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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE ORO; Anabel Samani, Antonio Jiménez, Aurora Rapún Mombiela, Aurora Roger Torlá, Daniel A.M., Diana Rosa Conti, Do.Lobera, Javier Sánchez Bernal, jm vanjav, José Torma, Lorenzo, Marlen, Mercedes Menéndez Aguirre, Minerva Hernández García, Nuria de Espinosa y Saricarmen.

MEDALLA DE BRONCE; Ana María Abad.

 

¡Enhorabuena a todas y todos!

 

ENERO:

Días, isla y rojo.

 

 

Dice la leyenda que hay personas conectadas por un hilo rojo. Estas personas están destinadas a encontrarse pase lo que pase. El hilo puede alargarse o encogerse, las personas pueden alejarse o acercarse, pero su nexo de unión nunca se rompe. Para los cincolinieros el hilo es la escritura y este reto, nuestra isla. Por muchos días en blanco que pasen sé que siempre volverás al reto, siempre volverás a la escritura. ¡Feliz 2024!
Por Adella Brac.

 

La isla de la calma se podría llamar ahora, la isla del ruido. Sobre todo Palma y especialmente los días señalados en rojo en el calendario, cuando los incívicos, vándalos y demás especímenes, aprovechan para justificar el aumento de ansiolíticos en el resto de ciudadanos. Es entonces cuando piensas que ya está tardando una invasión alienígena destructiva y mortal.
Por Lorenzo.

 

Llegué a la isla a primera hora de la mañana en una barca alquilada. Con una apariencia totalmente diferente y con una identidad nueva me sentía casi segura. Escondida en aquel recóndito y olvidado faro dispondría de unos días para planear mi huida. El maltrecho sendero, serpenteaba colina arriba y se iba quedando con mi aliento paso a paso. Al llegar a la cancela, lo vi. El sobre rojo, me esperaba.
Por Noemí.

 

Pasan muchas cosas en esta isla, misteriosas, desconcertantes e incluso aterradoras. Al menos es lo que Martín de siete años piensa, los días van sucediéndose entre la escuela, la tienda de sus padres y su tiempo en la playa, donde él juega al pie del acantilado, cerca de los arrecifes de coral amarillo. El letrero rojo de advertencia dice de los tiburones que suelen alimentarse ahí. Martín sabe que no son tiburones, los ha visto, son los hombres que viven bajo el agua.
Por Bruja Urbana, del blog Cultura urbanita.

 

Arranca la última página, final del calendario. En la arena, revueltas, las hojas que muestran los días; uno igual al otro desde que encalló en la isla. Su vestido, otrora rojo, luce raído, de un tono amarillo. Supone que tiene un año ahí. El accidente fue la víspera del año nuevo. Analiza sus manos, con marcadas venas y callos. Trofeos que validan su supervivencia. Enciende el fuego y se tumba en la playa. Tal vez este año sea rescatada, piensa mientras mira el horizonte.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Si mueres, morimos juntos. No fue una promesa, fue una decisión. En aquellos días de paz en la isla me hiciste saber que algo malo pasaría. Un año después, el cielo se llenó de misiles y la tierra se tiñó de rojo. Sin embargo, logramos sobrevivir y defender lo poco que quedó. Ahora somos los últimos y nos iremos luchando. Por eso te pido que me dejes manejarte una última vez. Un piloto no debe sobrevivir a la destrucción de su robot.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

Los días se hacen eternos en la isla. Los rayos del sol se filtran por las grietas de las rocas. El calor sofocante envuelve cada recoveco oscuro, haciendo que incluso el aire queme. Mis ojos, luchan por acostumbrarse a la intensidad del rojo incandescente en el horizonte, desde el cuál pequeños destellos rojizos se posan entre mis dedos. Mi corazón se acelera al pensar en el inmenso océano que se extiende hacia el horizonte. Me dirijo a la playa y me sumerjo en el agua: no puedo esperar más.
Por Nuria de Espinosa, del blog Bitácora Literaria.

 

En una isla aislada, un faro rojo brilla en la costa durante los días de tormenta, guiando a los navegantes perdidos hacia un destino inesperado. Los lugareños creen que el resplandor rojo es un regalo de los espíritus marinos, protegiendo a quienes confían en su luz durante las noches turbulentas. La leyenda sostiene que aquellos que siguen la guía del faro, descubren tesoros ocultos en las playas de la isla, revelando secretos que sólo el faro es capaz de revelar.
Por Marlen, del blog El blog de Trujamán.

 

Después de varios días navegando sin rumbo, alcanzamos una frondosa isla. Estaba llena de árboles y de palmeras cargadas de cocos. Descansamos y la recorrimos para hacernos una idea de su tamaño: nos pareció inmensa. Pensamos que tardarían en encontrarnos. No tenía ni idea de lo que me aguardaba, pero cuando cayó el día y contemplé aquel atardecer rojo, supe que llegar hasta aquí había merecido la pena. ©lady_p
Por lady_p, del blog courier12.news.blog.

 

Fueron días complicados los que permaneció en la isla rocosa, desierta y alejada de las rutas comerciales. La engañaron para participar en la gran aventura del nuevo canal «Infierno rojo» que le lanzaría al estrellato a través de las redes sociales. Nadie le explicó que en aquel remoto lugar no había conexión a internet por lo que ninguno de sus seguidores pudo saber dónde y cómo soportaba la experiencia en vivo y en directo. Menos mal que su libro autobiográfico está siendo un éxito.
Por Mercedes Menéndez Aguirre.

 

Son cinco años desde que Martha descubrió de su enfermedad degenerativa. Sus días de fiesta y rojo cambiaron bruscamente a días de reclusión y azul. Sin embargo, no se dio por vencida e inició una búsqueda intensiva de tratamientos y de personas en una situación similar. Pasaron meses, luego años, hasta que llegó a una comunidad donde —en sus palabras— «se respira calma y el espíritu se revitaliza». Su última postal muestra una isla, donde me cuenta que ahora sus días son de verde y sol.
Por Bendita Fortuna.

 

Tras la larga travesía por el Atlántico, el capitán corsario decidió carenar su bajel en una de las playas de la isla deshabitada que habían descubierto. Durante los siguientes días limpiarían el casco de la embarcación liberándolo de los pequeños organismos incrustados. Una vez reparada la nave, volverían a hostigar a los mercantes enemigos, e incluso enarbolarían el lienzo rojo, si es que aquellos rehusaban rendirse.
Por Daniel A.M., del blog La Narrativa de Daniel A.M.

 

Nunca soñé poder despertarme sin el sonido de la brisa entre los cocoteros, o sin las risas de las cacatúas o sin el pleitear de los macacos. La causa fue el rugido del Krakatoa. Junto a mi esposa e hija vimos atónitos como escupía rocas sobre la isla, pero nos abrazamos sonriendo cuando ríos de un rojo brillante descendieron por sus laderas. Ahora, todos en filas, cantamos joviales de camino al templo. Se cumplía la profecía, ya todos los días serían felices.
Por Carles Leo, del blog El Páramo de Carles Leo.

 

Entre atardeceres de color rojo, música clásica y abrazos a orillas del mar, transcurrían los días en la tranquila isla. Su amor florecía en los cálidos días de verano con una pasión si final. Llegaron los ventosos días de otoño llevándose los atardeceres, la música y hasta los abrazos. Su amor murió a orillas del mar, sin la pasión y la tranquilidad de aquella isla en medio del mar.
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.

 

Era uno de esos días en los que el cielo se despertaba sobre la isla, teñido de rojo y púrpura. Sus habitantes, cabizbajos y aún somnolientos, comenzaban a andar por las calles para ir al trabajo sin ser conscientes de la belleza que se perdían por ir ensimismados en sus pensamientos.
Por Edith T. Stone, del blog Tahis.

 

Paso todos los días en el paraíso, en mi isla, en esta maravillosa biblioteca de tinta y papel. Desde el rosado amanecer hasta el rojo atardecer, nado entre cuentos, juego con peces de iridiscentes escamas hechas de palabras, abro frutos prohibidos que contienen historias antiguas. No, no, no insistas, mi isla es solitaria, pero solo en apariencia. Siento que no lo entiendas. Quizás un día descubras el poder de la fábula y naufragues en tu propia y maravillosa isla.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Estos últimos días mi vida en la isla ha comenzado a resultar insoportable: la sombra de las palmeras se me antoja menos fresca, los cocos menos sabrosos, el rumor de las olas más monótono. Mis pies están hartos de hollar siempre la misma arena y el magnífico tinte rojo del atardecer ya no me maravilla. Cualquier novedad habría sido bienvenida, de ahí que me haya alegrado tanto avistar la contumaz trayectoria circular de tu aleta.
Por Ana María Abad, del blog Sin lápiz ni papel.

 

Los días de aquellos tiempos, en veranos esperados, era la isla, lugar para descansar y disfrutar en familia, silencio al rojo brillante eran los atardeceres que desde el pontón yo miraba quedándome arrobada en esa puesta de sol. La ciudad se veía lejos con sus edificios y sus luces, parecía enmudecida, hasta la torre del templo se veía desde ahí. Y amanecer con el ruido del río marrón y las canoas. Bello tiempo. Muchas risas, arena, sauces y amor.
Por Diana Rosa Conti.

 

Días solitarios, arruinados por el tiempo y la fatiga; como un animal enfermo que busca la tranquilidad para acabar con todo, con el dolor, el cansancio y la vileza del mundo que le rodea. Nadie es una isla, le indican, necesitas ayuda, debes tener compañía, un hombro en el que llorar o una mano que te sostenga. No, nadie sabe lo que realmente necesitamos cuando todo se acaba. ¿Qué es? Se detiene un momento en medio de una calle transitada por gente que ni le mira; el sol está rojo…
Por Manuel.

 

Es cierto que llevaban varios días a la deriva, pero el ánimo no mermaba. Seguían esperando la señal que habían acordado enviar los antiguos habitantes de aquella misteriosa isla errante. Dicen que era la única oportunidad de aplacar la furia de Guayota que seguía derramando lava de un rojo incandescente y destruyendo todo a su paso. De pronto, entre la bruma marina, apareció San Borondón delicadamente majestuosa y todo volvió a la calma.
Por Ayirez.

 

La isla de San Borondón es un sueño que, cada año bisiesto, emerge del fondo del mar. Mi abuelo dice que, en una ocasión, la vio desde su diminuto barco pesquero, un bote pequeño de color rojo y blanco. No obstante, aquellos días fueron nublados, con la visibilidad reducida. Quizás solo fue un espejismo de marinero veterano. Yo le creo. De momento, sigo navegando por aquellas aguas a menudo.
Por Juan Fernández Vicente, del blog, «Poemas».

 

No recuerdo cuándo comencé a ver el punto rojo. Perenne, como si se hubiera convertido en un elemento más del paisaje. Transcurren los días, las semanas y nadie sabe explicarme a qué se debe: oftalmólogos, neurólogos, psicólogos y sacerdotes han naufragado en la isla de mi incertidumbre. ¿Estaré enfermo, loco? Tal vez sea una señal de que mi tiempo se acaba… y, lo más extraño, es que no siento miedo. Tan sólo me arrepiento de algo que ya no es posible cambiar ni enmendar. Alea iacta est.
Por Javier Sánchez Bernal, del blog La buhardilla de Tristán.

 

Los días en la isla fundían a rojo. Como si cada atardecer, el infierno le recordara que estaba allí esperándola. Para qué demorar lo inevitable. Esa misma tarde la única superviviente de aquel concurso demoniaco se metió en el mar y nadó rumbo al sol. No llevó nada consigo, ni siquiera los gritos de misericordia del último finalista, cuya mirada de cuencas vacías la despedía desde su tumba de cocos bajo la palmera.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.

 

En Samaná, una península en el nordeste de la República Dominicana, hay una isla: Cayo Levantado, tiene playas paradisíacas con una arena blanca, muchas palmeras y cocoteros y un oleaje moderado. Cuando se visita la isla, los días transcurren sin uno darse cuenta como pasan las horas. Lo mas maravilloso, es ver el atardecer porque llega un momento, el cielo luce un rojo intenso que va degenerando y cambiando hasta desaparecer el sol de nuestra vista en el horizonte.
Por Minerva Hernández García.

 

Parecía que los días transcurrían todos iguales. Sin expectativas, sin mirar demasiado hacia adelante, a un futuro que daba miedo imaginar. Sin embargo, había uno de ellos marcado en rojo. Un espiral de esperanza, una luz, una isla en medio del océano de toda su existencia. A ella se sujetaría. Por ella continuaría. Es lo que más deseaba. La historia volvía a repetirse.
Por Alma, del blog Fragmentos de Alma.

 

Roy desembarcó en la pequeña isla para reponer su stock de fruta. May dormía y prefirió no despertarla. De inmediato las flores captaron su atención. Las fotografió incansablemente. Todas de rojo brillante pero muy distintas entre sí. De pronto se sintió asido de un pie pendiendo de un árbol. Una fría hoja horadó su garganta y alguien puso un cubo bajo él. Por algunos días seguiría luciendo hermoso el preciado y singular jardín.
Por saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Estamos perdidos en una isla de soledad, como un espectáculo único de luz y sonido que se produce a un tiempo desincronizado con el resto. Cascabeleos tintinean por las calles, estallan petardazos repentinos, alarmas y bocinazos irritantes, un sol rojo se hunde casi en un chirrido al unirse al mar; el calor agobia el carnaval, y los bailarines desgastan suelas y pesares en días de sudor. Y de olvido.
Por Mitti, del blog Libros en fuga.

 

Rojo fuego, rojo pasión, rojo carmín, rojo… Tantos apellidos para designar un color, el color de la vida, el color de aquellos días que pasamos en la isla. El color de esas palabras que ponían por escrito un sueño, un sueño que hoy se hace realidad, tantos años después, tantos años para regresar a una isla donde el rojo sigue presente, ese rojo cereza que da vida al futuro.
Por Ana, del blog Cuéntame algo…, mejor, escríbemelo.

 

«Cada hombre es una isla…» Esas cinco palabras tuvieron todo el sentido durante aquellos lejanos días. Entonces no podía fiarme de nadie en el planeta rojo. Hoy tampoco. Cuando la conocí, pensé que me había integrado plenamente con los metamórficos, que mis nuevas habilidades me habían convertido en uno de ellos. Creí que volvería a tener una familia y que nunca más estaría solo. Qué equivocado estaba… Sigo siendo esa isla.
Por MJ RU1Z, del blog Eleeabooks.

 

Apunte número 4520. Llevo ya ni sé cuántos días encerrado en esta isla. Dejé de contar cuando perdí los 3 dedos de mi mano izquierda en aquella pelea contra la gaviota. Pero qué buen sabor. Desde entonces no he vuelto a comer carne tan tierna. Lo que más abundan son esas algas de color rojo que saben a basura. Me miro los dedos que me quedan y ya estoy salivando cuando cojo el machete. Que carne tan tierna, pienso nuevamente.
Por Nahnnuk.

 

Los días transcurrían sin sentido mientras me perdía cada vez con menor frecuencia tras aquellas cubiertas en rojo que eran a la vez tortura y refugio; tortura, porque cada palabra parecía conducir a una nueva decena de historias solitarias, como una isla en mitad del océano, que quedaban finalmente inconclusas; refugio, porque cada nueva decena de historias traía una valiosa lección. Y yo me pregunto, ¿cuál será la lección de hoy?
Por Patricia.

 

En mi mapa del tesoro tengo marcado en una isla, en vez de una «X», con un punto rojo (lo veo mejor) donde tengo pensado pasar no solo unos días sino el resto de mi vida. La cuestión es que no me gusta viajar, pero no importa, porque cada tarde, después de comer, extiendo sobre la mesa esa vieja carta marina (de imitación comprada en un mercadillo); y, saboreando una copa de ron muy añejo, empiezo a pensar en mis andaduras por tan paradisiaco lugar. Con la imaginación ya he cumplido mi sueño.
Por jm vanjav, del blog jm vanjav hasta en 500 palabras +

 

¡Todo al rojo! La ruleta da vueltas frenéticamente bajo la mirada de los espectadores. La pequeña bola da saltos en sentido contrario y secamente queda parada en una casilla mientras la rueda se va ralentizando. La isla que es esa mesa en el centro del casino queda enmudecida. Siete días de vacaciones en un crucero. Diversión, libertad y un sueño rozado con las manos. ¡Treinta y tres, negro, impar y pasa! Mañana habrá que volver a trabajar.
Por Antonio Jimenez, del blog Escribe y golpea.

 

Sobre la cúpula se extiende el rojo carmesí de tu ser, amor mío, que envuelve lentamente la isla de mármol que habita en nuestro hogar y atreves de los cristales que nos envuelven se refleja el sol en aquellos días de verano que compartimos juntos antes de descubrir que te habías ido para siempre.
Han pasado muchos años de aquello, pero cada vez que veo el color rojo, no puedo evitar recordar aquel día. El día que te habían asesinado amor mío.
Por Cecy Ponce, del blog Enredados entre Libros.

 

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