#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

FEBRERO:

Canciones, felicidad y trabajar.

 

 

7:20 de la mañana, demasiada gente en la estación. Avanzo concentrada en mis desgracias. Oigo música. Es una copla antigua. Me paro frente a un destartalado radiocasete, no se ve a su propietario por ninguna parte. Escucho una, dos, tres canciones. En mi mente se dibuja el recuerdo de mis abuelos bailando en la cocina de la vieja casa. Sus sonrisas de felicidad. Casi pierdo el metro, pero hoy voy feliz a trabajar.
Por Adella Brac.

 

Decían que era el Árbol de la Felicidad, porque de sus ramas colgaban canciones alegres de amor fraternal puro. Todo el mundo estaba convencido de que nunca dejarían de manar esos frutos encantadores, pero cuando aquel leñador sin escrúpulos clavó su hacha en el tronco, el mágico árbol cesó de trabajar por los sueños de grandes y chicos, de producir sonrisas espontáneas y, poco a poco, comenzó a desangrarse y desparramarse ante la estupidez humana que lo observaba.
Por María José Viz Blanco.

 

Mi abuela trabajó de pequeñita, apenas catorce años, en S’Albufera de Muro, aquí en Mallorca, sembrando arroz con el agua hasta las rodillas y con medias gruesas para protegerse de mosquitos gigantes. Me contaba pequeñas historias de su vida mientras le hacía compañía en sus últimos años, ya muy viejecita. Sí, había que trabajar, decía, pero siempre había un momento para cantar canciones alegres. Supongo que aquella felicidad que me describía, era la añoranza de la juventud perdida.
Por Lorenzo.

 

Yo lo soñé “Quiero dar las gracias por las canciones que me llenan de emociones…”¡Cuántos recuerdos! Abba siempre fueron mis favoritos. A los quince soñaba con alcanzar la felicidad al lado de Fernando. Con su sonrisa me hizo sentir la reina del baile. Hasta que me obligó a trabajar en aquel club. En un minuto dejé de ser su chiquitita. De su boca solo salía “dame, dame, dame”…, como aún ahora. Y lo malo es que no estoy soñando.
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Trabajar componiendo canciones siempre se me había antojado como una de las fórmulas mágicas para alcanzar la felicidad. Luego descubrí la dura vida del artista incomprendido que lucha por dar salida a sus letras. Y pensé en todos esos cantautores desconocidos que buscan hacerse hueco en el mundo de la música. Nunca imaginé que al conocerte yo también querría ser uno de ellos o al menos ser la persona que inspirase una de tus melodías.
Por Rebeca Gonzalo López, del blog Crónicas de la loca que cazaba nubes.

 

Observo los cuerpos. Los niños estaban correteando más allá del edificio principal cuando les pilló la explosión, cantando algunas canciones sin preocuparse por nada. La mujer estaba preparando unas tortas de maíz en un horno en el suelo. El hombre se había puesto a trabajar en extraer las últimas remesas de esa materia negra que tanto quieren los extranjeros. Parecían la felicidad pura. Pero a esos tipos solo les importaba el dinero, no sus vidas, así que ahora no queda nada.
Por Gabriel Romero de Ávila, del blog Gabriel Romero de Ávila.

 

Anochece, las farolas iluminan el suelo recién mojado por la lluvia que ya no cae y se forman espejos en el asfalto de las calles solitarias de peatones pero no de tranvías que, calle abajo calle arriba, van de la colina al puerto marítimo y regresan, como ruta de un laberinto sin fin. La gente viene de trabajar, el aire se respira fresco y en la noche clara salen a sus balcones y observan las estrellas y charlan de la vida y el eco susurra canciones de felicidad.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Y ese día, el último en el que fue a trabajar en aquella horrible tienda, sintió un baño de felicidad nunca antes vivido. Desde entonces su vida se llenó de canciones en su cabeza que la invitaban a no dejar de bailar. Sí, la felicidad era eso.: un continuo cantar y bailar al dar alas a su verdadera vocación.
Por Pilar Navarro Colorado, del blog Pilar Navarro Colorado.

 

Desde que me regalaron aquel paraguas negro en mi mente empezó a rondar una idea: me ofrecería para trabajar como institutriz y enseñaría, además de lo básico que se aprende en el colegio, unos trucos infalibles para que mis pupilos de mayores pudieran conseguir la felicidad y todo a base de canciones, juegos, acertijos. Eso sí sin olvidar las palabras mágicas: SUPERCALIFRAGILISTICOESPIDALIDOSO.
Por Virtudes Torres.

 

Después de las explosiones, la gente dio por hecho que había llegado el final. La desconexión digital se produjo de golpe y la mayoría, que era muy joven, no recordaba la vida antes de internet. En pleno apocalipsis los mayores se convirtieron en la memoria de los demás: les contaban historias antiguas, les enseñaban canciones a los niños y bueno, aunque había que trabajar mucho, incluso en las condiciones más adversas, la felicidad siempre terminaba encontrando el camino.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Hago canciones en febrero para celebrar el amor y la amistad. Todos sabemos lo lindo que es dedicarle este mes al amor y la amistad que es el más lindo sentimiento del mundo. Este mes de febrero me llena de felicidad y, a decir verdad, ni ganas dan de trabajar. Sin embargo debo sobreponerme a las alegrías de este mes que, aunque corto, quisiera que durara mucho para que todos mis días estén llenos de flores, chocolates y besos. El amor y la amistad son sentimientos puros y nobles.
Por Dayana, del blog Una maleta liviana.

 

—No tengo ánimo Beni, estoy desolada por todo lo que nos ha pasado estos días en el trabajo, temo que por lo ocurrido en la empresa me hagan responsable de ataque de piratería —dijo Merchy abatida por la presión.
—No te preocupes por eso cariño, vamos a conseguirlo, con las canciones que tengo escritas empezaré a trabajar con mis alumnos y la felicidad volverá a esta casa. Solo me falta un poco de tiempo para encontrar un local.
Por Gustav.

 

Invierno. El tráfico era aterrador. Todos los carriles estaban atascados por el exceso de nieve. De los coches algunas canciones se escapaban por momentos y se escuchaban lejanas. Contemplando las calles me topé con un grupo que jugaba, se veían llenos de felicidad. Entonces pensé que lo hacían porque no tenían que ir a trabajar en este día tan frío.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Pescador tarareaba las canciones que su abuela le había enseñado de pequeño mientras se dejaba trasportar por el viento de poniente. Trabajar desde temprano era la costumbre heredada de su padre: los holgazanes son los mayores enemigos de un estómago lleno. El recuerdo lo llenó de felicidad. Cazó la escota, controló los aparejos y oteó el horizonte, llenando sus pulmones con la brisa marina. Entonces, divisó a lo lejos una columna de humo negro alzándose desde el Puerto. «Maldición».
Por Alberto Juan Pessenda, del blog La Creación.

 

Suena el despertador, empieza la jornada con acordes que marcan el día a día. Recuperarme de una mala noche, cuando la tristeza me llena el alma o la felicidad corre por mis venas. Cuando cada una de las canciones pone banda sonora a mi vida me reactivo. Esta es la mejor manera de empezar a trabajar y con ello soy capad de transmitir mi ilusión y felicidad a cada uno de los que pasan por delante del mostrador. Mi cometido es… compartir mi sonrisa. La mejor herramienta Feliz Día.
Por Ave Fénix, del blog Ave Fénix.

 

Ni siquiera tenía sentido preguntarse por qué hacía demasiado tiempo que las canciones habían dejado de sonar con la felicidad de antaño, ahora olvidada. Ella ya no estaba, y las palabras reconfortantes habían desaparecido del diccionario. Las piezas sonaban apagadas, a punto de morir. Solo le quedaba trabajar en su cordura, tropezando de tanto en tanto para ver cómo la compostura se hundía a la altura de su recuerdo.
Por Marcos Martínez (euklidiadas), del blog Marcos Martínez.

 

El tren se detuvo y unos músicos uniformados comenzaron a interpretar canciones. Intentaban que recuperásemos la felicidad que habíamos abandonado al empezar aquel viaje. Cuando nos apeamos de los abarrotados vagones, nos hicieron dejar el equipaje a un lado y que formásemos una fila. Menos mal que el sol se ocultaba tras el humo que brotaba de unas chimeneas. Entonces, mis hijas se abrazaron a mí preguntándome si sería verdad lo que ponía en aquel cartel: “Trabajar os hará libres”.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Siempre le habían dicho que trabajar en aquello en lo que siempre había soñado era estar un paso más cerca de la felicidad. Mentira. La felicidad se encerraba en las canciones que cada mañana salían de su boca, al son de su guitarra, mientras ambos desayunaban en la cama.
Por Nerea.

 

No tuvo tiempo de empacar. Las vacaciones al lado de ella fueron inmejorables. ¿Por qué debía irse justo ahora? ¿Por qué no esperar? Ella reproducía sus canciones a diario porque era su fan número uno, no se cansaba de escucharlo a él y a sus amigos. Para él eso era la felicidad. Tenerla a su lado y que amara su música tanto como él; nada fingido, nada obligado. Tomar las maletas para ir a trabajar, alejarse de ella de nuevo.
—Volveré antes la próxima vez.
—¡Ve a rockear el mundo, cariño!
Por Kathie G., del blog Sulla Strada.

 

Cuando salió de trabajar, pasó la noche buscando la mejor manera de llegar hasta ella. Aunque lo había intentado todo, nunca le respondía ni siquiera lo miraba. Pero se le ocurrió una nueva estrategia. Cargó en su reproductor de música canciones de antaño. Le colocó los auriculares. Al ver cómo danzaban sus manos en el aire mientras ella sonreía de felicidad, él se emocionó. Había encendido una luz en la oscuridad de su olvido.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Las jóvenes hadas juguetonas se esconden entre los pétalos de las flores mientras la abeja reina las avisa de que es hora de empezar su turno y les toca trabajar. Conviven en armonía y recolectan el néctar entonando alegres canciones. Desde que se hartaron de mantener al puñado de zánganos que vagueaban zumbando a su alrededor, se encuentran mucho más relajadas y la pradera se ha llenado de aleteos brillantes y de felicidad.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tus manos.

 

Mi mente recordaba aquellas canciones de antaño, donde después de trabajar, nos olvidábamos de todo. Solo queríamos una felicidad en común, bailando, sintiendo lo bueno de la vida. Vivíamos un presente maravilloso, grandes momentos que parecían no tener fin.
Y llego aquella fatídica madrugada, lluviosa y resbaladiza que puso fin a todo lo vivido y amado.
Por Galadriel.

 

Nunca imaginé que el camino de comenzar a romper ataduras, desarmar nudos, que aprisionan el alma, sería en mí esa necesidad fuerte de expresarme cantando. Tenía que trabajar bastante. Al fin pude saltar barreras que la mente se empeña en poner a la hora de dejar paso libre al espíritu, para que mi voz fluya sin tantos temores, falta mucho por hacer, pero cuando las canciones salen de mi corazón, la felicidad es ese instante y nada más.
Por Diana Rosa Conti.

 

Todas las mañanas voy andando a trabajar. Veinte minutos de paz, sin las peleas de mis hijos y sus quejas, sólo para mí, a solas con mis pensamientos mientras camino con el piloto automático encendido. Debería ser mi momento de felicidad suprema y sin embargo, es el más triste del día. Entonces tarareo algunas canciones y me siento mejor..
Por Carolina Borrajo, del blog My Blue February.

 

Su mente se llena de canciones y su sonrisa muestra la felicidad que ir a trabajar le produce. Un poco de maquillaje en las mejillas, la peluca azul y los pantalones de bolitas; un par de globos por senos que bien disimulaban su condición. La nariz roja y la rosa en la solapa complementan su “uniforme”, como dice el menor de sus hijos. Reprimiendo un gesto de dolor, abre la puerta del salón de oncología infantil. La payasita sobreviviente se reporta lista para actuar.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

«Tiraré todo por la borda. Trabajar veintidós años ha sido esclavitud; mi alma necesita libertad». Cogió su vieja guitarra, repasó canciones y al metro se fue a instalar. Desde ese día vivió con lo esencial; ¿para qué más? Al final de la jornada la felicidad pintaba en su rostro una sonrisa que duraba hasta cada nuevo amanecer.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Sus canciones traían felicidad. O al menos eso era lo que siempre decía él. Muchas veces le había animado para que se dedicara a ello, pero nunca se vio con la fortaleza para hacerlo… Ahora años más adelante, cuando ni él y su hermano estaban con ella, había decidido trabajar de ello. De sus canciones, unas que según ellos creaban la felicidad.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Con la felicidad de ir a trabajar escuchando mis canciones favoritas, conduje por toda la avenida y me paré ante la luz roja del semáforo. Como sabía que ese semáforo tardaba mucho tiempo en volver a ponerse en verde, cerré los ojos unos segundos para dejarme llevar por la melodía. Y, como si el destino estuviera riéndose de mí, empezó a sonar la banda sonora de un viejo noviazgo, abrí los ojos y le vi a él cruzando la calle entre el gentío.
Por Tahis, del blog Tahis.

 

Sus dedos se deslizaban tímidamente sobre las teclas de aquel viejo piano que algún día había sabido acariciar con delicioso gusto, liberando melodías que arañaban sentimientos en los oídos y también en los corazones. Felicidad, tristeza… Por momentos, se había sentido un dios, aunque ahora había olvidado todas sus canciones. El precio por la vida eterna habían sido sus recuerdos; un pago justo, seguramente. Volver a empezar exigiría trabajar muy duro, pero tenía tiempo de sobra.
Por Jessica, del blog Fantasía Literaria.

 

Escucho a la distancia las canciones que hacen palpitar mi corazón, el recuerdo de cuando estábamos juntos me llena de felicidad. Hace tanto tiempo de aquello, de cuando estábamos juntos los dos, se que no tardare en estar contigo de nuevo, puedo sentirlo. Escucho a los doctores trabajar y el ruido de los aparatos que se apagan junto con sus voces. Escucho la melodía de tu voz, por fin estaremos juntos para no separarnos jamás.
Por Cecilia Ramos Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

Existen muchos tipos de canciones: las que agolpan lágrimas a las puertas de tus ojos humedeciendo las pestañas, para luego teñir tu cara de negro; las que te transportan a tu niñez o adolescencia, e incluso al futuro; las que te sacan una sonrisa de felicidad o de añoranza, en definitiva, por los buenos recuerdos; aquellas que te recuerdan a alguien, ya sea con ganas de matarle o de abrazarle. Pero hoy necesito una canción que me dé fuerzas para ir a trabajar. ¿Me recomiendas alguna?
Por María del Pino Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio.

 

Miserables y poco valientes fueron aquellos que apagaron la sonrisa que le regaló su hija al nacer, la cual le hizo creer en la felicidad a Lucas, ese recuerdo no se le borró tampoco el día que se marcho a trabajar, por eso no entendió como sus mejores canciones tuvieron que sonar para despedirla en su último suspiro, por culpa de tres dementes.
Por Carlos González.

 

Ansiaba terminar su jornada laboral, volver a casa y, en lugar de comer, trabajar arreglando el coche mientras escuchaba el CD con sus canciones. Y, después, como siempre en las últimas semanas, volver a la clínica donde ella estaba hospitalizada. El accidente casi le robó la felicidad, pero aquél vehículo aún tenía muchas historias que contar. Historias de dos, o de más. Historias que la susurró de noche en la habitación del hospital.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Éramos jóvenes viviendo en una burbuja, en un país con demasiado ego, la mayoría no sabía lo que era trabajar, pero éramos una generación con ganas de escribir una parte de la Historia. Sin embargo, no éramos conscientes de lo que era una guerra. Nos alistamos con una sonrisa en la cara como si fuéramos de acampada y nos embarcamos entre canciones de hazañas pasadas, la euforia nos rodeaba, y la ignorancia nos llenaba de felicidad. Pronto aprendimos los horrores del campo de batalla.
Por J. C. Ritman.

 

TyK no cree en la felicidad, sin embargo encuentra un placer similar a ese estado cada mañana cuando va a trabajar y escucha en el coche algunas de sus canciones favoritas. ¡Esto hace que una mire la jornada con otros ojos y que la afronte con más ánimos!
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

La felicidad no se encuentra solo tras grandes logros ni inmensas fortunas. Se encuentra en esas canciones que nos recuerdan buenos momentos o personajes importantes. Se encuentra en esas risas con los compañeros al ir todos los días a trabajar. Se encuentra en esos juegos con los más pequeños de la familia, o con ese fiel compañero peludo que nos acompaña en todo momento. No la busques lejos, ni la esperes en las grandes ocasiones, encuéntrala en los efímeros momentos de tu vida.
Por Montse, del blog Amor y Palabras.

 

Suena el despertador y no quiero ir a trabajar, tantas gráficas y controles por elaborar ¡uff! ¿En que momento se le ocurrió al sistema educativo que sólo las matemáticas y la lógica eran importantes para ser un adulto productivo? ¡Suficiente! – grita mi hemisferio derecho – Aquí estoy, tengo emociones, fantasía y percepción espacial, atrévete a soñar, escribe canciones y desarrolla tu talento musical, vive de tu pasión y experimenta felicidad, que te paguen por reír, crear y jugar.
Por Claudia Gutierrez.

 

Limpiando el viejo escritorio, se le cayó aquel cuaderno lleno de canciones. Lo alzó y la felicidad pareció apagarse de su vida, en un segundo. Arrollada, aplastada, como un cigarrillo terminado. Las cartas en papel perfumado, guardadas en orden, hablaban de encuentros en las noches en que se suponía que él iba a trabajar al bar. Así, ella encendió su vicio. Y con éste, ardió todo.
Por Cyn Romero, del blog El fantasma en mi tintero.

 

Hubo un tiempo en que trabajar era sinónimo de felicidad, porque suponía la paz y sustento para la familia. Hubo un tiempo en que las canciones eran entonadas desde el corazón; daban igual los acentos y los timbres. Hubo un tiempo en que se cantaba mientras se trabajaba; ya fuera recolectando fruta, bordando o desplumando aves. Así lo hacía mi abuela: trabajar con alegría, cantar con el corazón
Por Lídia Castro Navàs, del blog El blog de Lídia.

 

Adoraba las breves ocasiones en que abrían el minúsculo cajón. Ansiaba el momento en que Claudia se acercaba, procurando que no me delatara el nerviosismo. Entonces mi mundo, mi vida entera se condensaba en lo que más quería. Quizá algunos lo llamarían «trabajar». Sin embargo, para mí, danzar al son de aquellas dulces canciones era lo que siempre había querido hacer. No pensaba en otra cosa que bailar e inundar la casa de alegría, y compartir con toda la familia mi infinita felicidad.
Por Carlos Menéndez, del blog Datos a tutiplén.

 

Alba se recostó contra Enrique y comenzó a tararear las pocas canciones que era capaz de recordar de su infancia. La felicidad de la que hablaban los mayores era una utopía, pero aquella música animaba su espíritu. Alba no conocía el significado de trabajar como lo había conocido su madre; ellos debían sobrevivir, y para eso, era crucial que siguieran encontrando a todos aquellos que, al igual que la gente de su clan, se habían revelado y estaban dispuestos a luchar por el planeta.
Por Aitor Olano Collazos, del blog Guías y Nexos.

 

Escuchando canciones antiguas recordé aquellos momentos de felicidad que pasamos juntos. Me sentí vieja al pensar en todas las cosas que habían cambiado en este tiempo. Tanto pensé en esos buenos momentos que me sorprendí cuando vi el reloj. O me apuraba o llegaría tarde a trabajar. Entonces pensé “luego les llamo”. Y por eso estamos todos aquí…
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Killian es un chico normal. Al menos durante la semana. Por las mañanas va a la universidad y por las tardes a trabajar. Se dedica a repartir paquetes por el barrio y siempre tiene una sonrisa de complicidad para todos sus clientes. Pero el fin de semana se convierte en Superhéroe, pero sin capa ni máscara. Porque al llegar el sábado coge su guitarra y con una simple nariz roja se dedica a llevar la felicidad con sus canciones a los niños del Hospital.
Por Jose Ant. Sánchez .

 

¿Qué es la felicidad? Para algunos la felicidad consistiría en no tener que volver a trabajar nunca más. Pero para otros, entre los que me incluyo, está en esas cosas que te hacen sentir que es allí donde perteneces: leer un libro, escuchar tus canciones favoritas o pasar tiempo con tus mascotas. Lo más importante es que encuentres ese lugar que te haga feliz.
Por Mace.

 

“La felicidad es un maquillaje de son..”
“¡A TRABAJAR!” gritó mi jefe.
¡A trabajar! Era lo que siempre decía. Para él no había nada más que no fuera trabajar. Mis compañeros se enojaban y decían que era muy amargado. A mí me daba lástima porque en su vida no había felicidad y por eso siempre cantaba, aunque él siempre me callara, yo sabía que llegaría el día en que alguna de mis canciones le daría un poquito de luz a su vida.
Por Julissa E.

 

Hay canciones que hablan de la felicidad. Para los que eran como Edgar, sólo escucharlas no bastaba.Edgar había sido educado con la mentalidad de que lo primordial en la vida de todo ser humano era trabajar, y aunque a veces algunas de las melodías le hacían olvidar y evadirse de su entorno, cada mañana se calzaba sus zapatos con un suspiro cansado.
—Vamos a por un nuevo día…
Por Kress, del blog Caminando entre tinieblas.

 

Trabajar en esa mar de soledad había sido duro. Hasta que llegó ella. Nunca había conocido un ser igual. Una bella princesa de canciones dichosas. Sus ojos eran dos gotas de pura miel de brezo recién cosechada. Sus movimientos poseían la gracilidad de lo espontáneo, al igual que su risa. ¡Ah, esa risa! Cornucopia rebosante de felicidad que corrió por su alma herida como un dulce bálsamo. Hablaron, bromearon, bailaron sobre las olas ignorados por el resto del mundo. Y ya no se separaron.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Cuando era más joven nunca habría imaginado la felicidad que llegaría a darme algo tan simple como ir a trabajar. Regresé a casa, la que para mi es mi hogar de verdad, y ahora, mientras ajusto el sonido y cambio los balances, veo cantar al hombre de mi vida. Su forma de mirarme, directamente a mí, mientras entona las canciones de su nuevo disco, es intensa. Dijo que las baladas están todas escritas en mi nombre, creo que con eso puedo morir feliz.
Por Karen, del blog Able to do all.

 

Mi compañera enciende la radio y empieza a sonar Don’t stop me now. Es curioso cómo las canciones más aleatorias son a la vez las más necesarias. Una buena dosis de felicidad, eso es lo que necesito en este momento. Inspiro y expiro contando hasta diez y me empapo de la letra que Queen ha compuesto para enfrentarme a lo que se presenta a continuación: lo inevitable de lo cotidiano, la amargura de la costumbre. Ya es hora de ponerse a trabajar.
Por Aran, del blog Libros, pelis y otros desvaríos.

 

La playa sigue desierta en este febrero inusual y generoso, perfecta para trabajar. Recojo mi bolígrafo de la suerte y una libreta medio acabada. La lleno de acordes y notas que aún no tienen voz, pero están repletas de vida. El tiempo cálido me inspira canciones que huelen a felicidad y saben a olas de mar. Canciones que quizá algún día se escuchen y parezcan creadas por sirenas, nos lleven lejos a lugares que solo podemos soñar.
Por MJ, del blog Libros, pelis y otros desvaríos>.

 

Después de que dejen de sonar las canciones típicas de Navidad y pasen sus días festivos, y de que volver a trabajar se convierta en rutina, nos descubrimos esperando ilusionados la época estival, donde gracias a las vacaciones podemos volver a la llamada buena vida, sin darnos cuenta de que la felicidad es una semilla que se planta en esas fechas ociosas pero que debe regarse todos los días del año para que florezca sana y perdure en el tiempo.
Por Nahnnuk.

 

Es lunes y trabajar es una obligación. Estoy de pie a la espera de clientes mientras escucho aquellas canciones que me transportan a mi último verano: aquellas olas que me alejaban de tierra firme, el adiós a mis recuerdos de la infancia y mi vista fijada en el horizonte. Ahora me encuentro aquí, en una Europa donde mi brújula mal calibrada me indica que está la felicidad. Hice de la huida mi medio de vida y parece que el mundo sigue dando vueltas sin darme la oportunidad de bajarme.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

La noche anterior eligió entre sus canciones del despertador del móvil. Bohemian Rhapsody de Queen fue la elegida. Corría el riesgo de tener un sueño tan profundo que estuviese bailando en mitad de la pista de baile… De su propia cama. De todas maneras no pudo dormir mucho, pensando en la entrevista. Por eso ahora su cansancio era tan intenso, como su felicidad. El lunes empezaba a trabajar en una tienda de colchones.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalia la lía.

 

Trabajar se había convertido en una suerte de tortura. El soporífero reglamento, la rutina, los compañeros, la apatía impuesta por la blancura inmaculada de las paredes. Todo confabulaba en contra de mi felicidad. Todo menos las letras de las canciones que tarareaban a coro los pacientes para provocar al supervisor y que yo, tal vez en un intento por infectarme de su alegría, había aprendido a memorizar y ya me atrevía a entonar.
Por Tati Jurado, del blog Conjurando lo incierto.

 

Como cada mañana, Indiriel se sentaba con su arpa entre las manos. Trabajar creando música le proporcionaba una felicidad absoluta. La elfa se sentía muy orgullosa de su don, rara vez olvidaba alguna de sus canciones. Todas representaban paz y armonía. Todas, excepto una. Esa que creó cuando le conoció. Él solo le transmitió tristeza y dolor; aun así, sabiendo que no podía unirse a un humano, se había enamorado.
Por Sandra, del blog Sandra Adrián.

 

Deja de cantar y ponte a trabajar, le decían a Paulino. Para él la felicidad estaba en una copita de vino dulce y en esas canciones suyas hechas para enamorar, a quién, no se sabía, novia no se le había conocido. – Un día de estos me voy para la capital y me hago famoso. Y se fue, pero no tardó en volver y desde entonces sus canciones sonaban con otra melodía, como de pena. -¡Ya conoció Paulino el amor!- decían en el pueblo.
Por Mer, del blog Algo que contar.

 

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

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