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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Anabel Samani, Aurora Rapun, Avalle Rei, Blue February, Carmela Padilla, Cath Hartfiel, Cecilia Ramos, Diana Rosa Conti, Estefanía, J. C. Ritman, Javier Puchades, Jessica Galera, Jose Ant. Sánchez, José Torma, Kathie, Lídia Castro Navàs, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, María José Viz, Nahnnuk, Pilar Alejos, Rosa Boschetti, Saricarmen y Virtudes Torres.

 

MEDALLA DE BRONCE; Elvis, Estrella Amaranto, Julissa E. y Valery.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

JULIO:

Pie, rota y preocupes.

 

 

—Mamá, está rota —dice Alicia, y me muestra una concha de cangrejo ermitaño mellada.
—No te preocupes, buscaremos otra.
Caminamos a lo largo de la orilla, pero todas las que encontramos están deformadas.
—Debe de ser un fallo, espera.
Me quito el casco de realidad virtual y paso por delante del ventanal que da a la playa. La de verdad. La que contaminamos tanto que ahora es peligroso poner un pie en ella. Reinicio el sistema y regreso a la única realidad que tenemos disponible.
Por Adella Brac.

 

Era una muñeca fea, me faltaba un brazo, la ropa estaba llena de barro, el pelo era un estropajo sucio y desordenado, tenía una pierna rota y el pie derecho deshilachado, aún así, ella me tomó con cariño y me acunó junto a su pecho. Con lágrimas en los ojos me dijo profundamente emocionada: no te preocupes ahora vamos a darte un baño al río y después con un poquito de hilo quedarás como nueva.
Por Virtudes Torres.

 

—No te preocupes —me dije—. No tienes la pierna rota. Miré el pozo por el que había caído. Era un milagro que solo tuviera un pie hinchado y que ningún dardo envenenado me hubiera dado. Me levanté y comprobé que podía andar sin dificultad. Llegué a la puerta del templo perdido. En el umbral vi un esqueleto con un sombrero fedora y un látigo en la mano. Lo sentí por el pobre desgraciado, pero su mala suerte me daba una oportunidad de conseguir el ídolo de oro.
Por Anabel Samani, del blog del blog de Anabel Samani.

 

Los chavales juegan y ríen junto al río. Algunos cruzan el puente de cuerda que lo atraviesa. Es toda una aventura para los pequeños exploradores. En eso se escucha un grito: una tabla del suelo rota hace que un niño pierda pie. Pero antes de que se precipite al agua, el vigilante Robfive corre y salva al pequeño. «No te preocupes, estoy aquí», le dice. Los profesores llegan unos segundos después; sí, ha sido una estupenda idea traer a la excursión a Robfive, el robot del colegio.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

La voz de mi conciencia me decía: —No te preocupes, es tu oportunidad. Sin embargo ¡qué pesadumbre y tristeza! me producía semejante elección. Como ya me había pasado antes, tenía ante mi dos caminos, uno renunciar y el otro reclamar, lo que me supondría quedarme completamente vacía y rota por dentro. El documento tenía una advertencia al pie de página: «No obtendrá la anulación si antes no renuncia a la patria potestad de sus hijos»
Por Estrella Amaranto, del blog literario Amaranto.

 

Cada mañana Adella corre veinte kilómetros, hace 30 brazadas en la piscina y practica yoga por veinte minutos más, después espera de pie ansiosa que su marido la salude, que la bese en la mejilla, que la abrace como lo hacía antes de su accidente cuando un auto la atropelló en el borde de la entrada. Adella estaba rota, rota por dentro y por fuera, Adella solo quería decirle «No te preocupes, te esperaré toda la vida».
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Está rota. Si, rota por todos lados. Esa figurita tan graciosa que me regaló mi suegra, recuerdo de su viaje a Toledo, ya no podrá reinar desde el tapete de ganchillo también regalo de esa santa mujer. Pero no te preocupes, no, toda esta tragedia, bueno, tragicomedia, ha dado pie a la solidaridad de mi cuñado. Ha tenido el detalle de regalarme la colección de minibotijos regalo de …si, de mi suegra.
Por Lorenzo.

 

He tropezado tantas veces contigo que mi pie casi busca tu presencia en el sendero y tú , aún siendo piedra, de tanto encuentro estás casi rota. Pero no te preocupes, es éste nuestro destino, repetir una y otra vez los mismos errores, hasta que uno de los dos sea sólo polvo en los caminos de la vida y del tiempo.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

Mírala, todavía se mantiene en pie. La otrora brillante veleta de colores, que giraba con donaire a cada lado, está medio rota y desvaída. Ya no volverá a guiar nuestras escapadas al pajar ni nos avisará de la llegada de una tormenta con su giro revoltoso e inquieto. Pero no te preocupes, aquellos que le lanzaron piedras con saña, enfurecidos por perder la guerra, agotarán su ira y el pueblo volverá a ser casi como antes.
Por María José Viz Blanco.

 

Y de pie, rota por tu indiferencia, me paro y miro en mi interior, buscando ese coraje que alguna vez me ha caracterizado. Mi madre siempre me decía que quien busca encuentra, y por supuesto ahí estaba, no me había abandonado. No te preocupes. Ya me he rehecho una y mil veces, contigo no iba a ser diferente. Te sobreviviré y tú no estarás aquí para verlo, porque no eres lo suficientemente valiente como para eso. Adiós.
Por María Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio..

 

Empujé las puertas dobles y puse un pie en el salón del trono. La sala está totalmente destruida. La corona de mi padre está rota. Lágrimas anegan mis ojos y amenazan con salir de ellos al pensar que les pudo pasar ¿en dónde están mis padres? ¿qué fue de ellos?
—No te preocupes —dice una voz a mis espaldas—. Te reunirás muy pronto con ellos, princesa.
Por Julissa E.

 

Juan no está molesto, está encabronado. Le duele el pie y su mochila está rota. Tomás lo ha hecho de nuevo. «No te preocupes» dice su padre, «ignóralo». De normal lo obedece, pero esta vez no. Hoy ha sido demasiado y para añadir agravio al injurio, lo hizo frente a Alicia. Es la última vez. Toma la pistola de su padre, revisa que esté cargada y sale a la calle. Ya sabrá Tomás lo que es perder a alguien querido… su madre o su hermana, la que salga primero. Se hará justicia.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Solo me resta el alma rota. Mi corazón hace días que ha volado. Sin avisar y sin permiso. Allí estábamos, terminando la última clase del día en el estudio de ballet. Entró ella y tu mirada masculina persiguió el rojo intenso de su cabellera. En silencio posó suavemente el pie sobre la barra y sobre el pie sus manos. También a mí me pareció un ángel. Comencé a romperme cuando te escuché decir sin siquiera mírame: «no te preocupes, Alfredo, ya terminarás de limpiar mañana. Puedes irte».
Por Jesús Garabato Rodríguez.

 

Encorvada por el peso de la mochila no vi una piedra y resbalé. «¿Estás bien?» «No te preocupes» respondí y continuamos el camino cuesta arriba. Al llegar, el pie derecho me palpitaba tanto que me descalcé. Con horror vi una uña rota pegada al calcetín. Un sudor frío acompañado de temblores me incorporó de sopetón. ¿O fue la alarma del móvil? Tenía que vestirme, era la hora de ir al tan deseado paseo.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Esa mañana, el frío de julio era casi letal. A lo lejos, en un silencio profundo, se oía la bocina de un tren. Ella, ya despierta y con el mate calentito entre sus manos, canturreaba algún salmo a manera de oración. Con su pie intentaba marcar el compás. Así ocurría siempre, cada amanecer, que su voz, esa que suele escucharse con el corazón, le decía «no te preocupes”. Y una vez más, su alma, a veces rota, se aligeraba y abrazaba un nuevo día.
Por Diana Rosa Conti.

 

Ni te preocupes en apagar las luces. El robot lo hará por ti. No temas por esa franja rota en la ventana. Todo estará bien. Solo acuéstate, echa un pie sobre estas mantas, prueba qué lindo material. Casi no sentirás el frío del invierno en esta casucha de maderas podridas. Mañana será un nuevo día. Oh, es cierto. Si los robots no tienen aparato sensorial. Entonces levántate, no seas perezosa. Tráeme esas pantuflas. Cada vez hacen mejor la piel falsa, ¿no?
Por Cyn Romero, del blog Historias para leer en pijama.

 

—No te preocupes nada va ocurrir— susurra Ana. Puede escuchar lo pasos del hombre que se acerca a ellas. Mira el pie lastimado de Alicia para luego ver su rostro el cual refleja el miedo que siente en ese momento. Ana está rota por dentro, si tan solo hubiera escuchado antes lo que le decían sobre su esposo no estarían en esta situación, solo espera que él no las encuentre porque de no ser así tal vez no salgan vivas de esto.
Por Cecilia Ramos Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

No te preocupes por la profundidad del mar. Aunque no hagas pie, siempre podrás nadar. Una brazada tras otra te llevara más lejos de lo que crees. Aprovecha las corrientes cuando estés cansada. En tu viaje encontraras de todo, menos agua dulce. Pero recuerda. Nunca toques una botella con mensaje en su interior. Aún más si está rota. No te pertenece. Ella tiene su propio destino. El tuyo tampoco esta mal. Hay una playa con tu nombre en el horizonte. El será el testigo impasible. De tu próximo milagro.
Por JFV, del blog Libros con dos alas.

 

Apenas alcanzó a oler el queso cuando ya el acero apretaba sin piedad su hocico. Si hubiese tanteado con el pie, como le recomendó su madre antes de salir, otra suerte habría corrido. «No te preocupes, ma», le había dicho. «Ya estoy grande, no es necesario que me lo recuerdes cada vez. Pero bien dicen, que más sabe el diablo por viejo que por diablo…», recordó, antes de pasar el último soplo de aire por su nariz rota.
Por Saricamen, del blog Desde El Cielo.

 

—Accidentada en la playa: mujer, de cuarenta años, con torcedura en un pie y mano muy inflamada, posiblemente rota —anuncia un sanitario entrando en la sala de urgencias.
—Yo me encargo, no te preocupes —responde una enfermera—. ¿Cómo ha ocurrido?
—Estaba haciendo… deporte —contesta dubitativa la paciente.
—Hay que tener cuidado con… ¿qué deporte practicas?
—Yoga —dice cubriéndose el rostro con vergüenza.
—Mmm.
Por Lídia Castro Navàs, del blog El blog de Lídia.

 

La joven espera impaciente el autobús, se retrasaba, y su padre en lo concerniente a la hora de llegar a casa es un tirano. Una lata vacía llega rodando hasta su pie y desahoga su inquietud lanzándola con tanta fuerza que acaba impactando sobre una planta ornamental. Se levanta, pero la anciana que espera también, la paraliza sujetando su brazo y le dice:
—Siéntate y disimula, no te preocupes, no está rota.
Por Maite Moreno.

 

En la sala de espera del hechicero hacía cola. Vio a una bruja que quería quitarse una verruga de la nariz y una sirena pelirroja que se había quemado la piel por el sol. A ella le dolía un pie. Tenía sobre su regazo una larga trenza rota. Se la había cortado para escapar de una torre. Antes de irse dejo una nota: Me piro, no te preocupes. Prefería romperse un hueso, a la vida junto al primer príncipe que pasara por allí.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

No te preocupes, no te preocupes… repetía una y otra vez en la oscuridad de la habitación, incluso estando rota puedes continuar de pie. Trató de levantarse, a pesar de que sus extremidades no querían, ella necesitaba encender esa luz, esa pequeña lámpara en la mesa podía ser el comienzo de su recuperación, no para siempre te quedas a oscuras, siempre hay una luz, no te preocupes. Continúo repitiéndose, tratando de calmar su respiración, enfocando su mirada en esa luz…
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

Había llegado el día definitivo. Después de casi tres años encerrada, privada de libertad, iban a dictar sentencia. No había podido pegar ojo durante toda la noche. Estaba allí de pie, rota, agotada. Un sudor frío recorría mi cuerpo impregnando toda mi blusa. Mi respiración era cada vez más agitada. Tenía ganas de vomitar. Todo el mundo me había dicho: «No te preocupes, habrá justicia». De ello dependía mi vida. Al fin, el tribunal se pronunció: «Dolores Martínez, suspendida».
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

—¡Enhorabuena! ¡Está usted muerto!— el suiciditrón se despide siempre cortésmente después de la macabra y dolorosa exhibición de sus habilidades. Cada lunes meto una moneda y contemplo mi futuro próximo y lejano, y mi pasado reciente y mi pasado pasado… La inmortalidad no es el chollo que nos vendieron. No lo es. En absoluto. De momento no te preocupes. Estoy rota, pero sigo de pie. Quizás la solución llegue pronto. Quizás a base de insistir…
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Después del largo recorrido, se adentró en el reducido monte que había en la parte sur del hotel. Su respiración se aceleró. Buscaba nervioso el refugio para esconder la maleta. Golpeó con el pie derecho entre las hojas del suelo y notó un sonido hueco, lo encontró, cogió una rama rota y apalancó para abrir la pequeña puerta. «No te preocupes padre, aquí tu descubrimiento estará seguro», pensó. Cerró la tapa y colocó hojas y ramas secas sobre ella.
Por Gustav.

 

Volveré a la vida, no te preocupes. Recompondré el puzle desbaratado de mi cuerpo. Sanará mi alma rota, y caerán mis costras. Puedes confiar en mí. Me pondré en pie y caminaré. Y entonces, mis pasos me conducirán hacia ti. De nuevo a ti, mi amor. Y, una vez más, recibiré tu castigo
Por Victor B. Gonzalez.

 

Me di cuenta de que algo le pasaba a Lucía cuando la vi allí de pie, nerviosa junto a la orilla. Aunque intentaba ser fuerte y mantener la compostura, no podía ocultar que por dentro estaba rota. La acogí entre mis brazos y le susurré al oído:
—Sea lo que sea lo que ocurre, no te preocupes. Lo arreglaremos.
En su mirada pude ver su miedo. Su desesperación me arrastró mar adentro. Llegamos «in extremis». Cuando lo encontramos, se mecía bocabajo enfundado en su pequeño chaleco amarillo.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

No te preocupes, un alma rota se cura como un pie: con descanso, con paciencia y con cariño. Era lo que me repetía mi abuela cuando las lágrimas escapaban de mis ojos por algún desengaño adolescente. La última vez que me las dijo estaba regando las petunias del jardín de atrás, con su sombrero de paja; el del lazo de topos azules. Ahora soy yo la que le dice esas palabras a mi nieta, mientras riego esas mismas petunias, que esta primavera están más bonitas que nunca.
Por Nahnnuk.

 

Rota, devastada y abatida. No puede sentirse de otra manera. Camina entre los rescoldos aún humeantes de la tierra que un día estuvo viva, todavía caliente. El verde ha mudado en un gris sombrío y el olor a jazmines es ceniza que se aferra a su garganta y no la deja respirar. Las copas, que un día fueron frondosas, son ahora garras suplicantes que maldicen a un cielo de plomo. Pero no te preocupes. Rota, devastada y abatida, la naturaleza sigue en pie y un día volverá a ser vida.
Por Jessica, del blog Fantasía Literaria.

 

Fue poner un pie en Darksoulsforest y todo se volvió tenebroso y sombrío. Callaron los pájaros y el viento dejo de soplar. Una voz bronca, solemne y rota retumbó en mi cerebro. «No te preocupes, ahora tu destino nos pertenece» dijo con gravedad. Me aferré la cabeza con las manos y empecé a gritar. Todo daba vueltas a mi alrededor y era incapaz de mantenerme erguido. Cuando conseguí abrir los ojos estaba encaramado a una rama y mis compañeras ardillas me miraban sorprendidas.
Por Jose Ant. Sánchez, del blog Acervo de Letras.

 

Vivir en este país es como formar parte de una familia desestructurada. Dos padres maltratadores y sus miembros con la autoestima rota, cada uno deseando tener un pie fuera de casa, o mejor, en el cuello de otro hermano. El paso de los días hace que no te preocupes demasiado por este ambiente denigrante, te acostumbras a vivir entre psicópatas, todo se normaliza. Lejos parece que quedan los huesos de familiares asesinados ocultos en caminos olvidados.
Por J. C. Ritman.

 

Estaba en pie e intacta. No le había ocurrido nada, al menos físicamente. Al ver sus ojos y estudiar su mirada descubrí su alma rota. E iluso de mí no pude decir otra cosa que: No te preocupes, cielo. Lo solucionaremos de alguna manera. Pero ya estaba todo perdido.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

De pie vi como su pene se balanceaba. Intenté no sonreír, pero nunca había contemplado como un falo se contraía de aquella forma. Lo examiné, mientras él gemía de dolor e intentaba no moverse. «¿Está rota?» Me dijo el hombre. Yo levanté mis ojos de su miembro y le dije. «No te preocupes.» Estaba mintiendo y él lo sabía. A ninguno de los dos realmente nos importaba, después de todo él no había venido a mí para otra cosa que eso. Yo era la rompe penes.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Recorrió mi cuerpo como un relámpago. Me atravesó entera, sin tapujos, sin cuidado, desde el dedo pequeño de mi pie hasta el más escondido de mis cabellos. Me creí rota. Me pregunté si él se habría marchado sabiendo cuál sería mi reacción, qué tan hondos eran mis sentimientos hacia él. Alcé temblorosas mis manos para leer nuevamente sus palabras. No te preocupes. Allá donde voy, estaré bien. Y tú, también…
Por Kress, del blog Caminando entre tinieblas.

 

…Un día demostró que sabía dar a la pelota con el pie, ya no se sentía tan inútil, iba desaliñado con la media rota, al igual que una de sus botas, el pantalón azul desteñido y la camiseta de color amarillo sucio, pero su entrenador le dijo en el vestuario:
-¡Tú no te preocupes, lo que cuenta es tu habilidad y tus ganas, la fachada no importa, eso se puede solucionar!-…No juzgamos lo que vemos, sino lo que está por ver.
Por Carlos González.

 

Aquel día zarpamos rumbo este hacia las aguas de Madeira. Las flotas entonces eran de casi cien buques. De toda la tripulación que ese día embarcó, destacaba un hombre con la pierna de madera rota a la altura del pie que me sobresaltaba cada vez que se acercaba. “No te preocupes, te acostumbrarás pronto” me espetó delante de todos tratándome como un niño. Pero no me acostumbré, una fuerte ronza durante la tormenta de la noche lo impidió.
Por Carmen.

 

—Cuando he llegado la ventana de la cocina estaba rota, he entrado y me lo he encontrado todo así, ya sé que me habías comentado que no querías que pusiera un pie dentro hasta que no llegaras, pero… —se adivinaba un gesto de nerviosismo tanto en su voz como en su cara—. Bueno, no te preocupes, lo de la ventana ha sido un accidente, pero ahora ya da igual… ¡FEEELIIIIZ CUMPLEAÑOOOOS!
Por Arekkusu.

 

Allí, de pie, observando la gente pasar a su alrededor sin fijarse en ella, se siente perdida, vacía, abandonada. Siente que ha perdido su lugar. Hasta que siente una mano aferrando la suya, y entrelaza sus dedos con fuerza.
—No te preocupes, todo saldrá bien —le dice él, sonriente. Y se aferra a esas palabras, a esa mirada, porque no importa que los demás no la vean, él siempre lo hará y se siente afortunada, con fuerza. Porque no está rota, no todavía, aún puede pegar sus pedazos.
Por Montse, del blog Amor y Palabras.

 

El dolor del pie le hizo sentarse en el sillón, junto a la vieja librería. Miró el estante que tenía justo enfrente mientras recorría con el dedo los lomos de los libros y cogió uno al azar, Al sacarlo vio la madera del mueble rota y debajo, una carta. Con emoción, la sacó y comenzó a leer. «Querida Hannah: No te preocupes por mí…»
Por Carolina B., del blog My Blue February.

 

¡Loado sea Satán! Juro que he visto esos ojos grises. ¡Es cierto! Le pertenecen a una bella dama que deambula por las noches en el cementerio de la calle 16. Siempre lleva una camisa blanca y rota por los costados, una falda exageradamente larga (blanca también) y en el pie izquierdo un alambre de púas. ¡Es ella, es Lucía! Oh, no te preocupes, ella solo muerde a los niños más pequeños, nunca a los grandes. Puedes jugar en las tumbas con total tranquilidad.
Por P. V. Velazco, del blog Sinfonía de cuentos.

 

No te preocupes, le dijo TyK mientras se quedaba de pie frente a ella, rota por el largo viaje, pero emocionada por todo lo que le quedaba por vivir.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Hurgaba entre las viejas reliquias de la familia, fotografías en sepia, juguetes, rocas que coleccionaba la pequeña “Katita”. Quería ser el salvador de esa niña que ahora vivía en su figura adulta. Ella estaba llena de fantasmas que no la dejaban dormir por las noches; tierna y rota. Bruce le repetía “no te preocupes, no debes llorar”. Permanecían de pie frente a cualquier adversidad, uno era el soporte del otro. Eran todo lo que necesitaban.
Por Kathie Kyg, del blog Sulla Strada.

 

Esa mañana cuando abrió los ojos, el dolor le hizo recordar que todo continuaba en el mismo exacto modo que lo había dejado la noche anterior; y que ningún milagro había ocurrido en esas pocas horas de sueño. Miró el celular y respondió al único mensaje que realmente le importaba: “Estoy bien… aquí sigo… no te preocupes…”. Y es que, cómo le explicaba que lo sucedido todos esos meses la había rota por dentro y nada tenía que ver con la fractura de su pie.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

—Mami, ¿Luna está rota? —preguntó Sara al borde de las lágrimas.
—Claro que no, cielo, Luna se pondrá bien, no te preocupes.
Pero ella sabía que no era cierto. Mami siempre mira su pie derecho cada vez que miente. La pequeña miró primero a Elena, luego al dependiente de la tienda y rompió a llorar, ese llanto único que sólo aparece una vez, cuando una niña pierde su muñeca favorita.
Por Aran, del blog Libros, pelis y otros desvaríos.

 

—No te preocupes —susurró el demonio con su voz ronca de ceniza y lava—. Dentro de poco ni siquiera podrás permanecer en pie. Vivirás en el infierno para siempre, hasta que tu cuerpo grite de dolor, tu mente se destroce y tu alma quede rota como esquirlas de cristal. ¿Querías conocer tu destino? —rió—. Como bien sabes, la mentira es preferible a la verdad.
Por MJ, del blog Libros, pelis y otros desvaríos.

 

«No te preocupes, voy caminando», le dijo a su tía al avisarle que iría a visitarla. Por primera vez en cuatro años no era mentira, ya que su moto estaba rota. Casi todas las semanas la llamaba, se quedaba chateando un rato con sus amigos, y luego iba en moto. Esta vez se aseguró de salir con tiempo. A las pocas cuadras comenzó a disfrutar de la caminata: un pie en una baldosa, el otro más adelante, sin pisar las juntas, y pronto volvió a sentirse un niño jugando en esas veredas.
Por Valery, del blog Valery escribe.

 

Me despedí de ellos como siempre con un «no te preocupes nos vemos en unos días……» La vieja central eléctrica, nadie quería buscar aquí demasiado riesgo, demasiada oscuridad… A mí tampoco me gustaba pero cada vez era mas difícil encontrar bienes para intercambiar. Nada mas cruzar la rota puerta de entrada y poner un pie dentro el vello de la nuca se me erizó, creo que no esta no ha sido mi más brillante idea.
Por Alberto Fernández.

 

Y se puso en pie. Todos los allí presentes seguramente se asombraron por su entereza, su cabeza alta y sus pasos firmes. Sé lo que pudieron imaginar, pero a mí no me engañaba. Estaba rota. La noticia la rompió en mil pedazos. Y lloraría. Lloraría mares y océanos, pero de puertas hacia dentro. Y yo solo podía pensar «No te preocupes. Yo estaré ahí, cuando decidas volver a salir».
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Mariví salía a la carrera de la joyería de su barrio con una pistola en una mano y una bolsa repleta en la otra cuando se fracturó el pie. La mala suerte quiso que tropezara con una alcantarilla rota que sobresalía en la acera. A la joyera le dio pena tener que llamar a la policía para que detuvieran a su vecina de toda la vida. Con las prisas, había ido a robar con los rulos puestos y las zapatillas de ir por casa. Mientras la detenían, le dijo con cariño: —No te preocupes, mujer. Todo se arreglará.
Por Aurora Rapún, del blog La historia está en tu mente.

 

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

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