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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE ORO; Aurora Roger Torlá, Carmen, Diana Rosa Conti, Do.Lobera, Francisco Velandia, JFV, jm vanjav, José Torma, Lorenzo, Luis J. Goróstegui, Mercedes Menéndez Aguirre, Minerva Hernández, MJ RU1Z y Nuria de Espinosa.

 

¡Enhorabuena a todos!

 

ENERO:

Prefieres, cerillas y compañeros.

 

 

Tengo cerillas. También mechero, si prefieres. ¡Vamos a quemar todos los miedos que nos impiden llegar a donde deseamos con nuestra escritura! Necesitamos liberarnos, liberar nuestras palabras. Creé el reto 5 líneas para ello y siempre ha sido refugio y salvavidas. Aquí puedes ponerte cómoda, puedes salir con timidez de tu zona de confort o puedes liarte la manta a la cabeza y dedicarte a explorar territorios desconocidos. Seamos compañeros de letras un año más, ¡feliz 2023!
Por Adella Brac.
 

No sé con qué quemó Roma Nerón, si es que la quemó o mandó quemarla. Y si lo hizo o mandó hacer, si fue con cerillas. Si es que existían en esa época. Me imagino a un legionario pirómano y a sus compañeros más gamberros recorriendo la ciudad a lo loco. Pero si prefieres, mejor esperar a que hagan la serie en Netflix.
Por Lorenzo.
 

De las cenizas que dejan estas cerillas muertas, tú te levantas dejando atrás esa amistad vacía y fría de tus compañeros de trabajo. Prefieres la risa cálida, sincera y alegre de aquellos que ofrecen su amistad en una fiesta desconocida, sabiendo que aunque no les vuelvas a ver habrán dejado una marca imborrable que se unirá a otras muchas para formar un cuadro ante el cual puedas sonreír.
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.
 

—¿No me digas que prefieres ser jurado, a fallero, que lo llevas en la sangre? ¡No me lo puedo creer!
—Después de tantos años quiero saber qué se siente al coger las cerillas y prender fuego a todo el trabajo de un año.
—Ha sonado a pura ironía, Luis.
—Mis compañeros saben bien cuánto me duele cada llama, cada falla que arde. Ahora seré yo quien prenda la mecha.
—Vamos, Luis, va a empezar la mascletá.
—No, no puedo, es superior a mí.
El estruendo se clavó en su pecho como un punzón de acero. Se mantuvo firme; ese año fue el encargado de prender la mecha de las fallas y sentir como su corazón se oprimía al hacerlo.
Por Nuria de Espinosa, del blog Entre luces y sombras.
 

Él observaba los cadáveres en el suelo. Intentó encender un cigarrillo para calmarse, pero el miedo no le permitió usar las cerillas. En el mundo real aquella tragedia sucedió en segundos. La respuesta que la desencadenó tomó algo más de tiempo. El demonio solo le preguntó:
—¿Prefieres vivir?
Al asentir, sus dos compañeros se desplomaron sin vida. Ahora tenía otro jefe al que rendirle pleitesía. Uno que, al primer error, lo llevaría al fondo del Abismo.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.
 

¡Preparados, listo, ya! El pistoletazo de salida retumbó en las cabezas de todos los compañeros. Recordaron que la vida es un viaje, no una carrera, y como las cerillas al consumirse lentamente una vez encendidas, comenzaron a saltar de segundo en segundo, cada uno a su ritmo. Y tú, ¿prefieres velocidad o parsimonia?
Por Carmen, del blog Propuestas and made.
 

—¿Qué prefieres? —preguntó Georgina, mientras sacaba las cerillas de la cartera y se las entregaba a Gustavo.
Habían pasado siete largos años, en una relación infructuosa; sabía que el amor sólo crece en las almas con alas y no era el caso. Gustavo, con los ojos llenos de lágrimas le contestó.
—Pues bien, seamos sólo compañeros.
Él dio la vuelta y se marchó. Mientras, Georgina lloraba su partida, aún sabiendo que era necesario aquel adiós.
Por Marelys Leyva, del blog Marelys Leyva.
 

Miró atrás, los compañeros de toda su vida lloraban abrazados, lejos, al principio del túnel. Esperaba que más pronto que tarde un fulgor guiara sus pasos pues con tanta oscuridad ya comenzaba a dudar de la leyenda urbana. Debería brotar una luz al final, ¿no? De repente, le rodearon unos susurros, nervioso, palpó la medrosa oscuridad. Buscó sin resultado las cerillas en los bolsillos. Asustado, aguzó el oído y escuchó: Antonio… ¿Qué prefieres, esperar aquí o tener otra oportunidad?
Por Carles Leo, del blog El páramo de Carles Leo.
 

En el golpear la espada (y desenredar el eco) apenas un fractal en un árbol de invierno muda las tranquilas ondas invernales del rayo de luz. Busco, en la caja de cerillas que dejó mi padre, la cabeza aún no encendida y la página de la colección de poesía en la brisa primaveral que abre las alas carbonizadas del ángel y donde el cuerpo de cristal es dañado por la sombra de las copas de los árboles (cual compañeros) desnudos.

abeja, vuela,
recuérdame la flor
que tú prefieres
Por Luis J. Goróstegui, del blog Observando el paraíso.
 

Noche cerrada. Los forenses se llevan el cadáver y yo acudo a mi cita en el pub de la avenida. Ella ya está allí. Me invita a sentarme. Se coloca un cigarrillo entre los labios y le doy fuego. Cuando estás con una dama así, siempre prefieres usar el encendedor en lugar de las cerillas. Le invito a una copa; al fin y al cabo, ella me ha ayudado a resolver este caso y tal vez siga conmigo; sí, seremos compañeros de aventuras… lo presiento.
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A. M.
 

Una vez, hace mucho tiempo, cuando aún no tenia compañeros, me encontré con aquel sujeto, alto, delgado y aterrador, con los ojos hinchados mientras sollozaba en el callejón que solía usar como atajo. En aquel momento dudé sin embargo finalmente dí un paso adelante y sacando agua y una pequeña merienda de mi mochila me le acerqué «¿prefieres el agua o el chocolate?» solo entonces logré oír sus murmullos «lo siento, lo siento tanto, no debiste dejar ahí las cerillas».
Por Moonmay, del blog ¿Qué es esto que siento?
 

Quiero que mi mente esté cautiva como mi cuerpo, indiferente a todo lo qué haces contra mí. Sé que prefieres que no te olvide y, que al igual que en tu caso, el amor que mora en mi interior siga vigente. Ignoro como puede suceder tal cosa, pues presencié como usas cerillas para perpetrar tus crímenes sin dejar huellas. Sé que en tu corazón mueres por nuestro amor, pero deseas que piense lo contrario; por eso te rodeas de múltiples compañeros.
Por Óscar Quijada Reyes, del blog Unas páginas más.
 

No puedo creerlo, siempre hemos sido compañeros: de niños, en las travesuras; de jóvenes, en la cama; ahora, en estafas y picardías. Y ahí estás, con las cerillas en la mano, prendiendo una llama para salvar el pellejo, aunque eso te convierta en mi verdugo. Prefieres unirte a los que me llaman bruja, denominándote hechizado; el miedo te ha roto y me has cargado de culpa y pecados. Ojalá sea bruja, porque su odio me asquea, pero tu traición la maldigo desde mi pira.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.
 

Si lo prefieres, usemos las cerillas. Yo prefiero utilizar una antorcha para iluminar la oscura noche. Nuestros compañeros nos seguirán a donde vayamos. Las calles serán nuestras mejores aliadas para permanecer más unidos que nunca. Caminemos, el destino nos espera a la vuelta de la esquina. Desde aquí puedo oír las voces que nos alientan a seguir avanzando. Yo iré primero; tú, detrás.
Por Juan Fernández Vicente, del blog «Poemas».
 

No es de esos tipos a los que les gusta esperar. Extrajo del bolsillo interno de su americana una pequeña pitillera, eligió un VegaFina y pidió al barman una caja de cerillas, de esas que todo local de prestigio regala con su propia publicidad:
—Amigo, te presto mi mechero, si lo prefieres —el camarero exhibe un Zippo de los años cincuenta, carísimo—. Me lo regalaron mis compañeros de la Brigada, cuando me recuperé de la bala que los gringos me acertaron en el hígado…
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.
 

La oscuridad en la caverna, era total.
—Ya no hay cerillas. Es la última —dijo Mary, apesadumbrada.
—Un descanso?… O prefieres continuar —respondió Kanon con igual tono.
De pronto, sus nombres hacían eco en aquellos tétricos túneles. Eran sus compañeros de viaje. PERDIDOS.
Por Apalonn Lee, del blog Aquella cosa llamada emoción.
 

Y aquí estamos, ante una caja de cerillas que ni siquiera hemos abierto y que, tras la horrible inundación, han perdido su llama para siempre. ¡Compañeros! ¡Compañeras! Este no es el fin, sino el principio. Aprendamos de nuestros errores y… ¡Martina! ¿Qué haces? ¡No! ¡Para! ¡¡¡PARA!!! ¿Que me calle? ¿Quieres que me calle? ¡Y a mí qué más me da que quieras ver la tele! Ah, que prefieres escucharlos a ellos antes que a mí… Bueno, pues esta vez te aguantas. Ya está bien, leñe.
Por Agnes.
 

«¿Que prefieres?», pregunta Daniel, mostrando en la palma de la mano una caja de cerillas y un mechero de esos de gasolina.
El cigarrillo en la comisura de la boca y mi mente a kilómetros de distancia, recordando la última frase que salió de sus labios y que me dejó hecho polvo. Chasqueo de dedos y vuelvo al momento presente.
«¡Venga hombre!», su voz suena preocupada. «Vente esta noche al Jacks, te distraes y te quitas a esa chica de la cabeza. ¡Invito yo, que para eso somos compañeros!».
Por Nahnnuk.
 

—Te voy a enseñar a escribir un mensaje secreto que, aunque quiera, nadie va a poder leer. Escribes con esta tinta invisible en uno de estos papeles y luego, quemas así, los bordes del papel con cerillas. Si prefieres no quemarlo, no queda tan bonito y tus compañeros se reirán de ti.
—¡Pero mamá no me deja tocar las cerillas, dijo muy serio el hermano pequeño.
—¡Es que mamá no entiende la vida super complicada de los piratas!
Por Marlen Larrayoz, del blog El blog de Trujamán.
 

Aunque prefieres ignorarlo, cada uno de tus pasos, cada elección, te ha conducido a este momento: rebuscando entre el pánico esa caja de cerillas en tus bolsillos. Dejando caer los fósforos al abrirla temblorosamente. Atrapando uno antes de que sus compañeros toquen el suelo. Confiando en que esa pequeña llama haga saltar todo por los aires, antes de que la criatura te alcance.
Por M.Hourloon.
 

Herví agua en la pava eléctrica. Un poco es para el té y otro poco es el truco para acelerar la sesión de aromaterapia nocturna. «Mira, encontré dónde estaban las esencias… ¿Prefieres la de naranja y pimienta, la de flores blancas o la de verbena?». En ese momento contesté que me daba igual, pero ahora, que ya no somos compañeros, no. Quedaban tres cerillas en la cajita húmeda, dos se rompieron. ¿Aparecerás junto al aroma de naranja y pimienta que elegiste? Última oportunidad.
Por Pequeña Raquel, del blog Pequeña Raquel y otros cuentos.
 

La lampara fluorescente se mece a un ritmo que nadie escucha, vasos de plástico, colillas de cigarro y cerillas ensucian la alfombra. Ni huella de sus compañeros. La lampara cae al suelo, oscuridad. Una mancha de sangre en el piso es el único indicio de que ella estuvo ahí. Al verla devorar a los invitados no le quedo opción. Cuando le preguntó, ¿qué prefieres? Su respuesta fue obvia, ahora se arrastraría, buscando nuevas presas para su reina.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.
 

Cuando te dan a elegir, señalas con la cabeza la que te parece la mejor opción. Con ese gesto les indicas que prefieres las cerillas. Tus compañeros de cautiverio te lanzan miradas aterradas. Todos estáis amordazados, atados de pies y manos; todos, colocados sobre una pira de objetos de madera y papel. Todos habéis sufrido abusos y torturas. Ya está bien. El fuego hará que se debiliten las ataduras. O lográis escapar a tiempo, o arderéis de una vez por todas en el infierno.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.
 

Los compañeros de clase se rieron de él cuando les habló de su magnífico plan. A él no le importaba. Estaba decidido. Fuera de plazo pero aún era Navidad; tenía la esperanza puesta en el poder de los Reyes Magos. Era de noche y el terror le bloqueaba. «No seas miedica; o prefieres no volver a sentir sus abrazos». Sacó las cerillas y encendió una vela para disipar las sombras y sus temores.
—Por favor, Reyes Magos, que mamá vuelva —suplicaba mientras se tumbaba sobre la tumba de ella.
Por NO SOLO LEO, del blog No solo leo.
 

Para encender un cigarrillo, una caja de cerillas o un mechero. En el bar, un vaso de cerveza o una copa de vino. En el restaurante, carne o pescado. Como estilo de vida, omnívoro o vegano. En la tarde, un trozo de tarta o solo un café. En el trabajo, amigos o compañeros. En la casa, familia o convivientes. Muchas decisiones nos vienen impuestas pero otras, la mayoría, deben ser tomadas por nosotros. Eso nos hace dueños de nuestras vidas. Y tu, ¿qué prefieres?
Por Antonio Jimenez, del blog Escribe y golpea.
 

Si prefieres que yo sea a tu manera, no podré complacerte. Si te parece que yo no encajo en ciertos acontecimientos, es porque te perdiste de mí en ellos. Yo solo puedo estar entre los buenos compañeros. Y si por ahí te encuentras a oscuras, y quienes que te adulan y festejan, te siguen por las redes y te colman de «me gusta», no están, probá de llamarme y te compartiré mis pobres cerillas para alumbrar el momento de tus sombras.
Por Diana Rosa Conti.
 

Nos encontrábamos fuera de la casa, listos para entrar. Habíamos traído entre mis compañeros y yo, unas velas y cerillas para alumbrarnos y entonces, escuche a Ana preguntarme: ¿Prefieres entrar primero? Yo asentí, tome la vela prendida que me pasaron y entre a la casa. Solo pasaron unos segundos y un grito desgarrador se escuchó dentro de la casa.
Por Cecy, del blog Enredados entre libros.
 

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