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¿Reconoces estas primeras frases de libros de fantasía juvenil?

 

Si estás suscrito a mi newsletter ya sabías que hoy tocaba jugar a esto. Sí, mis suscriptores tienen información privilegiada, ¿tú también quieres?¿tú también quieres?

A estas alturas imagino que ya sabes de qué va el tema; yo te propongo nueve principios de libros y tú adivinas a qué novelas pertenecen.

Creo que hoy está la cosa difícil, por eso he dejado por ahí algunos nombres de personajes a modo de pistas.

 

¿Qué me dices? ¿Te atreves a jugar?

 

1. Rhysand.
Dos años antes del muro.
El zumbido de las moscas y los gritos de los supervivientes había remplazado el resonar de los tambores de guerra.
El campo de mortal batalla era para entonces una extensa maraña de cadáveres, tanto de humanos como de inmortales, solo interrumpida por alas quebradas que apuntaban al cielo gris o por el ocasional bulto de un caballo caído.

 

2. Arthmael.
A ver si me queda claro: ¿le vais a dar mi corona a un bastardo?
Un silencio incómodo se hace en la biblioteca mientras aparto mi incrédula mirada de mi padre y la paso al hombre que está junto a él, al otro lado de la mesa. No tiene nuestro pelo negro, pero sí los ojos grises que mi familia ha compartido durante generaciones. Es alto, más alto que yo, pero resulta obvio que no tiene el porte de un príncipe. ¿De un noble? Quizá. Aunque sigue sin llegarme a la suela de las botas, por mucho que se envuelva en las mejores prendas y me mire desde arriba.
Pero mi padre pretende cederle el trono. Mi trono.

 

3. —Deberíamos volver ya —instó Gared mientras los bosques se tornaban más y más oscuros a su alrededor—. Los salvajes están muertos.
—¿Te dan miedo los muertos? —preguntó sir Waymar Royce, insinuando apenas una sonrisa.
—Los muertos están muertos —contestó Gared. No había mordido el anzuelo. Era un anciano de más de cincuenta años, y había visto ir y venir a muchos jóvenes señores—. No tenemos nada que tratar con ellos.

 

4. Cabía una mano en la oscuridad, y esa mano sostenía un puñal, cuyo mango era de brillante hueso negro y la hoja, más afilada y precisa que una navaja de afeitar. Si te cortara, lo más probable es que ni te enteraras, o al menos no lo notarías de inmediato.
El puñal prácticamente había terminado lo que debía hacer en aquella casa, y tanto la hoja como el mango estaban empapados.

 

5. Bajo el cielo plomizo y sobre la hierba húmeda, una madre y un hijo corrían hacia la ciudad amurallada que divisaban a lo lejos.
Desde lo alto de la colina que separaba la urbe y el bosque, la mujer sostenía con firmeza la mano de su hijo de once años mientras descendían por el camino que los llevaría hasta las puertas de la esplendorosa ciudad de Alnair.

 

6. El suelo estaba embarrado. El día anterior había llovido sin tregua, y la noche se extendía, como un pantano de agua y tierra, bajo sus pies. La visibilidad era bastante escasa a causa de la niebla, y los disparos se sucedían, unos tras otros, a su alrededor. La disputa había comenzado mucho antes de lo esperado.

 

7. No era la primera vez que en el número 4 de Privet Drive estallaba una discusión durante el desayuno. A primera hora de la mañana, un sonoro ulular procedente del dormitorio de su sobrino Harry había despertado al señor Vernon Dursley.

 

8. Hay algo mágico en encender una cerilla. Como si el mundo se hubiera detenido en cualquier parte de la historia y yo fuera una viajera que se cuela sin pedir permiso. Siempre me han gustado las cerillas. Y las velas aromáticas.

 

9. Se trataba de una joven que parecía derrochar eficiencia y seguridad en sí misma. Lucía un vestido verde, sencillo y práctico, que hacía juego con sus ojos y contrastaba con la brillante capa transparente que le caía por la espalda. Llevaba el pelo, de color castaño claro, pulcramente recogido en un rodete en torno a la cabeza; no obstante, un par de mechones rebeldes que parecían resistirse a mantenerse en su lugar resbalaban sobre su frente.
El rey pareció confundido; la reina fingió sentirse solo ligeramente molesta. No cabía duda, no obstante, de que el príncipe y su prometida habían reconocido a la recién llegada, porque el rostro de Marcela se iluminó al verla, y el joven se mostró visiblemente aliviado.
—¿Quién eres tú? —demandó la reina.
La desconocida del vestido verde señaló a Marcela.
—Soy su hada madrina —declaró; y entonces desplegó tras ella lo que los reyes habían tomado por una capa, y que no eran sino unas alas diáfanas y centelleantes.

 

 

SOLUCIONES

Recorre con el cursor estas líneas para verlas. Comprueba las que has acertado y pon los números en un comentario (no des las respuestas para que los que vengan después también puedan jugar).

DESDE AQUÍ.

1. Una corte de alas y ruina, de Sarah J. Maas.

2. Sueños de piedra, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual.

3. Juego de tronos, de George R. R. Martin.

4. El libro del cementerio, de Neil Gaiman.

5. Lo que el bosque esconde, de Gema Bonnín.

6. Proyecto Crysser: Olvido, de Eva Mª Fraile Rodríguez.

7. Harry Potter y la cámara secreta, de J. K. Rowling.

8. Entre vidas, de Laura Tárraga.

9. Todas las hadas del reino, de Laura Gallego.

HASTA AQUÍ.

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