#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

Medallero

MEDALLA DE PLATA; Aitor Olano Collazos, Alberto Juan Pessenda García, Alma, Ana Centellas, Arekkusu, Atalanta, Carmela Padilla, Estefanía, Estrella Amaranto, Javier Puchades, José Torma, Karen, Lídia Castro Navàs, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, Mª José Sánchez, Mª José Viz, Marina López Fernández, Nahnnuk, Nysna, Oyidiya Oji, Pilar Alejos, Q. Ki. Guerrero, Sara y Saricarmen.

MEDALLA DE BRONCE; Anuca, Aurora Rapún, Rul T y Sandra Adrián.

¡Enhorabuena a todos!

 

JULIO:

Balcón, sentado y menor.

 

Es menor que yo en cuando a tamaño, aunque sospecho que me supera de largo en edad y sabiduría. Apareció de la nada justo cuando estaba encaramado a la barandilla del balcón, dispuesto a lanzarme al vacío y acabar con todo de una vez por todas. Ahora está sentado en mi sofá. No entiendo cómo puede estar cómodo con esas alas inmensas contra el respaldo. Dice que es mi ángel de la guarda y que ha venido a enseñarme algo.
Por Adella Brac.

 

Gabriel interpretaba aquella pieza en do menor, tan difícil, con maestría. Cuando sus compañeros pasaban bajo su balcón, aprovechaba para tocar con más fuerza, sentado en el salón de su casa. Causaba admiración y no pocas envidias. Mario, su enemigo número uno, siempre le tiraba piedras y, aquel día, golpeó de pleno en su flamante oboe. Ahora Gabriel ya no regala música. Sus únicos sonidos son exabruptos de dolor y frustración.
Por María José Viz Blanco.

 

Asomarse al balcón mientras llueve, escuchar la lluvia en silencio, sentir el agua en el rostro y respirar hondo y, tras la lluvia, percibir el murmullo sordo del viento en tu cara, el aire húmedo, y, de repente, un trueno que te hace vibrar el cuerpo; andar descalzo por la playa, el mar que moja tus pies, el runrún del océano, el chillido de las gaviotas, y, sentado, mirar al horizonte y contemplar las olas recias; puede que no sea algo menor, quizá no sea nada, o quizá puede que sea todo lo que nos hace falta.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Desde el balcón, sentado en una vieja butaca, se despide de su pequeña. Parece que fue ayer cuando la llevaba al parque a disfrutar de los columpios con sus amigos. Hoy, es una belleza de dieciocho, que sube al coche de segunda mano que él le regaló por las notas, y se marcha de casa para comenzar la carrera de Derecho. No tiene la menor duda: llegará muy lejos. Quizás algún día le cuente que, en realidad, nunca pudo tener hijos.
Por María José Sánchez.

 

Liem, rey de Ikarán, estaba sentado en la cama colocándose el calzado. Aunque habían pasado siete años, seguía pensando en Súlinen, rey de Ikamu, el menor de los reinos del continente, de quien no encontraron el cuerpo tras derrotarle en la Guerra de los Cinco Reinos. Oyó un fuerte rugido. Corrió al balcón temiéndose lo peor. Al llegar observó a las criaturas más poderosas de Gala: lo dragones. Estaban atacando su ciudad y Súlinen iba en cabeza.
Por Sandra Adrian, del blog Sandra Adrián.

 

Me abrigué cómodo en el balcón, sentado sobre un tapete que era el menor de siete que adquirí en mercados de pulgas recorriendo Asia. Tenía enfocada mi cámara capturando las fotos que coleccionaría para el viaje de toda mi vida. Desde una cálida cabaña podía ver la neblina descendiendo por las faldas de la montaña cual vestido sobre las caderas de una noble dama, era generosa y arrojaba pequeñas gotas de rocío sobre las flores y manzanos del jardín. Todas estas extrañas personas que conocí. Algunos coleccionaban billetes, otros coleccionaban propiedades y otros pocos, el éxito; yo sólo podía coleccionar una cosa a parte de mis tapetes: el hálito de personas marchitas.
Por Kathie G, del blog Sulla Strada.

 

Su próxima víctima estaba cerca. Ernesto, sí, el de los Nikis, ya no era un menor de edad, más bien estaba cerca de la jubilación, pero aún conservaba su instinto asesino. Había cambiado de piso, y ya no era desde su ventana, si no desde su balcón, pero el tiesto cayó igual y su objetivo quedó sentado en la acera con un gran chichón en la cabeza. Ten cuidado con Ernesto, que igual será verdad que la próxima víctima vas a ser tú.
Por Lorenzo.

 

Siempre había pretendido dar la imagen de ser alguien sensato y bien sentado en todas sus acciones; aunque con sus pequeñas manías, trataba de no mostrar nunca la menor doblez en público. En aquella oportunidad, asomado al balcón del hotel de verano y alentado por sus colegas y el alcohol, consintió en saltar a la piscina. Y sí, cayó sentado, pero, lamentablemente, doblado de manera harto imperfecta.
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

El zumbido persistía inagotable; la red eléctrica también había caído y todos daban ya por sentado que nada mejoraría antes de que acabaran. El menor de sus problemas era el trabajo. Su viejo coche era de los pocos que funcionaban; aparcó, y recogió a Alba del colegio para volver a casa andando. Cenaron una ensalada a la luz de una linterna de camping y se asomaron a su pequeño balcón para observar las oscuras y silenciosas calles.
Por Aitor Olano Collazos, del blog Guías Nexos.

 

Solía estar sentado en el balcón observando a la gente pasar, le gustaba sentir la brisa fresca en sus piel y sobre todo, lo que más le gustaba era ver como pasaba ella cada día por ahí. Nunca se decían nada, pero sus miradas se cruzaban, ella sonreía él levantaba la cabeza y cada uno seguía con su camino. Más de una vez quiso cambiar la rutina, ser el primero en hablar y empezar un algo, pero cuando estaba apunto de hacerlo… recordaba que ella era menor, y que lo suyo sería imposible.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Delante de ella al balcón, una noche oscura, las llaves sobre la mesita de noche y menor de los problemas era quizás el despertar al perro o Juan. La noche era su momento, las letras se agolpaban a tecleada y en ese preciso instante, cuando miró la luna, vio sentado a su perro. Era como si los dos, en ese momento, hubieran dado por sentado que la noche era los dos.
Por Keren, de El rincón de Keren.

 

Desde este balcón se controla todo el paseo marítimo. Aquí me siento con mis prismáticos y veo el mar, los barcos, esa chica corriendo, aquel señor sentado… Sin ellos estoy muy solo. No lo saben porque no me conocen, pero me ayudan a llenar este vacío que se me está haciendo ya un poco largo. La soledad no es cosa menor, como diría ese político tan torpe y estrafalario. Me gusta coger trocitos prestados de vuestras vidas para llenar la mía. Ojalá pudiera daros algo a cambio.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Apenas le quedan unos euros de la pensión del abuelo, pero ese es el menor de sus problemas. El calor comienza a ser tan asfixiante que resulta insoportable y el ventilador solo marea el aire. El pequeño piso, que ambos comparten, es un auténtico horno. Hace meses que el anciano permanece sentado al fresco junto al balcón, pero hasta que finalice el verano y regrese el frío, no habrá más remedio que conservarlo dentro de la nevera.
Por Pilar Alejos Martinez, del blog Versos a flor de piel.

 

Sueños escurridizos que se ocultan en el balcón, con las ganas de mirarte y perderme en tu amor. Canciones perdidas, que escuchabas día a día, sentado en el baúl que guarda tus recuerdos. Meciéndome con sonrisas, te recuerdo antes de partir, y el menor de mis problemas fue comenzar a sufrir, cuando acepte que habías muerto, cuando descubrí que la vida seguía sin ti.
Por Q.Ki. Guerrero, del blog Hadas descalzas.

 

Mantiene el equilibrio sentado sobre la barandilla del balcón. Se sujeta con las manos mientras deja las piernas colgando hacia afuera. El fin de semana loco en una isla española, se ha transformado en un bucle infernal del que no sabe escapar. Se ha bebido 50 cervezas, ha perdido a sus amigos y la cartera. Lleva la ropa impregnada de vómito y de pis y se ha confundido de habitación en el hotel. En ese momento, saltar a la piscina desde un quinto piso, le parece el menor de sus problemas.
Por Aurora Rapún Mombiela.

 

A la menor oportunidad se escapaba por el balcón y subía al tejado. No fueron pocas las veces que lo encontré ahí sentado, sin atreverse a dar un paso. Me llamaba con voz quejosa y yo ponía la escalera, me acercaba hasta él y lo bajaba en brazos. Temblaba de miedo; sin embargo, después de un tiempo lo volvía a hacer. Un día reunió el valor necesario para saltar. Es una casa de tres pisos; por suerte, los gatos siempre caen de pie.
Por Luna Paniagua, del blog Luna Paniagua.

 

Sentado en el balcón me aguardas. Yo llego al alba, como siempre. Pero hoy habrás de esperar. Ayer te asalté en medio de tu cita y me ignoraste. Eso, cariño, no es asunto menor. ¿Cómo? ¿Solo cien latidos sin mí y ya me añoras? Bien, de momento me quedaré contigo. Le hablaré a tu corazón y le contaré una historia entera y el final de otra. Escúchame mientras puedas, pronto me cansaré de ti y mis amados serán otros.
Por Atalanta, del blog Un libro frente al fuego.

 

Solo las estrellas iluminaban el cielo raso. Saltando de edificio en edificio, no se oía el menor rumor de sus pies descalzos. El equilibrio solo era una parte de ella. Caminaba distraída sobre una cornisa, preparando el siguiente salto. El viento meció su cabello trenzado, cuando lo vio. Una figura oscura, sentado en el balcón de una alta torre; cómo no. El Guardián. «Cuánto tiempo ha pasado» pensó sonriendo, «da igual. Eres mío».
Por Alberto Juan Pessenda García, del blog La creación.

 

Alonso no podía permanecer ni un solo segundo sentado. Se asomaba al balcón una y otra vez, con un nerviosismo, bien patente en su rostro, que solo logró controlar cuando vio a la menor de las hijas del rey descender de su carroza. Bajó al vuelo las escaleras, a tiempo para comprobar cómo esta escapaba con su hermano Gonzalo por la puerta de detrás.
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

La puerta que conducía al balcón se abría y cerraba con fuerza, agitada por el viento nocturno. El sonido resultaba desolador, un golpe tras otro, se cerraba sin ser capaz de dejar fuera la escena de la que realmente él quería escapar. Él estaba sentado en la cama, mirando a la nada, no miraba la puerta, ni las nubes, ni oía el desolador sonido de la sirena del otro lado de la pared. Tan solo veía su cara, pensaba en su hermano menor. En el sonido de su último grito, o el sordo del golpe contra el suelo.
Por Karen Garcia, del blog Able to do all.

 

Lo único que rompía la monotonía de aquella fría y oscura noche era la luz del farolillo que colgaba de la barandilla de su balcón. No podía dar marcha atrás ya estaba hecho, se repetía una y otra vez mientras sujetaba las tripas de su primera víctima, sentado en su silla favorita. La sangre goteaba el viejo y maltrecho suelo, pero sabía que ése era el menor de sus problemas ahora, todavía le quedaban veinte peces más por limpiar hasta la hora de la cena.
Por Arekkusu.

 

Recorrí la casa buscándola. La llamada de teléfono me dejó preocupado, sin saber porque pero notaba en su voz algo extraño. No podía imaginar mi vida sin ella, eso hizo que mi corazón se acelerara. Que no estuviera en casa sería el menor de los problemas. Me quedé sentado en el sillón, negaba a asomarme al balcón que había en el patio interior, el sonido de la ambulancia me certifico todo mi miedo. No volvería a escuchar su voz
Por Nieves, del blog Ave Fénix.

 

Aquel sonido seco se confundió con el último trueno de la tormenta. El viento arrastraba las cortinas golpeándolas sobre su rostro. Él permanecía sentado en su sillón, junto al balcón, sin mostrar el menor gesto. Sólo aquella mancha roja en su camisa, que aumentaba poco a poco de tamaño, rompía el tono gris de la tarde. A sus pies, con el chupete en la boca, su hijo jugueteaba entre sus manos con una pistola, todavía humeante.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Ser menor de edad no le impedía estar sentado ante el juez. Lo que había hecho sólo había sido por divertirse un rato. Pero la broma se le había ido de las manos. No esperaba que Ramiro, para intentar escapar de él, fuera a tirarse por el balcón de la habitación donde se alojaban durante el viaje de fin de curso. Ahora comprendía a las mil maravillas el miedo que sintió su compañero de pupitre entonces. Era el mismo que él sentía en aquellos momentos ante la idea de ir a parar a un reformatorio.
Por Alma Rural, del blog Alma Rural.

 

Sentado en precario equilibrio en la barandilla que coronaba el pequeño balcón se hizo un selfie. ¡Lo voy a petar! Luego miró abajo, policía que corría hacia la entrada. Ser menor de edad tiene ventajas. Sonrió, se puso de pie y con los brazos en cruz se lanzó hacia la piscina y un millar de likes con la felicidad de la ebriedad… Observó extrañado la figura embozada surgida a su lado. FALLASTE, dijo señalando el cuerpo destrozado.
Por Rul T, del blog Mis vidas de papel.

 

Sentado en el bordillo de la acera observa atónito como unos pies desafían al vacío. Con movimientos apretados se desplazan descalzos por la barandilla del balcón bajo la única supervisión del dobladillo de un camisón deshilachado, y su mirada. No hay más testigos de esas idas y venidas inestables por el angosto listón. “El menor de los problemas es que se caiga”, refunfuña al comprobar que a sus ojos ya casi no les queda batería.
Por Tati Jurado, del blog Conjugando lo incierto.

 

En cuanto dieron el aviso fue lo más rápido que pudo al lugar de los hechos. Un menor se encontraba sentado sobre la barandilla de un balcón de una habitación de hotel en un sexto piso. Qué harta estaba de ese tipo de avisos provocados por padres irresponsables que pensaban que las vacaciones eran olvidarse de que tenían hijos. Pero ahora lo importante era salvar al chico, ya se encargaría después de hablar con los padres.
Por Nysna, del blog La luna en vela.

 

Era el menor de siete hermanos y eso le forjó un carácter fuerte, pues tuvo que espabilarse por sí solo; jamás recibió ayuda de nadie, ni siquiera esa tarde en que osó salir al balcón, donde el abuelo estaba sentado. Este se mecía de forma cadenciosa mientras degustaba una limonada; a sus pies descansaba Toby y a su diestra, la escopeta. No era su intención molestar al anciano, pero en cuanto lo vio, soltó el refresco y le propinó un balazo. Ahí terminó la vida del atrevido ratón.
Por Lídia Castro, de El blog de Lídia.

 

TyK estaba asomada al balcón, simplemente quería disfrutar de las preciosas vistas a los acantilados y de la brisa marina de la Manga del Mar Menor que la refrescaba aquella tarde calurosa de julio.
De repente vio sentado a su vecino, al borde del acantilado. ¿Qué haría allí?
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Sentado en el balcón, el menor mira a los niños jugar en el patio. Mientras los críos corren detrás de la pelota, grita y anima como el que más, El moreno roba el balón y haciendo alarde de grandes dotes, burla a sus compañeros hasta tirar a portería. El balón mantiene el vuelo y se deposita en las redes… «¡Gooooool!» grita a todo pulmón mientras cae de la ventana. Un “crack” le indica que estará más tiempo enyesado, solo que ahora de la pierna izquierda.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Desde pequeño tuve el oído bien afinado. Aprendí a tocar todos los instrumentos a mi alcance, gracias, sobre todo, al ahínco de mi progenitor. Do mayor, Re menor, Fa sostenido… todas las notas era una delicia en mi cabeza. Entre minuetos y terceras, mi corazón rebosaba satisfacción. Salía al balcón, respiraba una bocanada de aire y me quedaba sentado en la vieja silla durante horas escuchando al gentío de la calle. Ni siquiera el frío me acobardaba.
Por Txema Álvarez.

 

El menor de mis problemas es tener que aguantar cada domingo el fútbol en la tele. El mayor, tenerle ahí sentado como un zombi que solo se altera cuando su equipo se acerca a la portería contraria. Le he pedido que salga al balcón a gritar en vez de atronarme dentro de casa, pero nunca me escucha.
Por Lluvia Beltrán, del blog Lluvia Beltrán.

 

Todas las mañanas se enfrenta a sus miedos. Se levanta de la cama y se dirige al balcón. Sentado en su sillón, contempla la vida a través de los cristales, como quién ve la televisión, es un mero espectador. Han pasado ya dos años y aún le duele mirar hacia el otro sillón. Todo lo hacía con ella; dormir, despertar, contemplar, soñar, reír, llorar, comer, besar, vivir. Ahora, el menor de sus temores es sentarse… y esperar.
Por Elia Wheat, del blog Donde están las luces.

 

No era un balcón al uso, sino una especie de pequeña pasarela, donde vencejos y colibríes ensayaban sus giros y piruetas sin ser molestados por los vecinos, que los observaban sorprendidos. Incluso corría el rumor de que un joven fantasma aparecía sentado sobre la rama de un árbol próximo, entonando una extraña invocación, que inducía a un profundo estado superior de conciencia y en el que la menor distracción solía romper el hechizo.
Por Estrella Amaranto, de Blog Literario Amaranto.

 

Sentado frente al balcón está Louie intentado hacer borrón y cuenta nueva. Hace balance de lo bueno y lo malo, de aquellas experiencias aprendidas a base de lecciones que fueron algún día heridas. Su brújula interior le marca el sentido de sus actos hacia un norte que parece ser su menor preocupación. Perdido entre tanta información busca en su mapa aquella estrella que le haga vivir una experiencia inolvidable.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Estaba sentado bajo el balcón, semioculto tras las enredaderas, como queriendo pasar desapercibido. La mirada atenta en la lejanía y a la vez ausente. Me detuve a su lado y no pareció verme. Dudé. Me senté y respiré profundo. Puse con delicadeza mi mano sobre su rodilla y me miró; en silencio y desconcertado. Toma, le dije dándole una de mis tarjetas, llámame para lo que necesites, un menor nunca debería ver estas cosas.
Por Nahnnuk.

 

Desde niño había soñado ver sus pinturas expuestas en el Museo de Arte, pese a las negativas de los suyos. Nadie le creyó capaz. Sin embargo, sentado en su balcón rememoró su presentación de la noche anterior. Había sido todo un éxito. Él jamás tuvo la menor duda. Y preparando su paleta de colores, se volvió a dejar llevar por la brisa. El primer trazo brotó como si tuviera vida propia sobre el lienzo. Había nacido para ello.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Espantados vieron cómo el violento sismo agrietaba las paredes. Aterrados corrieron hacia la puerta principal. Estaba abierta; pero un montón de escombros impedía pasar: el balcón había sido el primero en caer. Inclemente, continuó sacudiéndose la tierra, acallando todo vestigio de vida. Al día siguiente, entre las ruinas, sentado bajo la gruesa cubierta de una mesa, el menor de la familia lloraba, abrazado a su perro.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

Encendió un cigarrillo y salió al balcón. Fumaba observando la ciudad fluir. Allí abajo el mundo seguía su ritmo, mientras a él se le detenía. Había dado todo por sentado. Muchas cosas las creyó descontadas, obvias, hasta banales. Creyó que tendría tiempo. Tiempo para hacer, tiempo para decir. Pero no. No lo tuvo, no lo encontró, no se lo hizo. Y ahora todo esto era el menor de sus problemas. Ahora debía encontrar el valor de seguir adelante. Esta vez, solo.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Después de años huyendo de mi ciudad natal por fin había encontrado el arrojo necesario para volver. Sentado en un banco enfrente de mi casa intento reunir las fuerzas suficientes para ir a ver a la persona que me dio la vida y yo a cambio sólo se la apené quitándole una parte esencial para su felicidad. Miro al balcón con la esperanza de hallar a mi hermana menor pero no está porque yo la maté en ese maldito accidente de coche.
Por Annie Valero, del blog Iceberg de papel.

 

Lo vi por primera vez hace ya varios años. Era un día tranquilo de agradable temperatura y con un sol que no lastimaba la piel a los pocos minutos. Él estaba allí, sentado en el suelo del balcón del cuarto piso, en el edificio frente al de mi antigua pareja. En ese entonces, Sunshine era pequeño, joven, el menor de varios hermanos que poco a poco se alejaron del núcleo familiar. Llamaba a mis ojos como un imán y se adjudicó cada uno de mis pensamientos con tan solo una simple sonrisa.
Por CuriousJ, del blog Enredos y lápices.

 

¡Cerrado!

 

Consulta aquí las palabras del mes en curso.

 

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

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