imagen   Un año de autoras: Raquel de la Morena   Avanzamos en la iniciativa Un año de autoras y con el cambio de mes, tenemos una nueva autora de fantasía juvenil: Raquel de la Morena. Vamos a ver qué nos cuenta, ¿me acompañas?     Descríbete en 20 palabras. Soy periodista, escritora, editora y, desde hace meses, youtuber. Me encanta la gente, leer, tocar el laúd y los gatos.     ¿Las escritoras sufrimos más el síndrome del impostor que nuestros compañeros de oficio? ¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a ello? ¿Cómo lo superaste? No sabría decirte si sufrimos más el síndrome del impostor o no; lo que sí puedo decirte es que a veces he tenido la sensación de que no merecía ciertos elogios, de que lo poco o mucho que he conseguido había sido cuestión de suerte —tanto a nivel periodístico como con mis novelas—, pero después me recuerdo lo duro que he trabajado en estos últimos veinte años y termino superándolo. Va por rachas. Creo que viene, en cierta medida, por el nivel de autoexigencia, que hace que te pongas metas difíciles de alcanzar.   Está claro que las mujeres no jugamos en la misma liga ni con las mismas reglas a la hora de presentar nuestras propuestas literarias, ¿qué cambio consideras imprescindible para hacer la igualdad literaria real? Para lograr la igualdad literaria, necesitamos llegar a la igualdad general, en todos los ámbitos, y todo debe partir de nuestra educación desde niños. Madres y padres, así como los educadores —desde la propia guardería—, tienen un trascendental papel en esta materia. Debemos superar la diferenciación que se ha realizado entre niños y niñas desde bebés —por ejemplo, con cuestiones como el rosa para ellas y el azul para ellos— o la segregación por juguetes estereotipados que perpetúa a la niña en el rol de madre y persona dedicada a las tareas domésticas mientras que en el caso de los niños sus juguetes suelen estar más vinculados con temas científicos y tecnológicos. Incluso los mensajes que podemos leer en las camisetas de los niños —en plan «Cómete el mundo»— y en las de las niñas —«Bellísima»— imponen un rol de género. Por poner solo unos ejemplos. Aunque creo que hemos avanzado mucho en las últimas décadas, aún nos queda un largo camino por delante hasta alcanzar la igualdad real, incluida la literaria.   Ahora, hablemos de ti:   ¿Cuándo fue la primera vez que pensaste «yo quiero ser escritora»? No es que, en un momento dado, pensara: «Quiero ser escritora». Empecé a escribir cuentos siendo una niña, y continué durante la adolescencia. Más tarde, cuando inicié la carrera de Periodismo, me volqué mucho en mis estudios y luego en mi trabajo, así que dejé un poco aparcada la escritura de ficción. Mi pasión por escribir volvió cuando conocí a Pedro (Estrada), mi marido, que también había escrito en su niñez y su adolescencia, y llevaba algunos años sin hacerlo. El gusanillo por escribir regresó para los dos, y publicamos nuestro primer libro en 2009, dirigido a un público infantil—juvenil. Desde entonces hemos publicado nueve juntos. Aunque también escribimos por separado. Muchos hemos vivido lo mismo, yo también; empezar a escribir de niños, abandonarlo durante la juventud y regresar a ello de adultos.   Dinos tu mejor truco para enfrentarte a la temida hoja en blanco. No hago nada especial. Si me siento a escribir, normalmente es porque me ha venido una idea a la mente. Y si me apetece escribir pero no hay nada nuevo que plasmar en el papel, me pongo a revisar y corregir lo que ya he escrito. Tardo mucho en escribir un libro porque hago mil y una revisiones a la novela para buscar erratas que se me hayan escapado e incongruencias en la historia y para mejorarla con nuevos giros que sorprendan al lector.   ¿Tienes alguna manía a la hora de escribir? La única es que tengo la costumbre de ponerme el sonido de una tormenta de fondo para concentrarme. Como suelo ambientar mis novelas en Escocia e Irlanda, el mal tiempo me mete de lleno en la historia (risas). Sí, parece efectivo.   ¿Qué consejo darías a un escritor que empieza? Que escriba la novela que le apetezca, sin dejarse llevar por las modas. Porque va a pasar muchas horas con esa historia y esos personajes y, para que los lectores puedan disfrutar después del libro, el autor debe de haber hecho lo mismo de manera previa. Y también que trabaje mucho el manuscrito, que lo revise una y otra vez para intentar mejorarlo. Y, cuando crea que ya está, lo lea por última vez. Siempre encontramos cosas que mejorar.   Tu punto fuerte como escritora es... No sabría decirlo. Quizás que soy muy exigente conmigo misma, con mis historias.   ¿Y tu punto débil? Es el mismo: como soy muy exigente conmigo misma, también soy muy lenta escribiendo. Me suena.   ¿Qué libro te hubiera gustado escribir? Ninguno. Porque si me hubiera gustado escribirlo es porque me parece perfecto tal como está; y eso ya lo hizo el escritor o la escritora que lo firma (risas). Yo no podría igualarlo ni mucho menos mejorarlo.     ¿Qué género te gusta más y cuál menos? Yo creo que me gustan todos, y en especial, juvenil y romántica. Ah, y el toque sobrenatural (leyendas, mitología, etc.) para mí siempre es un plus.   Último personaje del que te has enamorado, propio o ajeno. No sabría decirte el último... Pero uno de mis personajes favoritos desde siempre es Elizabeth Bennet, de «Orgullo y prejuicio». Es una joven inteligente, perspicaz, independiente y rebelde, en una época en la que era muy difícil serlo.   ¿Qué libro (poco conocido) crees que todo el mundo debería leer? No todo el mundo, pero sí quien quiera escribir: «Mientras escribo», de Stephen King. Muy buena recomendación, hablé de ese libro aquí.   ¿Qué libro, que parece que a todo el mundo le encanta, a ti no te gustó nada? No sabría decirte, porque creo que a casi todos los libros se les puede sacar algo bueno.   ¿Cuál fue el último libro que te dejó resaca lectora? Disfruto mucho con los libros, pero no me dejan resaca lectora. Un libro bueno solo me da ganas de empezar otro deseando que sea igual de bueno o incluso mejor.   ¿Prefieres leer en papel o en digital? Prefiero el papel, aunque supongo que en algún momento deberé dar el salto a lo digital; de lo contrario, los libros terminarán echándome de casa (risas).   Si pudieses vivir en un libro, ¿cuál sería? No me gustaría vivir en ningún libro para siempre. Por ejemplo, me encantan todos los de Jane Austen, pero solo iría de visita porque vivir allí como mujer (e incluso como hombre) sería muy duro. También me gustaría visitar el mundo de Harry Potter.     Color favorito: burdeos. Verano o Invierno: invierno. Una canción: «Bohemian Rapsody», de Queen. Un placer culpable: ninguno, porque si me hace sentir bien no debe hacerme sentir culpable. Tu mayor virtud: la empatía, aunque a veces me juega malas pasadas. Tu palabra favorita: imaginación. No puedo vivir sin... los libros.     ¿Cómo sacarías a un hipopótamo que se hubiese caído a un agujero en el suelo? Con mucho cuidado (risas). Hablando en serio, creo que lo más fácil sería llenar el agujero con agua para que pudiera salir él mismo. Por algo los griegos los llamaron «caballos marinos».   ¡Gracias por contestar! Mucha gracias a ti por darme la oportunidad de llegar a tus lectoras y lectores, Adella. Dinos, ¿dónde podemos encontrarte? En nuestro canal de YouTube (de Pedro y mío), que lleva mi nombre, Raquel de la Morena: https://www.youtube.com/channel/UC_0j0mtBAGTj1U7LD3J0dhQ Tambien estoy en Instagram (@raqueldlmorena), Twitter (@RaqueldlMorena) y Facebook (aunque la verdad es que no me paso demasiado por esta última red social). Y en mi sitio web: www.raqueldelamorena.com. ¡Un abrazo!   Ahora que se ha ido, dime, ¿qué te ha parecido la entrevista?   ¿Conocías a Raquel de la Morena?  

 

Un año de autoras: Raquel de la Morena

 

Avanzamos en la iniciativa Un año de autoras y con el cambio de mes, tenemos una nueva autora de fantasía juvenil: Raquel de la Morena.

Vamos a ver qué nos cuenta, ¿me acompañas?

 

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Descríbete en 20 palabras.

Soy periodista, escritora, editora y, desde hace meses, youtuber. Me encanta la gente, leer, tocar el laúd y los gatos.

 

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¿Las escritoras sufrimos más el síndrome del impostor que nuestros compañeros de oficio? ¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a ello? ¿Cómo lo superaste?

No sabría decirte si sufrimos más el síndrome del impostor o no; lo que sí puedo decirte es que a veces he tenido la sensación de que no merecía ciertos elogios, de que lo poco o mucho que he conseguido había sido cuestión de suerte —tanto a nivel periodístico como con mis novelas—, pero después me recuerdo lo duro que he trabajado en estos últimos veinte años y termino superándolo. Va por rachas. Creo que viene, en cierta medida, por el nivel de autoexigencia, que hace que te pongas metas difíciles de alcanzar.

 

Está claro que las mujeres no jugamos en la misma liga ni con las mismas reglas a la hora de presentar nuestras propuestas literarias, ¿qué cambio consideras imprescindible para hacer la igualdad literaria real?

Para lograr la igualdad literaria, necesitamos llegar a la igualdad general, en todos los ámbitos, y todo debe partir de nuestra educación desde niños. Madres y padres, así como los educadores —desde la propia guardería—, tienen un trascendental papel en esta materia. Debemos superar la diferenciación que se ha realizado entre niños y niñas desde bebés —por ejemplo, con cuestiones como el rosa para ellas y el azul para ellos— o la segregación por juguetes estereotipados que perpetúa a la niña en el rol de madre y persona dedicada a las tareas domésticas mientras que en el caso de los niños sus juguetes suelen estar más vinculados con temas científicos y tecnológicos. Incluso los mensajes que podemos leer en las camisetas de los niños —en plan «Cómete el mundo»— y en las de las niñas —«Bellísima»— imponen un rol de género. Por poner solo unos ejemplos.
Aunque creo que hemos avanzado mucho en las últimas décadas, aún nos queda un largo camino por delante hasta alcanzar la igualdad real, incluida la literaria.

 

Ahora, hablemos de ti:

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¿Cuándo fue la primera vez que pensaste «yo quiero ser escritora»?

No es que, en un momento dado, pensara: «Quiero ser escritora». Empecé a escribir cuentos siendo una niña, y continué durante la adolescencia. Más tarde, cuando inicié la carrera de Periodismo, me volqué mucho en mis estudios y luego en mi trabajo, así que dejé un poco aparcada la escritura de ficción. Mi pasión por escribir volvió cuando conocí a Pedro (Estrada), mi marido, que también había escrito en su niñez y su adolescencia, y llevaba algunos años sin hacerlo. El gusanillo por escribir regresó para los dos, y publicamos nuestro primer libro en 2009, dirigido a un público infantil—juvenil. Desde entonces hemos publicado nueve juntos. Aunque también escribimos por separado.

Muchos hemos vivido lo mismo, yo también; empezar a escribir de niños, abandonarlo durante la juventud y regresar a ello de adultos.

 

Dinos tu mejor truco para enfrentarte a la temida hoja en blanco.

No hago nada especial. Si me siento a escribir, normalmente es porque me ha venido una idea a la mente. Y si me apetece escribir pero no hay nada nuevo que plasmar en el papel, me pongo a revisar y corregir lo que ya he escrito. Tardo mucho en escribir un libro porque hago mil y una revisiones a la novela para buscar erratas que se me hayan escapado e incongruencias en la historia y para mejorarla con nuevos giros que sorprendan al lector.

 

¿Tienes alguna manía a la hora de escribir?

La única es que tengo la costumbre de ponerme el sonido de una tormenta de fondo para concentrarme. Como suelo ambientar mis novelas en Escocia e Irlanda, el mal tiempo me mete de lleno en la historia (risas).

Sí, parece efectivo.

 

¿Qué consejo darías a un escritor que empieza?

Que escriba la novela que le apetezca, sin dejarse llevar por las modas. Porque va a pasar muchas horas con esa historia y esos personajes y, para que los lectores puedan disfrutar después del libro, el autor debe de haber hecho lo mismo de manera previa. Y también que trabaje mucho el manuscrito, que lo revise una y otra vez para intentar mejorarlo. Y, cuando crea que ya está, lo lea por última vez. Siempre encontramos cosas que mejorar.

 

Tu punto fuerte como escritora es…

No sabría decirlo. Quizás que soy muy exigente conmigo misma, con mis historias.

 

¿Y tu punto débil?

Es el mismo: como soy muy exigente conmigo misma, también soy muy lenta escribiendo.

Me suena.

 

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Ninguno. Porque si me hubiera gustado escribirlo es porque me parece perfecto tal como está; y eso ya lo hizo el escritor o la escritora que lo firma (risas). Yo no podría igualarlo ni mucho menos mejorarlo.

 

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¿Qué género te gusta más y cuál menos?

Yo creo que me gustan todos, y en especial, juvenil y romántica. Ah, y el toque sobrenatural (leyendas, mitología, etc.) para mí siempre es un plus.

 

Último personaje del que te has enamorado, propio o ajeno.

No sabría decirte el último… Pero uno de mis personajes favoritos desde siempre es Elizabeth Bennet, de «Orgullo y prejuicio». Es una joven inteligente, perspicaz, independiente y rebelde, en una época en la que era muy difícil serlo.

 

¿Qué libro (poco conocido) crees que todo el mundo debería leer?

No todo el mundo, pero sí quien quiera escribir: «Mientras escribo», de Stephen King.

Muy buena recomendación, hablé de ese libro aquí.

 

¿Qué libro, que parece que a todo el mundo le encanta, a ti no te gustó nada?

No sabría decirte, porque creo que a casi todos los libros se les puede sacar algo bueno.

 

¿Cuál fue el último libro que te dejó resaca lectora?

Disfruto mucho con los libros, pero no me dejan resaca lectora. Un libro bueno solo me da ganas de empezar otro deseando que sea igual de bueno o incluso mejor.

 

¿Prefieres leer en papel o en digital?

Prefiero el papel, aunque supongo que en algún momento deberé dar el salto a lo digital; de lo contrario, los libros terminarán echándome de casa (risas).

 

Si pudieses vivir en un libro, ¿cuál sería?

No me gustaría vivir en ningún libro para siempre. Por ejemplo, me encantan todos los de Jane Austen, pero solo iría de visita porque vivir allí como mujer (e incluso como hombre) sería muy duro. También me gustaría visitar el mundo de Harry Potter.

 

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Color favorito: burdeos.

Verano o Invierno: invierno.

Una canción: «Bohemian Rapsody», de Queen.

Un placer culpable: ninguno, porque si me hace sentir bien no debe hacerme sentir culpable.

Tu mayor virtud: la empatía, aunque a veces me juega malas pasadas.

Tu palabra favorita: imaginación.

No puedo vivir sin… los libros.

 

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¿Cómo sacarías a un hipopótamo que se hubiese caído a un agujero en el suelo?

Con mucho cuidado (risas). Hablando en serio, creo que lo más fácil sería llenar el agujero con agua para que pudiera salir él mismo. Por algo los griegos los llamaron «caballos marinos».

 

¡Gracias por contestar!

Mucha gracias a ti por darme la oportunidad de llegar a tus lectoras y lectores, Adella.

 

Dinos, ¿dónde podemos encontrarte?

En nuestro canal de YouTube (de Pedro y mío), que lleva mi nombre, Raquel de la Morena.
Tambien estoy en Instagram (@raqueldlmorena), Twitter (@RaqueldlMorena) y Facebook (aunque la verdad es que no me paso demasiado por esta última red social).
Y en mi sitio web: www.raqueldelamorena.com. ¡Un abrazo!

 

Ahora que se ha ido, dime, ¿qué te ha parecido la entrevista?

 

¿Conocías a Raquel de la Morena?


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