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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

JUNIO:

Jugar, acción y miedo.

 

 

—Da miedo, lo sé. La falta de certezas pesa mucho. Pero no puedes mantenerte eternamente en el limbo de la planificación, la felicidad no germina ahí. Sé que no dejas de pensar en esa idea que te ronda, en cómo convertirla en tu medio de vida. Te bloqueas porque lo estás enfocando mal. No pienses en trabajar, piensa en jugar. Céntrate en pasarlo bien, en disfrutar de lo que te apasiona. Es la manera de lograr que otros disfruten. Da un primer paso hoy, no te arrepentirás. Pasa a la acción.
Por Adella Brac.

 

Había decidido no sentir miedo. Ninguna acción malvada de las suyas me volverá a herir. Él se lo merecía. Se acabó lo de jugar a ser amo, a ser el despiadado destructor de mi vida. Esta vez he vencido a las humillaciones y a los agravios… Estoy mareada. ¡Cómo pesa la pistola! El agua del lago se encargará de limpiar esta atosigante atmósfera.
Por María José Viz Blanco.

 

—¡Corten! ¡No, no, mal! (“El autor de la novela nos ha pedido a un actor consagrado para el protagonista, Billy, tenemos las manos atadas”. ¿Por qué la opinión del director es la única que no se tiene en cuenta?) A ver, George, recuerda; tienes que jugar con el miedo del espectador. Después del plano anterior, todos tienen que pensar que eres el asesino, ¿de acuerdo? ¡Vamos, una más! ¡Prevenidos! ¡Luces, cámara, acción!
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

Anochece y los chicos del barrio se crecen y entran en acción y juegan a ver quién se atreve a llamar a la puerta de la vieja casa de la colina y a saludar a Elisabetta, la joven huérfana –de carácter tétrico, la verdad– que vive allí.
―Entrad, chicos, podemos jugar a lo que queráis –les dice sonriente–, no tengáis miedo.
Pero todos huyen aterrados al ver que no está sola, pues le acompaña un estremecedor ser espectral. Hay quien asegura que Elisabetta la llama ‘mamá’.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

La parálisis lo dominaba, los ojos desorbitados mostraban el miedo que la acción de jugar le provocaba. El pesado equipo lo hacia sudar. Dio un paso, el ruido lo delató, los gritos y pisadas se acercaban, peligrosas. El sudor le escocía los ojos y su agitada respiración empañaba el visor. En fútil empeño revisó su tanque de gas… “Empty”. Era inevitable. Armándose de valor salió gritando del escondite mientras una lluvia de “paint balls” manchaban su pulcro uniforme.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Me acuerdo mucho, cada día más, de mis padres. Ellos, siendo niños, pasaron una guerra terrible. Jugar en aquellos tiempos era una obligación para olvidar el horror de las bombas. El miedo era para mis abuelos, que eran conscientes del futuro que venía. Ahora el que tiene miedo soy yo, pero no dejaré que me venza. Pasaré a la acción para que mi hijo siga jugando, cuando hayamos ganado nuestra guerra contra el monstruo invisible.
Por Lorenzo.

 

El partido estuvo muy cerrado desde su medio tiempo, el capitán tendría mucho miedo de no clasificar para la final. Lo sabía, si no entraba en acción para anotar al menos un gol no habría otra oportunidad para él. ¿Qué haría entonces? ¿A qué se dedicaría? El no sabía hacer otra cosa más que jugar. Pronto todo se decidió con la primera anotación del partido, tras esa, tres anotaciones más. Al fin podría respirar tranquilo.
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Con sus innovadoras ideas pretendió favorecerlos, pero algunos se cansaron de que ese les dijera a dónde ir, qué hacer y cuándo hacerlo. Encontraron un palo, buscaron trapos y fabricaron una pelota. La acción comenzó. Se formaron dos equipos de nueve personas. Los que tenían miedo se escondieron. Aún esperan a que ese de las ideas brillantes les dé permiso para jugar y divertirse con el baseball.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Decidisteis que ya era hora de dejar de jugar a videojuegos de acción y debatisteis sobre otras experiencias para compartir. Al final, os decantasteis por unos cortos de miedo que encontrasteis en Internet. Desde el salón os oíamos gritar emocionados, pero tal y como habíamos prometido, no nos movimos del sofá. Ahora, tantos años después, aún presumimos delante de nuestros amigos cuando les contamos cómo celebraron nuestros padres su décimo aniversario de boda.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Se trataba de una modesta producción cinematográfica donde la acción transcurría en un orfanato de posguerra. El guion era un tanto ambiguo y aludía a una serie de acontecimientos paranormales que solían acontecer de madrugada, dando lugar a extrañas apariciones de espíritus infantiles que les invitaban a participar en sus correrías y jugar al terrorífico juego del escondite, hasta que alguno se quedaba entre ambos mundos, paralizado por el miedo.
Por Estrella Amaranto, del blog Blog Literario Amaranto.

 

El mensaje no llega con la intensidad necesaria a sus almas inocentes, esas joyas preciosas que faltas de dirección pueden equivocar el camino, perderse. Pronto tendré que actuar o será tarde. El patio es un escándalo, no piensan más que en jugar. La acción que conforme sus voluntades tiene que ser radical. La anarquía y está libertad mal entendida, deben ser arrancadas de sus vidas. El miedo y el sometimiento, es la solución y una vez domeñadas sus voluntades, mí palabra será ley.
Por Ángel.

 

Tan solo se trataba de jugar pensó, aunque el miedo hiciese que la adrenalina recorriera la corriente sanguínea de todo su cuerpo. Sus pupilas estaban dilatadas y el corazón le latía a mil por hora. Eso no iba impedir que cambiaran sus planes, los llevaba repasando demasiado tiempo. Así que respiró profundamente y abrió la puerta para salir al exterior. Empezaba una nueva realidad y necesitaba algo de acción en su vida.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

El tiempo pasaba, y lo extraño de esta forma de vivir, era que parecía convencerme de ser casi eterna. El miedo, sin hacer demasiado ruido, se iba apoderando de mí. Miedo, nada menos, que al encuentro con lo amado. «¿Abrazaba o seguía con los brazos inertes?» Pero, algo me fue despertando de a poco, y ya, jugar conmigo, la tristeza y la angustia, no pudieron. Sentí que la ley suprema es la del amor. En acción se puso mi corazón. Tic tac… AMÉ.
Por Diana Rosa Conti.

 

Navegaba en aguas turbulentas con la muerte como ni único acompañante, me propuso jugar para llevarse mi barco en lugar de mi alma, debía cruzar «el mar de las almas oscuras» estaba a punto de lograrlo cuando tuve miedo, desconfié de mi propio poder y aquella acción me costó la vida, ahora navego junto a las almas derrotadas que caímos en uno de los tantos juegos de la muerte. Debí negarme a su seducción y pensar que aunque me negara a sus trucos cualquier otro día vendría por mi.
Por Rudra Pillán.

 

Ahora que se aproximaba el final de la partida, comprendía lo absurdo que había sido jugar tantos años al ratón y al gato. Con cada nueva pista que surgía se acercaba a ella un poco más, hasta que esta ya no tuvo escapatoria. Por fin tenía las respuestas al alcance de su mano. Podía ver el miedo en sus ojos, consciente de la acción que el hombre estaba a punto de realizar. Entonces él suspiró cansado y dijo:
—¿Por qué me dejaste tirado el día de nuestra boda?
Por Enrique de Paz.

 

Hoy tengo una entrevista de trabajo. Siento miedo de no estar a la altura. No he podido dormir y me he levantado muy temprano. Ya en la ducha, dejo que el agua se deslice desde mi cabeza, me inunda una paz asombrosa. Después doy buena cuenta de un buen desayuno. Toca jugar con la ropa que llevaré, ni muy ñoña, ni demasiado llamativa. Algún complemento y unas gotas de un perfume suave. ¡Me gusto! Así cargada de energía paso a la acción. ¡Ese puesto es mío!
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de relatos.

 

Comenzaron a jugar de forma inocente, pero se les fue de las manos. Tal vez fueron las cervezas o la adrenalina de la aventura y sus propios roles en el juego. Incomprensiblemente muchos al interactuar en grupo se convierten en seres viles que se alimentan como bestias incontroladas del miedo ajeno. Les enardece la propia acción sin importar el precio. Seguramente Nina nunca imaginó que en aquella quedada entre amigos su cuerpo iba a acabar momificado.
Por Rebeca Gonzalo, del blog Crónicas de la loca que cazaba nubes.

 

Esa manera de hablarme me confunde. ¿Por qué no es claro? ¿Por qué no me dice las cosas de frente? ¡Qué le cuesta! Tengo miedo de que este queriendo jugar con mis sentimientos. Así que hoy paso a la acción. Voy a entrar a la oficina con confianza, saludo con mi habitual indiferencia a mis empleados y, cuando llegue a mi despacho, lo llamo a Marcos. Entra, le digo todo lo que siento y listo, basta de juegos.
Por ana-liliana.

 

Hasta aquel día, nos creíamos inquebrantables. Teníamos tantas ganas de jugar y todo el verano por delante. Necesitábamos acción. La palabra «miedo» hacía mucho que la habíamos desterrado de nuestro vocabulario. El lugar era tan tranquilo que parecía perfecto para llevar a cabo nuestras aventuras sin ser molestados. Pero perdimos la noción del tiempo. Cerraron las puertas con nosotros dentro. Nadie nos creyó, aunque era verdad. Al anochecer, ese recinto de muerte se llenaba de vida.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Cinco minutos para empezar a jugar. Sonará la señal de aviso y todos los aquí presentes pasarán a la acción, ocupando cada uno el lugar que les corresponden. Miro al chico que hay delante de mí, es un crío. Me pregunto si él tiene miedo porque yo no. Y es que estoy convencido de que cualquier cosa que me pase aquí será mucho menos dolorosa que todo lo que ellos me harán si no les devuelvo todo ese dinero. Ahora, es la señal: «Ruleta rusa, hagan sus apuestas».
Por Las vidas alternas, del blog Las vidas alternas.

 

No les daba miedo jugar tan cerca del abismo. Precisamente esa sensación de peligro era lo que les atraía. De vez en cuando alguno de ellos caía, pero siempre regresaba, con solo unos pocos cortes y magulladuras, y lo consideraban como la recompensa por alguna buena acción realizada en su vida. Lo cierto es que quien regresaba lo hacía cambiado, era diferente, como si fuera otra persona… Sus heridas estaban por dentro.
Por Igor Rodtem, del blog Lo innombrable y yo.

 

Cómo cada día 17 de este mes siempre quería recibir una felicitación, quería jugar con mis amigos en mi cumpleaños, pasar momentos de diversión junto a ellos, pero ahora después de casi 34 casi veranos, la acción es distinta ahora disfrutaré de mi mujer y mi hija sin el miedo de querer ser feliz, ya que antes lo era disfrutando y ahora mis niñas disfrutan de mi. (Es cierto que es mi cumpleaños ese día, por si os apetece dedicarme algunas palabras 😉
Por Carlos Gonzalez.

 

Sin nada con que jugar se encontró Daniel la mañana de Navidad. No entendía nada, ya que, por miedo a que le ocurriese como el año anterior, había puesto sus zapatos debajo del árbol y se fue pronto a dormir. Sin embargo, a sus hermanos les habían dejado varios regalos. Le dieron ganas de pasar a la acción e irse de casa para siempre. Además, tampoco comprendía el porqué, desde hacía casi dos años, mamá dejó de ponerle su cubierto en la mesa y lloraba si alguien decía su nombre.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Cuando dijeron «Luces, cámara, acción», supe que iban a empezar a jugar otra vez. El director era una simple sombra tras los focos, que derramaban sobre el muchacho haces amarillentos, nauseabundos como su diversión y su negocio. Mil olores salían del cuerpo maltratado: pis, sudor, miedo y el de la sangre tras la amputación de la oreja. Saqué la placa y la pistola. Luego mi mundo se fundió en negro. Ahora soy yo quien está bajo los focos de una leyenda urbana.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Tienes miedo, ¿verdad? Es normal, una reacción lógica y automática del cuerpo ante una acción inesperada y, de seguro, desagradable. Dada tu situación no creo que nadie pueda reprocharte nada. No, ni lo más mínimo. Serían unos hipócritas, ¿no crees? No se han visto en lo que tú estás metido. Ah, no, tú sí que puedes quejarte, todo lo quieras, aunque eso no aflojará las cadenas ni desafilará las cuchillas. Oh, no, me temo que no. Tú y yo aún tenemos mucho a lo que jugar.
Por Carlos Ruiz Santiago, del blog La horroteca de Darko.

 

El destino dijo acción y comenzó a jugar con los hilos de nuestra vida. Como si fuéramos dos simples muñecos sin poder decidir sobre nosotros mismos. Daba miedo pensar que quizá no sentíamos lo que creíamos sentir, que era ÉL quién estaba decidiendo por nosotros. Pero, ¿sabes qué? Con el paso del tiempo eso dejó de importar. Daba igual quién lo hubiera decidido por nosotros, porque fuimos tú y yo los que elegimos querernos, respetarnos, y amarnos.
Por Montse, del blog Amor y Palabras.

 

Siento cómo el miedo me hace cosquillas en los dedos de los pies desnudos y los muevo nervioso para espantarlo. Respiro profundamente. Abro los ojos y miro hacia abajo. El suelo está lejos, muy lejos. El corazón se acelera y un leve zumbido suena en mis oídos. Los focos me alumbran, oigo tambores y aplausos. Se acabó el jugar; es la hora de la acción. Salto al vacío y alguien del público ahoga un grito. Mi debut como acróbata comienza ahora.
Por Nahnnuk.

 

—¡Acción! —gritaron los niños en la calle.
La ciudad se quedó sin luz. La resplandeciente luna alumbraba la resignación. ¡Jugar! Eso hacen con la necesidad, el dolor, el hambre, con la vida y sentir de todos. ¡Miedo! Lo que sienten, de lo incierto, de lo improbable, de lo escalofriante que es la realidad. Los niños siguieron gritando palabras, divirtiéndose. Mientras las madres, angustiadas los llaman para dormir, mañana se vuelve a sobrevivir.
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

Cinco. Cinco minutos fue lo que tardé en llegar aquel día. Cuatro. Dos años manteniendo en jaque la partida desde que decidí jugar al gato y el ratón. Tres. El miedo en los ojos inertes de mi mujer me perseguía más que cualquiera de sus miradas. Dos. Me removía la culpa por no haber llegado a tiempo, pero llegó el momento de pasar a la acción. Uno. Por fin tenía a tiro al asesino de Carlota. La vida cambia en milésimas de segundo, deberías saberlo. Cero. Jaque mate.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Se mete a su cuarto, a mi parecer, a jugar pero al rato me sale con unos carteles de «Se busca dueño del guante».
—¡Mamá, acción!
Esto me lo dice cuando quiere que vayamos a algún sitio. Sé lo que quiere. Desde que encontró el guante está empeñado en devolverlo al dueño. No he podido disuadirlo. Miedo me da ahora la reacción de la gente. Él es un niño muy especial y la gente, a veces, también. ¡A ver cuántos carteles nos permiten pegar!
Por Jose Lezcano, del blog A orillas del Oria.

 

Sí, lo diré desde el principio. Tenía miedo. Desde allí arriba, notando el viento colarse entre mi ropa, me daba cuenta de que era mi única salida. Pero la vida no es como las películas y aunque yo fuese el protagonista de esta, no tenía un doble de acción a mano para que saltase al abismo por mí. Oía los pasos de mis perseguidores subir las escaleras. Era ahora o nunca, morir o morir luchando. Y si tenía que morir, prefería jugar con ellos. Me tocaba saltar.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

Superman no logró encontrar al enemigo causante del miedo: las calles continuaban desiertas. Un gran letrero decía: «Los héroes visten de blanco». «Qué extraño… esto es serio…» Convocó a Spiderman y la Mujer Maravilla. Los tres, creados para la acción, estaban desconcertados. «¿Vestirse de blanco?» «¿Serviría?» Probaron… mas nada pasó. Por primera vez, olvidando sus misiones, fueron a Disney World y comenzaron a jugar.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

A veces, lo que te da más miedo es lo que te lleva a la acción. Como una estratega, planificas y cuantificas ventajas e inconvenientes. Sobre la mesa dejas claro lo que quieres obtener y no quieres perder. Pertrechada vas a por el botín, en ese momento, está rodeado por toda una topa de soldados dispuesto a protegerlo. Él descubre la contienda y, con un solo gesto, te das cuenta de que solo quiere jugar.
Por Maite Moreno.

 

Odiaba profundamente las películas de terror, no era por que me daban miedo, sino que simplemente nos le encontraba la gracia. Prefería una película de acción ya que era mejor corre hacia un objetivo que huir de algo (que talvez no existía) y ser el objetivo. Pero había decidido jugar a las apuestas para decidir la película y obviamente había perdido. Así que aquí estaba por ver una película de miedo.
Por Julissa E.

 

Aún siendo adulto, media botella de whisky en el cuerpo, te vuelve tan inconsciente como un adolescente. Alguien quería acción esa noche y propuso jugar a la ruleta rusa. Yo, crecido por el alcohol o pensando que era broma, acepté. Al llegar mi turno, con el revolver delante de mí, el miedo equilibró mi embriaguez. Y con el cañón en la sien finalmente apreté el gatillo. La detonación no me dejó oír las risas; pero la quemadura de la bala de fogueo me recuerda esa estupidez cada día.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

Y de pronto, a mitad de partida esos jugadores vieron cómo cambiaban las reglas. Surgieron nuevos retos, nuevas pruebas a superar y para poder jugar necesitaban reflejos rápidos, dosis de paciencia y reinventarse constantemente. La acción transcurría ahora por un nuevo escenario, redes tejidas delicadamente entre todos, y así aprendieron juntos a construir, a vencer el miedo y recuperar el placer por el juego.
Por Carmen.

 

Él apareció en su vida un día cualquiera. Como uno más, uno de tantos. Pero pronto descubriría lo equivocada que estaba. Porque fue esa simple pregunta suya a poner en acción, en movimiento, su lado más perverso.
—¿Tienes miedo? —le susurró, mientras su aliento le acariciaba el cuello.
Ella sonrió cómplice. Se le encendió la mirada y el cuerpo; y dejó que él le enseñara a jugar de nuevo.
Por Alma.

 

La verdad es que siempre he querido probarlo, siempre me ha llamado alarmantemente la atención, pero por una razón o por otra nunca he encontrado ni el tiempo ni el momento idóneo… Una acción, una simple acción y estás muerto… Tengo que reconocer que me da miedo, mucho miedo y prefiero quedarme en casa que arriesgarme a jugar en este ridículo juego llamado vida.
Por Arekkusu.

 

Mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie.

 

¿Te unes a ellos?

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