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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE ORO; Angela Castro, Anabel Samani, Arekkusu, Aurora Rapún, Avalle Rei, Carmela Padilla, Cecy, Clara R. Sierra, Diana Rosa Conti, Estefanía, Gustav, Javier Puchades, José A. Sánchez, José Torma, Julissa E., Kathie Kyg, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, María José Viz, MonTse, Nahnnuk, Pilar Alejos, Rosa Boschetti, Saricarmen y Virtudes Torres.

 

¡Enhorabuena a todos!

Gracias de corazón por haberme acompañado en el reto un año más.

¡Reiniciamos contadores!

 

ENERO:

Antes, pecado, aunque.

 

Mírate. Detente unos minutos frente al espejo y piensa, ¿de verdad estás aprovechando la vida que se te ha dado? Yo la exprimí al máximo, ¡vaya si lo hice! Antes de mí no existía el pecado. Yo inventé todas las formas de diversión que existen, tomé todo lo que la vida me ofreció y fui feliz. Pagué un alto precio por ello, aunque lo hice con orgullo. Ahora es tu turno, espero que no desperdicies ni un solo día de este nuevo año que empieza. ¡Feliz 2020! Con cariño, Lucifer.
Por Adella Brac.

 

Aunque parezca un pecado creo en los Reyes Magos. Antes, cuando eras niño, deseabas con todo tu corazón que llegara la Noche de Reyes y si deseas algo ese algo existe. Después, cuando algún listo del cole te dice que lo de los Reyes es una fake new, te vienes un poco abajo la verdad. Pero cuando llega la época de tu vida en la que los recuerdos son más reales que la propia realidad, vuelven a tu corazón esos tres tipos mágicos y con ellos el niño que nunca dejarás de ser.
Por Lorenzo.

 

Aunque decían todos que aquellos vientos traían el pecado prendido de sus alas, nadie se atrevía a asegurarlo. Antes, todo estaba prohibido, hasta el canto del ruiseñor se vestía de lascivia y procacidad, en las mentes obtusas de aquel pueblo remoto. Pero, cuando la lluvia lo arrasó todo, el aire renovado y limpio de la mañana siguiente demostró que no era pecado lo que colgaba de las nubes. Era el sentimiento de culpa por no haber vivido.
Por María José Viz Blanco.

 

Soy de lo que no hay, lo admito. ¡Y yo que antes pensaba que lo había visto ya todo! Pues bien, ayer mismo… veréis, era la primera vez que salía de casa solo, así que me armé de valor, aguardé a que un rayo de sol me impulsara y en ese preciso instante me agarré a un pétalo de mi diente de león preferido y salí volando; la visión del jardín desde lo alto me resultó sobrecogedora.
Nunca volveré a cometer el pecado de pensar que lo sé todo, aunque me vaya la vida en ello.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Los copos caen tenues sobre las ramas desnudas de los árboles, como pequeñas pinceladas sobre un bosquejo recién comenzado. La grama se torna blanca parodiando la vejez y el silbido del viento parece mascullar antes el silencio… Y, sin embargo, lo que parecer ser, no es, y lo que realmente es, no lo podemos ver. Qué gran pecado habremos cometido para, aun creyéndonos dioses, saber que aunque todo exista nada ocurre…
Por José Miguel.

 

En el solsticio de invierno, antes de que el sol se oculte los hijos de Clan de los Lobos se preparan para la mayor de las pruebas, cada uno de ellos demostrará que es digno de ser un guerrero del clan. Ninguno cometería el pecado de fallar a sus padres, a su líder o a sí mismos, aunque eso les costase la vida misma. Jóvenes y fuertes irán al Bosque Susurrante donde los mayores peligros les esperan. Cada uno enfrentará una prueba distinta y la vencerá
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Aunque sabía que estaría condenada al terminar, no me importó. Pecado o no, le detendría antes de que mancillase a otro inocente. Esperé el instante preciso y me lancé a la caza. El aroma cobrizo de la sangre derramada fue suficiente recompensa para mí. Un inocente a salvo, un violador menos.
Por Lehna Valduciel, del blog Viviendo entre dos mundos.

 

Su pecado —para el resto de las personas en la academia- era querer ser libre, se supone que nadie podía desear algo para lo que no estaba preparada, por lo que debería estar lista para mantenerse al margen, pero todo fue antes de descubrir que ya no pertenecía más ahí, aunque su vida y existencia se debía a ese lugar, ya no se sentía igual, no tenía remordimientos por nada, ni respeto o necesidad de callar, ahora ella misma se permitiría tener otros pecados para acabar con todos
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

Estoy segura de que esta mezcla de sabores tiene que ser pecado para alguno de los tantos cultos que existen en esta tierra. Aunque no tenga un buen resultado, seguro mi pobre estómago sabrá perdonarme. Porque no se puede negar que una buena sopa de polvo de diamantes, con algo de ese meteorito que cayó el año pasado en el campo de tía Patricia, es irresistible. Me voy a servir un buen plato. Igual, antes le agrego algo de queso rallado.
Por Cyn Romero, del blog El fantasma en mi tintero.

 

¡Qué difícil fue dejarte abandonada en una estación de autobuses! Aquello resquebrajó las raíces del árbol que regamos con amor y con escasos recursos, antes de que dos hombres uniformados derribasen a patadas la puerta y nos dejaran en la calle, aunque les supliqué que no lo hicieran. ¡¿Cómo es posible que todas mis esperanzas se viniesen abajo como la ladera de una montaña por el impacto de la erosión?!… ¡¿Y tú, hija mía, el pecado con el que cargaría siempre?!
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

La concubina del rey de Libertia tardó en comprender que había muerto. Antes aún disfrutó del amor de Ahmed Zek, sus besos, sus masajes, sus caricias en lugares secretos… Se perdió en el placer que sus manos podían provocarle, aunque supiera que le estaba prohibido. Y qué más daba. Un enemigo la había amado más que su esposo. Merecía la pena arriesgarse a un pecado así. El aceite de masaje olía a veneno, pero, cuando se dieron cuenta, ninguno de los dos tenía escapatoria.
Por Gabriel Romero de Ávila, del blog Gabriel Romero de Ávila.

 

Harta de escuchar que todo lo que hacía era pecado y que iba a pagar por ello, decidí abandonar el hogar de acogida e irme a recorrer mundo. Me duele admitirlo, pero algo de razón debía tener la vieja malhumorada que nos cuidaba en el caserón, porque aunque recibía algún azote de vez en cuando, antes de dormir siempre disfrutaba de un vaso de leche caliente y descansaba en una cama con la que sueño cada madrugada desde que vivo sola en este apestoso callejón.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Mis padres me han dicho siempre que es pecado comer algo antes de tomar la comunión. Aunque creo que me están engañando, ya que, D. Mariano, el cura, me dice que no es del todo verdad. Que si me confieso por anticipado no pasa nada. Por eso, ahora, voy un rato antes que comience la misa y me paso por el confesionario. Allí, D. Mariano me da la absolución y una chocolatina. Y yo, mientras me la como, cumplo con caricias mi penitencia.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Te observo entre las hojas del árbol sagrado; escucho tu risa en el viento y saboreo en mi mente el fruto prohibido – que algún día sueño devorar contigo. Aunque luego el desamor sea eterno, hoy quiero cerrar la puerta para que la pasión no escape; quiero remendar con tus besos mi alma despellejada y hablarte de frente, por fin, con mi voz de serpiente, para susurrarte al oído que antes prefiero el pecado, si es contigo, que ahogarme yo sola en mi propio veneno.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Cada noche antes de irme a dormir escucho los rezos de mi madre, una letanía que me crispa los nervios junto con sus conversaciones sobre el pecado; hay días como hoy que tengo ganas de matarla, de encajarle un cuchillo en el corazón y aunque estos pensamientos me invade constantemente, sé que es algo que nunca haré. Jamás sería capaz de matarla lo que realmente me da una pena, mi vida sería mejor sin ella.
Por Cecy, del blog Enredados entre libros.

 

Antes de conocer Anier, Milagros tomaba precauciones. Luego de confesar sus necesidades, se hicieron inseparables. Seguidas por miradas furtivas de algunos transeúntes las figuras delgadas de Milagros y Anier pasaron más de una tarde en el café de la esquina, saciando allí sus apetitos. Aunque yo las presenté no me siento responsable de ese pecado: Llegado enero sus figuras están regordetas.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Podría contar las veces que he visto un pecado, y unirme a él para faltar al bien, antes no me habría ni fijado ya que la corona de santo me cubría hasta los pies, aunque parezca una broma, yo siempre fui aquel con el que se podía contar, al cual podrías revelar cualquier secreto, un buen amigo al fin y al cabo, pero de tan bueno que fui ya acabe harto, y me uní al otro bando, al cual espera que se le tenga en cuenta sin tener que dar algo a cambio, ya que de tanto dar me quedé sin
Por Carlos González.

 

Éramos amigas antes de cualquiera de nuestros primeros recuerdos. Más hermanas que amigas, decíamos, inseparables, sin secretos, tal para cual, uña y carne para siempre. Hoy por fin los he visto, a ella y a Javier, mi marido, saliendo de su apartamento. Y, aunque no debería alegrarme, mi sonrisa tenía dos razones: el haber confirmado una sospecha y la certeza, que solo quien mejor los conoce podría tener, de que en el mismo pecado llevan los dos su penitencia.
Por Ana González, del blog Con tilde.

 

Has dejado de inspirarme; llegó el momento de buscar otros caminos, de explorar más emociones, de volver a estar heridos. Ha dejado de importarme; me resbalan las caricias me abandona ya el enfado, se han helado las sonrisas. Mi preciosa antes Diosa hambrienta de veneración, sería un pecado besar tus labios sin pasión. Algún día me darás las gracias, aunque ahora me odies.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

Aunque no era tu intención, todos lo malinterpretaron. Hoy es un pecado publicar sin tener en cuenta lo que piensan los ofendidos. Porque sí, da igual la medida que utilices, alguien se ofenderá por el detalle más insignificante. Pero te queda otra opción: venir conmigo. Yo estoy con los que piensan que si antes éramos libres, ahora deberíamos seguir siéndolo.
Por Cris Mandarica, del blog Detrás de la pistola.

 

¡Nada de pecado, la idea era genial! —dijeron a coro los residentes de «El Paraíso».
Honorato había celebrado su noventa cumpleaños regalando unas pastillas de colores. Aunque todos andaban chocheando, todos probaron, en especial las de color azul, por los «visibles» resultados. Antes habían quedado con las compañeras más cañeras, las que podían moverse mejor, las que ahora lucían sonrojadas las mejillas. Hoy todos estaban a base de tila y calmantes pero el próximo cumpleaños…
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de relatos.

 

Aniversario, de origen latino, «annus» (año) y «verto» (volver), el aniversario es lo que vuelve cada año, y ya han vuelto 10. Poco a poco aquellos cuadernos expuestos se habían cubierto de trazos, pinceladas y motivos que recogían todo aquello que les había rodeado antes. Aunque sus tapas intentaban ocultarlo, de sus páginas escapaban sin contención ni timidez lecciones, copas y muchas risas. Algunos considerarían un pecado no abrir otro cuaderno y seguir esbozando historias.
Por Carmen.

 

Vuelve a penetrar en las fauces del lobo, en las garras de aquel cabaret. Antes de él no conoció el pecado, ni el fuego que abrasa la piel. La mirada salvaje y lasciva, el ronroneo envuelto en deseo que después se vuelve hiel.
Dicen que fue su perdición, que sus días se tornaron grises, que en sus noches brotaron cicatrices, aunque nadie conocía lo que en realidad escondía en su interior.
Por Sara L, del blog Letras en el aire.

 

Aunque a veces me siento como si todo costara mucho, o mucho costara nada, no quisiera quedarme con sensaciones encontradas, ya que no es pecado sentir ni una, ni otra cosa. Simplemente es vivir en lo frágil que somos. Antes, cuando no podía aceptarme en mis contrastes, llegaba a cometer el gran error de endiosarme, primera falla del hombre. Ahora intento buscar la verdad en la humildad.
Por Diana Rosa Conti.

 

Yo la miro ,como antes solía verla con amor pero este ya no era un amor inocente, era un sentimiento diferente, ¿se podría decir que era? Ni yo misma lo sabia aunque el tiempo pasaba tan rápido la niñita que jugaba conmigo ahora era ya una mujer, odio ser de porcelana, odio tener mi cabello rubio sintético, odio no ser de su altura, odio ser una muñeca. Ese es mi pecado y ahora la niña siendo mujer me abandona una caja.
Por Aruka Capulet Marsella, del blog Blog Doll.

 

Juan lava sus manos con fuerza, como si la acción fuese a limpiar su pecado. Antes no era así; era considerado una persona respetable, honorable. Cuando llegó la demanda, no le dio importancia, ¿cómo podían acusarlo a él? El esposo de su paciente era un hombre rico y la mujer, aunque casquivana, llevaba razón en su reclamo. Podría haber sido más cuidadoso. Ahí comenzó el final del renombrado cirujano plástico, ahora relegado a hacer abortos clandestinos.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

La puerta de madera y vidrio recortado se abrió suavemente; el cabello rizado de la psicóloga asomó precediendo a su voz tenue.
—¡Adelante!-dijo-.
Me ofreció una silla bastante cómoda dedicándome una mirada comprensiva.
Antes de sentarme noté el nudo apretando mi garganta, la angustia masiva pugnando por encontrar una salida. ¡Qué difícil va a ser ésto! pensé.
—Contame por qué viniste —soltó—.
—Por un pecado ajeno —respondí nerviosa—, aunque sabía que no era cierto.
Por Laura E.

 

(A veces mi abuela me mira y sonríe. ¿Sonríe?)
Antes, cuando era joven, todo era pecado. Casi no podías darle la mano a tu novio, no fueras a quedarte embarazada. Ahora todo ha dado un vuelco de 360 grados. Me asusta.
—¿Pero qué dices abuela? —saltan mis nietos cuando cuento como viví algunas cosas .
Aunque creo que hemos llegado al límite de la permisividad, lo saben todo. ¿Lo saben?
Por Jose Lezcano, del blog A orillas del Oria.

 

Antes de nada decir que mi pecado no fue gran cosa pero parece que a la justicia, supuestamente ciega, le gusta significarse con casos como el mío que sirvan de tupido telón para delitos mucho más sangrantes. Y, aunque, mi defensa era sólida el ácido de la hipocresía legal la diluyó hasta ser sentenciado como culpable. Ir a devolver un maletín olvidado a su dueño, si su contenido no es legal, te puede marcar como su cómplice. Así que, yo tomé el dinero y… ¡Salí corriendo! 🙂
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

Antes de entrar a la habitación miró por el pasillo. Sabía que lo que estaba apunto de hacer era pecado pero simplemente no podía evitarlo. Llevaba muchos meses evitando esos sentimientos, luchando contra sus continuas insinuaciones pero no lo había logrado…
Miró una vez más al pasillo para confirmar que no estaba ella por ahí, aunque era consciente que esa mujer jamás estaba. Tomó una profunda bocanada de aire y entró para dejarse llevar al placer.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Tomar un vuelo a un país extraño al otro lado del mundo es lo más alocado que ha hecho una pueblerina como yo. Aunque antes me invadió el miedo nunca estuve tan convencida a pesar de ello. Aquí todo me resulta exótico, hasta el alfabeto, sin embargo no puedo sentirme más en mi hogar. ¿Acaso es un pecado creer que nunca había estado realmente en casa hasta llegar aquí? Era cierto lo que me decían, sólo hace falta un paso.
Por Kathie Kyg, del blog Sulla Strada.

 

Me duele tomar esta decisión, pero no actúo a la ligera. Antes, lo he meditado mucho. Aunque algunos no me comprendan y piensen que voy a cometer un pecado, no lograrán inocular en mi cabeza su veneno ni cambiaré de opinión. Ellos no nos conocen de nada. Nunca he sido menos egoísta que ahora. Tendrían que perderse en la inmensidad de tu mirada y escuchar tus silencios durante años para saberlo. Con las manos entrelazadas, gota a gota, nuestro latir enmudece al mismo tiempo.
Por Pilar Alejos Martinez, del blog Versos a flor de piel.

 

Desde pequeños aprendemos a usar lo que nos rodea para nuestro bienestar y beneficio. Consumimos y tiramos las sobras. Antes preferimos asolarlo todo a privarnos de las comodidades. Aceptamos lo que se nos ofrece y abarrotamos nuestras vidas de cosas triviales. No pensamos en el grandísimo pecado que es no disfrutar de nuestro entorno sin destrozarlo. Cuando la Naturaleza muera en nuestras manos, aunque queramos recuperarla, comprenderemos lo que es vivir sin ella.
Por Jose A. Sánchez (JascNet), del blog Acervo de Letras.

 

En cuanto la besó, los pensamientos sobre todo pecado desaparecieron como por arte de magia. Aunque estaba casada, no podía controlar las fuertes palpitaciones de su corazón ni el deseo de estar junto a ese joven todo el tiempo que la suerte se lo permitiera. Las dudas iban y volvían; sin embargo, antes de darse cuenta, ya estaban haciendo promesas de amor entre besos y abrazos.
Por Gisela «Bleiÿ» Brito, del blog Gisela Bleiy.

 

Me quedé helada cuando se abrió la puerta de los aposentos del príncipe. Estaba en paños menores. Antes de poder decir nada, Daimus soltó un improperio. El capitán me miró con una gran decepción. Se marchó. Aunque Daimus intentó retenerme, me vestí y salí tras él. Le amaba. Esa noche debíamos vernos para hablar de lo que ambos sentíamos, pero falté a mi cita cometiendo un pecado terrible: traicionar a mi corazón.
Por Sandra Adrian.

 

—Hijo mío, estas en casa de Dios, te escucho.
—Odio a mi padre, no quiero saber nada de él.
—Manuel, es un pecado muy grave, ¿qué te lleva a pensar eso?
—Antes me escuchaba y apoyaba en lo que iba a hacer, ahora no.
—Aunque tu padre este siempre ocupado en su trabajo, no quiere decir que no te quiera, dale otra oportunidad y abrázalo.
—Pues salga del confesionario.
Por Gustav.

 

¿Cómo era antes de conocerlo?
No lo recordaba. No le importaba.
Porque ella era mejor desde que él estaba en sus días. Lo sabía, lo sentía.
Y, aún si lo de ellos no era amor, aunque no fueran nada, ella sólo deseaba serle.
Porque lo único que ella no podría perdonarse jamás, sería el pecado de no vivirlo.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Aunque ya sabíamos que ninguno de los dos debería estar ahí, pedimos desenfrenados a la luna que nos cubriera toda la noche con su manto de melancólico olvido. Y batallamos, con los cuerpos desnudos, abrazados a fuego y hierro, entre el pecado y la redención, hasta el primer albor del amanecer. Antes de marchar nos dijimos un ‘te quiero’ que se perdió entre suspiros y, sin embargo, nos despedimos como dos desconocidos.
Por Daniel Rodríguez González, del blog El solitario.

 

Lo conocía prácticamente de toda la vida. Antes incluso de fijarnos en chicos yo ya me había fijado en él. Aunque nunca dije nada para no estropear nuestra amistad al final voy a conseguir lo que más quería. Sentir sus labios sobre los míos. Pienso olvidarme de todo y dejarme llevar por este dulce pecado.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Antes de que se ponga el sol observo desde la ventana del rancho de mis bisabuelos, que he heredado hace poco, cómo el aire sopla fuerte haciendo girar el viejo molino de madera. A pesar de que ya no cumple con su función sigue en pie, con la mitad de las aspas destrozadas, pero dispuesto a sobrevivir. Ya somos dos. Tengo muchos proyectos para ambos, pienso con una sonrisa, porque creo en las segundas oportunidades aunque digan que siempre he pecado de soñador.
Por Nahnnuk.

 

Qué sabrán ellos lo que está bien o no; aunque se lo pusieran delante ni lo verían. Aberración dicen, bobadas. Pecado es no degustar lo que tienes tan a mano; pecado es insultar a Dios no disfrutando de las delicias que él ha creado; pecado es despreciar lo que la vida nos regala. Y eso es lo que haré. Dejaré lo mejor para el final pero antes, saborearé tus deliciosos pies, después tu tierna barriguita y por último tu corazón, que salteado con cebolla tiene que estar ESPECTACULAR.
Por No solo leo, del blog No solo leo.

 

Al despertar la habitación seguía oliendo a cerveza y cigarrillos. Abrió las ventanas, se duchó largamente, se vistió y pronto estuvo en la farmacia comprando la «gragea del día después». ¡Es un pecado! Le habría gritado su abuela si viviese. Felizmente nada es igual que antes; aunque, a decir verdad, acostarse con el párroco todavía podría serlo.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Sí, ya lo sé y aunque me lo habías dicho cien mil veces, yo seguía tropezando en la misma piedra una y otra vez, repitiendo las mismas cosas, con el mismo resultado. Antes de lo que nos pasó, yo era una persona orgullosa y cabezota que no veía más allá de su ego, pero ahora todo ha cambiado, ahora vivo con el pecado de mi equivocación, él cual me acompañará el resto de mi vida para recordarme la clase de persona que no quiero ser.
Por Arekkusu.

 

Aunque ahora esté más al alcance que antes y parezca que esté normalizado el sexo en el día a día, en cierto modo se siente incómodo cuando visualiza una escena subida de tono o vislumbra partes de la anatomía humana que deberían permanecer tapadas y bien guardadas, solamente para ser disfrutadas en el matrimonio. Además, aún debe ser pecado sentir deseos al presenciar dichas imágenes. Por si acaso, deja que la erección le desaparezca, no vaya a ser que el simple roce lo deje ciego.
Por Lluís Servé Galan, del blog Es desclou la tenebra.

 

Después de una estricta educación en un colegio de monjas, nunca pensé que caer en el pecado fuese algo tan delicioso. Antes todo me daba miedo, aunque no dejaba que me venciese jamás. Fue así como el mundo me cambió, aunque mi esencia sea la misma, mis actos no… Cada día es una dulce tentación en la que sin duda voy a caer. Si mi alma ya no tiene salvación, dejaré una leyenda que me hará inmortal.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

Antes de que el tiempo se acabe, de que el reloj marque la hora, debes buscar la manera de eximir tu pecado. No puedes cruzar al otro lado con la culpa, con el remordimiento, pensando constantemente que te equivocaste. No puedes seguir creyendo que todo pasó por ti, que podrías haberlo evitado, aunque sientas continuamente que sí, no puedes. Porque tú lo diste todo por el final feliz, pero no puedes conseguirlo si la otra parte miente. Y lo hizo, siempre. Fue él, no tú. Perdónate.
Por Montse, del blog Amor y Palabras.

 

Aunque sé que no lo va a leer nadie. Aunque ya da igual. Aunque no hay excusa. Quiero vomitarlo todo. Llevar al papel mi legado indeleble de dolor y verdad. Sobre todo, verdad. Debí hablar antes. Confesar mi pecado, y evitar el daño a los inocentes, que ahora, en legión, atormentan mis sueños. Me urge destapar la jaula de mi conciencia, y dejarlos volar. Y yo, con ellos. Estoy listo. Patada a la silla y a tomar por culo.
Por Víctor B. González.

 

Antes. Ha perdido el significado esa palabra, como ‘ayer’. Pero también como ‘mañana’ . Se ha parado el tiempo y aunque el reloj sigue moviéndose, es solo la ilusión de que la vida sigue.
Sin ella no existe ni el hoy. El presente se ha convertido en un infierno en el que purgar el mayor pecado, que es el que nunca cometió. Y, sin embargo, lleva la penitencia de la ausencia a peso. En brazos, en el alma.
No hubo ayer. Ni habrá mañana. Hace demasiado. Ya no hay nada más que esa nada.
Por Cris Ballester, del blog Cristina Ballester.

 

Siempre pensé que era única. Sin embargo, hace unos meses descubrí que estaba equivocada. Fui consciente, como dijo Shakespeare, de que hay más cosas en el cielo y la tierra de las que jamás soñamos; y, créeme, sé mucho de sueños y… pesadillas. Algunos dirían que mi don (mi maldición) es un pecado. Y, aunque antes me habrían quemado en una hoguera, ahora, quizá, me querrían agencias secretas para algún proyecto tipo MK-Ultra. Al cruel ser que conocí lo habrían reclutado… sin duda.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Aunque nunca había pecado antes, TyK sentía como si pecar formara parte de su rutina. Era como si de repente le gustara esa sensación de hacer algo incorrecto y que no la pillaran. ¿Seguro que nadie la descubrió?
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Estuvo distraído durante todo el viaje y, sin saberlo, se colocó a solo unos pasos de Chicago, la ciudad del pecado. Antes de llegar, se aseguró de que todo estaba en orden en los indicadores del coche. Aunque su mente se encontraba en otro lugar, siguió de forma automática la vía correcta, mientras su cabeza solo tenía lugar para la colección de muñecos que dejó en casa.
Por Óscar Quijada Reyes.

 

Sé que mi cuerpo no ha rejuvenecido, pero la sensación que siente es esa. Las piernas me llevan ligeras, aletea mi nariz pensando en su aroma, mi pecho se eleva cuando pronuncio su nombre y en mi estómago baila una dulce sensación de plenitud. Directa voy hacia el pecado, en caso de que lo sea, aunque lo dudo mucho. Antes rezaré un poquito.
Por Maite Moreno.

 

—Se que las cosas han cambiado mucho desde que la guerra terminó, aunque eso no significa que puedas irte a vivir sola a La Gran Región.
—Madre eso no es un pecado, antes muchas jóvenes se iban a vivir solas y no pasaba nada.
—Pero hija sigue siendo peligro. Por favor piénsalo bien. Eres todo lo que tengo.
Por Julissa E.

 

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

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