logo-reto-de-escritura-5-lineas
 
(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Katalina Camus, Maite Moreno y Victor B. Gonzalez

MEDALLA DE BRONCE; jm vanjav

 

¡Enhorabuena a todos!

 

NOVIEMBRE:

Mecían, días y pensar.

 

 

Cuando el silencio de la casa me envolvía los pulmones dejándome sin aire me refugiaba en el jardín de atrás. Las campanillas se mecían con la brisa de la tarde. Eran días de pensar. Recapacitar, tomar decisiones. Dicen que el primer asesinato es el más difícil aunque yo no estoy de acuerdo. Con cada vida que quito el silencio se expande, se vuelve más sólido. Pero, ¡qué puedo hacer! A mis campanillas les gusta la sangre.
Por Adella Brac.

 

No hacía más que pensar. Y así todos los días de la semana, del mes, del año. Ante una oportunidad una indecisión, ante una propuesta un ya te contestaré, ante un reto mis piernas no respondían. Y siempre con la duda en mi cerebro, cavilando si sí o si no. Con la cantidad de cenutrios que triunfan en el mundo, ah pero éstos no dudan. Los miedos mecían mis sentimientos, de la tristeza a la alegría, de la desesperación a la esperanza.
Por Lorenzo.

 

Las palabras mecían mi descanso, en aquella ciudad de sol y playa. La desidia de los días de vacaciones me servía para pensar en miles de cosas, en los sueños realizados y en el ansiado viaje que proyecto a la luna. La gente me ignora, aunque les he confirmado que está hecho todo el papeleo y que, en Houston, ya me consideran amigo íntimo. Lo malo es la espera. Debo seguir, tranquilo, tomando el sol en mi hamaca.
Por María José Viz Blanco.

 

En aquel remoto bosque los árboles se mecían aunque no hiciera viento y los días eran apacibles aún en la tormenta. Dicen que allí los caracoles eran grandes como osos y quizá estén en lo cierto, no sé; y cuentan que allí vivía un anciano sabio que –preferentemente al amanecer, a lomos de uno de esos caracoles gigantes, al que él llamaba Is’gha– gustaba gastar el tiempo en pensar leyendas que otros, en lugares insospechados, ansiaban vivir, ahítos de su propia vida. No sé, quizá.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Los días soleados de la temporada eran un tiempo plácido y refrescante. Paseábamos por el lago en pequeños botes de remos blancos, tomábamos el té en pequeñas tazas de porcelana mientras las enredaderas lucían pequeñas florecillas que se mecían con la brisa. Podía pensar que era el paraíso hasta que llegaba la noche. Era entonces cuando la pesadilla cobraba vida propia llevándonos a las habitaciones del fondo donde los lobos nos esperaban para tomar lo que quisieran de nosotras.
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Hay días en que me da por pensar en todo aquello. Recuerdo que intentaba en vano escapar pasando entre las rejas y que ellos observaban sonrientes mis movimientos mientras se mecían tranquilos con un vaso de té en las manos. Esas imagénes y sentir el tacto de su piel contra mi cuerpo todavía me provocan escalofríos, pero entonces recuerdo que soy libre y corro hasta mi cálida madriguera para unirme al resto de los ratones que me acogieron cuando logré escapar de los humanos.
Por Aurora Rapún, del blog La historia está en tu mente.

 

Al caminar su hermosa cabellera brillaba. El viento tocaba sus mechones, los mecían, haciendo una clara invitación a la lujuria. Contemplar su silueta altiva, elegante, sensual, atravesando las calles, eran días de calor. Hoy, después de tantos años y me hizo pensar. Continúa emanando pasión en cada uno de sus pasos, en verdad es un hombre hermoso.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Estos días de crisis son interminables, de solo pensar lo duro que la vida trata a mi gente, mi corazón se encoge de tristeza. Una mezcla de sentimientos y emociones se enredan en una telaraña en mi sistema límbico, no encuentro como hilar mis ideas y en algún lado de ese motor que mueve mi sentido común se mecían mis sueños rotos. La vida acá no acaba, porque tomaré mi timón y volveré a soñar.
Por Raquel Peña, del blog Perlas Narrativas.

 

Se había instalado la duda razonable en los días previos al juicio y este inexorablente llegó. Entonces en la mente del reo se mecían toda clase de pensamientos destructivos, que lo mantenían en un contínuo estado de angustia permanente.
Finalizado el juicio oral, el juez ordena al jurado que se retire a deliberar el veredicto. Quienes lo forman deberán pensar, que si lo consideran culpable, será ejecutado en la silla eléctrica por homicidio en primer grado.
Por Estrella Amaranto, del blog Blog Literario Amaranto.

 

Después de unos días, terminó de construir la caseta para el animal que le encomendaron. No sabía qué especie sería; se limitó a cumplir las instrucciones del mayoral: tres metros cuadrados de extensión y una ventanita. Mientras terminaba de rematar su interior, alguien cerró la puerta. Cuando terminó, miró el exterior desde la pequeña ventana, las ramas de los árboles se mecían sin parar. Empezó a pensar: «este será mi hogar».
Por Gustav.

 

De mañana, ya despuntada, y con olor a una lluvia suave, se mecían mis llamadores al ritmo del viento. Mi patio se transformaba así, en música que, inevitablemente, me hacía pensar. Era uno de esos días que me encontraba sanando, aceptando, corriéndome de mi eje, corriéndome de mi yo, para simplemente dejar ir, dejándome bendecir suavemente con la llovizna y mi melodía, que hoy estaban al alcance de mi mano.
Por Diana Rosa Conti.

 

…Trabajo realizado, aquellos días disfrutamos de unas jornadas con un compañerismo envidiable, la obra nos dio que pensar al principio, pero luego dijimos que juntos podríamos con ello, el resultado de ese esfuerzo se vio compensado cuando en sus brazos se mecían nuestro buen hacer y los momentos de positivismo… ¡De ello creamos la vida!
Por Carlos Gonzalez.

 

Hay días en los que dejo de escribir, las palabras parecen huir de mis ideas. Entonces me da por pensar y viene el temido recuerdo de como se mecían aquellos fantasmas en la parte más oscura de mi mente incitándome a matar. Vuelvo a teclear el ordenador con impaciencia…. Parece que hoy mis musas me prefieren como asesino.
Por Raquel Fraga, del blog La palabra más mía.

 

Los días iban pasando y no había forma humana de que yo dejara de pensar en ello. Fue algo que tuve que hacer, lo hice y punto, pero cada noche me causaba mayor ansiedad. Hasta que un día, tuve la feliz idea de pasear, por la bahía y sentarme a ver la mar y los barcos amarrados en el pequeño puerto. Contemplando plácidamente como esos botes y veleros se mecían, acompasados con las pequeñas olas, se me fue olvidando aquella dichosa ansiedad por haber dejado de fumar.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras+.

 

Cayeron las bombas. El parque está desolado. Los columpios que antes mecían niños inquietos y felices, ahora tienen las maderas rotas y sus cadenas chirrían oxidadas. Tampoco se han salvado los rosales ni las olorosas celindas que alegraban el parterre. Me gustaría pensar que vendrán días felices, que esto es solo un mal sueño, que no puede ser que los grandes mandatarios se disputen un terreno solo por poseer, aunque ello implique la muerte de sus ciudadanos.
Por Virtudes Torres.

 

No podía ser cierto que aún los días pasaban y nadie le daba respuestas, hacía más de un mes de la desaparición de su hermana, no hacia más que pensar en dónde pudiera estar, o si quizás ella decidió alejarse de todos; ya comenzaban a salir las lágrimas cuando escuchó risas juguetonas, y ahí estaban sus pequeños sobrinos, se mecían alegremente al ritmo de la música, estaban tan bien… Ignorando la realidad de todo lo que sucedía.
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

Hay días en los que me obligan a pensar en lo que ocurrió y noches que me dan medicinas para que no lo recuerde. ¿Dónde están los cuerpos? ¿Cómo los mataste? ¿No has pensado en sus familias? ¿No te da vergüenza? Todas esas preguntas mecían mis sueños, pero yo no tenía las respuestas. Solo la imagen de quien lo hizo y el miedo a ser la siguiente dentro de los huesos.
Por CrisMandarica, del blog Detrás de la pistola.

 

En el momento en el que he visto cómo se mecían mis pies, he comenzado a pensar. Ojalá lo hubiese hecho días antes. No habría tomado esta estúpida decisión. Empieza a faltarme el aire. Intento desatarme la soga del cuello. De repente, un crujido. Miro hacia arriba y sonrío. La lámpara cede al peso de mi oronda barriga. Al instante, caigo. ¡Menos mal! ¡Menudo golpe! Pero estoy vivo. Observo sangre en mi camisa. ¡Vaya! Debe… ser… de… esto… que … tengo… … clavado … … en… … … la nuca.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

El rey negro se mostraba vencido. Reina, torres, alfiles y caballos parecían fuera de la partida. La derrota y la humillación se mecían sobre su corona. Hacía días que el juego oscilaba entre los dos antagonistas y todo hacía pensar que las blancas se llevarían la victoria. Sin embargo, tanto se abstraía el Rey en sus figuras que no se daba cuenta en manos de quiénes estaba la victoria. Sus peones. Porque las piezas más insignificantes son, la mayoría de las veces, las más important
Por Jose A. Sánchez (JascNet), del blog Acervo de Letras.

 

Una mañana más, me despierta el otoño arañando los cristales del ventanal con sus ramas desnudas. Un escalofrío sacude mi memoria y me estremezco. Imposible levantarme. Mi corazón no responde a las órdenes que recibe de la cabeza y se da media vuelta en la cama. Intento no pensar en ti, ni regresar a aquellos días en los que te buscaba y no te encontraba en mi abrazo. Aún me duele demasiado tu ausencia. No puedo olvidar cómo las olas te mecían inerte al pie del acantilado.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

A cierta edad uno no para de pensar en esos días en que creía tener razón en todo. A su vez el viento trenza recuerdos que recorren la espina dorsal en forma de escalofrío. Con casi ochenta años resulta demasiado tarde ya, admitir que esas creencias que mecían nuestra juventud se esfumaron entre el oleaje del tiempo.
Por Rebeca, del blog Crónicas de la loca que cazaba nubes.

 

Se mecían inconscientes con el vaivén del transcurrir de los días. Tan solo podían pensar en el modo de remendar las hilachas de vida que su ausencia les dejó.
Por No solo leo, del blog No solo leo.

 

«―Los días menguaban y la luna cantaba en el cielo. Las estrellas se mecían…
―Las estrellas no se mecen.
―¿Quién cuenta el cuento, tú o yo?
―Y la luna no canta.
―¡Claro que sí!
―Pues yo nunca la he oído.
―Pues es una pena. Dame esa estúpida tableta. Ahora vas a pensar e imaginar. Lee esto.
―¿Y los libros cómo se encienden?
―No sé. Pregúntaselo a la luna ―dijo mamá saliendo de la habitación.
Y la luna contestó».
Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Se mecían las hojas de los árboles a medida que pasaban los días de otoño. Y ella, sin poder olvidar, sin poder dejar de pensar en lo que la esperaba, miraba por la ventana esperando que él volviera. Pero aún no era su momento, aún faltaban semanas para que eso ocurriera. Y es que, por muy rápido que pasara el tiempo, el iniverno todavía no había tocado a su puerta y, sin él, Santa no llegaría. Pero ella lo sabía, la Navidad estaba cerca. Y esperaría.
Por Montse, del blog Amor y palabras.

 

Los días transcurren lentamente y no dejo de pensar en todo lo que ha ocurrido, hay momentos en los que creo que todo es una mentira. Que estas aquí y al llegar a casa te voy a encontrar con una gran sonrisa a modo de bienvenida. Los recuerdos se mecían suavemente por mi mente y me pregunto ¿Por qué tenía que pasar todo esto? ¿Cuándo fue que dejamos de vernos? La vida que teníamos juntas ha terminado y en estos instantes en que todo se agolpa en mi mente solo deseo llorar.
Por Cecy Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

Hace días que no paro de pensar en que a la niña le pasa algo. Se sienta en la ventana acariciando esa muñeca, mientras murmura una letanía ininteligible que pone los pelos de punta. Hoy le he preguntado por fin; me ha dicho que si se mecían las hojas era porque los árboles nos espiaban pero que si ella los vigilaba, no se atreverían a hacernos daño. Por eso he decidido que no me voy a tomar las pastillas del psiquiatra. Me da miedo quedarme sola y que los árboles vengan a buscarme.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Miraba de reojo como se mecían aquellos cuerpos inertes colgando de la soga. En el patíbulo, los cadáveres se amontonaban intentando dar una clara lección. Iban a imponernos su doctrina con miedo y barbarie. Malos días para pensar por uno mismo…
Por Morralla.

 

Últimamente me da por pensar en aquellos días, en los que pasábamos ociosas las horas, sin más objetivo que disfrutar el uno del otro, que descubrirnos y sorprendernos. Y recuerdo todos los consejos no pedidos de aquellos que no te mecían, no te mimaban y no te cuidaban. Todos opinólogos y todos errados, porque lo que al final funciona es aquello que sale del corazón, donde el instinto imprime el camino correcto a seguir. El tiempo me dará la razón.
Por Nahnnuk.

 

Las hojas de los árboles se mecían suavemente, cadenciosamente. Hacía tan solo unos minutos las ramas parecían batirse en duelo contra el viento y la lluvia. Una a una las hojas iban desprendiéndose de ellas. Días que no invitaban a salir. Pero ella, después de mucho meditarlo, había decidido hacerlo. Después de hacerse las pruebas y pedir diferentes diagnósticos, el día había llegado. Le esperaba el quirófano. Ese bulto, que tanto le había hecho pensar en lo peor, había ganado.
Por Jose Lezcano, del blog A orillas del Oria.

 

Se sentía muy a gusto, le mecían, le acunaban y así pasaban los días. Disfrutaba de todas y cada una de las sensaciones que su cuerpo percibía, los suaves sonidos, los fragantes olores, las relajantes vistas, que una a una iban forjando sus recuerdos y construyendo su memoria. De vez en cuando algo la sorprendía, como un grano crujiente en el bol de palomitas, se detenía para pensar y analizarlo decidiendo si lo retenía o no; y así continuó saboreando la vida.
Por Carmen.

 

Recuerdo los árboles de bambú que se mecían al compás del viento. Recuerdo su suave canción y los rayos de sol que se colaban a través de sus ramas. Y el río. Recuerdo ese río de agua fría y cristalina con arena blanda sobre la que podía distinguir nítidamente mis pies. Recuerdo las risas de esos días. Éramos tan jóvenes. Navegábamos en las miradas. ¡Y pensar que éramos felices!
Por Kathie Kyg, del blog Sulla Strada.

 

Adiós amigo invisible, sé que me abandonarás. <>, has dicho. No quiero ni pensar en lo tediosos que se harán los días. Esos días en los que tus susurros mecían mis juegos y mis sueños, tu brillo coloreaba las hojas marchitas del jardín y tu voz ponía música al desayuno de cada mañana. Siento que no me gustará estar sin ti, siento que no me gustará dejar de ser niña. Un día al abrir los ojos espero oír: Ya estoy aquí.
Por Maite Moreno.

 

Hacia un par de días que las olas del mar mecían su cuerpo. El gris de su mirada acusaba al horizonte que, sin pensar en su desgracia, la bañaba de cálidos colores que solo la paleta de Dios puede proveer. Cerca de su brazo derecho, un cangrejo lucha con la hipodérmica que cayó de su mano al momento de su muerte. La noche se cierne sobre su joven cuerpo a la vez que las olas la empiezan a arrastrar, ansiosas por llevarla a conocer su nueva morada.
Por Jose Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Me quedé allí, sin saber qué pensar mientras veía cómo se mecían las hojas que el otoño había sustraído a los árboles. De repente, todo parecía haber perdido sentido. Los días continuaban a pasar, uno tras otro. No se detenían, por nada, por nadie. Por otro lado, ¿por qué deberían hacerlo?, ¿qué deberían esperar? No sabía qué responder, porque tampoco yo sabía qué debía esperar, o si realmente deseaba hacerlo. Ambigüedad, eso sentía. Todo y nada.
Por Alma.

 

Dedicaba sus últimos días a pensar. Sabía que el final estaba cerca, pero no tenía miedo. Tranquila se mecían sus recuerdos bajo la luz de la luna, que difuminaban sus manos llenas de manchas y grietas, jugando con un chal de lana. Se colocó el rodete y suspiró. Dejaba un buen legado de mujeres a las que había abierto los ojos. Estaba convencida que la estirpe de sus brujas daría mucha guerra y se sentía orgullosa.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

El viaje de regreso a casa era largo, pero al menos me daba tiempo para pensar. No podía regresar con las manos vacías. Con el paso de los días me iba haciendo a la idea de llegar, casi podía ver como se mecían las sabanas tendidas al viento. Caminar y soñar despierto no suele ser buena idea, caí ladera abajo. Golpeé algo muy duro que detuvo mi caida en seco y me dejo sin aliento. P-E-G-A-S-O , un golpe de suerte?, y perdí el conocimiento.
Por Alberto Fernández.

 

TyK veía pasar los días, veía cómo se mecían las ramas de los setos de su jardín a la vez que no dejaba de pensar que tenía que escribir su aportación para el reto de este mes.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Su mirada perdida, enfocaba los campos de trigo donde se había criado y había vivido miles de aventuras cuando era niña. Ahora no podía hacer otra cosa que intentar pensar en aquellos días donde todo era felicidad, mientras que su familia antaño una piña ahora no era más que esquirlas que había dejado los acontecimientos de su vida. Una lagrima corría sus mejillas, los trigales se mecían al sonido del viento, mientras pensaba que hubiera sido de su vida sin aquel fatal accidente.
Por Arekkusu.

 

Las palabras se mecían en su mente pero no había caso, no le salía ni una sola oración decente. Pasaban los días y la ansiedad crecía. De tanto pensar y pensar ya le dolía la cabeza. Al último instante, lo intento una última vez.
Por ana-liliana.

 

Los días se volvieron luminosos, perfumados, coloridos. Un mundo intensamente verde besa mis ojos cada mañana. La primavera vistió las ramas donde se mecían al viento el frío y la lluvia. Solo tengo espacio para pensar, evocar sin esperanzas, reparar dolores, tejer palabras, volar con ellas olvidando este cuerpo desgastado por el paso de los años, prisionero en esta silla de ruedas.
Por Saricarmen, del blog Desde el cielo.

 

Me gustan los días como este, lluvioso y frio. Me hace pensar en todo lo que ha cambiado en mi vida. Hace unos meses veía como las flores se mecían con el viento, ahora miro como las empapa la lluvia. En ese entonces era una estudiante que vivía con sus padres, ahora tengo un buen trabajo y vivió en mi propio departamento.
Por Julissa E.

 

¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?

 

¿Te unes a ellos?

Pin It on Pinterest