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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE PLATA: Ana María Abad, Anabel Samani, Aurora Rapún Mombiela, Cecilia Ramos Ponce, Daniel A. M., Do.Lobera, Laura L. Ruiz, Lorenzo, Marlen, Minerva Hernández García, Natividad Villar Martínez, Nuria de Espinosa, Rosalía Guerrero Jordán, Saricarmen, Teresa Alvarez y Yesenia Rojas.

 

¡Enhorabuena a todas y todos!

 

JULIO:

Siguiente, mar y raro.

 

 

Este planeta es raro. Camino por un espejo inmenso. El suelo refleja el cielo y pierdo la conciencia de mis pasos. Lo siguiente que veo es un lago ardiente. Los bordes van del verde al rojo y el centro es profundamente azul. Me pierdo en una cueva de hielo sin final y termino flotando en un mar donde el dorado del fondo arenoso y la profundidad del agua crean decenas de variaciones de color. Este planeta es precioso. Dicen que se llama Tierra.
Por Adella Brac.

 

Al día siguiente de su encuentro, el mar se mostraba algo raro, se diría que inaudito, su color azulado tornó en morado con tintes rojizos, sus olas encrespadas al romper contra la orilla susurraban llantos y una puerta violeta invitaba a adentrarse en sus aguas. Desde aquel día, se ve a Manuel caminar siempre solo por la arena, ni rastro de María. Se dice, que una sirena le visita por las noches y con su canto le recuerda que las puertas violetas están para liberarse. María lo hizo aquella noche.
Por Natividad Villar Martínez.

 

A orillas del mar o en la cima de una montaña, siempre encontrarás un tipo raro. Ya no te digo en el supermercado o por la calle. Alguien que no sabes muy bien porqué, hace el numerito sin venir a cuento. Al siguiente rarito que me encuentre le diré algo, ya estoy cansado que me lo digan a mí.
Por Lorenzo.

 

Pau compró una cámara antigua con el brillo raro de los objetos que parecen esperar a alguien. Reveló la primera foto y apareció un acantilado sobre un mar de espuma azul, aunque jamás había estado allí. En la siguiente imagen un muchacho caía al vacío con su misma chaqueta roja. Cada fotografía acercaba un paso más aquel instante imposible.
Cuando llegó al acantilado, el viento olía a sal y descubrió que la última imagen no anunciaba su muerte, sino el comienzo de otra historia.
Por Marlen, del blog El blog de Trujamán.

 

Casi obligado por su superior, el líder del grupo de salvamento tuvo que jubilarse, a pesar de conservar sus condiciones físicas y mentales en estado óptimo. Sería sustituido por el siguiente en el escalafón. La tristeza le invadió porque ya no volvería a batirse con el mar para salvar vidas. Pero un catastrófico naufragio requirió sus servicios; nada raro teniendo en cuenta la ineptitud de su jefe al que él terminó reemplazando.
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A.M.

 

El chiringuito
Aquella mañana, el guía anunció con solemnidad:
—El siguiente destino será inolvidable.
Todos aplaudieron como si acabaran de oír la mayor promesa del siglo. Tras dos horas de autobús, llegamos al mar… o eso decía el cartel. Delante de nosotros había un charco enorme rodeado de sombrillas descoloridas y una gaviota que parecía tan decepcionada como el resto del grupo. El guía sonrió satisfecho y aseguró que aquello era un rincón «auténtico». Nadie quiso llevarle la contraria; después de todo, era raro encontrar a alguien capaz de vender una desilusión con tanto entusiasmo y conseguir, además, que algunos pidieran repetir la excursión al año siguiente, porque eso ya sería un verdadero triunfo. El charco resultó ser un lago sin apenas agua, pero con un chiringuito que regalaba cervezas; quizás alguien esté dispuesto a repetir, me dije.
Por Nuria De espinosa, del blog Bitácora Literaria.

 

LA SIESTA
El siguiente capítulo transcurría en un pueblo costero, ambientado en una terraza donde el sonido del mar, el olor de las olas y la espuma salpicaban la lectura antes de evaporarse. Qué raro fue experimentar cómo iban acallándose las páginas, cómo se fundían las letras, cómo se aletargaban los párrafos antes de quedarse dormidos. Al despertar, el libro me encontró expectante, así que se apresuró en retomar el ritmo, resolviendo, al fin, la trama que me tenía atrapada.
Por Aurora Rapún, del blog La historia está en tu mente.

 

El mar infinito se extiende ante mi. Es inmenso, mucho más que los lagos de las montañas. Me siento raro, la inmensidad es abrumadora. La cabeza me da vueltas, el mundo gira sin parar y la arena se acerca vertiginosamente. Lo siguiente que se es que los bañistas me han tumbado en una hamaca y me están abanicando e intentando refrescarme. Me ha dado un golpe de calor junto con el mareo por el inmenso mar.
Por Dolobera, del blog Do.Lobera.

 

Me fui de copas con unos amigos y, aun a sabiendas de que el alcohol me sienta fatal, bebí demasiado. Mi novio de toda la vida acababa de abandonarme y necesitaba olvidar. A la mañana siguiente desperté con un horrible dolor de cabeza y, al abrir los ojos, vi que me encontraba en medio del mar, junto a una balsa de troncos ocupada por un náufrago clavadito a mi ex. Pero lo más raro de todo era lo apetecible que se me antojaba. Eso, y las cinco filas de dientes con las que le sonreí.
Por Ana María Abad, del blog Sin lápiz ni papel.

 

La primera vez que la vi me zambullí sin pensarlo en el océano turquesa de sus ojos. La siguiente, dejé que su voz me acunara con un suave rumor de mar. La tercera, rodamos desnudos por la arena hasta alcanzar la orilla. Desde entonces no la he vuelto a ver, pero a veces pronuncio su nombre y siento en los labios un raro sabor a sal.
Por Rosalía Guerrero Jordán.

 

Augusto se revolvió en la cama, desvelado, pensando en lo que le aguardaba a la mañana siguiente. Embarcaría en el Albatros rumbo a Madagascar, cruzando mares y océanos. No era su primera vez; la mar era su vida y la navegación, su vocación. Pero aquella vez tenía un raro presentimiento. Sentía, en lo más profunda de su alma, que un mal oscuro le aguardaba en su camino. Se estremeció mientras, en voz baja, oraba a la Virgen del Carmen por su salvación.
Por MANUEL, del blog En busca de la Luz.

 

Asno lo tenía claro: con confianza se llega a todas partes. Aunque esa confianza te pueda meter en un buen lío. Que se lo pregunten a Shrek… Pero el momento que vivimos fue la mar de raro. Raro no, lo siguiente. Y es que nadie en su sano juicio se apuntaría a un concurso de talentos así. Pero Asno sí lo haría, está claro. Da igual que tengas pezuñas y te empeñes en tocar el piano. El premio demostró que la actitud lo es todo, toma nota.
Por Laura L. Ruiz.

 

El mar ya no es líquido; ahora es un desierto de ceniza donde las ballenas caminan de puntillas para no levantar polvo. Toda la masa de agua migró a la barba de un marinero huraño que vigila un faro apagado. El anciano siente un peso abisal en la mandíbula y, cuando parpadea, caen percebes de sus cejas. Es un equilibrio raro y asfixiante. Si se rasca, provocará un tsunami en Portugal. Si se afeita, desatará el siguiente diluvio universal.
Por Gaizka DC, del blog fohoma.

 

El oleaje arrastró aquello hasta la orilla. Tenía un color raro, una textura gelatinosa que palpitaba bajo el sol. Cuando lo toqué, mil filamentos microscópicos perforaron mis yemas, hundiéndose bajo la piel como agujas vivas. Ahora puedo sentir cómo avanzan hacia mis muñecas, devorando mis venas y sustituyendo mi sangre por agua de mar. Mi cuerpo ya no me pertenece; es un nido de coral negro creciendo desde dentro. Sé que la siguiente mutación brotará por mis ojos, y ya no podré parpadear.
Por Cecy Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

El mar está bravío y la goleta, hecha pedazos, se mantiene en pie por pura fuerza de voluntad; sin duda, la siguiente gran ola acabará por hundirla. Fue un milagro haber escapado del monstruo de múltiples bocas y largos tentáculos. Un islote envuelto en niebla aparece ante nosotros, sin embargo, no nos alegra: de la tierra emana un olor pútrido y un color raro e indefinible. Hemos virado para alejarnos, pero un remolino nos atrae a la isla igual que un canto de sirena.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

No era raro que se pasara todo el día con las pantallas. Al fin y al cabo su padre hacía lo mismo. Una tarde de sábado, después de navegar por un mar de anuncios, el niño le preguntó si encargaba una doble para los dos o si la prefería por separado. Su opción favorita eran las urnas. Había una mini preciosa para niños, y barata, que le iba bien de tamaño. Lo de las vasijas de hierro colado para las cenizas no terminaba de convencerle. Era importante estar cómodos en la siguiente etapa del viaje por la vida eterna.
Por Teresa Alvarez.

 

Se comentaba que ahí sucedía algo raro. El tren se detenía y absolutamente todos bajaban. Ese mar de gente caminaba, como guiados por una voz interior, hasta un enorme edificio que parecía tragarlos. Luego reaparecían desde atrás para volver al convoy y bajarse en la siguiente estación. ¿Quieres saber qué ocurría? Yo también.
Por saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Me siento raro teniendo que recoger todas las cosas después de tanto tiempo. No termino de aceptar el fin de nuestra relación. En la siguiente (y última) caja, guardaré nuestras fotos juntos y aquel primer peluche que te regalé. Lo dejaré para ti, en la playa, cuando esparza tus cenizas en el mar.
Por Rubén Cerdá, del blog raedura.

 

Después de conocer a una chica entretenida y de trato agradable, mi ánimo cambió. Sin embargo, las cosas volvieron a su lugar y el ambiente se tornó raro cuando me enteré de algunas cosas sobre ella. La media hora siguiente me sentí tan abrumado que el cielo ya no pareció azul y mi apreciación del mar fue diferente. Hasta el momento no comprendo si lo peor fue saber que su madre es hechicera o que su marido es el jefe de la mafia local.
Por Óscar Quijada Reyes, del blog Unas páginas más.

 

El siguiente verano lo pasaría en el mar, ¿por qué el verano? Mejor el invierno, sería raro, pero no esperaría tanto tiempo. Los planes a largo plazo no llegaban a hacerse realidad, hasta ahora no había conseguido casi nada de lo que se había propuesto. ¿Y si no solo pasaba el invierno? ¿Y si cambiaba de domicilio? Quizás sería mejor pensar a lo grande. Hacer cambios significativos en su vida para que los días volvieran a tener un bonito color azul.
Por Ana, del blog Cuéntame algo…, mejor, escríbemelo.

 

Ella vivía a orillas del mar en un pueblo de la costa noreste. Le gustaba caminar por la arena y luego bañarse en las aguas del mar Atlántico. No era raro buscarla y encontrarla en el mar o en la arena, ya que quedaban en el patio trasero de su casa. Alicia, después de bañarse cada día en el mar, lo siguiente era sentarse o acostarse a observar el océano, disfrutando del aire y los colores del mar. Los fines de semana se reunía con amigas y amigos en la playa y juntos disfrutaban de comidas y bebidas en la playa.
Por Minerva Hernández García.

 

Todo estaba listo para el festival anual de la isla, una fiesta que todos esperaban con mucha ilusión. La mañana siguiente, muchas parejas iniciarían los actos normales del cortejo matrimonial, bendiciendo su relación en el mar mientras los ancianos esperaban en la playa. Ese año fue diferente; algo raro emergió del agua; primero fue uno, luego otro y otro. Todos los isleños miraban atónitos al observar a los hombres surgir sin más; tras ellos, mujeres los seguían de cerca. Nadie se atrevió a moverse o emitió un solo sonido hasta que fue muy tarde. Correr no servía de nada, suplicar fue en vano; uno a uno, cada isleño fue arrastrado al fondo del mar sin distinción de edad o género. La isla quedó deshabitada. Silenciosa y prohibida.
Por BrujaUrbana, del blog El baúl de Yes.

 

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Adella Brac

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