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Buenas hermanas

 

Sinopsis

 

¿Qué pasaría si las hermanas March, las queridas protagonistas del clásico Mujercitas, hubieran nacido en una sociedad totalitaria?

En la ciudad ideal de Concordia todos son Buenos Ciudadanos. Hacen su vida y su día a día es plácido y sin sobresaltos, al menos, mientras obedezcan las normas y al gobierno que les vigila en todo momento.

Entre los Buenos Ciudadanos de Concordia, la familia March es una de las más respetadas y las hijas de la familia son todo lo que se espera de ellas: talentosas, dóciles, buenas hermanas y buenas ciudadanas, pero todo esto cambiará en cuanto comiencen a ver las fisuras del sistema, en cuanto comiencen a preguntarse si ese mundo en el que viven es tan ideal como parece.

«Hay retellings y retellings… y luego está Buenas Hermanas, que es una reinvención brillante y original de Mujercitas, una distopía social desgarradora y un trepidante thriller. Costa Alcalá cogen tu corazón, lo ponen a mil latidos por minutos, después te lo elevan a los cielos y acaban desgarrándotelo. Esta novela es una atracción de la que no querrás ni podrás bajarte. Un auténtico regalo para la literatura juvenil española.»
Alena Pons, editora

 

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Mi opinión

 

Hace tiempo que tengo a Costa Alcalá en pendientes y muchas ganas de leerlos. De hecho, desde que empecé a oír solo cosas buenas sobre La Segunda Revolución.

Como se explica en la sinopsis, Buenas Hermanas es un retelling de Mujercitas ambientado en una sociedad que recuerda a la de 1984. Lo sé, no es una lectura de fantasía juvenil, pero la he disfrutado tanto que tenía que compartirla contigo.

Yo tenía unos doce años cuando leí Mujercitas por primera vez y fue un libro que me encantó, pero cuando lo releí con dieciséis, me asqueó por su paternalismo y rancia moralidad. No releáis, que las relecturas las carga el diablo.

Lo primero que destaca es el tono tan cuidado que han conseguido. Empezamos muy pronto a ver sombras bajo la fachada de perfecta felicidad en la que las protagonistas viven. Se palpa una tensa calma. Ese tipo de estado en el que sabes que las cosas pueden desmoronarse muy rápido.

Costa Alcalá sitúan a las hermanas March en una sociedad distópica, donde todos deben cumplir con las siete virtudes del buen ciudadano y ser felices. Rodeados de cámaras y pantallas llenas de eslóganes del gobierno.

Concordia, es una ciudad aparentemente perfecta, donde cada uno sabe cual es su posición. Y donde el decoro es lo más importante ya que hay ojos por todas partes, más que dispuestos a juzgar y condenar.

Pero en todas las sociedades perfectas hay grietas, si sabes dónde mirar. Tanto Jo como Amy empiezan a ver esas grietas y a reflexionar, cada una desde su propia personalidad. Meg y Beth también aparecen, pero la protagonistas indiscutibles son esas dos primeras.

El libro está dividido en tres partes, que llevan por título los nombres de los tres delitos que un buen ciudadano nunca debe cometer: malpensamiento, maledicencia y malacción. Están situados de menos a más gravedad y no es casualidad, porque ese es la evolución de la historia, la que cabría esperar, parte de una situación idílica y luego sacude los cimientos hasta que todo empieza a desmoronarse.

Malpensamiento

Las hermanas March se comportan como deben, son buenas ciudadanas y por lo tanto, tiene ciertos derechos sobre los infelices, o desahuciados, que viven en los suburbios. Ese el destino de aquellos que no logran juntar suficientes méritos para ser considerados ciudadanos de primera.

Pero Jo comienza a preguntarse qué ha hecho ella para ganarse esos privilegios, qué la hace distinta en realidad de esas otras personas.

Es fácil considerar inferior a alguien desde la distancia, pero cuando Amy y Jo empiezan a relacionarse con gente de los suburbios no podrán encontrar las diferencias que el gobierno de la ciudad se empeña tanto en remarcar.

Maledicencia

Aunque en ciertos momentos vemos el mundo desde los ojos de otros personajes, casi todo el tiempo caminamos de la mano con Jo o con Amy.

En esta parte hay una escena que nos muestra, que aunque la vida en Concordia es complicada para casi todos, es especialmente difícil para las mujeres. Nunca nos tocan los papeles fáciles, nada nuevo bajo el sol.

No quiero hacer spoiler, pero la escena es muy reveladora y me gustaría compartirla:

Un personaje masculino le da un beso a un personaje femenino. Ella no lo desea, y se queda paralizada. Él lo nota y le pide perdón.
—No he podido evitarlo. ¿Me perdonas? ¿Verdad que me perdonas? ¿Por favor? —dice él.
Ella contesta un sí flojo, porque esa es la respuesta que se espera de ella. Se esfuerza en sonreír. Él se siente aliviado y ella, cada vez más turbada, le pide que se marche.
—¡Te has enfadado! ¿Por qué te enojas? ¡Te he pedido perdón!
Ella intenta demostrar que no está enfadada, teme que él quiera volver a besarla. En una pantalla cercana aparece un mensaje del gobierno: «La buena ciudadana es serena y tranquila. Jamás da un no por respuesta».

Demoledor.

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Malacción

Resulta, ¡oh, sorpresa!, que no todos son tan buenos como quieren aparentar. Muchos han cometido faltas y como tantas veces en la vida real, los que parecen más rectos son los que más tienen que ocultar.

Una vez has visto la verdad ya no puedes dejar de verla, está por todas partes. Cada miembro de la familia March lo afronta como puede. Jo, como la recuerdo, sigue siento fuerza desbocada, todo emoción. Amy sin embargo se muestra mucho más racional, más inteligente y estratega.

La imagen que tenían de mundo perfecto se ha derrumbado, pero también se puede sacar partido de las ruinas.

El final nos deja con el germen de la revolución ya plantado. Me he quedado con ganas de verla estallar, aún así, es un final más optimista que el de 1984.

En resumen, Buenas Hermanas es una historia que se te mete dentro. De las que siguen vivas en tu mente mucho tiempo después de haber acabado de leer.

 

Recomendable para los amantes de la buena narración. No apto para los que no les gustan las distopías.
Nota: Imprescindible.
«—¿Van a ser suficientes?
—Algún día lo serán».

Si eres escritora, sabes que el tono es difícil de conseguir. En este libro tienes una lección magistral de cómo cargar la narración de la emoción que necesita la historia.

 

¿Te llama la atención?

 

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