj. El tiempo de descanso había terminado. Les grité a los turistas y bajo murmullos arrastraron sus cadenas a los puestos de trabajo. Desde que los elfos me abandonaron no había otra forma de cumplir con los encargos de los niños. Menos mal que todos los años se celebraran viajes a Laponia para conocer mi casa.
Por Nahnnuk.

 

Aquellos bancos ofrecían descanso a todos aquellos turistas que recorrían la ciudad desde tempranas horas de la mañana. Una puntada, otra, otra y otra más, asegurando con fuerza para que resistiera los embistes de la dura vida en la calle, para aportar calidez y color a los tonos grisáceos de la muralla romana. Las primeras sonrisas comenzaron a brillar en las caras de los paseantes. Corté el último hilo y caminé despidiéndome de nuestra última obra tejida a ganchillo.
Por Carmen.

 

«Paco, el caníbal hispano», dice el cartel de mi escaparate. Tuve suerte en el reparto, mi personaje es un imán para turistas. Asiáticos y saudíes hacen cola para retratarse conmigo. Un crédito por selfie. Gracias a mi éxito, descanso un día al mes. Quedan lejos los años que caminé por el desierto-sur de Europa. Comía alimañas y dormía metidito entre pajas. Llegué medio muerto al Parque. Aquí encontré la fortuna. Solo lamento tener que comerme a esa pobre gente
Por Víctor B. González.

 

Era verano, el viento de la costa nos daba un descanso del calor. Los turistas llenaban cada rincón, no había lugar para sentarse en la peatonal de ese pueblo sureño. Así que caminé sin detenerme, pero sin apuro. Si no tenía cuidado, alguien podía llegar a notar mi presencia. Me preocupaba en vano, por supuesto. Un hombre vestido de Papá Noel era lo más normal en diciembre. Yo solo quise probar ese nuevo sabor de helado. Luego terminaría el reparto.
Por Cyn Romero, del blog El fantasma en mi tintero.

 

—Mira esta estatua. ¿No es hermosa?
—Hermosa, por supuesto —respondí distraído—. El lugar está lleno de turistas, deberíamos irnos.
—¿Pero qué dices? Nosotros somos turistas.
—Ya, pero necesito un descanso. Mejor volvemos otro día.
—Nada. Nos quedamos.
Caminé ansioso detrás de mi esposa mientras ella observaba las estatuas del museo embelesada. De pronto sentí unas manos frías que se posaron sobre mis ojos y una voz que susurró en mi oído:
—Cariño, por fin vuelvo a verte.
Por Kathie Kyg, del blog Sulla Strada.

 

Tranquila caminé desde el bar hacia la playa. Los participantes del ritual iban llegando despacio, sonrientes, enigmáticos. Vestían mayormente de blanco y cargaban ofrendas para la diosa. En un descanso de la escalinata repleta de turistas, me quedé inspirando su alegría. Suavemente, un sonido de tambores se fue colando en el viento, marcando el inicio del desfile. Extrañamente, se me dio por entonar «a la huella a la huella…» mientras pasaban arrojando pétalos rumbo al río.
Por Laura E..

 

Hay algo muy curioso en el ser humano, y es lo hipócritas que podemos llegar a ser. Nos quejamos siempre de los turistas allí donde vivimos, porque nos molestan, porque en según que zonas no hay descanso con ellos. Sin embargo, luego nos vamos de vacaciones, y nos convertimos nosotros en ellos. Y eso hice hace una semana. Me fui de vacaciones, dejé las maletas y, una vez en al calle, caminé junto al resto de personas que, como yo, acabaron con la tranquilidad de los residentes.
Por Montse, del blog Amor y Palabras.

 

Paseaba sin descanso entre los turistas que ese año pasaban las Navidades en Mallorca, a la vez que cantaba «Ande, ande, ande la marimorena». El espíritu navideño me poseía en ese momento mientras recordaba las veces que caminé por este mismo lugar con TyK.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Estas navidades necesitaba un descanso, en mi cabeza solo podía oír el maldito “pero mira como beben los peces en el río”. Me fui al monte a desconectar y caminé hasta el río, pero no pude descansar ni pensar en mis cosas. El lugar estaba lleno de turistas sacándose fotos y haciendo ruido. Está claro que en estas fechas no se puede dejar atrás el bullicio y las aglomeraciones.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

No eran turistas, eran peregrinos, y viajaban sin descanso hacia Santiago. Caminé con ellos un rato al ritmo del Adeste Fideles, y a la altura de Padrón escogí al más alto. Una vida por otra, esa es la orden que me habían dado. No se darían cuenta si esperaba al momento adecuado. Esa noche me lo llevé y dejé en su lugar a nuestro doble. Al amanecer no se explicaban ni su buen humor ni lo amable de sus gestos. Eres otro, le decían. Volví a la nave sonriendo…
Por Marié, del blog ¿Pero qué ven mis ojazos?

 

La tierra entera se llena de luz cada vez que lo recuerdo. Ahora mismo, al disfrutar de un breve descanso luego de lo mucho que caminé, vuelvo a verte entre los turistas que atentos me oían al interior de las cuevas, esa tarde. Al comienzo sentimos un zumbido, luego un estruendo, gritos, caos…Unos brazos poderosos me jalaron alejándome del peligro; los mismos que hoy me acogerán al final de la jornada cuando regrese a casa.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Ayer caminé junto a ti; te tomé de la mano y confié.
Me reí, pero sobre todo me rompí. Caí. Sentí no tener un momento de descanso, ningún placebo a la rutina, a la realidad. Pero no dejaré me conviertas en una más de esas turistas que recorren tus días.
Hoy es mejor decirnos adiós, apagar la luz y cerrar la puerta a nuestras espaldas.
‘Noche de paz… noche de amor…’ …y mañana será tiempo de renacer.
Por Alma.

 

Caminé el sendero de la colina que llevaba a la casa de Hunter, Hunter el prospector, Hunter el prestamista, Hunter el usurero. No me hacía ninguna gracia ponerme en manos gente así pero ya no cabía otra opción. Me tomé un descanso para recuperar el aliento y me quedé observando el paisaje como decían que hacían los turistas del mundo antiguo. Turistas……. viajar por el placer de conocer sitios nuevos, que maravilloso mundo debió ser.
Por Alberto Fernandez.

 

Los cabellos son de oro y el peine de plata fina, refulgiendo con mágicos destellos al reflejo de las luces de los halógenos. El descanso para todos estaba por llegar; los últimos turistas rezagados estaban alejándose con pesar, del lugar donde yo con denuedo, repetía incansable el hipnótico ritual de peinar mi gloriosa melena. Una vez la sala vacía, caminé con cierto aire de suficiencia hacia el exterior, lo sé, pero es que no había en aquél museo ningún juguete más hermoso que yo.
Por NO SOLO LEO, del blog No solo leo.

 

Caminé hasta la saciedad, caminé cual turistas sin guía más que sus propios instintos por un mundo de promesas, caminé sin descanso por millones de mundos, pequeños, grandes, mudos, musicales (feliz navidad, feliz navidad…) «ya…», pero no encontré lo que andaba buscando. Tanto caminar para nada…ahora me paro y me encuentro en un mundo sin luces, apagado a todo tipo de colores y con un único sentimiento, largo, frío y oscuro como una noche de invierno sin fin, te echo de menos… D.E.P.
Por Arekkusu.

 

Terminé el paseo guiado y caminé hacia el establo cuando Paola se me acercó.
—¿Me puedes cubrir mañana con el grupo de turistas? —preguntó Paola
—Lo siento, es mi día de descanso —contesté.
—No tenía idea, es que tengo que llevar a mi madre al médico.
—Bueno, cambiemos de día. Yo tomo tu día de descanso y tu tomas en mío.
—Gracias, eres el mejor.
No sabía que eso cambiaría mi vida para siempre.
Por Julissa E.

 

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

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