
(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)
Medallero
MEDALLA DE BRONCE: Alberto BF, Ana, Ana María Abad, Anabel Samani, Aurora Rapún Mombiela, Yesenia Rojas, Cecilia Ramos Ponce, Daniel A. M., Do.Lobera, Gaizka DC, José Torma, Laura L. Ruiz, Lorenzo, Marlen, Minerva Hernández García, Natividad Villar Martínez, Nuria de Espinosa, Rosalía Guerrero Jordán, Saricarmen y Teresa Alvarez.
¡Enhorabuena a todas y todos!
ABRIL:
Envío, borde y sueño.
Llego hasta el borde del sueño y oteo el paisaje. No veo a Morfeo por ninguna parte. Decían que una mortal no podría derrotarlo y aquí estoy, he llegado más lejos que cualquiera. Envío una pequeña avanzadilla de drones para encontrar el camino a su palacio. Doy un primer paso confiada y el suelo cede. Me tambaleo, agito los brazos y grito. Despierto en mi cama. Está amaneciendo. Suspiro. Esta noche lo volveré a intentar.
Por Adella Brac.
Siempre el mismo sueño. Estamos los dos esperando a alguien. Imposible no fijarme en ella. Envío una tímida mirada a aquellos ojos que me hipnotizan, pero noto que estoy pisando el borde de un abismo invisible. De repente me despierto y seguimos los dos esperando a alguien.
Por Lorenzo.
Estaba en el límite del borde que separa la vigilia del sueño, cuando lo más parecido a una señal me zarandeó; era la misma voz que entonaba aquella nana, la que después de tanto tiempo no podía sacar de mi cabeza. Me extrañaba, porque madre nunca supo cantar. Entre la angustia y el sudor, me levanté y en el espejo de la cómoda aprecié un rostro con mis mismos ojos. El envío de esa señal, delataba el secreto de mi adopción. Cuando quise acercarme a acariciar su tez, había desaparecido y con ella la inquietud que siempre me acompañó.
Por Natividad Villar Martínez.
Acepté el caso de un desempleado que se temía lo peor tras recibir, por parte de su esposa ausente, un envió con mucho dinero. La localice, la seguí y averigüé que jugaba a la Ruleta del Alquimista. Esta ofrece seis vasos, uno de ellos con el contenido envenenado; cada participante debe elegir el suyo y beber. Esos desdichados persiguen su sueño caminando por el borde del abismo. Por fortuna, pude rescatarla a tiempo.
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A.M.
Zoe repara máquinas en una ciudad donde el cielo siempre es gris. Un día llega un envío: una caja con un mecanismo, cuando lo activa, una diminuta nube escapa y se dirige al borde de las altas chimeneas. Zoe la sigue hasta una fábrica donde descubre un taller de inventores que intentan «fabricar el clima». Entre planos y engranajes, encuentra el diario de una ingeniera desaparecida, obsesionada con atrapar el sueño de un cielo limpio.
Pero la ciudad quiere destruir cualquier prueba del invento y Zoe tendrá que elegir: huir o encender la máquina más peligrosa jamás construida.
Por Marlen, del blog El blog de Trujamán.
Hoy te envío este mensaje con el ánimo abatido de quien no confía en sus propias fuerzas para seguir adelante. Estoy al borde de la desesperación pero, aun así, trataré de resistir un poco más por si respondes a esta misiva antes de que el sueño eterno caiga definitivamente sobre mis párpados cansados. Por favor, di que vendrás en mi auxilio y que rescatarás a este pobre caracol harto de esquivar los pies de tantos peatones como circulan por el parque en esta maldita primavera.
Por Ana María Abad, del blog Sin lápiz ni papel.
Durante el sueño puedo acceder a los sueños de otros. Es un don con el que hay que ir con cuidado. Acceder a algo tan íntimo como los sueños es muy delicado. Pero no tengo opción. Me duermo y busco el subconsciente de mi amiga entre millares de nubes durmientes. Debería estar dormida, pero está en el borde de la vigilia. Qué lío con los horarios interplanetarios. Me apresuro y envío el mensaje. Ahora, su vida depende solo de ella misma, en el lejano planeta de Everden.
Por Dolobera, del blog Do.Lobera.
Adolfo salió de su pequeña nao, y su primera impresión fue la de estar viviendo un sueño, ante él se desplegaba sin fin un paraíso natural de belleza indescriptible. Ciertamente el Almirante lo envió en misión de exploración sin esperar su regreso, movido en realidad por su deseo de deshacerse del rebelde en el borde del mundo conocido. Gracias a esta misión, había llegado al único rincón del mundo donde al fin podría ser feliz.
Por Manuel, del blog En busca de la luz.
En el sueño, camina descalza por el borde del acantilado. Desde allí adivina la silueta del barco de guerra, e imagina a su hijo saludándole desde la popa. Un único anhelo se ha enquistado en su corazón: detener el envío de jóvenes rumbo a la muerte. Con los ojos nublados se lanza al vacío y es engullida por enormes fauces de agua. Cuando despierta, todavía conserva el sabor de la sal en los labios.
Por Rosalía Guerrero Jordán.
El paquete llegó sin remitente. Su envío parecía una broma macabra, envuelto en cuero viejo que goteaba un líquido espeso. Al abrirlo, encontré un espejo roto con mi propio rostro deformado. Sentí que caminaba al borde de un abismo mental, incapaz de despertar. Una mano pálida emergió del cristal, aferrándose a mi cuello con fuerza inhumana. Intenté gritar, pero mi voz se desvaneció. Comprendí, demasiado tarde, que ya no estaba en un sueño; la pesadilla ahora era mi realidad.
Por Cecilia Ramos Ponce, del blog Enredados entre libros.
En el envío olvidé lo esencial: decirte que me quedaba.
Caminé hasta el borde de la ciudad, esperando el valor.
Allí entendí que el silencio también grita, pero nadie lo escucha.
Regresé tarde, con las manos vacías y el corazón lleno de incertidumbre.
Y tú ya eras solo un sueño que no quería despertarse y yo una pesadilla que solo podía ahogarse.
Por Nuria De espinosa, del blog Bitácora Literaria.
Ana despierta de un sueño. Intenta levantarse. Sobre el borde de la cama, respira. Le duele el cuerpo. Trata de ponerse de pie, pero sus piernas le fallan. Esta en un hospital, eso lo tiene claro. Agarrándose del barandal camina despacio al tocador. Una mujer mayor la mira en el espejo. Levanta su mano y la imagen la imita. Grita y cae al suelo. Se abren las puertas y entran los médicos. «En el próximo envío, agregue una nota para el sr. Cárdenas. Después de quince años, su hija ha salido del coma».
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.
Recogí los fragmentos. Encajé cada pieza con pegamento transparente. Presioné cada borde hasta que la porcelana mordió mi piel. El erizo recuperó su forma sobre la mesa. Lo envolví en papel de seda. Sellé la caja. Caminé hasta la oficina de correos y pagué el envío. Sé que abrirá el paquete. Mirará al animal que empujó al borde del mueble aquella noche. Nuestro sueño terminó en el suelo, pero ahora, al menos, dormirá en su mesilla. Devuelvo los pedazos que yo no supe sostener.
Por Gaizka DC, del blog fohoma.
Envío la señal de socorro con lo único que tengo a mano: una mascletà que llevaba preparada para la boda de mi primo. Soy consciente, al borde de este acantilado en el que hemos quedado colgados el piloto y yo, que fue una idea de bombero la de subirme al helicóptero con este arsenal, pero al menos pude cumplir mi sueño de sobrevolar la isla. Parece que nos van a rescatar porque el cielo se está llenando de drones. Agitamos los brazos felices cuando vemos que apuntan todos hacia aquí.
Por Aurora Rapún Mombiela, del blog La historia está en tu mente.
El envío tenía que haber llegado ayer. Pero ni una señal de que así fuera. Si hubiera llegado ya no estaríamos aquí, estoy segura de ello. Puede que suene borde, pero es que es así. ¿Cómo sería posible que no reaccionara si lo hubiera recibido? Es de esas cosas que te quita el sueño para nada. Ya no depende de mí. ¿O sí? ¿Me acerco a su puerta? ¿Pregunto a la empresa de transportes? ¡Para! Me enteré cuando llegue, seguro.
Por Laura L. Ruiz.
En el borde de las cosas es donde existo: en el filo de la navaja, en la línea del horizonte, en el límite entre la vigilia y el sueño. Soy la señora de los finales y los principios, aquella a quien rezas sin saberlo cuando necesitas que un imposible se haga realidad o que un moribundo no siga caminando hacia el otro lado. Ofréceme un tributo digno y te ayudaré; oféndeme y mi envío será un presente de lunas sangrientas.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.
Desde el envío constante de cartas y mensajes cortos, vivo como al borde de un sueño. Entre la necesidad desesperante de tener noticias y el temor de recibirlas. Como si el mundo entero se redujera a los pequeños momentos que esas notas proporcionan como ligeras brisas en un caluroso día, solo esas misivas hacen soportable la interminable espera que la distancia nos ha impuesto. Otro día, otra nota, pocas letras de aliento, algo de esperanza dentro del caos que la situación general impone.
Por BrujaUrbana, del blog El baúl de Yes.
El plato estrella de su menú es el arroz del senyoret, así que no me lo pienso más y le envío mi propuesta de negocio en un sobre de papel manila. Cruzo los dedos sobre este sueño en espera de ser cumplido: una piscifactoría de nueva generación. Al cabo de una semana recibo una respuesta un tanto borde. Insinúa que debo hacérmelo mirar. No sé muy bien por qué. Es él el que carece de una visión práctica de futuro. Yo lo tengo clarísimo. ¿Qué problema hay en criar truchas sin espinas?
Por Teresa Alvarez.
Fue un sueño tan real que desperté sobresaltada. En él la abuela me pedía que le borde un pañuelo blanco con sus iniciales en azul, en una de las esquinas. Y, claro, quedaría hermoso porque lo haría con dedicación y amor. Pero ¿cómo se lo envío hasta el más allá?
Por saricarmen, del blog Desde El Cielo.
La lluvia comenzó como una llovizna, luego se convirtió en un gran aguacero. El agua corría por las calles como un río, se perdió el borde de la calle plantado de palmitas. A las personas en general los sorprendió durmiendo en un sueño profundo a mitad de la noche, casi en la madrugada. Como había necesidad de reparar un poco los daños fue necesario solicitar el envío de los bomberos para que colaboraran con la limpieza y el movimiento de los escombros. De manera que las calles volvieran a la normalidad después tan abundante lluvia de fuertes aguaceros.
Por Minerva Hernández García.
¿Sabías que mis suscriptores conocen las palabras del reto antes que nadie?


