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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

Medallero

 

MEDALLA DE BRONCE: Manuel.

 

¡Enhorabuena!

 

JUNIO:

Puede, bastante y semana.

 

 

Puede que esta semana me echen al fin del trabajo. He desperdiciado los materiales más escasos y difíciles de conseguir, solo me comunico con ambigüedades y hoy mezclé productos incompatibles provocando un conato de incendio. A los mandos intermedios ya los tengo bastante cabreados pero el jefe no para de repetir no sé qué de una profecía. Ya se lo dije a mi madre, esto de ser la bruja de confianza de Gengis Kan, no lo veo.
Por Adella Brac.

 

Si la semana no empieza con tus ojos iluminando mi camino, puede que me pierda de nuevo. Bastante castigo sería para alguien que sólo quiere ser feliz.
Por Lorenzo.

 

Puede que el verano haya llegado con premura, reconozco que hace bastante calor y hasta entiendo que apetece echarse una siesta los siete días de la semana. Pero de ahí, a que hayas montado en el patio una playa con la tierra de las macetas, en la que andan sueltos los peces de la pecera y que nos disfraces de sirenas con la funda de la almohada… Un día de estos metes un yate, y te recuerdo que no tenemos piscina, si no una humilde fuente y no creo que quepa.
Por Natividad Villar Martínez.

 

La NASA recluta adolescentes, nos somete durante una semana a un examen. Todos creemos que el éxito consiste en ser capaces de sacrificar cualquier cosa. En la prueba final, un robot llamado TEO-7 queda atrapado. Todos corremos para salvarnos, Tomás es el único que regresa para ayudarlo, eso puede costarle el examen. Acaba llorando por el robot, algo que a muchos nos parece bastante absurdo. Al final descubrimos la verdad, el único seleccionado es quien todavía conserva humanidad.
Por Marlen, del blog El blog de Trujamán.

 

No puede ser que mi esposa decidiera casarse conmigo para agarrarse a un clavo ardiendo tras haber roto, ambos, su celibato, y que no sintiera nada por mí; las malas lenguas animadas por su familia… Bastante pesada es la cruz que, siendo el señor de estas tierras, soporto a causa de esos pedigüeños. Juegan con fuego; pues, antes de finalizar la semana, arderán todos acusados de brujería; y ella seguirá amándome.
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A.M.

 

Esta semana ha sido de locos. No paraban de pasar por la charca princesas y más princesas pidiendo un beso para deshacer uno u otro hechizo: verrugas, cojeras, alopecias… así no se puede vivir. Y uno, que es sapo pero galante, no tenía bastante boca para atenderlas a todas. Lo malo ha sido cuando ha llegado el Príncipe Azul con una urticaria y, al unir nuestros labios, me he convertido en humano. Ahora vivo con él en Palacio y somos felices. Eso sí, sin dejar de rascarnos.
Por Ana María Abad, del blog Sin lápiz ni papel.

 

Un día puede que todo te salga mal, pues incluso las cosas bonitas de la vida pueden torcerse bastante más de lo que imaginas. Y, aunque afuera brille un sol déspota una semana, un mes, o durante todo el verano, resiste y no te rindas. Porque algún día volverá a llover y, cuando todos se escondan bajo techo, tu saldrás de tu concha y reptarás, libre, sobre la hierba húmeda.
Por Rosalía Guerrero Jordán.

 

Caín trabajó duramente una semana preparando las ofrendas para el Señor. En los campos una espléndida cosecha estaba lista para que Caín la recogiera: Calabazas del color del Sol al atardecer, cebollas de un blanco puro… Caín se sentía bastante satisfecho y feliz por una vez el Señor le sonreiría. Abel puede darse por contento si el Señor pone los ojos en los corderos canijos que le va ofrecer, pensó Caín, sintiéndose por una vez, vencedor.
Por Manuel, del blog En busca de la Luz.

 

Puede que haya llegado el verano, o que esté a punto de llegar, pero me da una pereza ir a la playa…
—Venga que ya llega el fin de semana. Hay que ir a la playa —dice mi amiga.
—¿Pero y todo lo atrasado que me queda? —le respondo—. Me queda bastante pendiente…
—Siempre igual, María… Has de salir de vez en cuando…
—Es que la vida es un círculo vicioso de cosas que no me da tiempo entre semana —explico.
Pero voy a coger mis cosas para ir a la playa. Sonia gana.
Por Dolobera, del blog Do.Lobera.

 

La semana del «puede»
Fue una semana bastante curiosa. Mi vecino Anselmo decidió hacerse adivino. Colocó una mesa en la plaza y un cartel: «Pregunte su futuro».
La primera persona quiso saber si ganaría la lotería.
—Puede —contestó.
La segunda preguntó si encontraría el amor.
—Puede.
La tercera, si adelgazaría antes del verano.
—Puede.
Y así pasó el día, ganando bastante dinero sin asegurar nada.
El viernes apareció un policía.
—¿Está engañando a la gente?
—Puede.
El agente soltó una carcajada.
El domingo le pregunté su secreto.
—Puede que las dudas entretengan más que las certezas.
Por Nuria De espinosa, del blog Bitácora Literaria.

 

Puede que resulte extraño lo que hacemos en el departamento de animales exóticos. Ayer, sin ir más lejos, rescatamos a un elefante bastante rosa en plena Gran Vía. ¡Hay que ser un desalmado para dejarlo entre tanto ruido, coches y gente! Hoy ya está un poco más tranquilo con sus parientes africanos en el zoo. La semana que viene lo llevaremos, de nuevo, a su hábitat natural, en plena sabana de nubes de algodón. Allí será feliz de nuevo.
Por Lola Pena Dovale, del blog Alma Rural.

 

Una semana puede ser bastante tiempo o por el contrario, insuficiente. A uno de los personajes iluminados por una bombilla que oscila con cada golpe en el almacén abandonado le parece poco. Al otro, sin embargo, pensar en un solo minuto más colgado de esa viga le resulta insoportable.
El artífice de la escena la observa a través de la cámara y anota sus reflexiones mientras se deleita con el aroma del café, que ha de beberse en unos pocos minutos porque frío no vale nada.
Por Aurora Rapún, del blog La historia está en tu mente.

 

Semana tras semana aquella bruja deshacía todo el trabajo y con una sonrisa burlona le hacía repetirlo, mientras los compañeros murmuraban entre risas. Puede que la maqueta no fuera perfecta pero le había dedicado mucho tiempo y esfuerzo, sobre todo en el diseño de los jardines que rodeaban el edificio. Un día decidió que ya había aguantado bastante. Colocó una última pieza para rematar la base que sustentaba todo el entramado y la lanzó a la papelera. Se largó sin mirar atrás. Fue el último día de la escuela. Ahora van a hacer un parque en su lugar.
Por Teresa Álvarez.

 

El sótano lleva sellado una semana, pero los arañazos tras la pared no cesan. Al principio eran tenues, casi un juego de la imaginación, pero ahora el sonido es bastante nítido y constante. Mi hija insiste en que alguien la llama por su nombre desde la oscuridad, imitando mi voz con una distorsión espantosa. Sé que ninguna persona puede sobrevivir allí abajo sin aire ni comida. Sin embargo, esta noche el cerrojo ha cedido por completo y la puerta se está abriendo lentamente.
Por Cecy Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

El peso de la ausencia.
Ya hace una semana de su partida. Puede que dos. Dijo que volvería pronto. Siempre promete lo mismo y siempre se hacen eternas sus ausencias.
Luego regresa, intenta convencerme diciendo que solo han sido unas pocas horas y todo se me olvida tras el primer beso.
Ella deja que le lama la cara y con eso ya tengo bastante.
Por Rubén Cerdá, del blog raedura.

 

Marta volvió a mirar en el interior de la mazmorra. La penumbra devoraba los últimos peldaños, pero el olor a hierro y tiempo atrapado era lo bastante denso como para palparse en el ambiente. «El rescate no puede demorarse más», pensó. El eclipse ocurriría esa misma semana. Desenfundó su espada, amortiguando el temblor de sus manos contra la reja de la entrada, y descendió hacia el abismo.
Por Gaizka DC, del blog fohoma.

 

Helados. Mi mente no puede pensar en otra cosa. Hace tanto calor aquí…, más que en Túnez, aquella semana en que hubo 50 grados. No habría creído que el infierno fuera un horno de lava negra. Había imaginado que todas esas leyendas sobre el fuego eterno serían falsas; para mi sorpresa, han resultado bastante acertadas. Lo peor es ver frente a mí un río de helados de mil sabores al que unas recias cadenas me impedirán llegar por siempre. Helados…
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Detrás del visillo
El diagnóstico no me deja otra opción. Puede ser bastante una semana. Mi tiempo se agota. La cobardía —ésta vez— no acallará mí voz. Ya he soportado suficiente a las personas ocultas detrás de esos visillos mugrientos. Un nudo me golpea en el estomago cada vez que pienso en su huida. ¡Hace ya veinte años! Pero esta semana cruzo la calle, y les grito su nombre. Mi hija sólo tiene UN padre. Las viejas cotillas lo sabrán.
Por María Consuelo Orias.

 

«La semana ya empieza mal», pensó y se dirigió hacia su puesto de trabajo. Le miró a ÉL absorto en sus pensamientos mientras hacía mecánicamente su trabajo. Era una escena que se repetía bastante, casi tanto como verla a ELLA mirándole. «¿Qué pensará? ¿Qué increíble vida tendrá fuera de aquí?», pensaba. Puede que ÉL estuviera pensando en una gran aventura, pero puede que solo pensara en cómo acabar con esta vida repetitiva.
Por Laura L. Ruiz.

 

Del diario de un caníbal:
Antes caminaba sin preocupaciones mayores a la que comería ese día; puede que tuviera la idea bastante arraigada de no necesitar nada más en la vida. Cada semana transcurría de la misma manera, tranquila y monótona, casi clonada por completo, salvo por el menú que cambiaba según la época del año. Sí, la vida era buena conmigo, hasta que dejó de serlo. De pronto la comida no era suficiente, el aire me parecía viciado y surgió la imperante necesidad de conectar con otros, de compartir mi tiempo y mi apetito. La carne humana se volvió mi única fuente de alimento, mi única alegría que apaciguaba mi inquietud, hasta que mi cuerpo me urgía por más. Otra víctima, otra comida; entonces, mi preocupación más importante solo radicaba en cómo lo disfrutaría esta vez.
Por Yesenia Rojas, del blog El baúl de Yes.

 

Sofía le espera cada día de cada semana. El tiempo pasa y ella sigue esperando. Raúl vive distantes miles de kilómetros y mares de distancia. No le parece que es bastante, dice que puede esperarle toda la vida. El tiempo transcurre inexorablemente. Su amor, más que amor, es como una obsesión, porque no tiene presente la ausencia y el tiempo, ni espacio. Es un amor tan grande y profundo, que realmente, es un amor enfermizo.
Por Minerva Hernández García.

 

No recuerdo cuánto hace que no te miraba a los ojos, tal vez meses, puede que incluso años. Pero ahora que me fijo con atención eres bastante más guapa de lo que recordaba, no me extraña que me enamorara de ti veinte años atrás. Esta semana no podré, porque estaré fuera por trabajo, pero en cuanto regrese hacemos por hablar, a ver si también me acuerdo de cómo era tu voz.
Por Alberto BF, del blog ReCuentos de palabras.

 

En el tren el paisaje puede parecer que se mueve rápidamente, las nubes, sin embargo, tienen menos prisa. Estábamos cerca del final de la semana cuando Frederik llamó inesperadamente pidiendo que fuera a visitarle. Él mismo me envió el billete de ida, para el de vuelta todavía quedaba bastante por resolver. Yo no podía imaginarme cuanto, no tardaría mucho en averiguarlo. Meses más tarde supe que nunca tenía que haber subido a aquel tren.
Por Ana, del blog Cuéntame algo…, mejor, escríbemelo.

 

Había pasado bastante tiempo y parecía olvidado del gato negro que una tarde osó traspasar la cerca. Pero puede que en esta semana algo aflorara en esa mente siempre atenta, al acecho constante, para descubrir u oír entre los arbustos a otro intruso, que incautamente acabó entre sus fauces.
Por saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Sofía le espera cada día de cada semana. El tiempo pasa y ella sigue esperando. Raúl vive distantes miles de kilómetros y mares de distancia. No le parece que es bastante, dice que puede esperarle toda la vida. El tiempo transcurre inexorablemente. Su amor, más que amor, es como una obsesión, porque no tiene presente la ausencia y el tiempo, ni espacio. Es un amor tan grande y profundo, que realmente, es un amor enfermizo.
Por Minerva Hernández García.

 

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