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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Estrella Amaranto, Julissa E.

MEDALLA DE BRONCE; P. V. Velazco.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

OCTUBRE:

Descanso, extraña y suelo.

 

 

Parece que los he despistado, así que me tomo un descanso. Apoyo la columna contra el tronco de un abedul y respiro hondo. Un rayo de sol que ha logrado colarse entre las tupidas ramas dibuja una extraña forma en el suelo junto a mis pies. Saco de un bolsillo oculto en mi capa la semilla mágica que acabo de robar. No parece gran cosa, pero significa un principio para un pueblo que se muere de hambre. Simboliza la esperanza.
Por Adella Brac.

 

Tu mirada antes cercana se ha tornado extraña. Sentado frente mí como de costumbre cara a cara masticamos sistemáticamente la comida, tragamos, nos limpiamos con la servilleta, bebemos un sorbo de vino, comentamos los detalles del día. Se me hace insoportable y me imagino pedirte un descanso, pero también tu corazón precipitarse al suelo en mil pedazos. Así que tomo aire, me levanto y te abrazo. Hay adiós de postre; luego me marcho.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

Era una noche clara –lo recuerdo bien– de luna llena. Trabajaba de guarda nocturno en un yacimiento arqueológico y estaba tomando un merecido descanso cuando en eso vi una extraña bola de fuego que atravesaba la atmósfera y se estrellaba en el suelo. Fui a ver y descubrí que dentro del meteorito había algo; bueno, no era algo, era alguien: una preciosa bebé de ojos verdes. De eso hace ya casi dieciocho años. Hoy soy muy feliz pues me ha pedido ser su padrino de boda. He aceptado, naturalmente.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Sobre el aire sus alas parecen extenderse por kilómetros, por eso siempre está volando, porque nunca se ha sentido más libre o más grande. Pero su vuelo no puede ser eterno y cada cierto tiempo necesita un descanso. Al descender siempre se siente una extraña en el suelo. Entonces la joven gaviota abre sus alas y se remonta de nuevo a su hogar, inmenso y basto, sin fronteras como sus sueños.
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Eres extraña, y por eso me gustas. Suelo ponerme nervioso cuando me miras y por eso mis ojos se rinden a los tuyos. Descanso cuando duermes porque tus ganas de jugar debilitan mi cansado cuerpo. Tu fogosidad me rejuvenece y me agota al mismo tiempo. Pero a pesar de todo, jamás me he arrepentido de haberte sacado de aquel pequeño campo de concentración y que ahora, más que mi gata, seas mi compañera.
Por Lorenzo.

 

Eres extraña, y por eso me gustas. Suelo ponerme nervioso cuando me miras y por eso mis ojos se rinden a los tuyos. Descanso cuando duermes porque tus ganas de jugar debilitan mi cansado cuerpo. Tu fogosidad me rejuvenece y me agota al mismo tiempo. Pero a pesar de todo, jamás me he arrepentido de haberte sacado de aquel pequeño campo de concentración y que ahora, más que mi gata, seas mi compañera.
Por CrisMandarica, del blog Detrás de la pistola.

 

Es otoño y el suelo del parque se va llenando de hojas doradas; los bancos invitan al descanso de una larga caminata, a las animadas charlas de las mamás mientras sus niños juegan en la arena o se balancean en los columpios. A pesar de la algarabía, la paz reina en el recinto. No me extraña nada que, bajo esta dulce sinfonía, algún abuelete de una cabezada.
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de relatos.

 

Hace más de un mes, pero aún siento una extraña sensación. Cada día vuelvo al lugar por donde escapaste con la ilusión de encontrarte en el suelo, agotada. No tengo certeza de lo ocurrido, pero tu edad y deterioro vuelven probable tu muerte. No pude despedirte, acariciarte, ni darle un lugar de descanso a tu cuerpo. «Sol»: leal guardiana y compañera, no estás, te extraño, y secretamente reconozco que mi esperanza se niega a desaparecer.
Por Saricamen, del blog Desde El Cielo.

 

Sube la escalera despacio; el suelo del último descanso esta frío. Empuja la vieja puerta que protesta rechinando. Se percibe una sensación extraña en el ambiente. Ahí esta toda su familia y bien le dan ganas de regañarlos por no esperarlo, subir le cuesta mucho trabajo. Se acerca a la cama, evitando las manos que intentan detenerlo. Algo esta mal, algo es diferente, malo. Siente un dolor en el cuello mientras escucha a su ama decir… “Llévate al perro al patio por favor”.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Luego de días de dolor, sorpresas e incertidumbres, finalmente voy encontrando un poco de paz. Descanso mi alma, como pequeña e indefensa niña, en ti. En el suelo de mi pobre tierra, a veces extraña, intento volver a ponerme en pie con una sonrisa, no dejando de abrazar una nueva primavera que me llega de regalo. Reconociéndome en sus aromas finalmente y en la música de mis caireles.
Por Diana Rosa Conti.

 

Ruidos en la planta baja interrumpieron su descanso. Una extraña sensación le recorrió la espalda. Se deslizó bajo las sabanas. Sentía el frío suelo bajo sus pies, y comenzó a bajar las escaleras. Estaba seguro de haber dejado bien cerradas todas las ventanas, o ¿no?…ahora una de las hojas de la ventana del salón se golpeaba rítmicamente con el vaivén del viento, la cerró y se volvió a la cama. Ya no pudo dormir o ¿era un sueño?
Por Carmen.

 

Cierro el paraguas y hago un descanso en el camino. Contemplo el paisaje. Todo es gris. Los edificios, el suelo, el asfalto, los coches abandonados. Todo cubierto por esa gruesa capa de extraña ceniza que no ha dejado de caer en años. Incluso las personas parecen haberse imbuido de ese triste color. Les impregna la piel, el pelo, la mirada, la forma de hablar, de vivir. Pero ahora mi paraguas está cerrado. No cae ceniza. Quizá haya una esperanza. O quizá no.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Necesitaba un descanso después de un día tan caótico, además llevaba días sintiéndome un poco extraña no sabría explicar a que se debe, pero me sentía un tanto diferente y cada vez que miraba el espejo no era capaz de reconocer el rostro que refleja, sin embargo, había algo familiar en el que no me hacía temer así que lo dejaba pasar. Hay ocasiones que me daba la sensación que el suelo se movía y algo dentro de mi crispaba como si hubiera algo que habita dentro de mi cuerpo.
Por Cecy Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

Extraña forma de decir «te quiero» subido en la repisa del alero del tejado con los brazos en alto, casi a punto de volar o de caer al suelo y yo abajo mirándote con los ojos como dos donuts escapándose de mi rostro, como dos globos de feria, temblandome las piernas. Nunca pensé que podría suceder, pero de tu bolsillo se escapó aquella carta traidora con aquel carmín tan sospechoso. Deslizándose hasta mis manos para descubrir tu infidelidad, antes que tú y tu descanso eterno.
Por Estrella Amaranto, del Blog Literario Amaranto.

 

A las diez en punto, Ramiro interrumpe su trabajo durante la media hora que le corresponde por ley. Se sienta en el suelo con la espalda apoyada en un árbol y desenvuelve el bocata de atún. Una mujer de mirada extraña con tacones altos y un bolso enorme se para delante de él, le da los buenos días y deposita sobre el envoltorio de aluminio unas monedas. Mientras contempla cómo se aleja, Ramiro recoge el dinero, alza los hombros y se lo guarda en el bolsillo. Se acabó el descanso. A trabajar.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

Una extraña figura cruzaba por el por el parque. Las luces de las farolas estiraban por el suelo, a su paso, una monstruosa sombra. Al llegar, finalmente a mi altura, una agradable voz, aunque algo fatigada, me pidió permiso para tomar aliento y descanso en mi banco. La elegante mujer, con sombrero y bolsas en cada mano, me proporciono esa tarde otoñal una agradable conversación; que continuamos delante una taza de chocolate con churros.
Por JM Vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras+.

 

«¿A qué mente extraña y retorcida se le ocurre semejante caminata para asesinar a un pastor de cabras?», piensa el inspector. Se toma un merecido descanso, y su mente asevera: «Será difícil encontrar evidencias que me ayuden, a no ser que el asesino sea un torpe», y a dúo con el pensamiento una oveja bala, presiente una pista, y la es, sobre el suelo cerca de las patas del animal ve un móvil. «Ojalá no sea el del pastor», se dice sonriendo.
Por Maite Moreno.

 

Me sentía extraña, fuera de todo y sin lugar. Para calmar el sentimiento decidí acostarme en el suelo, quizás así me absorbería, me llevaría a cualquier planeta, pero eso no pasaba, mejor era cerrar los ojos, tomar un descanso, y soñar mientras se mezclaba la realidad con la imaginación, mientras era feliz en un mundo completamente mío. Las nubes comenzaba a tomar colores, no eran solo grises, eran amarillas, lilas, azules, eran felices, cargadas con dulces, esperando por soltar todo ese color.
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

Necesitaba un descanso de todo ese agobio constante. El trabajo, la rutina, su hija. La extraña sensación de que la vida se le estaba pasando muy rápido la inundó. Tenía cuarenta y tres años ya. Vio sus días pasar uno tras otro. Recordó el aroma del bizcocho que hacía su mamá, la primera vez que besó a su esposo y el día que nació Tania. Como cae un rayo, así de repente, fue la punzada que sintió en su corazón. En la cocina se oyó un golpe seco, la mujer quedó tendida en el suelo.
Por ana-liliana.

 

Después de un corto descanso, corrí mis últimos kilómetros, llegué a las primeras viviendas de la ciudad y para no acomodar a mi cuerpo a la misma ruta, decidí cambiar el recorrido por el barrio llamado «Las calles oscuras», fue un entrenamiento largo pero productivo. Oí una extraña voz, sin distinguir qué quería decir. Recuerdo que caí al suelo. Esa fue mi última carrera.
Por Gustav.

 

Regresé pronto a casa. Necesitaba un descanso. Al entrar, tuve una extraña sensación. Juraría haber echado la llave. Más raro fue encontrar, en el suelo del pasillo, mi vestido rojo. Además, se oían unos jadeos. Me acerqué a mi dormitorio. Aluciné. Creí estar viviendo una experiencia extracorpórea. Me vi a horcajadas sobre mi novio. Pero pronto salí de mi enajenación. Descubrí, sobre aquel voluptuoso culo, el bamboleo de un lunar. Lo único que me diferencia de mi hermana gemela.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Cuando pienso en ella, tumbada en el suelo, en esa posición tan extraña, me pregunto cómo es posible que sea capaz de procurar descanso. Es sorprendente. La he visto dormir en diferentes ocasiones, pero es tumbada boca arriba, con la cabeza ladeada y la lengua fuera, como más curiosidad me provoca. A veces los ojillos se le quieren medio abrir, pero su fuerte ronquido te indica que duerme a pierna suelta, literal y figuradamente. Los perros son increíbles y Loula es única.
Por Nahnnuk.

 

Una extraña sensación de inquietud perturba mi descanso. Un escalofrío recorre mi espalda en cuanto pongo un pie en el suelo. Inspecciono toda la casa con sigilo, sin detectar nada raro. Hace tanto tiempo que vivo solo que me he acostumbrado a mi silencio. Alguien hurga en la cerradura de la puerta principal. Dudo si debo esconderme o hacerle frente. Siento cómo su cálido aliento se adueña de todo. Con la sábana entre las piernas, regreso de nuevo a mi polvoriento desván.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

Una enajenada, eso es ahora, una completa extraña de sí misma que no reconoce nada de lo que es capaz de definirla. No sabe quién es, ha perdido la pasión por las cosas que la hacían única. La ayudo a caminar pero su cuerpo a veces no quiere responderle, se arrastra por el suelo, solo me pide un descanso, descansos que se prolongan, que son cada vez más frecuentes. ¿Será capaz de volver un día?
Por Kathie Kyg, del blog Sulla Strada.

 

Me tomo un descanso de la lectura para escribir mi Reto cinco líneas de este mes. Me acomodo en el suelo y me siento extraña al pensar que ya llevo cinco años participando en este desafío. Gracias.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

Yo pensaba que podría con todo, que sabría estar en cualquier lugar, que el descanso sería aquel en el cual no abriría los ojos jamás, que el suelo era mi fin, pero esa extraña sensación nunca apareció y descubrí que es más bonito pensar en seguir viviendo que en querer morir.
Por Carlos Gonzalez.

 

Cierro los ojos como suelo hacerlo cuando descanso y dejo que la mente se vacíe de pensamientos una vez más, hago borrón de toda experiencia vivida y arraigo en el fondo de mi pecho nuevos momentos tan verosímiles, y a su vez tan crueles, que parecen reales. Los ordeno en mi cerebro y, como quien no extraña esta metamorfosis, corro hacia la calle. Necesito una nueva víctima para saciar el hambre de carne y la sed de sangre del psicópata que se esconde dentro de mí desde hace tanto.
Por Lluís Servé Galan, del blog Es desclou la tenebra….

 

Descanso en el suelo mientras una extraña criatura me observa. Noto su deseo. Noto como observa con ojos lascivos cada rincón de mi cuerpo. Noto como sus garras frías, afiladas y pegajosas cogen la tela de mi vestido y la alzan. La criatura se relame y grita unas extrañas órdenes en su gutural idioma. Cierro los ojos y me preparo para mi final… pero éste jamás llega. Recuerdo ese momento como si fuera ayer. Hoy ya van 15 años que convivo con aquella criatura. ¿Llegará alguna vez mi final?
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

Todo el día vigilante y atenta a lo que venga a molestarle. Arrastrándose, volando, oculto entre las sombras o buscando un descuido. Siempre estoy alerta. Aunque parezca una extraña sé que me quiere. Le costó aceptarme, pero ahora no sabe vivir sin mí. Le cuido cuando come, cuando lee y sobre todo cuando duerme. Solo descanso cuando toca su instrumento. Ese es el momento en el que me tiendo junto a él en el suelo y contemplo mi vida canina. Creo que no es tan perra como la suya.
Por Jose Ant. Sánchez, del blog Acervo de Letras.

 

Se despertó con los ojos vidriosos, rojos y la voz pastosa. La poción aún le hacía efecto, se sentía extraña. Quizá no fue una buena idea hacer una fiesta en la aldea, pero era una tradición de hacía siglos. Esperaba que nadie la hubiese visto cuando cayó al suelo. Tuvo la sensación, de que si no tenía un descanso reparador, no podría acudir a la asamblea para su futura coronación.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

Te agarré fuerte la mano; me decía mil veces que si tu eras feliz yo lo sería por tí, aún así esa alegría era extraña para mí. La busqué con desespero pero esquiva ella, nunca le di alcance. Era lo que tú deseabas. Pero mi corazón no lo aceptaba; estaba roto, destrozado en mil pedazos tirados en el suelo mucho antes de que aquél maldito líquido inyectado en tus venas lograra lo que tantas veces me rogaste, déjame ir. Que no haría yo por tí. Así que te lo dí, tu descanso eterno.
Por No solo leo, del blog No solo leo.

 

Cansada de tanto caminar por todo el centro comercial en busca del traje apropiado para la fiesta se sentó en un banco y disfrutó de un breve descanso. Al tratar de levantarse no pudo y una mano se extendió como invitación para incorporarse pero, al ver la extraña figura cayó al suelo. Escuchó una risa espeluznante: era la Muerte quien, divertida, la dejó escapar. Despavorida corrió con las bolsas de las compras.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

«Echó su mirada al suelo y comprobó que aquella persona tenía una sombra extraña desde luego no era humana, daba la impresión de que procediera de otro plano espacio-tiempo y se hubiera incrustado en él, como si necesitara un inquilino del cual alimentarse hasta el momento de librarse de él para acometer el propósito que había venido a cumplir» …Uf esto es más difícil que lo que pensaba, necesito un descanso.
Por Arekkusu.

 

Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en que en el desierto de Arizona el agua y la tierra fueron uno. Su amor fluía por los recovecos del suelo y paredes sembrando vida a su paso, pero el cielo celoso los condenó separándolos. Hoy la lluvia, enjaulada en nubes, extraña a su amado y este a ella. Es posible que si viajas al Cañón del Colorado seas testigo del milagro de su mutua búsqueda sin descanso.
Por Rebeca, del blog Crónicas de la loca que cazaba nubes.

 

Suelo tumbarme sobre el colchón. La mirada clavada en el techo durante horas. En la oscuridad, mi mano recorre de memoria tu figura ausente, hasta que, aún despierto, las luces del día me saludan. Vuelven a alumbrar las memorias de nuestra despedida. La extraña frialdad de tus ojos. La flacidez de tu cuello. Un hilo de voz abandonando tu cuerpo. No hallarás descanso, fueron tus últimas palabras
Por Victor B. Gonzalez.

 

Era mi día de descanso. Cuando salí de casa para ir a pasear algo llamó mi atención en el suelo. Me agaché a recoger un brillante reloj de pulsera. En cuanto lo toqué me sentí extraña. La bulliciosa calle quedó en silencio. Todo a mi alrededor se había parado.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

La extraña figura se erguía majestuosa en el centro de la nave industrial. El cuerpo colgaba del techo, los pies apenas rozaban el suelo y las alas se desplegaban en posición de echar a volar. «El Ángel» era un collage de trocitos de persona, cosidos para componer la fantasmagoría que ahora les contemplaba. A los pies, una nota: «Por fin los influencers están reunidos donde merecen. Que el cielo sea vuestro descanso. Alguien tenía que hacerlo».
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

Otra vez esa extraña sensación la embargaba. Ella, que dominaba cada aspecto y situación de la propia vida, encontraba el máximo placer en poner las riendas en manos de Él. Contradictoria, así era ella, la contradicción hecha mujer. Pero es que ella sólo encontraba descanso cuando sus rodillas tocaban el suelo que estaba delante de Él.
Por Alma.

 

La noche cerrada me cae encima como una tormenta de verano, tan agradable, tan reparadora. La oscuridad es tan inmensa que no deja ver ni el suelo, necesito seguir en mi descanso pero una extraña euforia crece en mis entrañas. Noto mis párpados pesados como siempre, pero hoy estoy despierto. Ya es medianoche. La tierra de esta cuneta se abre como una vieja herida. La muerte y la vida llegan puntuales a la cita hasta para los abandonados. Es nuestra noche, sin trucos ni tratos.
Por J. C. Ritman.

 

Sentí una sacudida y un fuerte golpe en la espalda, una luz tintineaba ante mi cara mientras perdía el conocimiento. Lentamente volví en mi, estaba tendido en el suelo completamente a oscuras mi linterna se había apagado. Había resbalado con una sustancia extraña o algún tipo de resto, con sonrojantes resultados. Seria mejor posponer la búsqueda, tomarme un breve descanso y emprender el regreso a casa aun con las manos vacías.
Por Alberto Fernandez.

 

Aquí vemos a nuestra protagonista, la extraña dama violeta. Regresa de sus tareas fuera del castillo y se deja caer sobre la alfombra. Vean cómo se arrastra por el suelo, en busca del control remoto de su ayudante robot. En sus ojeras vemos sueño. El ruido de sus tripas nos habla de hambre. La pila de pendientes espera en la mesa. Y apenas ella alcanza el aparato, el sol reaparece en la ventana. ¡Así que sigan mirando! ¡En este show no hay descanso!
Por Cyn Romero, del blog El fantasma en mi tintero.

 

La casa de mi abuela se siente extraña sin su presencia. Comienzo a recorrer la casa donde pase la mayor parte de mi niñez. Luego de un rato decido tomar un descanso en el sillón donde ella solía sentarse para contarme historias. Todo esta tal y como lo recuerdo el suelo de madera, las paredes de color blanco y pequeños toques de dorado en sus adornos. Y por más que lo pienso no puedo creer que se haya ido para siempre.
Por Julissa E.

 

Busco el descanso en el recuerdo de tu mirada complaciente, con la extraña sensación de que, tras esa puerta, te encontraré tirado en el suelo, con los ojos sangrando dolor y miedo. Temo penetrar y que sea real esta pesadilla. Me arrellano en mi sillón y juro que jamás me levantaré, con la cobardía de la angustia, supurándome. Entonces, noto la suavidad de tu beso en la mejilla y abro los ojos, aliviada porque todavía no te has ido.
Por María José Viz Blanco.

 

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