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Un año de autoras: Minerva Gallofré

 

Avanzamos en la iniciativa Un año de autoras y con el cambio de mes, tenemos una nueva autora de fantasía juvenil: Minerva Gallofré.

Antes de nada, tengo que dar las gracias a una de mis suscriptoras, Nuria Espert, que fue la que me descubrió a esta autora cuando pedí recomendaciones para incluir en la iniciativa. ¡Gracias, Nuria! Ha sido un buen fichaje.

Vamos a ver qué nos cuenta Minerva, ¿me acompañas?

 

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Descríbete en 20 palabras.

El café es mi elixir. Los gatos, mis musas. La noche, mi taller. El invierno, el color que mejor me sienta.

 

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¿Las escritoras sufrimos más el síndrome del impostor que nuestros compañeros de oficio? ¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a ello? ¿Cómo lo superaste?

No estoy segura. Conozco en persona a tantas escritoras como escritores, así como artistas de otros campos (ilustradores, músicos, cuentacuentos…), y creo que el síndrome del impostor es algo bastante extendido en personas que practicamos alguna profesión artística, pues de alguna manera vivimos y nos desarrollamos profesionalmente a merced de la crítica y de la opinión global del público.

Nunca he sido muy consciente, pero supongo que sí. Siempre que escribo alguna novela nueva atravieso un periodo de bajón en el que creo que los éxitos me vienen de chiripa y que mi racha de buena suerte se va a terminar. Suele ocurrirme cuando he trabajado mucho y me encuentro saturada. De pronto, la novela con la que me encuentro me parece la peor del mundo y hasta me avergüenza la idea de publicarla.

Cuando me he sentido así, me he concedido unos días para distanciarme del proyecto en el que me he implicado más. El tiempo lo devuelve todo a su lugar, y en estos periodos intento dedicarme en mis ratos libres a tareas más artesanales, como por ejemplo a cuidar de mis plantas o a hacer pan con mis propias manos. Creo que es como cuando entras en una perfumería y tu olfato se abotarga tras oler un montón de perfumes distintos. Si en este instante hueles un puñado de café, que es amargo y sobrio, tu olfato se vuelve a asentar, ¿verdad? Pues escribir un libro es parecido, implica una digestión de caimán, es decir, lenta pero necesaria porque hay que asimilar muchas cosas. Cuando terminas de escribir una obra, ya no eres ni serás nunca la persona que la empezó a escribir, y esto hay que integrarlo en la propia identidad. Después de airear un poco la mente, recibes tu obra con ilusión renovada y tu autocrítica se vuelve más objetiva y menos tiránica.

Valioso consejo.

 

Está claro que las mujeres no jugamos en la misma liga ni con las mismas reglas a la hora de presentar nuestras propuestas literarias, ¿qué cambio consideras imprescindible para hacer la igualdad literaria real?

Creo que el cambio depende de cada uno y de todos a la vez. La herramienta para cualquier cambio social, no solo desde mi experiencia en el mundo editorial sino también en el ámbito docente, es educar. Todo empieza en las aulas, en los cuentos infantiles, en los juguetes… y el mensaje ha de ser respetuoso pero firme para quedar integrado en la realidad social. Me parece que una buena manera, y de hecho ya se está llevando a cabo en muchos centros educativos, consiste en sacar a la luz a las mujeres que hicieron cosas importantes en la historia, entre ellas las escritoras. Resulta alarmante que estudiar a personajes históricos femeninos aún sea un fenómeno nuevo y se tache de muy moderno y alternativo, incluso en ocasiones de extremista.

 

Ahora, hablemos de ti:

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¿Cuándo fue la primera vez que pensaste «yo quiero ser escritora»?

Desde que tengo uso de razón. Aún conservo libros de cuentos hechos por mí que yo misma encuaderné a la edad de seis o siete años con aguja e hilo. Me he pasado la vida inventando historias, y espero que antes de irme de este mundo todas puedan ser contadas.

 

Dinos tu mejor truco para enfrentarte a la temida hoja en blanco.

Simplemente dejo que todo fluya. Si un proyecto no sale tras varios minutos frente a una hoja en blanco, entonces hay que aparcarlo y ponerse con otro. En ocasiones, incluso, hay que preguntarle al cuerpo, no a la cabeza: ¿qué te apetece escribir? Si el cuerpo dice que no, será mejor obedecerle.

La mayor parte de las veces lo que hago es visualizar en mi cabeza las escenas de la novela que estoy escribiendo durante todo el tiempo en que no me encuentro delante del papel: mientras camino por la calle o me hago la comida, mientras me ducho o me tomo un café. De este modo, cuando me coloco ante el papel es muy fácil verterlo todo sobre él, ¡solo hay que redactar la idea que ya ha germinado en la mente!

 

¿Tienes alguna manía a la hora de escribir?

Supongo que no, aunque eso habría que preguntárselo a alguno de mis tres gatos, que son quienes suelen hacerme compañía durante el proceso.

 

¿Qué consejo darías a un escritor que empieza?

No escribas para impresionar o contentar a otros. Está bien que lo hagas para recibir una compensación económica, esto no es inmoral, de hecho es justo que tu trabajo sea remunerado, pero no permitas que te obceque la sola idea de vender y vender ya que te sentirás vacío con el resultado. No fabriques un producto efímero, no hagas estudio de mercado. Crea una obra que deje tu huella en el mundo y que sea capaz de permanecer en el tiempo, una obra que pueda remover a lectores de dentro de cien años. Permite que sea tu instinto, tu corazón, quien cuente la historia mientras le cierras el pico a tu ego. Las críticas vendrán en una u otra dirección, eso es inevitable, pero solo podrás defender tu obra a capa y espada si has llegado a amarla.

 

Tu punto fuerte como escritora es…

Creo que consigo que el lector se meta de lleno en la historia porque mi narrativa es muy sensorial. A su vez, y me baso en lo que suelen decirme los lectores, pienso que consigo integrar lo mágico en lo real de un modo bastante natural.

 

¿Y tu punto débil?

Supongo que a veces me paso de costumbrista… Siguiendo el ejemplo de Benito Pérez Galdós, a quien si no lo sabéis apodaban el garbancero, no puedo resistir la tentación de describir los detalles de los paisajes corrientes como, por ejemplo, cómo se dora una cebolla en mantequilla a fuego lento. Yo soy filóloga y he tenido que leer muchísimo en la universidad, no solo cantidad, sino también obras muy densas, así que creo que mi medidor sobre la densidad de lo que leo no funciona como el de la mayoría de las personas y, por tanto, intuyo que a algunos de mis lectores les gustaría que algunas escenas fuesen un poquito más ágiles. Me encanta regodearme, ¡lo siento!

 

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Las nieblas de Avalon, de Marion Zimmer Bradley.

 

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¿Qué género te gusta más y cuál menos?

Suelo decantarme por la fantasía en muchas de sus vertientes (épica o urbana generalmente) y por cualquier otro género con tintes de mitología o magia. Me gustan mucho las novelas costumbristas que, de algún modo, integran lo mágico en lo cotidiano, es el caso de algunas obras de Joanne Harris, que es una de mis escritoras preferidas.

En cambio, no leo novela de terror a menos que se haya escrito antes del siglo XX. El terror del siglo XIX, sin embargo, me atrae muchísimo, no solo por la ambientación, sino por la manera en que los escritores de la época lo transmitían, una narrativa que, no sé explicar por qué, sintoniza mejor con mis filtros personales. Supongo que que el terror contemporáneo es demasiado duro para mi sensibilidad.

 

Último personaje del que te has enamorado, propio o ajeno.

Probablemente de Kelian Maze, el espadachín que se ganó mi corazón por su bondad y paciencia. Podéis conocerlo en «El vals de las hadas malditas», una novela de Gabriel Sánchez García-Pardo.

 

¿Qué libro (poco conocido) crees que todo el mundo debería leer?

«Aún quedan piratas en la Costa de la Muerte», de Consuelo Jiménez de Cisneros, uno de mis preferidos de la infancia.

 

¿Qué libro, que parece que a todo el mundo le encanta, a ti no te gustó nada?

«Los pilares de la tierra», de Ken Follet.

Yo soy de las que le encantó, pero lo leí hace años y sin expectativas, así que…

 

¿Cuál fue el último libro que te dejó resaca lectora?

«Las Eddas», de Snorri. Pero conste que me nutrió mucho.

 

¿Prefieres leer en papel o en digital?

En papel.

 

Si pudieses vivir en un libro, ¿cuál sería?

Viviría en las «Leyendas» de Bécquer.

 

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Color favorito: marrón en todas sus variantes, sobre todo chocolate, y salpicado de rojo amapola.

Verano o Invierno: Invierno.

Una canción: «The Islander», de Nightwish.

Un placer culpable: Soy muy gourmet para el café y para la comida en general.

Tu mayor virtud: Bromear sobre mis desgracias y hacer a otros reír con ellas.

Tu palabra favorita: Gracias.

No puedo vivir sin… gatos.

 

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¿Cómo sacarías a un hipopótamo que se hubiese caído a un agujero en el suelo?

Pues colocándole una escalera para hipopótamos. Creo que las jirafas las venden muy baratas.

 

¡Gracias por contestar!

Dinos, ¿dónde podemos encontrarte?

En mi blog, en mi perfil de Facebook y en mi web.

 

Ahora que se ha ido, dime, ¿qué te ha parecido la entrevista?

 

¿Conocías a Minerva?

 

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