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(Este reto consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Si eres nuevo por aquí, te pido que leas cuidadosamente las normas.)

MAYO:

Cuatro, ahora y para.

 

 

Pedí mesa para cuatro en mi restaurante favorito y empezaron las protestas. Mi marido diciendo que ahora sigue la dieta paleo, mi hijo que quiere ir a McDonald’s, mi hija que es vegana. Gritos y llantos. Y luego golpes. Y llantos y gritos. Vuelvo a llamar al restaurante: «mesa para uno, por favor». La reserva es dentro de una hora y media, tengo el tiempo justo para enterrar los cuerpos y quitarme toda esta sangre de encima.
Por Adella Brac.

 

Ayer sonaba una música que llegaba de algún sitio lejano. Hoy, ahora, esa música suena aquí al lado, cerca muy cerca. Suena para mí, sólo para mí. Ya han pasado cuatro años desde la primera vez que la oí y esa música, que acompaña mi tristeza, no quiero que pase y que mañana vuelva a oírla lejana, muy lejana.
Por Lorenzo.

 

Por amor a la familia, ahora Ananías arrastraba los pies, caminando penosamente detrás del burro sobre cual montaba su amo, al que se había vendido para dar de comer, una temporada más, a las familias de Daniel, Misael y Azarías, sus hermanos mayores. Sus hermanos habían aceptado las cuatro monedas de oro puro ofrecidas por él con gran júbilo y regocijo; lo vieron alejarse hacia su amargo destino sin derramar una sola lágrima de compasión por él.
Por Manuel, del blog En busca de la Luz.

 

Para cuatro zánganos que quedamos ahora en el pueblo… El bar no ha vuelto a abrir porque ninguno tiene ganas de trabajar. Ahora, cada día invita uno en su casa a las cervezas. El ultramarinos, desde que emigró la Mari, a cal y canto. Nos apañamos con la compra por Internet. El Ayuntamiento está en otro pueblo, así que hemos propuesto que se eche el cierre definitivo. Que nos quedemos dentro a puerta cerrada y conforme vayamos cayendo, aquí paz y después gloria.
Por Aurora Rapún, del blog La historia está en tu mente.

 

La oficina del gerente era una habitación con un escritorio y una biblioteca con cuatro libros. El cliente se sentó. El gerente le dijo que había recibido una transferencia internacional en dólares que serían convertidos ahora a moneda local y acreditados en su cuenta en pesos. ¿Por qué no ponerlos en mi cuenta en dólares? Yo necesito esos dólares para pagar la reserva de un departamento. ¿Y cómo justificar el destino de esos fondos, si la documentación la tendré al pagar esa reserva?
Por Marlen, del blog El blog de Trujamán.

 

Da cuatro pasos, titubea, se detiene. Después, se acerca a la ventana, aparta la cortina y se asoma. Ahora que ya es de noche vuelve a sentir el desasosiego. Escucha a su familia bajar deprisa las escaleras. Los ve salir corriendo, sedientos de sangre. Él camina detrás, cabizbajo. De repente, se para y los observa alejarse. Después regresa a casa pensando en la difícil vida de un vampiro vegetariano.
Por Rosalía.

 

Sonrío. Cuatro pinceladas y termino. Me alejo para observarlo. Un lluvioso paisaje gótico con su castillo, su viento moviendo los árboles, su rayo iluminando una esquina del cuadro. Vuelvo a sonreír. Entonces un trueno estalla sobre mí. Me encojo. La lluvia comienza a mojarme el pelo. Dejo de sonreír. Mi taller ha quedado fuera y yo estoy dentro de la pintura. Ahora entiendo el temor que sienten los escritores ante la página en blanco.
Por Lola Pena Dovale, del blog Alma Rural.

 

He tenido que cambiar cuatro veces de caballo en otras tantas estaciones de postas por las que he pasado durante mi viaje y me siento cansado; pero ahora ya estoy muy cerca del pueblo donde debo entregar las medicinas que llevo. El doctor las espera impaciente para combatir con ellas la enfermedad infecciosa que aqueja a una familia. ¿Quién iba a decir que lo conseguiría cuando partí raudo desde el almacén del hospital?
Por Daniel A.M., del blog La narrativa de Daniel A.M.

 

Cuando me sale con su sentencia reiterada «No tienes más que cuatro tonterías», le recuerdo que cuatro eran los personajes de D’artacán y sus mosqueteros, que un coche necesita cuatro ruedas para circular, que son cuatro las estaciones de un año. Entonces, aturdido por mi respuesta, con voz frágil y titubeando lanza una defensa ¡Para ahora mismo, no me recuerdes que han sido cuatro las veces que me han despedido y tres las que me han dejado, faltaría que tú hicieras la número cuatro! ¡Lo siento, odio el número cuatro!
Por Natividad Villar Martínez.

 

Para ganar solo puede quedar uno, no cuatro. Son las reglas del juego, piensa Lucía enfurruñada. Pero sus maestras no piensan igual y quieren hacer un empate. Lucía patalea, ella quiere ser la mejor, de las mejores en todo, todito todo.
—Vamos Lucía, ven y nos hacemos una foto ahora de todos los ganadores.
—¿Puedo vestirme de Pikachu?
La maestra asiente y para Lucía esa es una victoria. Al fin ha ganado.
Por Dolobera, del blog Do.Lobera.

 

Pasan de las cuatro de la madrugada y el vecino de arriba sigue tocando el trombón. ¿En qué momento se me ocurrió comentarle que la música podía aliviar su depresión? Lo hice con buena intención, pero ahora estoy pagando las amargas consecuencias: no contento con pasarse el día soplando por ese maldito cachivache, hay noches en que ni pega ojo ni nos lo deja pegar a los demás. Y, para colmo de males, ni siquiera toca bien. Creo que voy a recomendarle que haga puenting. Sin cuerda.
Por Ana María Abad, del blog Sin lápiz ni papel.

 

Cuando nos reunimos los cuatro, alguien dijo que había llegado el momento de madurar.
El primero abrió una cerveza.
El segundo buscó música triste para parecer profundo.
El tercero empezó a hablar de inversiones, aunque debía dinero desde 2019.
Yo miré el reloj y pregunté qué íbamos a hacer ahora.
Hubo un silencio profundo, casi histórico. Después, decidimos pedir comida basura «solo por hoy», criticar a la gente irresponsable y prometer que el lunes empezaríamos una vida nueva.
El lunes llegó puntual.
Nosotros no.
Y quedó para siempre nuestra brillante revolución personal: aplazada hasta nuevo aviso.
Por Nuria De espinosa, del blog Bitácora Literaria.

 

Las cuatro velas se apagaron al unísono, dejando la habitación sumergida en una oscuridad gélida y absoluta. Algo frío rozó mi nuca con dedos largos y huesudos. El tiempo se detuvo. Sé que está aquí, respirando sobre mi hombro, esperando el momento justo para devorar mi último aliento de vida. No hay escapatoria posible en este sótano olvidado por Dios. Ahora entiendo que el precio del ritual era mi alma entera. El silencio es total, excepto por el latido de mi corazón.
Por Cecy Ponce, del blog Enredados entre libros.

 

Lleva cuatro meses tirado en el sofá, midiendo los latigazos de su pelvis rota con los errores de ella al piano. Él creía que esa repetición ciega era un castigo; ella solo comprobaba si sus dedos aún le pertenecían. Tras el falso abandono de la tarde, ella regresa derrotada. Cruza el salón a oscuras, esquivando el instrumento que desde ahora solo servirá para acumular polvo, y se tumba en su regazo. La música ha muerto, pero el silencio es de los dos.
Por Gaizka DC, del blog fohoma.

 

Las cuatro de la mañana. El sueño lo evade y mira desconsolado el reloj de la pared, que con su incesante tic toc llena un silencio que le abruma. De repente para. Sobrecogido aguanta la respiración un par de segundos. «Ahora se reinicia, piensa» Pero solo el silencio llena su habitación. Se levanta y la cama desaparece, no hay muebles. Las blancas paredes lo retan y ahí en una esquina, se mira a si mismo, la camisa de fuerza ennegrecida. Ahora lo entiende todo.
Por José Torma, del blog Cuentos, historias y otras locuras.

 

Los cuatro se abalanzaron sobre mi. «Eres un héroe», dijeron, sin darme tiempo de responder ni para decirles que estaban equivocados. «Solo alguien como tú podría hacerlo», me decían, mientras yo ponía cara de pudor. ¿Se puede sentir vergüenza ajena por cómo te miran a ti? Ahora creo que sí. Mudo, me quedo mudo, cuando lo que debería decir es que soy un farsante, que yo no hice nada, que solo cerré fuerte los ojos.
Por Laura L. Ruiz.

 

Era un cascarrabias pero confieso que me ponía un montón discutir con él, agotador pero adorable. Ahora lo tengo más fácil. Quién me lo iba a decir, que podría tenerlo en mi salón para contemplarlo cuanto quiera y decirle cuatro cositas en la cara. Fue una suerte encontrar su cabeza en el ascensor. Doy gracias al destino que lo puso en mis manos y en las del taxidermista.
Por Teresa Alvarez.

 

Para celebrar que alcanzo una nueva década pienso hacer una fiesta por todo lo alto. Ya tengo pensado dónde organizarla, y mentalmente he confeccionado un borrador de mi lista de invitados. Hay cuatro imprescindibles, pero yo creo que entre todos seremos más de cuarenta. Ahora solo falta conseguir que me rebajen la condena y pueda salir de la cárcel antes de mi cumpleaños.
Por Alberto BF, del blog ReCuentos de palabras.

 

Para hacer la pizza perfecta pasé cuatro años leyendo un libro que había comprado. Cuatro años en los que no me atreví a intentarlo, pensando que la teoría hace al maestro. Ahora que por fin compré todos los utensilios he perdido un diente. Si la comes con cuchillo y tenedor no sabe igual. Por eso la pizza perfecta, ya no es perfecta para mí. No es solo el qué, es el dónde y el cuándo. Mejor ahora que nunca.
Por CrisMandarica.

 

A poco de expirar el plazo reúno las cuatro neuronas literarias que me van quedando; me siento frente al teclado para comenzar a escribir y de súbito, Adella se planta ante mí, su mirada me fulmina.
—Conque recién ahora, ¿no? Siempre esperando el último minuto—. Y yo despierto con el corazón latiendo a mil.
Por saricarmen, del blog Desde El Cielo.

 

Son las cuatro de la tarde; cada día a esta hora las campanas de la iglesia repican. Recordando a todo el pueblo su deuda. En el pasado, antes del suceso, era la vida una rutina simple de gente sencilla con vidas normales. Ahora cada día es solo una sucesión de actos repetitivos, acciones dedicadas a purgar un error que costó una vida inocente y la paz de todos. Para el mundo, feliz e ignorante, solo es un pueblo montañés común. Ellos en cambio están atrapados en su propia culpa.
Por Yesenia Rojas, del blog El baúl de Yes.

 

Cuatro son las estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno. Ahora bien, en la República Dominicana no se evidencian las estaciones, la estación única es verano prolongado con sol brillante. Estamos en la ruta de los ciclones y huracanes, nos visitan si no desvían o nos dejan abundantes lluvias, durante los tres primeros meses bre: septiembre, octubre y noviembre. La temperatura se refresca un poco, sólo un poco, cuando llega diciembre, enero y febrero entonces se siente un fresquito, pero no para usar abrigos o mangas largas, no, no, es un fresquito muy mínimo, diferente al resto del año. En República Dominicana no hay cuatro estaciones.
Por Minerva Hernández García.

 

Todo fue muy rápido. Para cuando me quise dar cuenta ya había dejado atrás la curva. Sin embargo, fui consciente de que un frío hostil me había agarrado al pasar por su lado. Supe que, si miraba por el retrovisor de mi cuatro por cuatro, la vería a ella, a la chica fantasma. Por eso cerré los ojos. Para no mirar. Esperé dos largos segundos, demasiados en una carretera de montaña. Ahora soy yo la chica de la curva.
Por Anabel Samani, del blog Anabel Samani.

 

Ahora era el momento de parar. Cuatro años habían pasado desde la última vez que visitó a su familia. El viaje necesitaba siempre de demasiados días, nunca era el momento adecuado, pero si seguía así sería demasiado tarde para abrazar a todos. Su padre ya había dado un aviso. Su madre cada vez se veía más apagada a través de la pantalla. A su sobrino, ni siquiera lo conocía. ¿Y si decidía no volver una vez que estuviera allí?
Por Ana, del blog Cuéntame algo…, mejor, escríbemelo.

 

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Adella Brac

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