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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Anabel Samani, Aurora Rapun, Avalle Rei, Blue February, Carmela Padilla, Cath Hartfiel, Cecilia Ramos, Diana Rosa Conti, Estefanía, J. C. Ritman, Javier Puchades, Jessica Galera, Jose Ant. Sánchez, José Torma, Kathie, Lídia Castro Navàs, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, María José Viz, Nahnnuk, Pilar Alejos, Rosa Boschetti, Saricarmen y Virtudes Torres.

 

MEDALLA DE BRONCE; Elvis, Estrella Amaranto, Julissa E. y Valery.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

JULIO:

Pie, rota y preocupes.

 

 

—Mamá, está rota —dice Alicia, y me muestra una concha de cangrejo ermitaño mellada.
—No te preocupes, buscaremos otra.
Caminamos a lo largo de la orilla, pero todas las que encontramos están deformadas.
—Debe de ser un fallo, espera.
Me quito el casco de realidad virtual y paso por delante del ventanal que da a la playa. La de verdad. La que contaminamos tanto que ahora es peligroso poner un pie en ella. Reinicio el sistema y regreso a la única realidad que tenemos disponible.
Por Adella Brac.

 

Era una muñeca fea, me faltaba un brazo, la ropa estaba llena de barro, el pelo era un estropajo sucio y desordenado, tenía una pierna rota y el pie derecho deshilachado, aún así, ella me tomó con cariño y me acunó junto a su pecho. Con lágrimas en los ojos me dijo profundamente emocionada: no te preocupes ahora vamos a darte un baño al río y después con un poquito de hilo quedarás como nueva.
Por Virtudes Torres.

 

—No te preocupes —me dije—. No tienes la pierna rota. Miré el pozo por el que había caído. Era un milagro que solo tuviera un pie hinchado y que ningún dardo envenenado me hubiera dado. Me levanté y comprobé que podía andar sin dificultad. Llegué a la puerta del templo perdido. En el umbral vi un esqueleto con un sombrero fedora y un látigo en la mano. Lo sentí por el pobre desgraciado, pero su mala suerte me daba una oportunidad de conseguir el ídolo de oro.
Por Anabel Samani, del blog del blog de Anabel Samani.

 

Los chavales juegan y ríen junto al río. Algunos cruzan el puente de cuerda que lo atraviesa. Es toda una aventura para los pequeños exploradores. En eso se escucha un grito: una tabla del suelo rota hace que un niño pierda pie. Pero antes de que se precipite al agua, el vigilante Robfive corre y salva al pequeño. «No te preocupes, estoy aquí», le dice. Los profesores llegan unos segundos después; sí, ha sido una estupenda idea traer a la excursión a Robfive, el robot del colegio.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

La voz de mi conciencia me decía: —No te preocupes, es tu oportunidad. Sin embargo ¡qué pesadumbre y tristeza! me producía semejante elección. Como ya me había pasado antes, tenía ante mi dos caminos, uno renunciar y el otro reclamar, lo que me supondría quedarme completamente vacía y rota por dentro. El documento tenía una advertencia al pie de página: «No obtendrá la anulación si antes no renuncia a la patria potestad de sus hijos»
Por Estrella Amaranto, del blog literario Amaranto.

 

Cada mañana Adella corre veinte kilómetros, hace 30 brazadas en la piscina y practica yoga por veinte minutos más, después espera de pie ansiosa que su marido la salude, que la bese en la mejilla, que la abrace como lo hacía antes de su accidente cuando un auto la atropelló en el borde de la entrada. Adella estaba rota, rota por dentro y por fuera, Adella solo quería decirle «No te preocupes, te esperaré toda la vida».
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Está rota. Si, rota por todos lados. Esa figurita tan graciosa que me regaló mi suegra, recuerdo de su viaje a Toledo, ya no podrá reinar desde el tapete de ganchillo también regalo de esa santa mujer. Pero no te preocupes, no, toda esta tragedia, bueno, tragicomedia, ha dado pie a la solidaridad de mi cuñado. Ha tenido el detalle de regalarme la colección de minibotijos regalo de …si, de mi suegra.
Por Lorenzo.

 

He tropezado tantas veces contigo que mi pie casi busca tu presencia en el sendero y tú , aún siendo piedra, de tanto encuentro estás casi rota. Pero no te preocupes, es éste nuestro destino, repetir una y otra vez los mismos errores, hasta que uno de los dos sea sólo polvo en los caminos de la vida y del tiempo.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

Mírala, todavía se mantiene en pie. La otrora brillante veleta de colores, que giraba con donaire a cada lado, está medio rota y desvaída. Ya no volverá a guiar nuestras escapadas al pajar ni nos avisará de la llegada de una tormenta con su giro revoltoso e inquieto. Pero no te preocupes, aquellos que le lanzaron piedras con saña, enfurecidos por perder la guerra, agotarán su ira y el pueblo volverá a ser casi como antes.
Por María José Viz Blanco.

 

Y de pie, rota por tu indiferencia, me paro y miro en mi interior, buscando ese coraje que alguna vez me ha caracterizado. Mi madre siempre me decía que quien busca encuentra, y por supuesto ahí estaba, no me había abandonado. No te preocupes. Ya me he rehecho una y mil veces, contigo no iba a ser diferente. Te sobreviviré y tú no estarás aquí para verlo, porque no eres lo suficientemente valiente como para eso. Adiós.
Por María Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio..

 

Empujé las puertas dobles y puse un pie en el salón del trono. La sala está totalmente destruida. La corona de mi padre está rota. Lágrimas anegan mis ojos y amenazan con salir de ellos al pensar que les pudo pasar ¿en dónde están mis padres? ¿qué fue de ellos?
—No te preocupes —dice una voz a mis espaldas—. Te reunirás muy pronto con ellos, princesa.
Por Julissa E.

 

Juan no está molesto, está encabronado. Le duele el pie y su mochila está rota. Tomás lo ha hecho de nuevo. «No te preocupes» dice su padre, «ignóralo». De normal lo obedece, pero esta vez no. Hoy ha sido demasiado y para añadir agravio al injurio, lo hizo frente a Alicia. Es la última vez. Toma la pistola de su padre, revisa que esté cargada y sale a la calle. Ya sabrá Tomás lo que es perder a alguien querido… su madre o su hermana, la que salga primero. Se hará justicia.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Solo me resta el alma rota. Mi corazón hace días que ha volado. Sin avisar y sin permiso. Allí estábamos, terminando la última clase del día en el estudio de ballet. Entró ella y tu mirada masculina persiguió el rojo intenso de su cabellera. En silencio posó suavemente el pie sobre la barra y sobre el pie sus manos. También a mí me pareció un ángel. Comencé a romperme cuando te escuché decir sin siquiera mírame: «no te preocupes, Alfredo, ya terminarás de limpiar mañana. Puedes irte».
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Encorvada por el peso de la mochila no vi una piedra y resbalé. «¿Estás bien?» «No te preocupes» respondí y continuamos el camino cuesta arriba. Al llegar, el pie derecho me palpitaba tanto que me descalcé. Con horror vi una uña rota pegada al calcetín. Un sudor frío acompañado de temblores me incorporó de sopetón. ¿O fue la alarma del móvil? Tenía que vestirme, era la hora de ir al tan deseado paseo.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Esa mañana, el frío de julio era casi letal. A lo lejos, en un silencio profundo, se oía la bocina de un tren. Ella, ya despierta y con el mate calentito entre sus manos, canturreaba algún salmo a manera de oración. Con su pie intentaba marcar el compás. Así ocurría siempre, cada amanecer, que su voz, esa que suele escucharse con el corazón, le decía «no te preocupes”. Y una vez más, su alma, a veces rota, se aligeraba y abrazaba un nuevo día.
Por Diana Rosa Conti.

 

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