#reto5líneas

 

(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

 

Medallero

MEDALLA DE PLATA; Nieves Candón.

MEDALLA DE BRONCE; Cyn Romero, Diana Rosa Conti, Gustav, Rebeca Gonzalo y Rosa Boschetti.

¡Enhorabuena a todos!

 

NOVIEMBRE:

Llamo, necesario y trozo.*

*Recordad que no se puede hacer ninguna modificación en las palabras propuestas. No me pongáis “llamó”, que os conozco xD
 

 

Estoy frente a una puerta de madera invadida por la podredumbre. Llamo. No hay timbre, así que tengo que hacerlo golpeando una vieja aldaba. Se desprende un trozo de madera. La puerta se abre y veo ante mí a la Muerte. Sé que es ella porque he esquivado su abrazo muchas veces durante mi vida.
—¿Era necesario que te la llevaras? —pregunto.
Sonríe en silencio. Me doy cuenta de que no hace falta que diga nada, ambas sabemos la respuesta.
Por Adella Brac.

 

—Te llamo en cuanto llegue a casa. Es necesario que hablemos cuando me serene. La noticia me ha dejado impactada. Lo siento. No puedo hablar más.
Ella cuelga el teléfono, con lágrimas incontrolables inundándole el rostro. No podía creer que Eduardo, su amigo de letras, ese trozo inmenso de corazón creativo que se instaló en su alma y que le dio su apoyo en los momentos de sequía, hubiese fallecido. Corrió a su casa para leer sus escritos y él retornó a la vida.
Por María José Viz Blanco.

 

El agua bulle cerca de mí, advierto que mi vida corre peligro. Intento zafarme, pero no tengo escapatoria. La bestia me aprisiona con sus bastos dedos. Imploro, la llamo, ¿es necesario todo esto? He oído que, no contenta con escaldarme viva, luego me desmembrará ¡por placer! Un trozo, otro… El calor ya se aproxima. Lucho. Pataleo. Y, mientras los comensales salivan, ardo en el infierno de una maldita olla hasta perecer.
Por Loli Regs.

 

«Llamo a la puerta, nadie abre. No sé cómo pero me he perdido, menos mal que he encontrado esta cabaña junto a un manantial; sólo me queda un trozo del bocadillo y casi nada de agua. Es necesario que encuentre el camino de regreso. Relleno la cantimplora. “¿No hay nadie?”, grito. Nadie contesta. Parece abandonada. Desisto y me voy.»
Hizo bien en no entrar. La bruja le observaba desde dentro y se relamía.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Te llamo, una y otra vez. Me miras emocionada a los ojos, aunque siempre guardas silencio. Sé que eres tú, mamá. Reconozco ese abanico de grises que cubre tu cabello, cada trozo de piel necesario para escribir tu historia con cada arruga y la inmensa dulzura que inunda de miel tus pupilas. Sonríes temblorosa mientras me ofreces tu mano cargada de caricias. Intento descubrir cómo podemos volver a abrazarnos al otro lado del espejo.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

No es necesario que estés tan mohíno porque no ha quedado pizza para ti. Tenías que haberte fijado en el trozo que me ha tocado, ¡era pequeñísimo! pero no te enfades que ahora mismo llamo a la pizzería y nos traen dos de tamaño familiar. Para mí de tres quesos, para ti con tres ratones. ¿Vale Micifú?
Por Virtudes Torres.

 

Hola, me llamo TyK y si me das ese trozo de tarta de zanahorias no veo necesario que tenga que ponerme manos a la obra para hacer una. Entre otras cosas tengo que ir a comprar los ingredientes y hoy no me da tiempo.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Dejé de creerme necesario cuando ya no quedaba ni siquiera un trozo de mañana en nuestros tensos silencios, rotos tan solo por los monosílabos improductivos que como bolas de billar chocaban en imposibles carambolas hasta escapar por los vanos de nuestro debilitado estar. Olvidé la tibieza de unas sábanas compartidas, y llamo a gritos al tiempo que perdí lejos de ti, ese tiempo que ahora me aplasta con sus horas negras, espesas, interminables.
Por Alvaro Abad.

 

Llevo toda la noche con una canción en la cabeza y no sé por qué busco un trozo de carbón y un trozo de papel (aunque sería necesario cuero viejo). Dibujo a un señor y le adorno con flores en la cabeza y un gran traje de nailon. Aunque cada día nacen más, mi hombre dibujado es especial. Para acabar mi obra de arte, pienso un nombre original con el que bautizarle y llamo a Jaume Sisa para que le enseñe a cantar una canción de amor.
Por Lorenzo.

 

Las aguas están tan calmas que parecen casi un espejo, un trozo de universo en el lienzo recortado de un dios. Reclamamos a la fortuna que nos flanquease , alejando viento, tempestades y cualquier otra vicisitud. Y como un escarnio, tal vez necesario, nos dejó clavados en mitad de esta nada, donde ahora la llamo una y otra vez. Atestiguando amaneceres y ocasos, soy alumno aventajado, que repite la lección: rara vez, a un puerto que merezca la pena se llega sin capear tormenta.
Por Jessica, del blog Fantasía Literaria.

 

¡Perdona si te llamo “amor”! Cómplice necesario de mis noches en vela.
Trozo imprescindible de mi alma vacía, que solo se llena contigo.
¡Perdona si te llamo “amor”! Artífice único de nuestros errores perfectos.
Víctima indefensa de mis aciertos fuera de contexto.
Agente del caos. Ángel caído. Compañero.
Por Carmela Baker, del blog Letra Cuadrado.

 

No fue necesario escuchar ni una palabra para saber lo que ocurría. Un trozo de mi corazón se rompió aquel día que sabía que la enfermedad estaba ahí. Efímero es el tiempo, ridículo cuando pensamos que tenemos tiempo “mañana” nadie tiene un mañana el aquí y ahora, dar en cada momento los mejor sin pensar “mañana”. ¡Llamo a gritos y ya no estás! ¿Por qué me haces esto? ¿Egoísmo? No, es amor. Lástima que aprendamos tarde.
Por Nieves, del blog Ave Fénix.

 

«No te preocupes, princesa. No dejaré que te cojan».
«Ya te he dicho, gordo estúpido, que no me llamo princesa», dijo ella.
«Entonces» respondió con un gruñido el pescador, «¿por qué te comportas como una?»
«No te atrevas a hablarme así…». Se interrumpió de repente al ver lo que había frente a ellos. «¿Qué es eso?»
«El trozo de un pirata. Espero que no sea necesario», el pescador estaba muy cansado, «aun así, no te separes, princesa».
Por Alberto Juan Pessenda García, del blog La Creación.

 

“Nos hemos internado en las Montañas de Fuego. Veo cómo le atrapan y le golpean por órdenes del rey. A pesar de estar a la derecha del soberano, siento el dolor de mi mejor amigo. No puedo ayudarle, soy el mariscal, mi lealtad hacia la corona me lo impide. Llamo al aplomo para que me permita presenciar la cruel escena. Grita mi nombre y pregunta por qué. Es necesario, debo cuidar de mi familia. Siento las lágrimas aflorar, un trozo de mí está muriendo con él”.
Por Sandra Adrián, del blog Sandra Adrián.

 

Era mucho más feliz cuando recorría las calles contigo. Te llamo, pero entiendo que estás muy lejos y que no atenderás el teléfono. Supongo que es necesario que aprenda a superar las cosas con mayor facilidad, pero no puedo, no puedo desprenderme de tus ojos azules, ni de tu voz, ni de tu forma tan peculiar de bailar. Hay un trozo de mí por ahí extraviado, y tú eres el único que puede encontrarlo y volverlo a colocar en su lugar.
Por Kathie G., del blog Sulla Strada.

 

Una tarde de noviembre, donde la primavera se ocultaba tras antifaz de otoño, era urgente, para no morir de tristeza, tomar desde el suelo, ese trozo de mi corazón roto que había quedado inmóvil, asustado, conmovido. Era necesario despertarlo, amarlo, llevarlo de nuevo a su latir. En silencio, llamo a Aquel que me ha de ayudar. Suplicando, elevo mi plegaria al cielo. Y despacito, comienza un “pum pum…” imperceptiblemente vivo.
Por Diana Rosa Conti.

 

Cuando noto cómo la ansiedad comienza a adueñarse de mí, llamo a mi amiga Hina, una diosa selenita que me calma de inmediato con su pulso lunar y me transmite el sosiego necesario para vivir. Hay quien piensa que estoy loca, pero yo creo que, al fin y al cabo, todos tenemos un trozo de nuestro mundo en la luna. Solo hay que saber buscarlo.
Por Ana Centellas, del blog Ana Centellas.

 

Llamo a la suerte pero esta no acude. En las noches de insomnio, en las jornadas de hastío, en el tornado de rutina que me arrastra día a día, mes a mes. Pero es huidiza y traicionera. Es necesario sustituirla por algo mejor. Así que me aferro al amor, a la amistad, a la familia, a las letras infalibles. Un trozo de certera felicidad que deslumbra en el océano del infortunio.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Me llamo Melquiades, pa’ servir a Dios y a su merced. No, no es necesario que llame a la “polecia” no le quito tiempo, solo quería pedirle un trozo de pan, de ese que su niño tiró a la basura. No se asuste “señito”, la herida se mira fea, pero no duele, el flaco, mi perro, tiene buena saliva y me limpia cuando llego a casa. No llore por mí, estoy bien, solo la molesto con el pan. Dios le dé más y siempre los guarde, a mi nieto y a usted.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

—En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Deje su mensaje y ya le atenderemos.
Piiiiiiiip
—Llamo para poner una queja: no estoy satisfecha con el producto que adquirí. Me aseguraron que perdería peso y me sentiría mejor, pero no ha sido así. No es necesario que me devuelvan el dinero, pero vengan a recoger al hurón que se ha adueñado de mi despensa y no me deja coger ni un trozo de pan.
Por Lídia Castro Navàs, del blog El blog de Lídia.

 

Alba masticaba un trozo de manzana; notaba que estaba pasando algo raro, pero no entendía lo que era.
—Es necesario que alguien haga algo al respecto —le decía un hombre a su madre, mientras su hijo miraba el trozo de manzana que tenía ella en la mano.
—¿Quieres? —preguntó Alba, acercándole al niño el táper de su merienda—. Me llamo Alba.
—Yo Enrique —dijo, cogiendo un trozo con timidez—. ¿Sabes qué pasa?
—Ni idea, algo raro.
Por Aitor, del blog Guías y Nexos.

 

No lo creo necesario, porque el agujero ya es lo bastante grande para pasar a través de él, pero doy una patada y cojo el último trozo de madera. Con él araño la tierra. Salgo al exterior y respiro con avidez. A los pocos minutos te llamo haciendo sonar la campanilla caída de mi propio ataúd. Quiero que seas consciente de que tu infierno aún no ha finalizado.
Por Rebeca Gonzalo, del blog Crónicas de la loca que cazaba nubes.

 

Hace tiempo que no llamo. Hoy sé que nunca fue necesario que lo hiciera, que después de mil palabras premeditadas siempre regresa ese maldito silencio. Ya he dejado de luchar contra la mordaza que paraliza mis labios y retiene mis sentimientos. A pesar de mis intentos, nunca logré vencerla. Tú tampoco lo pusiste fácil y hoy me siento satisfecho de poder decir que solo queda un pequeño trozo de lo que ayer sentí. Sin embargo, no puedo negar que aún necesito escuchar tu voz.
Por Diana Sofía, del blog Palabras con Alma.

 

“¿Te llamo? ¿No te llamo? ¿Te llamo? ¿No te llamo?” Lauro vaciló. No tenía nada más que arrancar. Hace horas, empezó con pétalos de margaritas. Luego siguió con otras plantas. Ya no le quedaba nada. Sin embargo, era necesario obtener una respuesta. “¿Bruto? Ven, Bruto.” El gato se acercó tímido. Lauro le arrancó un trozo de piel. “¿Te llamo?”, siguió.
Por Plácido Romero, del blog Placidario.

 

Fue la primera en socorrerme. Me acompañó hasta que me rescataron. Me enamoró su voz. Por timidez no he vuelto a hablar con ella. Hoy he reunido el valor necesario para hacerlo. Regreso al lugar donde ocurrió todo, tal vez esta noche esté de guardia. Llamo. No hay respuesta. Insisto una y otra vez. Me desespero…
Con los nervios, Manuel no ha visto el trozo de papel que cuelga a su espalda donde pone: “TELÉFONO EMERGENCIAS ASCENSOR ESTROPEADO”.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

No hace falta que sepáis cómo me llamo. Tampoco creo necesario decir cuánto lamento haber traído el apocalipsis al mundo. Lo que sí puedo decir es que desde que hallé aquel trozo de pergamino, perdí la cabeza. No podía pensar en otra cosa. Se apoderó de mi mente, de mis deseos, de mis sueños. De mis pesadillas. No esgrimo su tenebroso poder como excusa, solo como explicación. No espero perdón. No existe expiación para mi pecado.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Llamo; pronuncio su nombre; golpeo su pecho. Él ya no responde; ya no está. Y nada me resulta tan necesario como escapar; correr lejos de aquí y de todo lo que me lo recuerda. Aunque no pueda huir de mí misma, de mi alma, que es donde lo llevo. Entonces lo veo. Ese trozo de papel, tan pequeño y a la vez tan grande. Con un significado que va más allá de lo que cualquiera podrá jamás imaginar. Ahora esto es lo único que aún me tiene aquí.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Me encuentro ensimismado, absorto, con las luces apagadas y el teléfono en la mano. Sentado en el sofá con un trozo de papel en blanco. Intentando encontrar una explicación plausible a por qué, aún después de dos horas, no te llamo. Dudo de todo, hasta de si es necesario acabar con una despedida algo que ni tan siquiera ha empezado. Entonces se ilumina el aparato, es una notificación de un comentario a un estado. Un aplauso. Y entonces un silencio refrenda mi situación y escribo en el papel: «Adiós a los sueños, que se alejan del teatro».
Por Daniel, del blog El solitario.

 

“Los restos del asado saben mejor que ayer”, pensó. Mas, de pronto, un trozo se atascó en su garganta. Precipitadamente abandonó la mesa y fue al baño: ¡nada! ¡No se movía! Intentó sorber agua: no pasaba. Quiso toser; se introdujo los dedos; cogió el móvil. “Ahora llamo o envío un mensaje…”, pero resbaló de sus manos… dejó de ser necesario. En la casa vacía resonó el eco de la caída sobre la fría superficie de los cerámicos.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

Miré a través de tus ojos, esos que habían sido un trozo de mi universo, pero allí ya no te encontré. Ya no era necesario parar el reloj, como hicimos tantas veces queriendo creer que así el tiempo se detendría. Paraste mi vida y ahora me llamo a gritos a mí mismo, esperando que poco a poco mis manecillas vuelvan a girar en un mundo en el que ya no estás.
Por Sara, del blog Letras en el aire.

 

Llamo tu atención de cualquier manera, me invento cualquier excusa para que tus pupilas se centren en mí un segundo, pero últimamente no tengo la suerte de ser la dueña de aunque sea un trozo de tu vida. Para mis venas, mi piel y mi mente, es necesario, diría que de vital importancia, que tus ojos se posen en mi alma por una última vez, reconocer esa mirada y poder comprobar que nada ha cambiado entre nosotros, por mucho tiempo que pase.
Por María del Pino Vega Ramos, del blog Pensamientos en silencio.

 

Para pedirme cómo me llamo no es necesario que me sueltes todos esos absurdos halagos que te has aprendido de memoria. Déjate de tanta retahíla, que no quiero ni un trozo de tu corazón ni leches en vinagre. Ve a dorarle a otra la píldora, falso donjuán.
Por Lluvia Beltrán, del blog Lluvia Beltrán.

 

Llamo a la puerta. El director de la empresa me preguntó por el personal. Comencé diciéndole lo importante que eran todos, que ellos… Él me interrumpió «No es necesario que continúe. Veo que solo se refiere a los hombres de la empresa y no a las mujeres ni a los intersexuales». De nada me valió que tratara de explicar que me refería a todos, a todas, a ellos, a ellas. Indignado estiró la mano y en un trozo de papel me dio la carta de despido.
Por Rosa Boschetti, del blog Rboschetti.

 

Le llamo una y otra vez, pero él sigue concentrado cortando un trozo de tarta helada. Intento hacer que me preste atención pero sigue enfrascado con su tarea, hasta que molesta me levanto de la silla me acercó a él y le arranco el cuchillo para cortar el pedazo maldito y se lo entrego aún molesta.
—No era necesario…— sisea avergonzado pero con una sonrisa dibujada en los labios.
—Lo nuestro nunca lo ha sido— le recuerdo divertida mientras le beso.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Agarro otro trozo de metal para intentar cavar una salida, este no puede ser el final. Tengo que salir de aquí, pese a que ellos creen que han acabado conmigo. Haré lo que sea necesario por vengarme y verlos a todos morir. He dedicado tantos años de mi vida a acabar con ellos que ya casi ni recuerdo como me llamo. ¿Ariadna? Creo que él me llamó así la última vez que me dijo te quiero. Mi querido Víctor pronto estaremos juntos…
Por Laura Salinas.

 

Escucho el crepitar de la lluvia que se extiende por la casa, tomo todo lo necesario para escondernos en el sótano, cada vez se escucha más fuerte, pudo sentir el tronar de los rayos y el silbido del viento que amenaza con destrozar la casa, te llamo a gritos para que bajes al sótano, llegas y nos acurrucamos, me das un trozo de pan el cual comemos mientras escuchamos como llega el fin del mundo.
Por Cecilia Ramos Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

¿Estás seguro que es necesario que me replantee la forma de ver la vida, la manera de gestionar mis sentimientos? Ya sé que el mundo es malo y cruel y que cada vez que llamo y nadie contesta se marchita y muere un trozo de mí, pero aún así seguiré llamando con todas mis fuerzas una y otra vez, porque sé que antes o después alguien contestará…aunque sea la muerte.
Por Arekkusu.

 

—Come un trozo, pequeño —dice la anciana tendiéndome un plato tembloroso.
A través de la gelatina y por un momento parece transformarse en algo de ojos rojos y colmillos afilados.
—¿Es necesario? —digo nervioso—. Solo vengo a recoger mi pelota, que se ha colado en su jardín.
—Come y te la daré, Tobías.
La gelatina desprende un aroma extraño y embriagador que me deja mareado, pensando que no le he dicho cómo me llamo.
Por Nahnnuk.

 

Un trozo de papel de china envuelve mi anillo de bodas y yo lo sostengo sobre la palma de mi mano con delicadeza. Camino por un sendero extraño, la temperatura comienza a descender y considero necesario volver a casa. Entonces lo veo a él, mi esposo. Le llamo por su nombre; mi grito retumba en mi pecho pero no genera sonido alguno; él me mira, sonríe y sigue caminando. Despierto llorando. A diez años de su muerte, aun me duele su ausencia…
Por Q. Ki., del blog Hadas Descalzas.

 

Va a ser necesario un milagro para conquistarlo. Nadie que haya cruzado el telón de fondo de este escenario y haya descubierto las telas de araña en algunos rincones, y el polvo cimentado sobre ciertos indeseables e inevitables tablones desvencijados bajo los pies, conserva la ilusión intacta. Quizá con otro trozo también advierta la magia, me convenzo mientras desmiembro la esquina más mullida del corazón. Y una vez más lo llamo.
Por Tati Jurado, del blog Conjurando lo incierto.

 

Llamo con ayuda del aldabón de bronce. Me gusta ese sonido ronco y ancestral. Imagino que soy una de esas señoras con guantes hasta el codo, sombrilla de encaje y traje de miriñaque. No es necesario porque hay timbre, pero cuando voy a casa de la abuela me gusta hacerlo así, es mi contraseña, sabe que llego con mi trozo de tarta de batata y de paso, se prepara para los achuchones y besos que le caen seguro.
Por Nani, del blog La casa encendida.

 

No puedo ver nada, la oscuridad es total y completa aquí, llamo, una y otra vez, al único ser en el mundo que es capaz de salvarme. El frio cala mi piel, llega a mis huesos, me recuerda las heridas que intento ignorar. Y, de la nada, aparece entre mis dedos un trozo de metal, afilado, casi como un cuchillo. Llevo aquí encerrado tanto tiempo que no sé cuanto ha pasado y de pronto, como una imagen inducida, aparece en mi cabeza que ese metal es lo único necesario para que, ahora mismo, termine con todo.
Por Karen Garcia, del blog Able to do all.

 

Llamo siguiendo las instrucciones de mi maestro, nadie contesta, parece que no hay nadie al otro lado. Lo vuelvo a intentar y aparece una voz cálida, dispuesta a resolver mis dudas. Me emociono y mis palabras suenan precipitadas. Es necesario que entienda mi mensaje: . De pronto oigo respirar a mi interlocutora, parece que ese trozo de hilo que nos une va más allá de lo telefónico.
Por Oyidiya Oji, del blog Evergreen Spirit.

 

Corto un suculento y sabroso trozo de carne… Lo pongo cuidadosamente en el plato y tengo que controlar una atroz y voraz sensación de hambre para no darle ni un triste mordisco. Después, llamo a mi hijo para que venga a almorzar. Sentado a la mesa, lo prueba ¡y me dice que no le gusta! Entonces, le reprocho: “¿De verdad es necesario que vuelva a recordarte que hay otros zombis que no tienen nada que llevarse a la boca?”
Por M.A. Álvarez, de El blog de M. A. Álvarez.

 

Ricky vió un trozo de papel en  el suelo y casi desecho por el agua, aún se distinguían las letras, lo leyó: “Me llamo Peter, necesito ayuda, estoy encerrado por mis raptores en un sótano o cueva de no sé que sitio. Quien encuentre este escrito tiene que ir a buscar al cartero para enviar urgentemente este trozo de papel a la ciudad de Marylindes, al número 8 de de la calle Codicia. Por favor, es necesario que lo haga con discreción”.
Por Gustav.

 

Lo recuerdo como si fuera ayer: tras seis meses suspirando por él, reuní el valor necesario para acercarme y, cual protagonista de película romántica americana, darle un trozo de papel con mi número escrito. Lo miró, clavó sus ojazos verdes en los míos y, con esa media sonrisa tan seductora, susurró: «En cuanto tenga un rato, te llamo». Pero no fue ayer, fue hace nueve años, un mes, doce días y diez horas. Debe ser un hombre muy ocupado…
Por Luna Paniagua, del blog Luna Paniagua.

 

¡Cerrado!

 

Consulta aquí las palabras del mes en curso.

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

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