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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA; Alma, Angela Castro, Arekkusu y La escritora cotilla.

MEDALLA DE BRONCE; Alberto Fernández y Carmen.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

SEPTIEMBRE:

Metal, vestido y grupo.

 

 

Aquí estamos. No quería salir pero reconozco que lo estoy pasando bien. Tampoco quería ponerme este vestido, aunque me encanta el vuelo de la falda cuando giro sobre mí misma. Lo veo en la barra, rodeado de su grupo de seguidores. Advierte mi presencia y se acercan. No me importa, yo tampoco estoy sola. Me protejo con mi armadura de metal imaginaria. Hoy sus palabras no podrán hacerme daño. No se lo permitiré.
Por Adella Brac.

 

La calle resplandece con tanto colorido. Las fiestas están en todo su apogeo. Una banda de música ameniza el paseo de los vecinos que se acercan hasta el recinto ferial. Algunos caminan en grupo luciendo el vestido típico del lugar mientras otros optan por mostrar sus mejores galas. Mientras, en las atracciones, casetas de tiro, tómbolas y chiringuitos lo que más resplandece es el vil metal.
Por Virtudes Torres, del blog Pétalos de relatos.

 

El grupo de turistas observaba cada mínimo detalle con admiración infantil. Apenas se detenían para las paradas técnicas y para reponer fuerzas con los platos típicos que incluía el circuito. Juan, de siete años, desapareció, de pronto. Nadie fue capaz de encontrarlo, aunque un paisano dijo que lo había visto con un hombre vestido con traje de metal y una bacía en la cabeza. La ola de calor estaba causando estragos en Castilla.
Por María José Viz Blanco.

 

Si Ilsa iba vestida de azul como la recordaba Rick en París, yo ese día iba vestido de rojo. Estaba terminando el verano y estaba empezando mi tristeza. Quería despedirme del amor que me había secuestrado mis sentimientos. Pero nunca apareció en el lugar donde nos citamos. Sonaba por la radio una balada de un grupo cualquiera de heavy metal. Y yo no tuve a nadie a mi alrededor para poder decirle que quizás sería el principio de una hermosa amistad.
Por Lorenzo.

 

El grupo de turistas llegó al pequeño pueblo costero. Alquilaron una barcaza y zarparon mar adentro. Todos llevaban vestido… o traje, era difícil de precisar, de un metal indeterminable para la ciencia. Llevaban grandes bolsas y unos baúles de muy alta seguridad donde guardaban las muestras biológicas. En lo profundo del mar les aguardaba su nave estelar. Despegaron por la noche, con su escudo de invisibilidad activado. La invasión alienígena estaba programada para el año próximo.
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.

 

Lo bueno de un grupo que no se deshace, es que puedes ser uno de esos miembros que vienen y van. Hoy me he vestido de gala para volver a retarme. Estoy tras el telón, muevo los dedos en el aire para practicar. El redoble suena, cojo el frío pomo de metal, abro la puerta y ahí están: los cincolinieros de ahora y de antes, que me sonríen. Y yo sonrío como nunca, porque he vuelto a casa.
Por Cris Mandarica, del blog Detrás de la pistola.

 

Contengo la respiración como casi todos los asistentes. El corazón me palpita tan fuerte que tengo que cerrar mi boca abierta por miedo a que se escape por ella y pueda reptar hasta su dueña. Qué visión tan hermosa; su vestido de seda se desliza a cada paso mientras baja lentamente la escalinata. A mi derecha un grupo de personas la observa y cuchichean: «dicen que tiene un corazón frío como el metal». Y yo suspiro aliviado, por suerte soy maestro fundidor.
Por La escritora cotilla, del blog La escritora cotilla.

 

Tras el linchamiento del indigente de color, el nuevo integrante de la banda callejera sintió tristeza y pena por el desdichado hombre. Sin que el resto de integrantes del grupo se diera cuenta, se retrasó y fue hacia el vagabundo para ayudarle. Levantó la placa de metal del expositor que habían tirado sobre él. Vio que estaba vestido con harapos. En ese momento decidió salir de la banda y hacerse cargo de ese hombre desamparado.
Por Gustav.

 

Finalizada la entrevista del grupo The Crazy Rockers Band, en uno de los platós de televisión, sus componentes se trasladaron hasta otro escenario, que una máquina de humo mantenía cubierto de una densa neblina, ocultándoles por completo. Nada más cesar tal efecto visual, el realizador ordenó al equipo de iluminación, que encendiera los focos, al tiempo que el público aplaudía entusiasmado, vislumbrando a sus componentes cada uno vestido de negro y adornados de crucifijos de metal y capas medievales.
Por Estrella Amaranto, del blog Blog Literario Amaranto.

 

En un grupo de jóvenes princesas, en el baile de aquel castillo, que parecía no ser de ningún tiempo, ni de ninguna historia, sino de todos los tiempos e historias; se encontraba la bella morena con un vestido hecho de finísimos hilos de metal precioso. Este parecía inundar el recinto con su reflejo dorado. A lo lejos, una pequeña mujer, algo perdida y con su hijo a cuestas, tendía su mano callosa, pidiendo, apenas, una migaja de ese reflejo.
Por Diana Rosa Conti.

 

En un típico grupo de amigas, uno de esas que pasean su fortuna por las calles del bulevar, derrochando el vil metal por el vestido más pomposo para una fiesta esa noche, otra destaca por ser más reprimida y saber que todo ese dinero se puede reservar para otros intereses, ella sabía priorizar y no derrochar.
Por Carlos González.

 

Éramos solo un grupo de amigos disfrutando de una linda fiesta de playa en el verano. La noche calidad, las antorchas por todo el lugar, la mayoría apenas llevaban un bikini puesto, yo me puse una camisola blanca que ondeaba con la brisa. Nos divertíamos hasta que pille a mi cita besado a un chico, entonces me alejé. Caminé unos doscientos metros cuando un tipo vestido de metal se acercó a mí. Su mirada no me permitió moverme, fue lo último que supe antes de despertar desnuda en la arena.
Por Katalina Camus, del blog Katalina Camus.

 

Cuando llegan a la ciudad casi desierta, lo hacen ilusionados por una nueva oportunidad laboral. Están acostumbrados a viajar y tienen una mente abierta. Sin embargo, no pueden evitar sorprenderse al descubrir que el taxista que los transporta al único restaurante abierto va vestido con una cota de metal. También les resulta desconcertante que el grupo de jóvenes que cena en la mesa de al lado haya dejado las espadas y los escudos en el guardarropa al entrar. ¡Habrá que adaptarse!
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

El grupo salía primero a calentar al público hasta que los gritos alcanzaban el nivel «fervor absoluto». Solo entonces María pisaba el escenario enfundada en su peculiar vestido negro. La mejor cantante de metal (literalmente) diseñada por los talleres Valltronik@. En el do final su vestido explotaba y se convertía en cientos de cuervos mecánicos, que escapaban volando del teatro. Les dimos la inteligencia pero siguieron a nuestro servicio. Les dimos el arte y dejamos de ser imprescindibles.
Por Carmela Padilla, del blog Letra Cuadrado.

 

No se había vestido aún, pero la presión del impaciente grupo que la esperaba en la iglesia, invadía su habitación. «¿Estaba segura? ¿Era lo que quería? ¿Sería capaz de decir ¡sí!; quiero?» Recordó cuán eternos fueron esos días recluida por indocumentada… Y ahora, «¿voluntariamente accedía a perder su libertad?» Escribió una breve nota y salió. Los sones del heavy metal la acompañaban mientras abandonaba la ciudad.
Por Saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

El vestido la hacía sentirse como en un cuento de hadas, finalmente podía salir a un baile, pero por los motivos equivocados; trataba de mantener la concentración, pero su cerebro no podía callarse, precisamente por esto había fallado anteriormente, necesitaba volver al campamento; pero ya recibía la señal, era el momento de iniciar el ataque, ya divisaba a su objetivo en un grupo a su derecha, y su espada de metal estaba en su mano izquierda.
Por Angela Castro, del blog Festín de libros.

 

El siniestro grupo se iba aproximando, con sus negros hábitos y cadencioso paso, resultaba todavía más aterrador. El redoble de los tambores, ya justo a su lado, la hizo estremecer al paso de la procesión. A través del vestido, escalofríos la recorrían, con el vello erizado. Sintió una punzada en el corazón, como la de una aguja de fino metal, cuando la comitiva acabó de pasar. Sus pesadillas del internado volvían en cada Semana Santa.
Por JM Vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras+.

 

Las ramas secas de los árboles producían un sonido espantoso gracias a un grupo de aves y el fuerte viento. En medio del bosque de Arosmile sus ojos buscaban un inexistente halo de luz, hasta que de pronto sintió la presencia de alguien más. Lo siguiente que sintió fue una estaca de metal que se adentró en su pecho. El terror acechaba, ¡puesto que no había sangre en su vestido! Y dolía como el desamor. Ahora su alma descansa.
Por P. V. Velazco, del blog Sinfonía de cuentos.

 

El grupo había quedado para una fiesta y él estaría ahí. Desde la primera vez que le había visto se había quedado atrapada, era inteligente, divertido, y con un atractivo indescriptible, no podía quitárselo de la cabeza. Ella apareció con un vestido en tonos rojizos como el cobre, ese metal tan buen conductor, que de nada sirvió, pues no atrajo ni una sola de sus miradas. Aun así, se las compuso para acompañarle mucho tiempo.
Por Carmen.

 

Al tragar noté un sabor a metal y me dí cuenta de que me había mordido el interior de la mejilla demasiado fuerte. Verme aquí subida, delante del espejo, con este vestido, convertida en la novia perfecta, es difícil de soportar. Demasiadas capas, organza, brocado, demasiado chantilly. Suspiro profundamente y un pensamiento surge de las profundidades mientras sonrío maliciosa: He perdido la apuesta, pero cuando escoja los trajes de mi grupo de damas de honor tendré mi venganza.
Por Nahnnuk.

 

Nueva ciudad, nuevo instituto y primer día de curso. Su madre estaba preocupada, le decía que no debía llamar la atención. Después de discutir, Alma aceptó ponerse pantalones para ir a clase. Al marcharse, se apeó del autobús una parada antes de llegar. Entró en el servicio de una cafetería, sacó su vestido rojo de la mochila y se lo puso. Su nuevo grupo de compañeros deberían aceptarla tal como era. Ella no sentía vergüenza por mostrar el metal de su pierna ortopédica.
Por Javier Puchades, del blog El decantador de letras.

 

Nunca se han visto hasta ahora, aunque hace tiempo que comparten el mismo grupo de «Facebook». A ambos les encanta escribir, pero les cuesta mucho el contacto personal. Por eso prefieren utilizar un seudónimo y esconderse tras un «avatar». Su relación se ha ido estrechando por privado y han decidido dar un paso más. Mientras lo espera, aletea su vestido nuevo sobre su silla de ruedas. Él la observa emocionado desde la distancia. Espera a que recupere el aliento su corazón de metal.
Por Pilar Alejos Martínez, del blog Versos a flor de piel.

 

El frío del metal rozaba sus muñecas. Aquellas cadenas parecían volverse cada vez más pequeñas, haciendo que finos hilos de sangre salieran de su piel. No solo manchando su caro vestido, sino dando un aspecto menos decoroso al de una dama. Al menos ella así lo sentía, pero el grupo de hombres que la miraban parecía que no. Suspiró y tragándose las lágrimas comprendió que esa vez su padre tardaría un poco más en rescatarla. Esa vez la había cagado.
Por Cath Hartfiel, del blog Una escritora sin filtro.

 

El grupo tocaba esa noche, después de varios años. Bianca sentía que el vestido le apretaba, el maquillaje se le caería de la cara como aceite y el lugar explotaría cuando ella tocara la primera nota en el teclado. Sus compañeros la alentaron y ella subió a practicar, una última vez. Al subir al escenario, sintió que al fondo de la sala alguien saltaba y gritaba su nombre. Lo extraño era que no se veía a nadie. Y la puerta de metal del ingreso seguía cerrada.
Por Cyn Romero, del blog El fantasma en mi tintero.

 

Muchas noches permaneció caminando por lugares insospechados hasta llegar a una cueva donde descansó. Sus cercanos compañeros la buscaron hasta entender que deseaba estar sola. Al salir de la cueva encontró el metal que buscaba, lo tomó y se construyó una coraza. En su camino algunos veían que llevaba un extraño vestido pero los que reconocieron la armadura hicieron un grupo y se unieron a ella.
Por Rosa Boschetti, del blog Rosa Boschetti.

 

Elisa sonreía a Amadeo, quien tenía el triángulo y la varilla de metal en sus manos. Ella se acomodó en su lugar, tomó el violín y las primeras notas sonaron suavemente. De repente, sintió un beso en su mejilla. Giró velozmente y vio a Amadeo sonrojado. «Suerte» le dijo, luego se retiró rápidamente hacia su lugar sin esperar respuesta. La que ahora estaba sonrojada era ella. Acomodó su vestido y colocó el violín en su hombro. El grupo se acomodó para poder repasar una última vez.
Por ana-liliana.

 

La mujer con el fino vestido de metal dorado se abrió paso entre las sombras de la noche. El grupo que la esperaba en el círculo de piedra era numeroso y heterogéneo. Parecían mujeres, hombres, niños corrientes. Pero al fijar la vista en sus rasgos estos se antojaban excesivos. Dientes demasiado largos, barba demasiado espesa, cuerpo demasiado etéreo, extrañas curvaturas espaldares semejantes a alas. El ritual para llamar a aquel que mora en las profundidades podía dar comienzo.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Camino por la calle luciendo mi hermoso vestido azul que me ha costado una fortuna, aunque tengo que reconocer lo hermoso que es y valió cada peso invertido. El vestido hace que la primavera resuene en mi piel al igual que la música de heavy metal que se desprende el reproductor mp3 que invade mis tímpanos, sin duda el grupo de rock Led Zeppelin es el mejor y puedo sentir las influencias del blues, el rock and roll, la música celta e incluso el country presente en sus canciones.
Por Cecilia Ramos Ponce, del blog Enredados entre lilbros.

 

Los tambores y cornetas resonaban en el campo de batalla, pero su grupo, una compañía especial de sanguinarios asesinos, no tenían prisa por partir. Tenían una misión muy diferente que cumplir. Suitita, la cabecilla, todavía no se había vestido con su chaleco de metal y ya podía sentir el sabor de la sangre en el paladar. ¿Saldría victoriosa una vez más?
Por Sadire Lleire, del blog Divagaciones en rosa.

 

Entre cuatro paredes reside mi actual solo con los restos de lo que fue mi vestido favorito y en lugar de mis amadas pulseras adornando mis muñecas grilletes del más duro metal. Demonios malditos son, el grupo de concubinas del emperador. Quienes me arrebataron mi puesto, como legitima esposa y emperatriz de kreig, tras la nefasta acusación de filtrar información secreta al imperio de Vierch; enemigo jurado hasta mi boda. ¿Quién ha de defenderme? A mí, Navia Kalenus de Vierch.
Por Ashanty.

 

TyK iba a reunirse con ese grupo que tanto le llamaba la atención desde hacía mucho tiempo. Por fin había llegado el día tan ansiado, cuando su ilusión se vino abajo al ver que no llevaba el vestido de metal que le serviría de aceptación para tan distinguida reunión.
Por Estefanía, del blog El rincón literario de Thor y Kira.

 

La manifestación se mantuvo firme desafiando las órdenes de desalojo de la policía. Nadie hizo nada violento a pesar de que sobraban las ganas y los motivos. De la nada, un grupo disfrazado de antisistemas irrumpió con estrépito. La policía no cargó contra ellos, pero sí contra el resto. Volaron objetos, comenzó el baile, llegaron las carreras. Las olimpiadas. Una batalla desigual en la que unos daban y otros miraban. El sabor a metal y el cielo de luto vestido de negro.
Por J. C. Ritman.

 

El grupo de animales yacían a sus pies. La sangre de ellos corría por sus manos. Pero no tenía otra opción. Le bastó ver entrar a su hija aquella noche. El vestido hecho jirones; el maquillaje corrido; el rostro desencajado. Lloró por días enteros. Había perdido la cuenta de cuántas duchas había hecho, hasta casi desprenderse la piel, hasta decidir ella misma poner fin al dolor. Entonces, el sabor a metal invadió su boca, la furia cegó su razón y la brutal venganza guió sus pasos.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Las huellas de sus pies quedaron impresas sobre la arena húmeda de la playa, se giró para sentir el placer de comprobar el camino recorrido, no hace mucho, no podría andar cinco metros sin fatigarse. El recuerdo de aquello le distrajo, y una ola que no pudo esquivar, le empapó el bajo de su vestido, como era feliz rió a carcajadas. Un grupo de chavales que tomaban el sol casi palparon su felicidad y rieron también, mucho más, uno, al que le relucía la bruñida media pierna de metal.
Por Maite Moreno.

 

El grupo de aves levanta el vuelo y se posa sobre la estructura de metal. A unos cuantos metros, Ramona, la «calandria» los observa. Sacude sus alas y se acicala el vestido. Da un par de pasos y se detiene a escuchar. La algarabía de sus colegas llena el ambiente, pero ella espera. Alza la cabeza y entona su canto. Un par de cuervos descienden hacia ella, pero orgullosa, los esquiva. Levanta el vuelo y se posa sobre una rama del nogal y canta, esperando al que sabe, llegará.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Los pliegues de mi vestido se mecen con el viento mientras atravieso la calle llena de edificios de metal. Al entrar a uno de los edificios tengo que rodear un grupo de personas, avanzo por el pació hasta llegar al restaurante donde él me espera. No sé cómo es él. No sé por qué acepte verlo después que nos abandonó hace tanto tiempo. Tampoco sé como logro contactar conmigo, lo único que importa ahora es que ya estoy aquí y no hay vuelta atrás.
Por Julissa E.

 

Andaba taciturna y alicaída cuando descubrí una notificación del grupo. Me hallé muy desconcertada, pero dichosa por el agasajo. Así que me puse mi mejor vestido de gasa, unos stilettos, un cloché y mi abanico de metal. Sin dilación me dirigí hacia el emplazamiento en cuestión. Franqueé la entrada pasando inadvertida. Sin embargo, cuando las luces infrarrojas impactaron en mi etéreo cuerpo todos empezaron a gritar. ¡No es fácil ser fantasma pasada de moda!
Por Jose A. Sánchez.

 

Recordaba perfectamente el filo de metal clavándose en mis costillas, sus voces obligándome a callar, sus risas mientras sus manos elevaban mi vestido, totalmente indefensa. Y ahora, tanto tiempo después, los tenía frente a mí, desangrándose en grupo, sufriendo juntos, como les gustaba hacerlo todo. Eran culpables, y aunque la justicia no lo hubiera decidido así, mi consciencia no apartaba esa palabra de mi mente, y por eso, mi venganza se había cumplido sin remordimiento alguno.
Por MonTse, del blog Amor y Palabras.

 

No era de metal, su cuerpo estaba conformado de carne, huesos, sangre; y dolía, claro que dolía. El vestido de la aceptación, y por supuesto de la venganza, lo llevaba ya bien acomodado al cuerpo, sin una sola arruga. El grupo allí reunido estaba fervoroso, ardiente como las llamas. Llegado el momento, tan solo unas palabras sentenciaron el destino de todos: “Quemad a la bruja”. Prometió volver. Ella siempre fue fiel a su palabra.
Por No solo leo, del blog No solo leo.

 

Estaba rodeada de gente que intentaba seguir el ritmo de la música. A lo lejos podía ver el grupo de Heavy Metal. La chica llevaba un vestido de cuero que contrastaba con el suyo de seda. En el fondo sabía que no eran tan diferentes: Un música fuerte, casi estridente, pero valía la pena porque tenía las baladas más dulces. Todos encendieron sus mecheros y cantaban con una sola voz.
Por Clara R. Sierra, del blog Athalía la lía.

 

Como cada sábado estábamos en el garito de Jan, esperando a que comenzase el concierto de Heavy Metal. Allí, entre el público había un grupo de chicos con sus melenas al viento, saltando y sonriendo; pero había uno que llamaba realmente la atención. Iba vestido de bailarina de ballet con botas con la puntera de metal. Historias de un sábado por la noche.
Por Avalle Rei, del blog El mundo de Avalle Rei.

 

El plato cayó al suelo con gran estruendo, todos nos quedamos mirando como rebotaba y bailaba mientras se acomodaba lentamente en el suelo, no se había roto Ya no se rompían los platos no eran de loza, eran de metal. Algo similar pasaba con la ropa, todo el mundo iba vestido con ropas sencillas, monocromáticas y de tacto rudo. A golpe de vista la cantina parecía tomada por un grupo militar, solo los mas viejos recordaban otra cosa.
Por Alberto Fernández.

 

Hacía tiempo que había tomado la decisión de no volver a formar parte de ningún otro grupo. Cualquier vivencia anterior a la que recurriese en su mente, no hacía otra cosa que confirmarle que la decisión tomada a este respecto era la correcta. Había sufrido mucho y lo había perdido todo o casi todo, lo único que le habían permitido salvar esos malvados humanos era su duro y frío vestido de metal…
Por Arekkusu.

 

Al entrar en casa, las llaves del coche se desprenden de su mano. Cuero y metal aterrizan sobre el parqué del recibidor. Se derrumba sobre el sofá, y acaricia su vestido. Ya no es la mujer que se lo puso unas horas antes. Apenas unas horas, lo que dura una cena con amigas, algunas copas… Su mirada encuentra un grupo de fotos en la pared. No se reconoce en aquella persona inocente. Sus dedos temblorosos ansían hacer una llamada. Su voz quiere salir de su garganta, descargar su conciencia. Pero no lo hace.
Por Victor B. Gonzalez.

 

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