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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

FEBRERO:

Escena, llevamos y pie.

 

 

El día del estreno nuestro Romeo no se presenta. Por suerte me sé sus líneas de memoria. Salgo a escena disfrutando del momento. La obra es un éxito. Cuando lo dan por desaparecido colaboro en las labores de búsqueda. En la siguiente función todos llevamos un corazón bordado en una manga en su honor. Muchos lloran. Yo no. Nunca aparecerá, tengo su pie derecho guardado como recuerdo en mi congelador.
Por Adella Brac.

 

La escena se repite, y contra el mismo equipo, uno que va con rayas verdes y blancas. Llevamos unas cuantas temporadas siempre igual. Entradas asesinas al pie, a la pierna, incluso a la rodilla. Y ni una tarjeta, mientras nuestros guerreros acaban en el hospital. Pero da igual, el orgullo de ser mallorquinista jamás lo tendran ellos.
Por Lorenzo.

 

El autor nos ha confiado, a cuatro aguerridos veteranos de los tercios, la última escena de la obra teatral que representará la compañía liderada y auspiciada por la condesa. Debemos entregarla en mano. Dos de los nuestros han caído ante los esbirros pagados por los competidores de la dama. Ahora, derrengados nuestros caballos, la llevamos a pie, a la carrera. Estamos cerca. Un esfuerzo más… ¡La escolta de la condesa!
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A.M.

 

La escena es dantesca. Alguien ha llamado por teléfono al hospital para avisar que hay una bomba que estallará en dos horas, que debía ser evacuado. La policía y los artificieros han llegado en minutos. La cosa está tensa por los nervios, tememos no poder evacuar a los bebés de las incubadoras y pacientes de UCI a tiempo. Llevamos a los pacientes menos graves fuera del recinto sanitario a la espera de su ambulancia, el resto han salido, a pie. Pero se oyen gritos desde el interior. Tengo miedo.
Por Nuria de Espinosa, del blog Bitácora Literaria.

 

Cuerpos mutilados, calcinados y amontonados al borde de la carretera. Llevamos caminando semanas, o meses, bajo el sol y apareció sin más. Una montaña horrenda, pestilente, una escena grotesca. Y cada uno de nosotros empezó a especular qué podía significar aquello. La mujer que se arrastraba a unos metros por delante, apartó un pie cercenado por encima del tobillo, seco y ennegrecido, enviándolo con los cadáveres. Ese era el detalle, simplemente estorbaban y alguien los apartó con un bulldozer.
Por Manuel.

 

La taberna estaba a reventar. Cuando entramos a escena todos callaron. Marqué el ritmo con el pie y comenzamos a tocar. Al finalizar la tercera canción, una que hablaba de la pasión, alguien se sobrepasó con una mesera. La pelea no se hizo esperar. Todos se golpeaban. Nosotros animamos la lucha con melodías sobre la ira. Al rato nadie quedaba en pie. Iniciamos nuestro segundo acto: nos llevamos todo lo de valor de nuestro público inconsciente. Luego, nos fuimos al siguiente pueblo.
Por Francisco Velandia, del blog Pacho escribe.

 

¿Cuántas veces salimos a escena? ¿Cuántas veces llevamos ramos de flores o cestas de fruta sobre la cabeza? Fuimos ovacionados de pie con aplausos y efusivos bravos mientras agradecíamos con alguna carava bien ensayada. Hoy todo es silencio, el viejo escenario se ha callado, las butacas antes disputadas por las grandes personalidades de la ciudad se encuentran llenas de polvo, callada y vacías de calor humano. Hoy el teatro ha caído en el olvido.
Por Bruja Urbana, del blog Cultura urbanita.

 

En la atmósfera bohemia del café parisino, la escena está impregnada de aroma a puros y a café recién hecho. Los parroquianos discuten en el centro, los amantes nos sentamos en un rincón. Llevamos vestimenta elegante y nos susurramos conversaciones apasionadas. Una pianista toca suavemente cerca nuestro, mientras al camarero se le desequilibra una taza en la bandeja y va a parar a su pie. Un poeta, con aire soñador y un lápiz tras la oreja, garabatea versos en una servilleta.
Por Marlen, de El blog de Trujamán.

 

Llevamos años esperando y, por fin, van a volver a proyectar en este pequeño cine, esa mítica película que no pudimos terminar de ver aquel día gris. Y aquí estoy, sentada en mi butaca, muy emocionada y comiendo palomitas. Aprovecho para saludar a algunos conocidos en la sala, pero les noto algo cambiados y reticentes al verme… ¡Ah! Sí, aquí viene aquella escena que no pude ver, por el intenso humo asfixiante que me hizo correr y tropezar con el pie izquierdo para nunca salir de aquí.
Por Ayirez.

 

Ahora que está cerca el fin no puedo sino rememorar los asombrosos paisajes que tuvimos la suerte de contemplar a lo largo de las duras jornadas de viaje. Es una visión desoladora en comparación la escena que ahora se cierne ante mis ojos; tanto que muchos darían un pie y más de algún otro miembro de su cuerpo por salir de aquí. Llevamos la marca de la muerte, les advertí, mas no hicieron caso. Ahora ya es demasiado tarde.
Por Patricia.

 

En aquel parque solo estábamos los dos, aquella escena se me repite en la mente una y otra y otra vez. Y no es para menos, no llevábamos mucho tiempo saliendo y aquél día de otoño no tenía muy buena pinta, el cielo no estaba muy esclarecido que digamos, empezó a llover, llevamos mucho tiempo de sequía así que me alegré. De pie en aquel parque y sin paraguas disfrutábamos como niños mientras cada gota brotaba por nuestra piel.
Por Iren.

 

En cuanto puse un pie en escena se me pasó el pánico y en unos minutos me encontraba en mi salsa, dando zancadas de un lado a otro del plató y declamando mis frases, por completo identificado con mi personaje. Tanto era así que, al terminar de rodar ese día, la princesa y yo nos llevamos al dragón a casa y desde entonces vivimos los tres tan felices, ignorando las insistentes llamadas del director, que quiere terminar la película.
Por Ana María Abad, del blog Sin lápiz ni papel.

 

La escena resultaba macabra. El incidente había dejado el coche destrozado y sus restos esparcidos. Nos llevamos todo el día de pie, esperando que la policía y los forenses recogieran sus restos en unas bolsas negras. Luego colocamos flores y velas en el lugar del accidente y sonó de nuevo su canción favorita, la misma que escuchaba en la radio cuando todo esto sucedió… I used to rule the word
Por lady_p, del blog courier12.news.blog.

 

Llevamos unos días despistados, como dos actores que hubieran olvidado su papel en una escena cotidiana. Recostada en el sofá, mi pie rehuye las cosquillas de tus dedos, las misma que nos hacían reír cada noche. Balbuceando un pretexto, que ni yo misma creo, me levanto y me encamino hacia la brecha, cada vez más amplia, que hemos abierto entre nosotros.
Por Noemi.

 

La escena es conocida por todos: cena de Navidad en familia. Todos con sus mejores galas excepto yo, que he llegado con una sudadera con capucha y el peor pantalón que he podido encontrar. Llevamos años con este juego de hastío, falsa deferencia y risitas hipócritas, de «qué bien te veo» y «no esperemos otro año». El toque con el pie de mi madre ante cada comentario hiriente era el modo de callar, pero este año ya no está con nosotros.
Por Antonio Jimenez, del blog Escribe y golpea.

 

El teatro está repleto de gente. Todos esperan inquietos que empieza la función mientras, entre bambalinas, nos ponemos más y más nerviosos. Llevamos 15 minutos de retraso porque Marc, el protagonista, no ha llegado. Oímos pasos apresurados y Marc llega a la carrera completamente vestido. Respiramos aliviados mientras pone un pie en el escenario. El telón se levanta y entra en escena. La función puede empezar…
Por Do.Lobera, del blog Do.Lobera.

 

Al principio de la escena, te levantan, te ponen de pie y alzas los brazos. Las manos al aire mientras los extras, llevamos tu silla en lo más alto. Eres la estrella, la diva. Hoy me has vuelto a pegar con el abanico, te miro; tu solo continuas como si nada hubiese pasado. El show debe continuar. Me pregunto si me ves, si sabes que estoy ahí, día a día, previniendo que, en tu infinita estupidez, tropieces con el escalón que elijes siempre ignorar. Yo te cuido, igual que siempre.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Si miro la escena de mi vida, la veo con gratitud, asombro, tristezas, alegrías. La veo a veces como una espectadora, no sabiendo si es verdad o ficción. También se me hace que al ponerme sobre al menos un pie, si no puedo los dos, comenzaré a andar, invitaré me acompañen un poco al caminar y seremos dos o seremos más los que llevamos nuestras manos unidas para sembrar amor y con esa ayuda ya serán dos los pies siendo firme mi andar.
Por Diana Rosa Conti.

 

Pensaba que la cosa con el paso del tiempo iba a mejorar pero no. Día tras día se repetía la misma escena, parecía el día de la marmota. No escuchaban, ni hacían el mínimo esfuerzo. El caos para ellos era su combustible, preferían eso que la armonía y la tranquilidad que brillaban por su ausencia. En un momento estábamos los tres en pie y ellos me miraban culpándome de todo. Les decía que llevamos toda una vida de sufrimiento, mentiras, engaños.
Por Ticia.

 

—¡Corten! Demonios, llevamos ya… ¿Pero qué hace Ben-hur en calcetines?
—Tiene gota y como le duele el pie… ¿Repetimos la escena?
—¿Y el legionario ese?
—Le juro que esa gorra no es del atrezo…
—Maldita sea, ¿es que queréis arruinar mi película? —gritó el director arrojando el guión al suelo.
Al lado un joven extra metía nervioso sus manos bajo la túnica escondiendo su reloj en los calzoncillos mientras se decía: Por Júpiter, que no me vean.
Por Carles Leo, del blog El páramo de Carles Leo.

 

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